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A MPLIACIÓN DE MERCADOS , REDES Y DIVERSIFICACIÓN , 1611-

A CTIVIDADES Y SITUACIONES ECONÓMICAS

1. T IEMPOS , PRODUCTOS Y REDES EN LA ACTIVIDAD COMERCIAL

1.2. A MPLIACIÓN DE MERCADOS , REDES Y DIVERSIFICACIÓN , 1611-

Para el periodo anterior hemos visto que los productos dominantes con que trataron los portugueses de Lima fueron principalmente tres: esclavos, cordobanes de Chile y vino. En este segundo se añaden además los textiles y las manufacturas de seda y algodón. Circulan también a través de manos portuguesas, aunque con menor incidencia, otros productos que tuvieron alta demanda en el mercado limeño: cereales como el trigo, el maíz y el arroz; el azúcar y la miel de los valles de Saña;

35 AGN, Real Audiencia, Causas Civiles, leg. 15, cuaderno 74, “Autos seguidos en grado de

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las legumbres como los pallares; el aguardiente de caña o de uva; además de madera, jabón, tabaco, tinta, añil, brea, joyas, sal y pimienta; mulas y caballos, entre otros.

Dos rasgos caracterizan este segundo periodo que concentra el 71,83% de los comerciantes portugueses: la diversificación de la actividad económica y de los productos comercializados y la conformación de redes. Vamos a explicar estas dos características a partir del trato que tuvieron los portugueses con determinados productos dominantes porque de ahí se deriva el interés de invertir en otros secundarios y la necesidad de formar compañías y redes, sobre todo entre los mercaderes de mayor caudal.

a. Los grandes productos: vino, textiles y esclavos

De acuerdo con Carlos Sempat Assadourian los viñedos constituyeron en el siglo XVII “el mayor de los cultivos comerciales del espacio peruano, tanto por la cantidad de vino que se bebe como por ser un producto de mercado, donde se destina a la venta un porcentaje casi absoluto de la cosecha con una mínima retención doméstica”36

. Este dato explica el hecho de que el 27,45% de los casos conocidos invirtió en el comercio con vino y representó, en este segundo periodo, el producto por excelencia con que trataron los lusitanos.

Según testimonios de la época, la producción de vino en la franja costera del Perú fue abundante, si para el periodo anterior Martín de Murúa calculaba la producción anual en 250.0000 arrobas, para la segunda década del siglo XVII, Antonio Vázquez de Espinosa lo situaba en más de medio millón37. Como señalábamos en el anterior apartado, el vino que llegaba a Lima procedía de los valles de Pisco, Ica y Nasca y de allí era distribuido a otras partes del Perú llegando incluso a los mercados de Nueva España y Guatemala. La ruta preferente hasta el

36 Carlos Sempat ASSADOURIAN, El sistema de la economía colonial…, p. 154. Si bien el

cultivo de la vid había sido introducido en América desde los primeros años de la conquista donde logró aclimatarse con cierta facilidad, en el siglo XVI fueron las islas Canarias las mayores proveedoras de vino en el Nuevo Mundo. Para una aproximación a la reglamentación de este comercio, véase: Manuel LOBO CABRERA, El comercio del vino entre Gran Canaria y las Indias en el siglo XVI, Las Palmas de Gran Canaria, 1993, pp. 159-171.

37 De los valles de Ica y Pisco se cogían al año cerca de 400.000 y 300.000 botijas de una arroba,

y otras 70.000 de los valles de Nasca. Cfr. Antonio VÁZQUEZ DE ESPINOSA, Compendio y Descripción de las Indias…, v.2, pp. 651-658.

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puerto del Callao fue la marítima -a través del puerto de Pisco- y una vez en Lima, un porcentaje se gastaba en esa ciudad y otra parte se distribuía por el interior del virreinato, hacia la sierra, a través del camino de Lima a Jauja; o por los valles costeños del norte hacia Guayaquil, y desde allí era transportado hasta Quito. Sin embargo, no todo el vino era comercializado desde Lima, otras rutas partían de Arica con dirección a Oruro, Potosí y La Paz, y de Ica hacia Guamanga y Cusco38.

Hubo portugueses que traficaron casi exclusivamente con vino, que vendían - por lo general- al por mayor (42,86%), otros invirtieron en la compra y venta de vino a través de pequeñas compañías establecidas de modo formal (7,14%), pero la mayoría fueron pequeños tratantes y propietarios -o arrendatarios- de bodegas y pulperías que vendían el vino al menudeo, a la par que con otros productos (50%). La inversión en la comercialización de vino a gran escala requería -entre otros- de la disposición de importante capital, de contactos en la zona de producción de vino y de un mercado masivo que demandara dicho consumo.

Los portugueses que destinaron un capital grande en el comercio con el vino tuvieron a su disposición en distintas bodegas del Callao -propias o alquiladas- un alto número de botijas de una arroba que varió de las 400 a las 1.000, y si consideramos que una botija de vino se cotizaba en el mercado limeño entre los 3.5 y 4.25 pesos de a ocho reales, el capital invertido en esas bodegas -por cada portugués- varió de 1.400 a 4.200 pesos de a ocho reales39. El vino con que traficaron estos portugueses procedió de Ica, Pisco y Nasca, lo que supone que los comerciantes limeños tuvieran contactos y vínculos con individuos situados en esos valles. Como proveedores hemos encontrado otros portugueses -y aun parientes- que se encargaban de vender o remitir hasta Lima diversas cargas dirigidas a los comerciantes lusitanos40. Ninguno de los casos estudiados estuvo vinculado

38

Carlos Sempat ASSADOURIAN, El sistema de la economía colonial…, p. 158.

39 La botija de vino de una arroba se cotizó en este periodo en distintas unidades: 31 reales, 3.5

pesos o 4.25 patacones. En este trabajo se ha respetado la unidad monetaria que figura en la documentación (reales, pesos, patacones, ducados). Para una aproximación al valor de las monedas en el virreinato peruano en el tiempo que nos ocupa, véase: John J. TEPASKE y Herbert S. KLEIN, The Royal Treasuries of the Spanish Empire in America, vol. 1, Durham, 1982, pp. XVII- XVIII; Susan E. Ramírez, Patriarcas provinciales. La tenencia de la tierra y la economía del poder en el Perú colonial, Madrid, 1991, pp. 307-308.

40 Entre los proveedores de vino de Ica encontramos a Manuel de Viera. En 1614 había remitido a

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directamente con la producción en las viñas, pero sí con la comercialización del producto. Lo más probable es que los portugueses se desplazaran por esos valles para concertar los negocios y establecer los contactos.

Una vez llegado al puerto del Callao, el vino era almacenado en bodegas hasta su venta y distribución en el mercado. Lo habitual fue que el comerciante portugués tuviera bodegas propias, pero en ocasiones el volumen de vino superaba la capacidad de dichas bodegas y entonces se veía obligado de alquilar otras alternas. Gaspar Rodrigues Montero y Manuel Gomes, portugueses que invirtieron un gran capital en la comercialización de este producto, tenían bodegas propias tanto en Lima como en el Callao, pero éstas resultaron insuficientes para el volumen de vino de que disponían -más de 1.000 botijas de una arroba- y por lo tanto se vieron precisados de alquilar -en 1614 y 1630, respectivamente- hasta tres o cuatro bodegas adicionales41. En ese periodo Domingo Hernández destacó como propietario de bodegas del Callao, quien al parecer tuvo mucha relación con el colectivo luso, pues en sus almacenes se guardó el vino del 50% de los comerciantes portugueses que tenemos recogidos42. La mayor parte del vino fue distribuido en Lima y un porcentaje menor se llevó a Huaylas, Huancavelica y Potosí. Lo más probable es que la entrega del producto se hiciera al crédito, pues existen referencias a numerosas escrituras de obligación contra comerciantes que habían recibido de los mayoristas diversas cargas43. Hubo entregas al por mayor -de 100 a 200 botijas- dirigidas a comerciantes de mediano caudal, pero también ventas menores -de cuatro a 25 botijas-

Gomes contó con dos proveedores, uno era Bartolomé de Salas, su cuñado, quien vendió al susodicho 850 botijas de vino de Ica añejo; el otro, Juan Miguel Gallegos, vecino de Pisco, quien le había entregado dos partidas de vino de esos valles. Cfr. AGN, Prot. Not. 823, Francisco Hernández (1614), Carta de dote Gaspar Rodrigues Montero a Maria Flores Bravo, Lima, 25-V-1614, fol. 1339v; AGN, Prot. Not. 1922, Gerónimo de Valencia (1630), Testamento de Manuel Gomes, Lima, 7-I-1630, fols. 13r-15v.

41 Las referencias de estos personajes se recogen en la nota anterior. 42

Otros dueños de bodegas del Callao para el mismo efecto fueron: Diego Ruiz, Pablo Romo, Sebastián Duranzo, Juan Domínguez Rico, entre otros. Cfr. AGN, Prot. Not. 823, Francisco Hernández (1614), Carta de dote Gaspar Rodrigues Montero a Maria Flores Bravo, Lima, 25-V-1614, fol. 1340v; AGN, Prot. Not. 1922, Gerónimo de Valencia (1630), Testamento de Manuel Gomes, Lima, 7-I-1630, fol. 13r; AGI, Contratación, 542, n.8, “Bienes de difuntos: Domingo Santos”, 1635, fols. 21r-21v.

43 Gaspar Rodrigues Montero tenía por cobrar, en 1614, 5.240 pesos y 141.5 patacones, que

procedieron -en su mayoría- de la entrega de vino a comerciantes de Lima. Cfr. AGN, Prot. Not. 823, Francisco Hernández (1614), Carta de dote Gaspar Rodrigues Montero a María Flores Bravo, Lima, 25-V-1614, fols. 1339v-1340r.

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consignadas a pulperos que atendían probablemente la demanda para un uso más bien doméstico44.

No fue raro que los distribuidores de vino en Lima de origen portugués estuvieran también en posesión de tiendas de pulpería y aunque expendieran en ellas otros productos -tabaco, jabón, trigo o sal-, el vino fue el producto por excelencia en estos establecimientos con una cantidad de 50 a 58 botijas, sólo para la venta al menudeo. El negocio resultaba rentable, por la calidad del vino producido, por la facilidad de comunicación en la costa del Pacífico y porque se contaba con un amplio mercado de consumo. El cabildo de la ciudad calculó para 1630 que la Ciudad de los Reyes gastaba un promedio de 200.000 botijas de vino al año45. Además la producción del vino, a diferencia de otros productos, mantuvo cierta estabilidad -en cuanto a la producción misma y a los precios- a lo largo del siglo XVII46.

Este negocio pone en evidencia la creación de vínculos y relaciones entre un espacio y otro -el de la producción con el de la comercialización y consumo-. Los portugueses en Lima van a requerir de la provisión del producto desde las zonas vinícolas; y a su vez los viñadores y comerciantes precisarán de dar salida a la producción a través de otros inversores en la capital. La necesidad de la provisión del producto justificaría el establecimiento de esos vínculos, y a nivel del mercado de Lima se crearán otras relaciones entre los comerciantes mayoristas y los minoristas y entre éstos con el público en general. De ese 42,86% de comerciantes portugueses que a gran escala, y de modo casi exclusivo, trataron con vino en Lima, no se han encontrado referencias a asociación de capitales, con lo cual la inversión, riesgo y ganancia -para este caso concreto- corrió por cuenta de cada empresario, lo que sí se observa es que hubo encargos por parte de vecinos de Pisco a los portugueses para

44 Manuel Gomes, natural de la villa de Conde, destacó por ser uno de los más importantes

comerciantes de vino. Al momento de testar en 1630 poseía algo más de 1.100 botijas de vino de Pisco y de Ica que guardaba en algunas bodegas del Callao. En su testamento declara haber vendido a crédito varias cargas de vino por un monto que superaba los 300 pesos, pero también, una pequeña carga a María de Balbuena, mulata pulpera que sumó apenas 16 patacones. Representaría esta suma una deuda tan modesta para el acaudalado portugués que decidió condonársela y mandarle además de forma graciosa otras cuatro botijas de vino. AGN, Prot. Not. 1922, Gerónimo de Valencia (1630), Testamento de Manuel Gomes, Lima, 7-I-1630, fol. 15r.

45 Cfr. Buenaventura de SALINAS Y CÓRDOVA, Memorial de las Historias del Nuevo Mundo.

Perú. Méritos y excelencias de la Ciudad de los Reyes, Lima, 1631, Discurso II: de los méritos y excelencias de la ciudad de Lima, p. 233.

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beneficiar en los mercados limeños, encargos basados más en la confianza y amistad que en la formalización de una compañía de negocios47.

El comercio con el vino aseguró a estos portugueses -la mayor parte casados48- la posesión de una importante hacienda que varió de los 6.000 a 20.000 pesos, distribuidos en bienes inmuebles, ropa, joyas, plata labrada, esclavos, animales de carga, dinero en metálico y bodegas o almacenes de vino. Estos portugueses estuvieron en capacidad de dar préstamos con prendas en objetos de plata, de establecer contactos con gentes de otras partes del Perú -Huancavelica, Huaylas, Potosí, Oruro, Chincha, Pisco, Ica, Nasca-, y de hacer envíos de dinero a España y Portugal, probablemente con el objetivo de invertir también allí o de beneficiar a algún familiar. Así lo hizo el 33,33% de los casos que tenemos recogidos.

Por otro lado, hemos encontrado que hubo otros portugueses que trataron también con vino, pero que a diferencia del grupo anterior, invirtieron un capital menor en el negocio, formaron pequeñas compañías con otros comerciantes y diversificaron su actividad. Esto representó el 7,14% de los casos conocidos. La compañía, por lo general, se constituía con gente de confianza, de ahí que no sea extraño encontrar asociaciones con paisanos. Salvador Gonçales se había asociado con Antonio Gonçales, ambos de la jurisdicción de Oporto, para la compra de un navío nombrado San Lorenzo. Éste realizaba viajes desde el puerto de Arica al puerto del Callao y viceversa transportando gente y mercadería. Los gastos del aderezo de dicho navío -clavos, estopa, beta y brea- y del mantenimiento de la gente, así como los fletes cobrados en cada viaje se dividían entre los dos49. Como parte de la compañía se menciona también una carga de 400 botijas de vino de Pisco que los socios habían enviado con Juan Leal para vender en Potosí, además de varias

47 En 1630 el portugués Manuel Gomes reconocía una deuda por pagar de 257 patacones y seis

reales a su compadre Sebastián Ruiz, vecino de Pisco, por 40 costales de pallares que llevó a Lima para beneficiar y vender en su nombre. AGN, Prot. Not. 1922, Gerónimo de Valencia (1630), Testamento de Manuel Gomes, Lima, 7-I-1630, fol. 15r.

48 Casados: 83,33%, frente al 16,67% de los solteros.

49 AGN, Prot. Not. 794, Pedro Gonzáles de Contreras (1611), Testamento de Salvador Gonçales,

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escrituras de obligación -aunque no se precisa el concepto- contra vecinos del Callao, Ica, Arequipa y Arica50.

La compañía, al parecer no comprometía en exclusividad ni el capital ni el trabajo de los socios, pues en las deudas que tiene por cobrar Salvador Gonçales, se mencionan algunas que procedían de la venta de un esclavo, ropa, jabón o sebo, que pertenecían únicamente a la hacienda del susodicho y no de la compañía. El vino en este caso fue un producto secundario en el negocio de este portugués, pero su salida y comercialización desde el puerto de Pisco al de Arica se vio favorecida por la sociedad y la disposición del navío.

Finalmente queremos anotar que hubo entre los comerciantes de vino algunos que lo vendieron al por menor o al menudeo. Se trató de pequeños comerciantes que a través de tiendas de pulpería51 -propias o alquiladas- solían expenderlo al público local junto con otros productos. Representó el 50% de los casos conocidos. Las pulperías estaban surtidas de muy diversos géneros: botijas de vino, aguardiente, aceituna, manteca, aceite y miel; petacas o panes de jabón; fanegas de maíz, trigo y arroz; azúcar, carne, plátanos, queso, azafrán, tabaco, piedras de sal, legumbres y comida. Además de leña de horno y de vigueta; cazuelas y ollas de barro grandes y chicas; tavi para jubones y ropa hecha al costo; gallos, gallinas y pollos. Fue probablemente el vino el producto de mayor demanda al interior de una pulpería52. Su consumo estuvo dirigido especialmente a europeos y criollos, pues no hemos encontrado entre los compradores -ni vendedores- a indígenas o negros, salvo unas pocas referencias a un mestizo arriero que llevó a Huancavelica algunas botijas vacías de vino y una pulpera mulata que compró a un portugués unas pocas cargas53.

50 Ibídem, fols. 1192v-1194r. 51

De acuerdo con Gaspar de Escalona y Agüero, las pulperías eran “tiendas, mesones o tabernas donde se [vendía] algunos mantenimientos como son vino, pan, miel, queso, manteca, aceite, plátanos, velas y otras menudencias”. Se calculó que en 1630 había en Lima “doscientas y cincuenta pulperías y tabernas en que se vende pan y vino. Y más de veinte bodegones o casas de Gula en que se da de comer continuamente lo que piden”. Cfr. Gaspar de ESCALONA Y AGÜERO, Gazofilacio real del Perú: tratado financiero del coloniaje, 4ª ed., La Paz, 1941 [1674], lib.II, parte II, cap.XXIV, fol. 215; Buenaventura de SALINAS Y CÓRDOVA, Memorial de las Historias del Nuevo Mundo…, p. 240, respectivamente.

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Para los años de 1611 a 1650 hemos identificado un promedio de 16 tiendas de pulpería en Lima, administradas por portugueses. En 10 de ellas se expendía vino (62,5%). Por otro lado, en el 57,14% de los casos conocidos, las deudas por cobrar de la entrega de vino superó a la de cualquier otro producto.

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Una aproximación al perfil de los pulperos portugueses nos permite conocer que en su mayoría fueron solteros (57,14%); y de los casados, dos tercios de ellos tenían a su familia -mujer e hijos- en Portugal. El 71,43% de los casos conocidos trató en pulperías alquiladas54 y el capital invertido en ellas fue más bien modesto55. Aun así los pulperos portugueses realizaron diversas transacciones y participaron de modo activo en el movimiento económico de la capital. Compraban y vendían, otorgaban préstamos, pagaban arriendos de aposentos y pulperías, alquilaban esclavos para su servicio, daban al fiado comida y recaudos de la tienda, tenían memorias y libros de cuentas, aunque pocos fueron los que supieron firmar en el testamento.

Las tiendas de pulpería estuvieron dirigidas a un público bastante variado y modesto. Acudían a ellas gentes de distinta procedencia social y étnica: negras esclavas, mulatos, indios y mestizos -con distintos oficios-, caciques, extranjeros, peninsulares y criollos. Con lo cual, vemos que mientras el comercio a gran escala estuvo reservado a criollos, peninsulares y otros europeos de mediano y gran caudal, el negocio en torno a una pulpería atrajo a gente con menor capacidad económica; y social y étnicamente diversa.

La provisión de vino en las pulperías varió de 25 a 30 botijas lo que supuso, una inversión aproximada de 100 a 125 patacones. No hay referencias de que el aprovisionamiento de vino procediera directamente de las zonas de producción, con lo cual, -y al ser un negocio a pequeña escala-, lo más probable es que fueran otros comerciantes -mayoristas o minoristas- que desarrollaban su actividad en el mercado

especialmente a negros, mulatos, zambos, indios y mestizos, como fueron el guarapo y la chicha de maíz. En 1630 se gastaban en esta ciudad cerca de 100.000 botijas de estas bebidas. Cfr. Buenaventura de SALINAS Y CÓRDOVA, Memorial de las Historias del Nuevo Mundo…, p. 233.

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El precio del alquiler de una tienda fue variable y dependió del tamaño y calidad de la tienda, así como de su ubicación en la ciudad. Para 1622 el costo del arriendo de una casa y pulpería “por bajo de San Sebastián” fue de 28 pesos “por un tercio de cuatro meses”; en 1623 el alquiler de una tienda “enfrente de la portería de las Descalzas” se estimó en cuatro pesos de a ocho reales, y en 1626, otra tienda situada “enfrente de la esquina de esta portería del convento de monjas de la Santísima Trinidad” fue arrendada en 10 patacones. Cfr. AGI, Contratación, 539A, n.12, “Bienes de bienes de difuntos: José Rodrigues, 1635, fol. 38r; AGN, Prot. Not. 1917, Gerónimo de Valencia (1623),