UNA GENERACIÓN DE PENSADORES CATÓLICOS.
1. MIGUEL ANTONIO CARO, SU PENSAMIENTO Y OBRA POLÍTICA
1.3 La moral y la religión: el fundamento de la política.
En todo el pensamiento político y constitucional de Caro, la relación entre religión y política como entre moralidad y política es una constante que siempre aparece expresada en toda su obra, desde los comienzos de su actividad periodística y política hasta el final de su tarea de gobierno.
Caro fue un hombre profundamente religioso, comprometido de lleno en la actividad política. Sentía la necesidad de la religión como algo determinante y que marcaba todos los hechos de su vida, aunque de un modo más destacado en relación con la política. Era lo que Caro denominaba el estado religioso, y que en el campo de la política le hacía decir en una de sus páginas de El Tradicionista que “la religión, como Dios de quien emana, todo lo penetra, y su ausencia es para quien la sufre, corrupción”426
Caro era plenamente consecuente al establecer vínculos profundos entre la religión y la política. Esto desde el inicio de su actividad de escritor público, resaltando que “las doctrinas políticas se derivan de principios morales y los principios morales de verdades religiosas [...].”427 De esta relación entre política, moral y religión parte Caro para
423 Fue leída por Caro ante la Academia Colombiana en la Junta inaugural del 6 de agosto de 1881.
En este trabajo presenta la parte filosófica de la cuestión, para luego citar las opiniones de algunos humanistas sobre la materia: entre estos Quintiliano, Cervantes, Fenelón, Littré y Bello. Hace examen de un pasaje de Horacio en el Arte poético y una rápida exposición de las doctrinas horacianas. Examina también las formas y caracteres del uso; las variaciones históricas del uso en períodos ante-clásicos, las leyes del lenguaje y la espontaneidad del uso, los factores de cada idioma, las variaciones regionales y los principios que rigen y rectifican el uso.
424 Apareció este tratado en el tomo tercero de los Anales de la Universidad Nacional de los Estados
Unidos de Colombia , correspondiente al primer semestre del año de 1870, y en él su autor traza la
trayectoria del participio desde los orígenes del latín hasta el uso actual. Luego de clasificar los gerundios como simples materiales de construcción, los estudios incorporados en la oración gramatical, pasando luego a compararlos en la lengua latina con la castellana, señalando construcciones paralelas en lenguas extranjeras.
425 Otros títulos que encabezan la obra filológica son: Notas e ilustraciones a la “Ortología y
métrica” de Bello; El uso en sus relaciones con el lenguaje, Sintaxis latina, el americanismo en el lenguaje, contradiálogo de las letras, Gramática parda, De la alteración considerada como elegancia métrica, Ortografía castellana, B y V, Plural de los apellidos, Sobre el hiato, y de menos importancia
aunque de alto mérito son Arte de hablar en prosa y verso, un apunte sobre otro , Diccionario castellano,
Reacción ortográfica, Cuestioncilla lógica-gramatical y Manual de elocución. Para una exposición de
toda esta obra, véase HERNANDEZ NORMAN, I.: Miguel Antonio Caro. Vida y obra ..., pp. 69-82.
426CARO. M.A.: Escritos políticos. Primera Serie..., p. 284.
establecer la fundamentación de los principios políticos, que para él no eran otros que “las ideas conservadoras consagradas en todos los pueblos cultos”, en aquellos principios fundamentales del catolicismo, principio religioso que tendría el poder de ahogar toda tendencia a la tiranía y a la injusticia.
“El orden sin religión -advertía Caro- adolece de dureza y está expuesto a convertirse en violencia”. La alternativa propuesta es la de la libertad cristiana, definida precisamente como orden unido a la religión. Admitido lo anterior pasa Caro a caracterizar a los dos partidos que históricamente han llenado el espacio político colombiano: el liberal estaría caracterizado por su odio al catolicismo, opinión que es clara por los años del radicalismo, mientras que el conservador “ha hallado en los principios fundamentales del catolicismo su verdadera fuerza, su más alta razón de ser y su mejor título”.428
Es claro que en esta caracterización de los partidos políticos, condena al liberalismo y se adhiere, en cierta forma, al conservatismo por un motivo específico: su actitud ante el catolicismo. Advirtiendo que esta es una de las contadas adhesiones que Caro hace al conservatismo.
La misión de los gobiernos es educar a hombres y a pueblos en la ley de Dios, “gobernar es educar”, así como “tienen el derecho de castigar, porque tienen el deber de educar”, ya que “gobernar a los hombres es servir a Dios”, a quien califica Caro de “tutor y supremo legislador de la sociedad”.429En estas ideas se refleja su lucha contra el radicalismo y lo que condujo a la identificación entre principios políticos y principios religiosos. Caro se sentía plenamente identificado en su lucha con la Iglesia, y aunque hablara de principios políticos, católicos o cristianos, en ningún caso auspiciaba un gobierno teocrático. El tiempo y las circunstancias atemperarían progresivamente su posición.
De todos modos lo que si no podía aceptar Caro es que se instaurara en Colombia cualquier tipo de ateísmo, ni en lo político ni en lo filosófico, para él era un “castigo enviado por Dios”.430
Por su parte, en su polémica contra el utilitarismo, agazapado en los planteamientos de los ideólogos radicales, Caro observa que por lo general la moralidad y la utilidad van de la mano, es decir, que en general lo bueno es también útil. Anota con todo una distinción entre los que llama “hombres de la utilidad”, que por despreciar la moralidad acaban por no consultar la utilidad, y los “hombres de la escuela del derecho”, que parten del respeto a la moralidad y llegan al fin a la utilidad completa y duradera, así no le den a esta utilidad más que un valor secundario.431
En este orden de ideas sostiene Caro que la confianza pública se funda en la moralidad y en la idoneidad. Una moralidad basada en principios está en posibilidad de
428 Ibid., p. 76 y 82.
429 CARO, M.A.: Escritos políticos. Primera Serie..., p. 160.
430 Ibid., pp. 225-226. 431 Ibid., pp. 123-124.
garantizar un orden confiable. Se puede hablar entonces de una atmósfera moral como se habla de una material. Las malas ideas circulan por el mundo en la misma forma en que circulan virus que causan enfermedades. Por eso es posible hablar del “volador contagio de la fiebre de la incredulidad”, un mal que quiso apoderarse de la vida colombiana, y contra el cual luchó Caro decididamente.
En Caro siempre existió una preocupación e interés por el constitucionalismo, o constitución o desorden. De ahí el sentido que puede tener la afirmación que hace cuando dice “más vale una mala constitución que la arbitrariedad y el desorden”.432
Otra posición de Caro que está en la línea de sus convicciones es un no a la secularización. Definía la secularización como “la teoría de que los gobiernos a manera de las bestias del campo, no deben profesar religión alguna”. Identificaba esta secularización del poder civil con la apostasía social y el ateísmo internacional, “error capital de la época presente”. Esta tesis sostenida en 1872 siempre se mantuvo de alguna forma entre las posiciones que como pensador católico creía deber sostener frente a las pretensiones secularizantes del gobierno radical imperante cuando escribía sobre este tema.433
Un principio político que pesa significativamente en Caro es la importancia que concede a las cosas del espíritu. Caro está convencido de que estas cosas del espíritu pesan en la actividad política. Habla entonces de los hombres carnales, que viven de la política material, es decir de la empleomanía -el clientelismo- y de las farsas electorales. El político reducido a estos intereses se incapacita para el servicio de los altos destinos de la sociedad civil y llega a decir que “para ellos no hay instinto noble, no hay acción desinteresada, no hay virtud posible en los otros hombres porque de ninguno son ellos capaces. Para ellos la sociedad es una presa disputada, la política un juego fraudulento o un combate homicida: los hombres fieras. Homo homini lupus”.434
432 Remitimos en este punto al capítulo I sobre algunos aspectos de la política en el que vemos a Caro
como autor del Acuerdo sobre reforma constitucional, bases de la reforma y tramitación, dado por el Consejo Nacional de Delegatarios el 30 de noviembre de 1885, y del Proyecto de Constitución, presentado al mismo Consejo el 13 de mayo de 1886. Cfr.: CARO, M.A.: Estudios constitucionales y
jurídicos..., pp. 12-15 y 23-80.
433 Aunque esta postura de ataque a la secularización no se refleja exactamente en el proyecto de
Constitución presentado al Consejo Nacional de Delegatarios de 1885-1886. En las Bases de la reforma constitucional no establece Caro que el gobierno deba profesar una religión determinada pero en la 6ª dice: “La nación reconoce que la religión católica es la de la casi totalidad de los colombianos, principalmente para los siguientes efectos: 1º Estatuir que la Iglesia católica gozará de personería jurídica. 2º Organizar y dirigir la educación pública en consonancia con el sentimiento religioso del país. 3º Celebrar convenios con la Sede Apostólica [...]”. En la base 7ª dice: “Será permitido el ejercicio de todos los cultos que no sean contrarios a la moral cristiana y a las leyes [...]”, y en la 8ª, “Nadie será molestado por sus opiniones religiosas, ni obligado por autoridad alguna a profesar creencias ni a observar prácticas contrarias a su conciencia”, Cfr.: CARO, M.A.: Estudios constitucionales y jurídicos.Primera Serie..., p. 13. Los artículos 35 y 36 del Proyecto de Caro dicen lo siguiente: “La religión católica, apostólica, romana es la de la nación; los poderes públicos la protegerán y harán que sea respetada, como esencial elemento del orden social. Nadie será molestado por razón de sus opiniones religiosas o del ejercicio del culto que profese, salvo el respeto debido a la moral cristiana y a las leyes; ni compelido por las autoridades a profesar creencias ni a observar prácticas contrarias a su creencia”, Ibid., pp. 32-33.
Un rechazo del mercantilismo constituyó una posición muy consecuente en Caro y en cierta forma marcó toda su vida. Considerado este mercantilismo como signo de su tiempo, lo condena Caro y lamenta que los ingenios de su época se plegaron tan fácilmente a él. “Culpa -dice- no de la época sino del espíritu que ha invadido la época”435