movimientos campesinos en Caribe
3. Pero también los movimientos sociales cambiaron en todo este periodo
Nos planteamos otra pregunta para poder avanzar. ¿Qué pasó con los movimientos
sociales en todo este periodo de expansión de la cooperación? ¿Qué papel tuvieron en sus países, qué se dejaron atrás en estos años, cómo resistieron y en qué condi- ciones? Está claro que en estas cuatro décadas también los movimientos sociales han
sufrido una evolución y han vivido tremendos cambios tanto en el escenario global, como en el particular de cada país. Los altibajos por los que han transitado en tér- minos de fuerza social y capacidad de movilización han sido importantes, y si bien quizás su identidad no haya cambiado tanto, sus estrategias de reproducción social y de acción, sus formas de organización en todos los aspectos y sus formas de relacio- narse unos con otros sí lo han hecho.
4 A lo largo del texto se han incluido, en cursiva, referencias concretas al proceso histórico del trabajo de
39 Las posibilidades y los costes de hacer girar la acción de cooperación de las ONGD hacia el fortalecimiento...
Resumiendo, podemos decir que si la década de los 70 y parte de los 80 supuso la explosión de las experiencias de organización popular y el auge de estos movi- mientos sociales, a partir de la mitad de la década de los 80, comenzó un tiempo de crisis, y aunque el desencadenante fue el cambio en el consenso internacional sobre el desarrollo, es verdad que en cada una de las crisis concretas podríamos identificar factores externos y también internos que se destaparon en momentos de dificultad. Entrada la década de los 90 avanzamos hacia una etapa casi de desierto que comen- zaría a reverdecer a principios del siglo XXI con un nuevo ciclo de movilización social. Los movimientos sociales pasaron de ser los principales aliados de los movimientos de solidaridad y de las ONGD del norte a tener un papel absolutamente secundario bajo cual- quiera de las formas que ya hemos descrito. Su estrategia, su organización, su estructu- ra, su funcionamiento, fue poco a poco debilitándose, y salvo excepciones muy importan- tes, como por ejemplo el MST en Brasil, no fueron capaces de mantener la capacidad de comunicación con la realidad social y la capacidad de movilización desde las demandas sociales que seguían existiendo. Sus cuadros entraron en una dinámica de poder, atraí- dos por la política partidista, y se alejaron de las bases; sus estrategias de formación polí- tica y social no pudieron mantenerse por falta de fondos y de ideas; tampoco sostuvieron la dinamización y el apoyo a sus organizaciones locales y abandonaron la movilización y acción directa por fórmulas de diálogo y consenso más acordes con la tónica política ge- neral. En algunos casos, ciertas organizaciones sociales, aconsejadas por algunas ONGD, separaron orgánicamente la parte gremial o política de la parte económica o productiva, olvidando que la economía o la producción es también parte de la política. Relegaron su condición de organización de clase para convertirse en una organización de productores y productoras o una organización de la llamada “sociedad civil”. En este escenario, los movimientos sociales acaban atomizándose y desarticulando sus luchas.
Tal era así, que cuando en el año 2006 Veterinarios Sin Fronteras se preguntaba sobre la realidad del movimiento campesino en la República Dominicana, la res- puesta institucional informada por las ONGD locales era que no existía movimiento campesino. Y cuando hacíamos la pregunta respecto al vecino Haití, la respuesta, esta vez más elaborada, nos llevaba a la conclusión de que eran cuatro grandes mo- vimientos, todos dominados por dirigentes alejados de sus bases y peleados entre ellos por el poder político. Sin embargo, en ninguno de los dos casos el análisis era adecuado. Teníamos claro que si queríamos tejer una nueva alianza con el movi- miento campesino era necesario conocer la historia y qué es lo que había sucedido realmente para poder comprender la situación en la que nos encontrábamos. En la República Dominicana, en el año 1978, después de un proceso de organiza- ción nacional, se constituye el Movimiento Campesino Independiente, baluarte de la lucha social y de la capacidad de organización popular en el país. Recibió mucho apoyo de la cooperación internacional hasta que en el año 1994 quiebra por los cuatro costados. Desde entonces, teníamos en el país una gran cantidad de organizaciones campesinas de ámbito local o regional trabajando con muchas
Movimientos sociales y cooperación. Ideas para el debate
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dificultades y precariedad, con muchos dirigentes y dirigentas muy posicionados políticamente, pero con pocas herramientas metodológicas para trabajar en el contexto actual, aunque haciendo esfuerzos por volver a unirse. Al mismo tiempo teníamos en el país varias organizaciones campesinas, creadas y dependientes de los partidos políticos del sistema, y con muchos recursos y favores políticos clientelistas, y, por otra parte muchas organizaciones campesinas pequeñas crea- das por las ONGD para gestionar proyectos concretos durante años.
En Haití, una masa campesina con fuerte identidad de clase y conciencia política se sabe mayoritaria y, por lo tanto, tiene fuerza social y política si la sabe utilizar. Existen cuatro movimientos campesinos, de los cuales dos tienen fuerte tradición que se remonta a la época de Duvalier, y otros dos que surgen recientemente en procesos de concertación a nivel regional. El debate instalado entre los cuatro movimientos es cómo construir un instrumento político del campesinado, una cuestión de suma importancia en la realidad de Haití. Sin embargo, la enorme precariedad de medios condiciona y limita sobremanera cualquier proceso per- manente de trabajo en la base, y por otro lado, existe una fuerte presión de las ONGD hacia los grupos campesinos de base para participar en los proyectos que poco a poco terminan por alejarlos de la dinámica del movimiento.