A CTIVIDADES Y SITUACIONES ECONÓMICAS
3. O TRAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS
3.3. O TROS EMPLEOS Y SERVICIOS
En primer lugar destacan los oficiales de milicia: alabarderos, soldados de compañía y soldados de la guardia del virrey. Todos los casos conocidos estuvieron al servicio de la Monarquía ya sea como soldados de compañía en el presidio del Callao (62,5%)164 o como soldados de la guardia del virrey (25%)165, y con excepción de un solo caso, todos los demás declararon en el testamento que la Real Hacienda y Caja de Su Majestad les debía su sueldo de varios meses de trabajo. Esta realidad se dio también -como lo hemos anotado antes- con los que prestaron servicio en los oficios marítimos.
Para algunos, alistarse con plaza de soldado les significó la oportunidad de pasar a las Indias para quedarse después -y sin licencia-, comerciando en ellas. Probablemente el servicio como soldado fue temporal o para un momento específico, la mayoría declaró en el testamento “haber servido” -así, en tiempo pasado- con plaza de soldado en determinada compañía, y muy pocos se hallaban en el ejercicio de esa función al momento de testar. Se entiende, en consecuencia, que muchos debieron buscar otros medios económicos para ganarse la vida: algunos tuvieron tienda de pulpería; otros fueron tratantes o grandes comerciantes, y no faltaron los que teniendo a su disposición esclavos oficiales -calafates o marineros-, obtenían alguna renta alquilándolos en distintos navíos166.
164 Las compañías de las que formaron parte los soldados portugueses en los años de 1625 a 1647
estuvieron a cargo del almirante Pedro Alfonso y Muñoz, y de los capitanes: Antonio de Reina, Pedro de Corcuera, Martín de Orculana y Adrián Pulido.
165 Marcos Peres, natural de Oporto, había servido en la guardia del virrey Luis de Velasco; y
Francisco Gomes, de la ciudad de Faro, formaba parte -en 1631- de la guardia del virrey conde de Chinchón. Cfr. AGI, Contratación, 941B, n.12, “Bienes de difuntos: Marcos Peres”, 1608, fol. 36r; AGN, Prot. Not. 8, Cristóbal de Aldana (1631), Testamento de Francisco Gomes, Lima, 18-VIII-1631, fol. 425v, respectivamente.
166 Para el último caso destacó el portugués Manuel Rodrigues, soldado de la compañía de don
Pedro de Corcuera, en 1633 declaró en su testamento varias deudas por cobrar procedentes de los jornales de sus negros esclavos, que había alquilado como calafates o grumetes, a razón de 18 patacones cada mes. Cfr. AGI, Contratación, 421B, n.5, “Bienes de difuntos: Manuel Rodrigues”,
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Los soldados portugueses -tal y como sucedió con los dedicados a oficios marítimos-, estuvieron vinculados al puerto del Callao. El 50% de los casos conocidos vivía allí en aposentos alquilados, el 33,33% se hallaba curando en el hospital de Nuestra Señora de Covadonga, y el 28,57% formó parte de cofradías fundadas en el convento de San Francisco de ese puerto. Constituyeron en su mayoría una población de paso. El 50% de los casos conocidos estuvo representado por los solteros; y del porcentaje restante, la mitad de ellos había casado en Portugal donde tenían mujer e hijos a quienes nombrarán por herederos. Uno además declaró bienes inmuebles en su tierra de origen, y otro, aunque había comprado un solar en Lima, tenía decidido -de acuerdo con declaración de testigos- regresar a su tierra a reunirse con su mujer. Cabe señalar que con excepción de un solo caso, todos los demás se hallaron en Lima en los años de 1598 a 1638. Entendemos que después del levantamiento de Portugal -y como sucedió con los oficiales marinos- se limitó el ingreso de los extranjeros y de los portugueses en la milicia española, se buscaba, ante todo, salvaguardar los intereses de la Monarquía en el otro lado del océano.
En segundo lugar hemos encontrado cuatro barberos -uno de ellos era aprendiz de barbero167-, un barbero cirujano y dos cirujanos. El trabajo de los barberos portugueses cumplido de forma particular suponía disponer de los instrumentos necesarios: “una caja de afeitar con tres navajas, espejo y peines”, por lo general trabajaban en tiendas implementadas especialmente para este oficio y que contenía entre otras cosas, “una cortina de paño azul con su vara, dos varas de plata, una celosía de ante la puerta, una bacía de azófar, percha y alcayatas, piedras de afilar, piedras de amolar, molejón y piedras, molejón y dornajillo, una bigornia con su punzón y martillo y candeleros”168.
1648, fols. 23r-40r.
167 Fue el caso de Francisco Alfonso, natural de Lisboa y de 16 años de edad. El 7 de mayo de
1629 se asentó por aprendiz con Bartolomé de Ortega y Diego Bravo, maestros barberos, por tiempo de tres años. Los susodichos debían enseñarle el oficio de barbero y “darle de comer y cama y ropa limpia y de vestir” y enseñarle el dicho oficio. Se comprometían además a curarle -si caía enfermo- dándole médico y medicinas y lo demás necesario. Debían proporcionarle vestido nuevo y una caja de afeitar con sus herramientas. Por su parte, el aprendiz portugués se comprometía a aprender el oficio y a servir en el dicho tiempo “y falta que hiciere a los dichos Bartolomé de Ortega y Diego Bravo”. Cfr. AGN, Prot. Not. 1813, Marcos de Santisteban (1629), Asiento de aprendiz Francisco Alfonso con Bartolomé de Ortega y Diego Bravo, Lima, 7-V-1629, fols. 120r-120v.
168 AGN, Prot. Not. 2021, Joan de Zamudio (1609-1610), Venta de tienda de barbería Joan de
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Hubo entre los barberos portugueses algunos -pocos- que se declararon pobres (33,33%), pero la mayoría se halló en una buena posición social (66,67%) como fue el caso de Antonio Lopes Borges, maestro barbero, quien hizo testamento junto con su mujer en 1651. Miembros de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, su hacienda se calculó, en ese año, alrededor de 4.000 pesos de a ocho reales. Poseían además dos esclavos y una casa sobre cuya renta mandaron fundar una capellanía de misas169. Por otro lado, destacó un barbero-cirujano, quien realizó diversas sangrías y labores quirúrgicas menores. Se trató del lisboeta Manuel de Leyton; procedente de una familia rica portuguesa170, había llegado al Perú en los primeros años del siglo XVII. En 1621 ya se encontraba en Lima porque le vemos comprar una esclava al capitán Manuel Baptista Peres171. Casó en primeras nupcias con doña Teresa Ufemia de Ávila con quien no tuvo hijos; a la muerte de ésta casó con María Estacio, emparentando así con Nicolás Estacio -padre de la susodicha-, chipriota y rico propietario de chácaras en el valle de la Magdalena. Manuel de Leyton poseía entre sus bienes una caja de afeitar de plata, elemento que le vincula con su profesión de barbero, pero realizó también curaciones. Tuvo trato con Jerónimo de la O Vera, de quien había curado “muchos negros y negras de incordios y bubas y muchos muchachos de calenturas”172. Al parecer, este portugués no fue un cirujano latinista, egresado de universidad, sino empírico y cuyo saber procedía más de la “práctica diaria y continua de la cirugía”. Su ejercicio estuvo regulado por la ley173.
Hubo, por otro lado, cirujanos mayores. Hemos encontrado dos casos: Rodrigo Paes, que vivió en Lima en las últimas décadas del siglo XVI y el bachiller
169 AGN, Prot. Not. 32, Francisco de Acuña (1651), Testamento de Antonio Lopes Borges y doña
Bernabela María de Abarca, su mujer, Lima, 2.X-1651, fols. 725v-727v.
170
Manuel de Leyton declaró en su testamento que sus padres fueron en Portugal “muy ricos y poderosos” y él no recibió sus legítimas, que mandará a sus hijos legítimos habidos con su segunda mujer María Estacio. AGN, Prot. Not. 65, Cristóbal de Aguilar Mendieta (1635), Testamento de Manuel de Leyton, Lima, 9-IX-1635, fols. 265r.
171 AGN, Prot. Not. 1209, Diego Nieto Maldonado (1621-1622), Venta Manuel Baptista Peres a
Manuel de Leyton de una negrilla esclava, de casta arará, Lima, 7-VII-1621, fols. 1495r-1496v.
172 AGN, Prot. Not. 65, Cristóbal de Aguilar Mendieta (1635), Testamento de Manuel de Leyton,
Lima, 9-IX-1635, fols. 264v.
173 Cfr. Luis MARTÍN SANTOS, Barberos y cirujanos de los siglos XVI y XVII, Salamanca,
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Domingo Peres de Pereira que lo hizo en los años 30 del siglo XVII174. El primero se dedicó también al comercio, pero consta en su testamento haber realizado “una cura grave de postenia” a Juan de Quiroz por cuyo servicio debió cobrar -el cirujano- 100 pesos175. El segundo, al parecer, estuvo más vinculado con su profesión y había cursado los estudios correspondientes en su carrera, ya que ostentaba el grado de bachiller. Entre sus bienes se contaron un estuche de cirugía, una jeringa de plata, 14 hierros de cirugía, libros de cirugía, un jarro de plata, una candeleja, una cuchara pequeña, hierro, medicinas, entre otros; poseía también una mula castaña que utilizaba como medio de transporte. Este cirujano declaró en su testamento una deuda por cobrar al colegio de la Compañía de Jesús, “del tiempo en que acudió a curar a los residentes de dicho colegio” y que montó -en 1637- 50 pesos176
.
Por último, resta agregar otros servicios desarrollados por el colectivo luso y que refleja que pocas prácticas les fueron ajenas, o que tuvieron una gran visión para invertir en aquello que pudiera reportarles mayores ganancias. Dos estuvieron en posesión de cabalgaduras de caballos y bestias mulares y se beneficiaron de los alquileres para el trajín de Lima al Callao177. Otros dos trabajaron en los obrajes. Fueron éstos Fernando Ruiz Tevez, quien declaró en su testamento una deuda por cobrar de 4.500 pesos a don Juan de los Carneros, “del trabajo que tuvo en el aumento de sus obrajes en la provincia de Huaylas de que hay escritura”178, y Manuel Bautista, quien tenía en arrendamiento el obraje de Cochán, jurisdicción de la villa y corregimiento de Chancay. Este portugués se sitúa entre los de mayor caudal. La
174
AGI, Contratación, 257B, n.3, r.17, “Bienes de difuntos: Rodrigo Paes”, 1600, fols. 6r-11v; AGN, Prot. Not. 17, Francisco de Acuña (1637), Testamento de bachiller Domingo Peres de Pereira, Lima, 6-V-1637, fols. 167r-168v.
175 AGI, Contratación, 257B, n.3, r.17, “Bienes de difuntos: Rodrigo Paes”, 1600, fol. 9v. 176
AGN, Prot. Not. 17, Francisco de Acuña (1637), Testamento de bachiller Domingo Peres de Pereira, Lima, 6-V-1637, fol. 168v.
177 Francisco Hernandes, natural de Oporto y residente en el puerto del Callao, poseía en 1621
“nueve cabalgaduras de alquiler y siete caballos y tres bestias mulares ensilladas y enfrenadas” y más bestias que son doce”. Por su parte, Francisco Nuñes, de la villa de Almodóvar, declaró por sus bienes “catorce mulas aparejadas de enjalmas y sogas y lo demás para poderlos cargar”. Ambos se beneficiaron del alquiler de sus animales de carga, compraron negros esclavos y uno de ellos fue cofrade de la cofradía de San Antonio. Cfr. AGN, Prot. Not. 1808, Marcos de Santisteban (1621), Testamento de Francisco Hernandes, Callao, 28-I-1621, fol. 3v; AGN, Prot. Not. 1821, Marcos de Santisteban (1642-1643), Poder para testar Francisco Nuñes a Marcos del Campo, Lima, 7-IV-1642, fol. 71r, respectivamente.
178 AGN, Prot. Not. 14, Francisco de Acuña (1634), Testamento de Fernando Ruiz Tevez, Lima, 6-
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producción debió ser abundante, pues en 1637 declaró por insumos de dicho obraje “un mil arrobas de lana […] y otras seiscientas arrobas de lana mías”. Probablemente la lana procedía de sus “ciento y cincuenta ovejas y carneros grandes de Castilla”, pero también de la venta que le hacían los indios de comarcas próximas al centro de producción. Contó con mano de obra indígena para el trabajo en el obraje179, e invirtió, por otro lado, en la explotación minera180. Viudo y sin hijos destinó buena parte de su hacienda en limosnas generosas; nombró por heredera a su alma, y distribuyó el remanente de sus bienes entre los pobres de la cárcel de Lima y la fundación de una buena memoria para casar doncellas huérfanas de la misma ciudad.
4. C
ONCLUSIÓNLos datos revelan que la actividad económica por excelencia del colectivo luso fue el comercio. Algo más del 47% de los portugueses -incluyendo a los clérigos mercaderes- practicaron a pequeña, a mediana o a gran escala la actividad mercantil, seguida de otras como la navegación, la actividad artesanal y el trabajo agrícola. A diferencia de otros estudios donde vemos cierta tendencia a identificar a los portugueses con el gran comercio de negros, la documentación notarial nos presenta una realidad un poco diferente. Lo que predominó en el colectivo que estudiamos fue el mediano comerciante y el pulpero, quedando reservado el gran comercio a unos pocos casos. Como productos dominantes de comercialización en manos de los portugueses destacan principalmente tres: el vino, la ropa importada de Europa y los esclavos, pero fue el vino el que se mantuvo constante a lo largo de todo el periodo de estudio.
La organización de la actividad económica alrededor de uno o dos productos dominantes definió en cierto sentido la forma de vida del colectivo portugués. El comercio del vino exigió -por parte de los comerciantes- un menor desplazamiento hacia las zonas de producción, a diferencia de quien lo hizo con textiles importados
179
AGN, Prot. Not. 1859, Antonio de Tamayo (1638), Testamento de Manuel Bautista, Lima, 1- VII-1638, fols. 919r- 927r.
180 Manuel Bautista tuvo compañía con Simón Andrés para la explotación de una mina “de ocho
varas en Viscachaca nombrada San Roque”, cuyos beneficios debían dividirse entre ambos. Ibídem, fol. 924v.
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que debió realizar viajes largos hacia los mercados de Quito o Potosí, por ejemplo. El comercio de esclavos, por su parte, fue practicado en su mayoría -y a muy pequeña escala- por un buen número de pulperos, tratantes, marineros u oficiales artesanos, que vendieron uno o dos esclavos y de forma más bien ocasional que habitual, pero cabe señalar que hemos encontrado cuatro grandes mercaderes que invirtieron un gran capital en este negocio, tuvieron contactos en Angola, Panamá o Cartagena, formaron compañías y establecieron redes comerciales.
Las grandes fortunas no fueron lo característico del colectivo que estudiamos, no obstante hemos identificado dos importantes. La primera, del licenciado Manuel Correa cuya hacienda sumó en 1623 algo más de 180.000 pesos. La segunda, de Joan de Nolete, que ascendió, en 1656, alrededor de 220.000 mil pesos. Ambos diversificaron su actividad, realizaron muchas inversiones y crearon en el espacio peruano -y fuera de él- importantes contactos y redes económicas. Si bien comerciaron con varios productos -importados o de la tierra-, el primero basó su fortuna sobre todo en el comercio de negros; y el segundo, en el negocio del vino.
La navegación, por otro lado, representó la segunda actividad importante del colectivo luso en Lima, destacando como capitanes de navíos, pilotos, maestres y marineros. Junto con los alabarderos y soldados, la mayoría estuvo al servicio de la Monarquía Hispánica, ya fuera porque vinieran navegando en los galeones de Su Majestad, para el caso de los oficiales marinos, o porque integraran compañías o la guardia del virrey, para el caso de los soldados. El llegar sirviendo con plaza de marinero o soldado significó para determinados portugueses la posibilidad de pasar a las Indias; y una vez cesado el servicio, se quedaban viviendo en Lima sin licencia, como así lo indicaron algunos de los pocos casos conocidos.
El estudio de la actividad artesanal del colectivo portugués revela que pocos oficios, profesiones o servicios les fueron ajenos. Concentró este sector -y después de la mayor parte de los comerciantes- la población más estable del conjunto y con un nivel económico, social y cultural más bien medio-alto que bajo. Los más instruidos destacaron como barberos o cirujanos. La mayoría vivió de la práctica de su oficio o profesión, lo que implicó la disposición de tiendas para ejercerlo y de herramientas de trabajo. Hubo un mayor número de maestros que oficiales, y fueron también mayoría los que supieron firmar en el testamento.
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En lo que respecta a la actividad agrícola interesa señalar que no hemos encontrado ningún caso vinculado directamente con el trabajo de la tierra o como labradores, sino más bien como propietarios, arrendatarios o administradores, y aunque los casos corresponden especialmente a las dos primeras décadas del siglo XVII, es un indicio de que el acceso a la propiedad y a la administración de las tierras -y con mano de obra indígena- estuvo abierto también a los extranjeros, o por lo menos a los extranjeros naturalizados.
Finalmente, nos hemos preguntado -como en el anterior capítulo-, si los portugueses se vieron afectados en el cumplimiento de su actividad económica a causa de su naturaleza, la respuesta es no. Actúan como los naturales del reino, es decir, accediendo a todas las actividades, profesiones u oficios posibles; se integran con el conjunto de la sociedad, con la gente del común, con las autoridades y con las instituciones, y hacen inversiones y tratos con gente de su misma naturaleza, y también con peninsulares y criollos. Cabe hacer una matización, sin embargo, relacionada con el levantamiento de Portugal de 1640. Hemos comprobado que este hecho político sí afectó a determinado sector, especialmente a marineros y soldados, que fueron separados de la Armada del Callao -sobre todo los primeros- en los años de 1648 y 1649. Después de esos años serán muy escasos los oficiales marinos o soldados que se hallen viviendo en la Ciudad de los Reyes.