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In document La Patria Fue Un Libro (página 86-91)

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a innovación monoteísta, vivida como el resultado de una revelación divina, fue el punto de partida del aporte de los hebreos a la humanidad. Cobró forma definitiva en el Libro entregado a Israel durante su marcha por el desierto hacia la libertad.

Hubo quienes disputaron la originalidad de este aporte aduciendo que ya se había formulado en culturas previas a la de Israel. Así, se ha traído como precedente de la historia de Noé y el diluvio la de Utnapishtin en el Enuma Elish.

Otro posible paralelo, esta vez con la cultura de los egipcios, podría darse entre la religión de Atón y la de Moisés, por el hecho de que las imágenes del salmo 104, son similares a las del Himno a Atón. Esta similitud, empero, es insuficiente para asignar monoteísmo al faraón. La religión egipcia es una simple monolatría, en la que la deidad es el sol. El monoteísmo de Moisés, por el contrario, es trascendente y ético.

La Biblia es la fuente primigenia de los valores esenciales de la civilización, a saber: la santidad de la vida, la confraternidad humana, el destino individual, la justicia, la autocrítica, el arrepentimiento correctivo, el avance intergeneracional, el progreso, la igualdad ante la ley, la dignidad del individuo, la responsabilidad comunitaria, el ideal de la paz. Medio milenio después, estos valores alcanzaron su cúspide en la voz de los profetas clásicos.

Tal vez uno de los aspectos que catapultó la influencia del Tanáj es que se trata del primer documento de autocrítica. A diferencia de los demás textos

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antiguos, a los narradores bíblicos no los seduce la autoglorificación, tan común en otras literaturas nacionales. Tratan a su propia nación con mayor severidad que al resto de ellas.

En Egipto estaba sobreentendido que el faraón, cuando menos, no cometía errores. Cuando más, era un dios encarnado. En contraste, no sólo el acontecimiento principal del Tanáj es la revuelta contra el faraón por parte de sus esclavos, sino lo primordial: éstos, y no el opresor, son los aliados de la divinidad.

Dios no se identifica con el establishment ni con la dirigencia, sino con la gente. Se presenta como el padre de los huérfanos y el defensor de las viudas1. Y la razón no es que el faraón sea un monarca extranjero, ya que

tampoco los reyes israelitas reciben el favor divino, salvo cuando se ajustan a Su ley. Contra los reyes de Israel los profetas formularon las denuncias más abiertas y directas.

Es cierto: hubo antes de la Biblia algunos documentos de crítica. Verbigracia Las protestas del labriego elocuente, un papiro egipcio acerca de un aldeano maltratado por los funcionarios gubernamentales. Pero aquí no se acusa al sistema, sino meramente la codicia y corrupción de sus representantes. La autoridad suprema sigue incólume en su perfección, exenta de toda culpa. En contraste, la censura del profeta Jeremías contra el rey Yehoiajín2 es

demoledora: "Ay, que edificas tu casa sin justicia y tus aposentos sin derecho… Ay, que pones tus ojos y corazón sólo para beneficiarte derramando la sangre del inocente y oprimiendo".

Así los profetas contra los reyes: Natán contra David3, Elías contra Ajab4.

Porque, a diferencia de los demás textos antiguos, el Tanáj lo muestra todo. No intenta reflejar una sociedad perfecta, no esconde vilezas y mezquindades.

Al no glorificar a su nación, alcanza un notable logro colateral: huye de

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Salmos 68:6. 2

Jeremías 22:13-19. Véase el capítulo sobre Jeremías, el primero de nuestro Célebres Pensadores, Universidad ORT Uruguay, Montevideo 2007.

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Samuel 2, capítulo 11. 4

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toda posibilidad de racismo. Ezequiel, el profeta de la responsabilidad individual, cita a Dios dirigiéndose a Jerusalem5: tu padre es amorreo y tu

madre hitita; no hay pureza racial.

Paralelamente, destacan las leyes bíblicas que restringen la esclavitud, y así perfilan al Tanáj como un libro de vanguardia: el esclavo maltratado sale libre 6, el que huye queda protegido7-en contraste con el Código de

Hammurabi8 que estipula la pena de muerte a quien ayudare a un siervo a

escapar-, y se acoge al descanso sabático9.

Precisamente, también el Shabat hace a la Biblia única. Se conocen fuentes babilónicas que mencionan un día denominado Shapatum, que era una jornada de mal augurio por el que se restringían las actividades de ciertos oficiales, pero en el Tanáj aparece la esplendorosa idea de un descanso semanal para todos, una innovación que paulatinamente llegó a la humanidad en su conjunto a partir de la Biblia hebrea.

Sus páginas constituyen, por un lado, la literatura nacional de los israelitas, pero, simultáneamente, conforman el puente entre el mundo antiguo y el moderno.

En Historia de los judíos (1988) Paul Johnson reconoce en la Biblia la primera fuente de los grandes descubrimientos conceptuales, esenciales para la civilización: la igualdad ante la ley, la santidad de la vida, la dignidad del individuo, la responsabilidad comunitaria, el ideal de la paz, y el amor como fundamento de la justicia.

Diez años después, Thomas Cahill sintetizó en Los dones de los judíos (1998) cuál fue el cambio radical que hizo posible la civilización occidental. Desde la óptica de las religiones y cosmovisiones antiguas, la vida era vista como parte de un ciclo interminable de nacimiento y muerte, el tiempo como una rueda girando incesantemente.

El Tanáj presentó un tiempo diferente, con un comienzo y un fin; una

5 Ezequiel 16:3. Véase el capítulo sobre Ezequiel, el primero de nuestro Notables Pensadores, Universidad ORT Uruguay, Montevideo 2006.

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Éxodo 21:26. 7

Deuteronomio 23:16.

8 Del año 1790 aec; en su inciso 16,16. 9 Éxodo 20:9.

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narrativa cuyo desenlace triunfal se daría en el futuro. De allí se deducía, primeramente, el destino de las personas, cada individuo trazando un singular camino que le es propio y, en segundo lugar, la esperanza en el progreso: el futuro será mejor que el presente.

El Libro de los Libros es precisamente uno de los motivos por los que los judíos, quienes representan menos del dos por mil de nuestra especie, son frecuentemente sobrepercibidos. Cuando su texto nacional se transformó en sagrado para una buena parte de la humanidad, resultó inevitable que los judíos penetraran con fuerza protagónica en la conciencia de una civilización que ve en sus Escrituras la gran fuente inspiradora.

Génesis y Éxodo nos hablan de la nueva fe. Con los patriarcas, la fe individual; con Moisés, la fe nacional; en ambos casos fue creando en torno de ella un nuevo universo conceptual. Supera el ámbito al que había llegado el paganismo con su mitología divina, y así eleva el ambiente del devenir humano. La historia de la humanidad se enaltece, reformulada en tres etapas desde sus comienzos: la primera desde el origen del hombre hasta la confusión de las lenguas; el segundo coincidente con el período patriarcal, y el tercero con la epopeya israelita hasta la entrada en Canaán. Un tiempo después del Pacto en Sinaí, se intentó la invasión de Canaán, cuando las tribus establecieron su base provisional en Kadesh. El conato fracasó, y por ello se desató una revuelta contra la autoridad de Moisés, que fue sofocada.

Toda una generación permaneció cerca de Kadesh hasta que se trasladaron a la Transjordania para preparar, desde una nueva base, la conquista del país. Derrotaron a los reyes amoritas Sijón y Og, y se aprestaron a tomar Canaán.

La misión de Moisés es modelo de la profecía, privativa de Israel. Era la voz concurrente de la sabiduría hebrea y de la moral; voz que coronaron los profetas clásicos medio milenio después.

Estos se manifestaron casi simultáneamente en los dos reinos. Desde los primeros: Amós en Judá y Oseas en el Norte, y hasta el último de ellos, Malaquías, la profecía perseveró por trescientos años (750-430 aec) durante los que sucedieron los eventos más decisivos de la monarquía.

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exiliados en Babilonia, y animan la empresa de la Restauración. Surgieron después de un siglo de guerras contra Aram al Norte y la consecuente ruina político-social. Sequía, hambre, muertes, cautiverio, y la desintegración debido a los que medraban por la guerra. La profecía fue portavoz de la indignación moral por la decadencia social. Desde Moisés a Malaquías, los profetas son apostólicos: vienen a cumplir una misión ética.

Así, Amós llevaba la idea única de Israel a un nuevo auge: el de la primacía de la moralidad por sobre el culto, elevándose desde la religión popular. En ella tiene sus raíces la idea monoteísta del Dios creador y justo. La idea monoteísta no fue, por lo tanto, invento de los profetas clásicos; lo que éstos hicieron fue ampliarla para sostener que Dios no culpa a las naciones paganas por su idolatría, sino que las juzga fundamentalmente por sus bajezas morales. Esta elevación, la de la primacía de la moralidad, lleva la idea religiosa revolucionaria a su cúspide.

Hay un paralelo entre la sapiencia bíblica y la antigua literatura egipcia, en el sentido de que ambas reflexionan acerca de cómo la buena acción del hombre justo es más agradable a Dios que los sacrificios del malvado. Por ello, podría llegar a argumentarse que no fue la Biblia la promotora del nuevo ideal. Pero en rigor, el paso adicional que dan los profetas no tiene parangón: condenan el culto de todo el pueblo, sus festividades, sacrificios, templos, cantos, etc. El repudio profético del culto de Israel implica que éste, como tal, no tiene valor para Dios. Tal idea no habría podido concebirse en un ambiente pagano, en el los dioses dependían del culto. Para Israel, la validez del culto no es inherente ni absoluta.

La Torá le había quitado todo valor trascendente, transformando el culto en una mera expresión de la gracia divina. No de la necesidad divina. Más todavía: la depuración de los profetas, expresada por primera vez por Amós, encumbra la moralidad a un nivel de valor religioso absoluto, ya que la considera como divina en su esencia.

El pretendido monoteísmo egipcio fue una forma del imperialismo religioso, surgido después de un siglo de dominio de este pueblo sobre otros aledaños. El egipcio que abandonaba su estrecho valle después de adorar al sol notaba que éste brillaba no sólo en el valle superior del Nilo, sino también en las colinas de Israel y de Siria: no había sino un sol, por lo tanto era el dios-sol.

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Amós es similar. Las normas de dignidad y compasión humanas entre los individuos de las aldeas de Éretz Israel no perdían su validez al trasladarse a territorio filisteo o sirio.

Por ello, los versículos iniciales de Amós ya son la primera expresión del monoteísmo profético: "Por tres pecados de Damasco…" Dios castiga a Damasco y no sólo a Jerusalem.

Y después de la imprecación contra aquélla, seguirán similares contra Gaza, Tiro, Edom, Ammón, Moab... Todas estas naciones reciben la admonición divina, antes de que ésta se aplique al propio Israel. Ya no se trata de un pequeño Dios nacional que se ocupa de sus propios asuntos o de sus fronteras. La divinidad tiene vigencia universal y las consideraciones por las cuales impone castigos, son morales.

Los hombres son hermanos: "Hijos de Israel, ¿no sois como los etíopes para Mí?"10. Las guerras mitológicas de los dioses en el mundo pagano, las

fuerzas obscuras y arbitrarias que dominan en la naturaleza, son reemplazadas en la Biblia por la lucha histórica del hombre frente a la palabra de Dios. En lugar de la pugna entre dioses buenos y malvados hay otra clase de contienda cósmica, un diferente acontecer del drama divino. Este drama se desarrolla en la dimensión de la historia y de la moralidad, ya que Dios mismo implantó la libertad para rebelarse, como concomitante necesario del libre albedrío que le otorgó a Adán para hacer de él una criatura moral.

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