I NCORPORACIÓN A LA VIDA SOCIAL LIMEÑA
1. E NTORNO SOCIAL
1.2. R ELACIÓN CON MESTIZOS E INDIOS
La población indígena no fue ajena a la presencia portuguesa en Lima. En la documentación notarial se encuentran indígenas entre los deudores y acreedores, como beneficiarios de alguna manda testamentaria, entre los testigos en procesos, como arrendatarios de tierras y no faltaron algunos casos de declaración de hijas e
14 Cfr. Boleslao LEWIN (ed.), Descripción del Virreinato del Perú…, p. 64. 15
De 145 referencias de vínculos con determinados espacios de Lima y el Callao, 38 estuvieron relacionadas con este puerto.
INCORPORACIÓN A LA VIDA SOCIAL LIMEÑA
hijos naturales habidos con indias e incluso una mujer indígena que casó con portugués. No obstante, el trato con los indios, por parte de los portugueses de la muestra no estuvo muy difundido, pues únicamente abarcó al 25,96% de los casos conocidos16. El motivo principal de esos vínculos se dio sobre todo en asuntos económicos, especialmente por deudas contraídas -a favor o en contra-, y procedentes de negocios diversos, contratación de servicios o capital prestado. Hubo portugueses que contrajeron deudas con indígenas derivadas del alquiler de tierras o del servicio de mano de obra. Al respecto citamos dos casos, el primero corresponde a Francisco Gonçales, natural de Lindoso, quien declaró en 1616 tener en arrendamiento “ciertas tierras que son de Joan Quibe indio en el valle de Carabayllo e de Jorge indio” y una deuda pendiente con “don Martín Aucapoma indio [de] tres fanegas de trigo que me prestó mando se le paguen”. Por su parte, Manuel Bautista requirió, para el servicio de sus obrajes en Cochán, de mano de obra indígena; y de los indios de otras comarcas, de provisión de lana17.
Probablemente la cercanía con la población indígena despertó en el colectivo lusitano sentimientos de afecto y simpatía hacia ella. Los indios aparecen en los testamentos como beneficiarios de limosnas o donaciones gratuitas, especialmente los huérfanos o huérfanas que habían sido criados en casa de algún portugués, o de quienes habían recibido ciertos servicios18; en el caso de las mujeres, generalmente se trataba de una ayuda para su dote. Estas donaciones no estuvieron dirigidas únicamente a indios particulares, sino también a instituciones como el hospital de los naturales de Santa Ana: el 20% de los casos conocidos incluyó en el testamento limosnas a este hospital y el 17,02% lo hizo a beneficio de indios conocidos suyos19.
16 De un total de 181 casos conocidos, sólo 47 de ellos (25,96%) hicieron mención a los indios. 17 Cfr. AGI, Contratación, 342A, n.1, r.7, “Bienes de difuntos: Francisco Gonçales”, 1620-1622,
fols. 18v-19r; AGN, Prot. Not. 1859, Antonio de Tamayo (1638), Testamento de Manuel Bautista, Lima, julio de 1638, fol. 921r, respectivamente. Para una aproximación a la propiedad y al trabajo indígena, desde el punto de vista del protector de indios, véase: Carmen RUIGÓMEZ GÓMEZ, Una política indigenista de los Habsburgo: el Protector de indios en el Perú, Madrid, 1988, pp. 103-119.
18 Entre estas donaciones citamos una de Francisco Barroso, residente en el puerto del Callao,
quien en 1627 mandó 100 pesos de a ocho reales “a un muchacho Salvador, hijo de la Chachapoya, una india que vive en la ranchería los cuales se le den al dicho muchacho […] en pago de lo que me sirvió estando enfermo en Lima”. Cfr. AGI, Contratación, 384, n.3, r.10, “Bienes de difuntos: Francisco Barroso”, 1635-1636, fol. 87r.
19
De acuerdo con los testamentos 50 portugueses incluyeron mandas a hospitales de Lima y el Callao, de ese número, 10 (20%) estuvieron dirigidas al hospital de Santa Ana.
VASALLOS Y EXTRANJEROS
La población indígena compartió con otros actores sociales -y con otros grupos étnicos- unos mismos oficios -zapatero, bordador, pescador, sombrerero, sastre-, y comunes espacios públicos. Aunque algunos residían en pueblos de indios, la gran mayoría vivió -junto con españoles, portugueses, negros o mulatos- en las mismas parroquias e incluso en las mismas moradas20. También los portugueses solían frecuentar barrios de indios, ya sea porque tuvieran solares o casas allí o por asuntos de negocios: el 16,35% de los casos conocidos estuvo vinculado al barrio de San Lázaro y el 8,65%, al Cercado de Lima.
No obstante la proximidad con parte de la población indígena, el mestizaje biológico entre los portugueses y el colectivo de indios fue escaso. Hemos encontrado apenas tres declaraciones de hijos naturales mestizos y un solo caso de matrimonio con india21. En todos ellos hay un reconocimiento explícito de esos hijos naturales y un claro interés por asegurarles su sustento y su futuro22. Respecto al matrimonio entre portugués e india, el único caso encontrado es el de Matías de Arauz, natural de la villa de los Arcos de Valdevez en el reino de Portugal. Había
20 Domingo Vega y Vaca, natural de Braga manifestó en 1652 que al no encontrar otra posada y
por hallarse pobre y enfermo estuvo en el pueblo de la Magdalena en casa de un indio que le dio posada. El pueblo de la Magdalena era en realidad un pueblo de indios. Cfr. AGI, Lima, 60, “Cartas y expedientes de virreyes de Perú”, n.40, Autos contra Domingo Vega y Vaca, sobre quebrantamiento de los bandos del gobierno hechos por orden del virrey conde de Salvatierra y asimismo los autos hechos por el virrey conde de Alva de Liste sobre no haber continuado el dicho Domingo Vega el viaje a España, 1652-1658, fols. 1-76, fol. 6r.
21
En el caso del grupo español, el matrimonio con indígenas fue también raro, aunque estuviera amparado en la legislación. Al respecto véase: Pilar LATASA VASSALLO, Administración virreinal en el Perú…, p. 271.
22
Entre los casos de declaración de hijos naturales habidos con indias destacaron dos mercaderes: Francisco Hernandes Orejuela y Sebastián Fernandes de Páramo. El primero reconoció en 1571 por su hija natural “a Ana mestiza de edad de quince años poco más o menos que al presente está en mi casa y es hija de Francisca india difunta”, a quien legó en dote y casamiento 6.000 pesos de oro en plata ensayada y marcada. El segundo, estando en Potosí tuvo dos hijos naturales de los que al parecer uno de ellos -bautizado en 1651- era mestizo: Manuel Fernandes Páramo “nacido y bautizado en Potosí hijo de Bartola Choquema”. El tercer caso corresponde a Francisco de Figueredo, del Algarbe, tratante en ropa de sastre y propietario de mulas, quien reconoció en 1646 por su hija natural a “Francisca Figueredo, niña que será de cuatro o cinco años que está en la sierra en poder de una india llamada Juana que la ha criado […] en la provincia de Cajatambo”, esta niña será nombrada en el testamento su heredera universal. Cfr. AGN, Real Audiencia, Causas Civiles, leg. 15, cuaderno 74, “Autos seguidos en grado de apelación por Juan Pérez Maldonado en México, Manuel Luján y su mujer Ana Hernandes, hija natural del dicho difunto y la hermandad de la Caridad de la Ciudad de los Reyes sobre ejecución de su testamento que se incluye en fojas 33 y siguientes de este cuaderno", 1575, fols. 15-74, fol. 34r; AGI, Escribanía, 1091B, “Pleitos de la Casa de la Contratación”, El fiscal con Sebastián Fernandes de Páramo, portugués sobre haber pasado a las Indias sin licencia, 1673-1674, fol. 16r; AGN, Prot. Not. 85, Cristóbal de Aldana (1646), Testamento de Francisco de Figueredo, Lima, 14-VII-1646, fols. 489v- 490r, respectivamente.
INCORPORACIÓN A LA VIDA SOCIAL LIMEÑA
llegado al Perú en las primeras décadas del siglo XVII y fijado su residencia en la parroquia de Santa Ana donde tenía tienda de pulpería. En 1643 casó con Catalina Rodríguez, natural de Asturias, con quien no tuvo hijos, y a la muerte de ésta se amancebó y luego casó -en 1649- con María Quispi, india ladina, natural de Luringuanca del valle de Jauja23.
La lectura del expediente matrimonial nos acerca a la vida de estos personajes. Los dos vivían en la parroquia de Santa Ana y ambos eran viudos, María Quispi había estado casada con el español Antonio Rodríguez, que había fallecido pocos años antes en el hospital de San Andrés. La presencia de testigos para la información solicitada por las autoridades eclesiásticas sobre “que ambos eran libres para contraer el dicho matrimonio” demuestra que su entorno social estuvo constituido por gente de distinta naturaleza y condición. Entre ellos destacan: el Dr. Thomás Marín de Cubas, presbítero capellán del hospital de San Andrés, Juan de Prado, hermano de dicho hospital, Martín de Castro, cuidador de locos en el mismo hospital y Pedro Romay, “sin ocupación”, todos españoles. Además de Nicolás de Candia, natural de Génova y Manuel, negro ladino de casta balanta y esclavo de Felipe de Parna. Todos ellos declararon conocer a los susodichos “por haberlos tratado y comunicado”24
. Dado que esta situación se presentaba también en otros contextos, puede deducirse que la sociedad virreinal no estuvo estrictamente organizada en castas, etnias o clases separadas unas de otras, hubo, por el contrario una constante comunicación y trato entre ellas.
Al respecto anotamos que en los últimos años se está asistiendo a un cambio de percepción de las sociedades hispanoamericanas, concebidas durante mucho tiempo como estructuras fijas, inamovibles o estables que seguían rigurosamente un patrón o una norma. Estudios recientes para otros espacios geográficos han puesto de manifiesto, sin embargo, que en esas sociedades, junto a aspectos tenidos por habituales “por lo tanto previsibles o acordes a las normas” se daban otros que no lo eran en absoluto “y que [diferían] de las pautas convencionales y las imágenes
23 Cfr. AGN, Prot. Not. 27, Francisco de Acuña (1646), Testamento de Matías de Arauz, Lima, 1-
IV-1646, fols. 210v-211v; AAL, leg. 21, exp. 87, Expedientes matrimoniales: Matías de Arauz y Catalina Rodríguez de Salas, agosto de 1643; AAL, leg. 23, exp. 33, Expedientes matrimoniales: Matías de Arauz y María Quispi, india, natural de Luringuanca, marzo de 1649.
24
Cfr. AAL, leg. 23, exp. 33, Expediente matrimonial: Matías de Arauz y María Quispi, india, natural de Luringuanca, marzo de 1649.
VASALLOS Y EXTRANJEROS
preconcebidas”25
. El análisis de los vínculos interpersonales ha facilitado el conocimiento de cómo funcionaban las sociedades en la vida ordinaria y cotidiana: indios que salen de su pueblo para vivir en la ciudad, extranjeros que se desplazan a pueblos de indios, tratos económicos con españoles e indígenas, o relaciones afectivas entre portugués e indio. Toda esta diversidad de situaciones que van más allá de la norma establecida, confieren al comportamiento social un carácter “mucho más complejo, versátil y rico”26
.