I NCORPORACIÓN A LA VIDA SOCIAL LIMEÑA
1. E NTORNO SOCIAL
1.3. T RATO CON NEGROS ESCLAVOS O LIBRES , MULATOS , MORENOS Y PARDOS
En contraste con la relación con la población indígena, los portugueses tuvieron mayor trato con la población negra -esclava o libre-, incluidos los mulatos y los pardos. El 56,35% de los casos conocidos mantuvo alguna vinculación con ellos. De ese total el 87,25% tenía entre sus bienes a esclavos -ya fuera por vía de compra o por bienes dotales-, cuyo número variaba en función de la condición económica del portugués28. Destacan sobre todo los que poseían de uno a cinco esclavos - generalmente para el servicio doméstico-, quedando reservado el mayor número de ellos a los propietarios de chácaras, estancias y navíos, y a los grandes mercaderes (véase Cuadro nº 2).
Los negros esclavos aparecen en los documentos como bienes transmisibles por herencia y como bienes dotales29. Se les incluye entre los objetos de mercadería
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Pilar PONCE LEIVA, “’Por el mucho amor que les he tenido…, p. 22. Para el caso novohispano, véase: Mónica QUIJADA y Jesús BUSTAMANTE, “Las mujeres en Nueva España: orden establecido y márgenes de actuación”, en Georges DUBY y Michelle PERROT (dirs.), Historia de las mujeres en occidente, v.3, Barcelona, 1992, pp. 617-634.
26 Ibídem, p. 22.
27 Estos nombres aparecen literalmente en los documentos y así los utilizaremos al referirnos a
ellos.
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De 181 casos conocidos, 102 portugueses tuvieron trato con los negros (56,35%), de ese total, 89 fueron propietarios de esclavos.
29 Fue frecuente en el periodo estudiado que los esclavos formaran parte de los bienes dotales. Su
número varió en función de la calidad de la dote. Una de las más altas fue la que recibió Joan de Gusmán en 1625 cuando concertó casar con la dama limeña doña Catalina de Aguilar, el monto de la dote alcanzó los 30.000 pesos de a ocho reales, en barras de plata, vestidos, joyas y esclavos. Entre los seis esclavos recibidos destacaron tres esclavas con oficios: Lorenza de casta bran “lavandera y cocinera”, Melchora de casta Angola “costurera de cortados y bordados” y Ana criolla “costurera y recamarera, muy fiel y muy prima en lo que hace”. Cfr. AGN, Prot. Not. 1759, Diego Sánchez Vadillo (1625), Carta de dote Joan de Gusmán a Catalina de Aguilar, Lima, 15-IV-1625, fols. 501v-502r.
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posibles de ser comprados, vendidos o rematados y sus dueños podían obtener de ellos -sobre todo de quienes tenían oficio- una suma rentable alquilándolos por jornaleros para el servicio doméstico o como calafates o marineros. Al respecto citamos dos casos, el primero corresponde a Leonor de Melo, quien en 1624 declaró por sus bienes hasta 12 negros esclavos, de los cuales tres trabajaban como marineros y calafates en diversos navíos que cumplían la ruta desde el puerto del Callao hasta Panamá y viceversa, “y gana cada uno diez y ocho patacones cada mes”; el segundo caso es el de Melchor Francisco de Aguilar, quien reconocía en 1631 haber alquilado una de sus esclavas, Clara criolla, a Inés de Contreras “en seis patacones cada mes”30. Se observa que el jornal de un esclavo con oficio de calafate o de marinero era tres veces superior al de una esclava para el servicio doméstico. En otros casos la posesión de esclavos oficiales redundó en beneficio de la propia empresa o negocio como sucedió con Francisco Lorenço, maestro carpintero, quien contó como ayudantes en el ejercicio de su oficio con tres esclavos: dos oficiales carpinteros y uno tornero31.
CUADRO Nº 2:Número de esclavos en posesión del colectivo luso analizado32
30 AGN, Prot. Not. 1756, Diego Sánchez Vadillo (1624), Testamento de Leonor de Melo, Lima,
26-III-1624, fol. 698v; AGN, Prot. Not. 1923, Gerónimo de Valencia (1631), Testamento de Melchor Francisco de Aguilar, Lima, 7-V-1631, fol. 229v, respectivamente.
31 AGN, Prot. Not. 780, Francisco Gonzáles de Balcázar (1632-1633), Testamento de Francisco
Lorenço, Lima, 16-IX-1633, fol. 359v.
32 Elaboración propia con datos obtenidos de la declaración de bienes relacionada con los
testamentos de 89 casos conocidos.
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Los mayores propietarios de esclavos fueron: el licenciado Manuel Correa, con cerca de 50 piezas, y Joan de Nolete, 108. AGN, Prot. Not. 1752, Diego Sánchez Vadillo (1619-1623), Declaración y cesión Luis Gonzáles Velásquez a Manuel Correa, Lima, 10-IV-1623, fol. 939v; AGN, Prot. Not. 1038, Miguel López Varela (1656), Testamento de Joan de Nolete, Lima, 17-X- 1656, fols. 1886r-1886v.
Cantidad de esclavos Nº de portugueses Porcentaje
De 1 a 5 65 73,03% De 6 a 10 14 15,73% De 11 a 15 03 3,37% De 15 a 20 03 3,37% Más de 2033 04 4,49% Total 89 100%
VASALLOS Y EXTRANJEROS
Los esclavos se presentan también como beneficiarios de mandas testamentarias, se dio sobre todo entre los del servicio doméstico y muy rara vez entre los que laboraban en chácaras, viñedos o navíos. Es probable que la cercanía con ellos (los esclavos de la casa) despertara en los portugueses ciertos sentimientos de afecto o de compasión y al final de sus días solían mandar en el testamento donaciones gratuitas o la concesión de la libertad para algunos. De los casos conocidos el 33,70% dispuso en el testamento mandas a favor de esclavos34, que iban desde una pequeña limosna de 10 pesos de a ocho reales hasta la carta de libertad. Sobre esto último conviene anotar que si bien ciertas disposiciones evidencian un claro interés y preocupación por asegurar el futuro de sus esclavos35, en la mayoría de los casos la concesión de la libertad, sujeta a una condición, supuso más bien un perjuicio o una carga para el negro liberto, pues por lo general la libertad se otorgó a esclavos viejos y sordos, en agradecimiento “por lo bien que han servido” o “por el mucho amor que le tengo”, pero al no contemplar -junto a la manda de libertad- limosna alguna adicional para su alimentación y sustento, probablemente el comienzo de su vida libre no estuvo exenta de dificultades36. Las mandas de limosnas alcanzaron también a los hijos de las esclavas y a esclavos de otros dueños de quienes probablemente los portugueses habían recibido algún servicio o tenían con ellos un trato más familiar37.
Aunque hubo una proximidad manifiesta entre portugueses y negros, los negocios con estos -esclavos o libres- fueron escasos. Únicamente el 14,71% de los
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De 89 portugueses propietarios de esclavos, 30 de ellos dispusieron alguna manda a su favor.
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Al respecto citamos un ejemplo: en 1641 Catalina Velasques había mandado “ahorrar y libertar” a su esclava Isabel María, mulata, de quien dispuso su ingreso en el monasterio de monjas de Santa Clara para que “siendo de edad profesase de donada en el dicho monasterio”, mandó en el testamento, dictado en 1649, 200 pesos para que sean entregados a la susodicha el día de su profesión. Cfr. AGN, Prot. Not. 1824, Marcos de Santisteban (1648-1649), Testamento de Catalina Velasques, Lima, 25-II- 1649, fol. 470v.
36 En 1625 Rodrigo García Carnero mandó la libertad a su esclava “Isabel folupa, vieja de más de
sesenta años” con cargo “que todos los días de su vida […] sea obligada a decir o mandar decir cada mes misa rezada por mi ánima y dar la limosna para ello”. Además Isabel folupa quedaba obligada a criar, favorecer y alimentar a una niña mulata nombrada Agustina, a quien el portugués había concedido también su libertad, Cfr. AGN, Prot. Not. 172, Agustín de Atencia (1623-1625), Testamento de Rodrigo García Carnero, Lima, 11-XII-1625, fols. 15v-16v.
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Un ejemplo al respecto lo constituye el de Francisco Rodrigues, quien mandó en 1607 “a una muchacha mulata que se dice Francisca hija de Juana López morena esclava de Pº de la Barrera ciento y cincuenta pesos de a nueve reales para su libertad la cual es de edad de tres o cuatro años”, AGN, Prot. Not. 1971, Pedro de Velorado (1602-1610), Testamento de Francisco Rodrigues, Lima, 22-XII- 1607, fol. 621v.
INCORPORACIÓN A LA VIDA SOCIAL LIMEÑA
portugueses que conocemos declaró tener cuentas pendientes con el colectivo negro o mulato procedentes, entre otras, de la venta de cordobanes, manteca, cargas de vino o de préstamo de capital. Fue más frecuente, en cambio, que los negros se presentaran ante los lusos como bienes de mercadería: el 39,22% de los casos conocidos se dedicó, en mayor o en menor medida, a la compra y venta de esclavos38. No obstante, la gran mayoría de los que trataron con negros fueron pequeños mercaderes o gente dedicada a otro oficio -pilotos, capitanes, marineros, artesanos y clérigos- que vendían entre los diversos géneros uno o dos esclavos. El gran comercio de esclavos quedó reservado a muy pocos casos, como se explicará en el capítulo siguiente.
En cuanto al mestizaje biológico habido entre los portugueses y la población negra, a diferencia de lo que sucedía con los indígenas, existe un mayor número de matrimonios con mulatas o negras, esclavas o libres, además de algunas declaraciones de hijas naturales habidas con éstas. Este tipo de unión no representa ninguna novedad, sobre todo si tenemos en cuenta la estrecha vinculación entre ambos a raíz de los asientos negreros y la innegable realidad de que el componente negro se hallaba presente en la constitución genética de algunos portugueses. Fueron seis los lusos que casaron con negras, morenas o mulatas y representa el 10,71% de los casos conocidos: dos casaron con esclavas, otros dos lo hicieron con mulatas, uno casó con “morena libre”, y el último -un pardo libre- casó en primeras nupcias con “morena esclava” y en su tercer matrimonio, con “morena libre”. De estas uniones sólo dos tuvieron descendencia39. Por otro lado, conocemos dos declaraciones de
38 De 102 portugueses que mencionan a los negros, sólo 15 de ellos (14,71%) tenía deudas por
cobrar o por pagar a mulatos o negros. Por otro lado, 40 lusos contaron entre sus géneros de mercadería con esclavos.
39 Entre los que casaron con esclavas citamos a Antonio de Sequera, quien contrajo matrimonio
con Damiana de Aguilar, negra esclava de doña Agustina de Arauz y pagó por su libertad 780 pesos, y Gabriel Gonçales quien casó con Lucía Gómez, negra esclava de casta Angola. Ninguno de los dos tuvo descendencia. Los que casaron con mulatas fueron Gaspar Dias, quien casó con Juana de Barrios, mulata libre, hija de Felipa biáfara y de padre no conocido, llevó a su poder en dote 308 pesos. No tuvo hijos con ella, y Thomé Gomes, casó en 1635 con María Jiménez de la O, hija de Jacoba criolla y de padre no conocido, tuvo con ella seis hijos legítimos. Por su parte, Antonio Duarte casó en segundas nupcias con Juana de Porras, morena libre, y llevó a su poder en arras 3.000 pesos, ella no llevó caudal alguno al matrimonio. No tuvieron descendencia. Finalmente, Benito de Sardina, pardo libre, natural de las islas Terceras, casó en primeras nupcias con morena llamada Juana biáfara, esclava de Gerónimo López de Saavedra, tuvo dos hijos de los que sobrevivió sólo uno. Su tercer matrimonio fue con Isidora Pereira morena libre. No hubo hijos en este último matrimonio. Cfr. AAL, leg. 97, exp. 26, Testamento de Antonio de Sequera, Puerto del Callao, 11-IV-1676; AGN, Prot. Not.
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hijas naturales mulatas habidas con negras y en ambos casos los padres biológicos atendieron las necesidades de las hijas40.
Tal y como sucedía con la población indígena, la población negra constituyó parte del entorno social del colectivo luso. Aunque hubo barrios reservados para ellos -Pachacamilla, por ejemplo-, en su mayoría se les ve ocupando otros espacios y conviviendo con el resto de la sociedad. Esclavos o libres, los negros se mueven por todos los rincones de la Lima virreinal, se vinculan socialmente con otros grupos y no sólo a través del servicio doméstico o como bienes de mercancía; hemos encontrado en los documentos a esclavas que venden vino a un portugués; negros que dan posada en su vivienda a una india, casada con portugués; mulatos que comparten un mismo oficio -el de zapatero, por ejemplo- con indios, portugueses o españoles; mestizos que venden esclavos a un lusitano, o al contrario, portugueses que se vinculan con otros sectores -personas e instituciones- gracias a la venta, alquiler o donación de negros esclavos. La comprensión del entorno social de la comunidad portuguesa de Lima pasa necesariamente por entender el carácter dinámico de la sociedad y no sólo en el plano biológico, sino -y sobre todo- en sus relaciones económicas y culturales.
182, Cristóbal de Barrientos (1617-1625), Testamento de Gabriel Gonçales, Lima, 29-XI-1623, fol. 862r; AAL, leg. 18, exp. 92, Expedientes matrimoniales: Gaspar Dias y Juana de Barrios mulata, septiembre de 1644; AAL, leg. 5, exp. 7, Expedientes matrimoniales: Thomé Gomes y María de la O, enero de 1635; AGN, Prot. Not. 1827, Marcos de Santisteban (1654-1657), Testamento de Antonio Duarte, Lima, 16-VI-1657, fol. 188v; AGN, Prot. Not. 1286, Martín de Ochandiano (1649), Testamento de Benito Sardina, de color pardo libre, Lima, 7-VII-1649, fols. 481r-482r, respectivamente.
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Cfr. AGN, Prot. Not. 1971, Pedro de Velorado (1602-1610), Testamento de Sebastián Jorge, Lima, 16-III-1607, fol. 465v; AGN, Prot. Not. 93, Miguel Alférez (1625-1629), Testamento de Benito Rodrigues, Lima, 15-VI-1625, fols. 19r-19v. Aparte de estos dos casos hubo un tercero a quien se atribuyó un hijo natural mulato, pero que el portugués no reconoció por tal, no obstante le mandó una limosna en estos términos: “digo que por cuanto han dicho que un niño nombrado Francisco que será de tres años hijo de una moza parda […] es mi hijo y que así lo ha publicado ella lo cual yo no confieso y en mi conciencia tengo que no es mi hijo, sin embargo de lo cual y por haberlo dicho le mando cien pesos de a ocho reales los cuales se le den a la dicha su madre y si mandare poner pleito a mis bienes le revoco esta manda”. Cfr, AGN, Prot. Not. 85, Cristóbal de Aldana (1644), Testamento de Diego Nuñes Rosa, Lima, 23-I-1644, fol. 17v.
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1.4. RELACIÓN CON ESPAÑOLES Y CON OTROS EXTRANJEROS
Los portugueses, establecidos en una ciudad con población mayoritariamente española, crearon y mantuvieron diversos tipos de vínculos con ella, por lo que su entorno social estuvo constituido principalmente por españoles. En efecto, al revisar la documentación notarial hemos hallado que el mayor número de personas que acudió a los escribanos de Lima fueron españoles y procedían de distintas partes del territorio peninsular e insular: villa de Madrid, Sevilla, Triana, Huelva, puerto de Santa María, Baeza, Ciudad Rodrigo, Ciudad Real, Asturias, Trujillo, Cáceres, villa del Campillo, Burgos, villa de Salvatierra en Galicia, islas Canarias, etc. Eran por cierto -y después de los negros- el colectivo más numeroso del conjunto de la sociedad limeña41.
La cercanía geográfica entre España y Portugal hizo que algunos lusitanos, de los que vivieron en Lima, tuvieran raíces hispanas: Antonio Dias de Rivadeneira era hijo de padre español y de madre portuguesa y Hernán Peres de Arauz lo fue de padre portugués y de madre española42. También se dio el caso de portugueses que siendo niños habían inmigrado con sus padres a España donde lograron alcanzar la vecindad. Francisco Rodrigues Barreto al referirse a sus padres recordará que ambos fueron naturales de Lisboa pero “vecinos de la villa de Calasparra, reino de Murcia, donde están enterrados”43. En definitiva, portugueses y españoles, procedentes de una sola Península Ibérica, se sentían más próximos que con cualquier otro grupo social o étnico.
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De acuerdo con el Padrón de indios de 1613, la composición de la población en Lima para ese año se hallaba distribuida de la siguiente manera: españoles (38,9%), religiosos (6,9%), negros (41,9%), mulatos (3%), indios (7,95) y mestizos (0,8%). Cfr. Noble David COOK, Introducción, en Mauro ESCOBAR GAMBOA, Padrón de indios de Lima en 1613…, pp. I-XIII, pp. II-III.
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Antonio Dias de Rivadeneira, natural de Portalegre, era hijo del licenciado Diego Dias de Rivadeneira, natural de Torrijos en los reinos de España y de Leonor Gonçales, natural de la ciudad de Portalegre. Por su parte, Hernán Peres de Arauz había nacido en la ciudad de Casar en el reino de Portugal y era hijo de Gonçalo Vasques, vecino y natural de la misma ciudad y de Juana Gonzáles, natural de la Aldea de Valles en los reinos de Castilla. Cfr. AGN, Prot. Not 181, Cristóbal de Barrientos (1604-1618), Testamento de bachiller Antonio Dias de Rivadeneira, Asiento de Boctalla, del valle de Nasca, 10-XI-1610, fol. 701r; AGN, Prot. Not. 834, Francisco Hernández (1621), Testamento de Hernán Peres de Arauz, Lima, 28-XI-1621, fol. 2837r, respectivamente.
43
AGN, Prot. Not. 1753, Diego Sánchez Vadillo (1619-1623), Poder para testar Francisco Rodrigues Barreto a Diego Dies de Olivera, Lima, 4-XI-1622, fol. 1626r.
VASALLOS Y EXTRANJEROS
La documentación revela que los portugueses acudieron sin diferencia alguna a las distintas escribanías de Lima, donde el mayor número de los notarios -con excepción de uno que era de ascendencia portuguesa- fueron españoles44. El trato con ellos, sin embargo, no se limitó únicamente a los requerimientos de su oficio; en los documentos consultados, hay referencias a tratos o negocios habidos entre unos y otros45, y también a matrimonios concertados entre escribanos con hijas de portugueses. Sobre esto último hemos encontrado dos casos: el primero es el de Bartolomé Cordero, natural de la isla Tercera y residente en el puerto del Callao, quien declaró en el testamento dictado en 1620 haber casado a una de sus hijas, doña Magdalena de Herrera, con el escribano público Juan Pérez de Valenzuela, otorgándole en dote y casamiento 8.000 patacones “por lo mucho que me ha servido y el amor e voluntad que le tengo” y añadía que si esta cantidad no cupiere en su legítima paterna y materna “desde luego la mejoro en el tercio de mis bienes para que haya la dicha cantidad por entero para su sustentación”; por su parte, Hernán Peres de Arauz casó a su hija Mariana de Arauz con “Alonso Carrión, escribano de cabildo y público de esta ciudad”46
. En ambos casos, los yernos -escribanos- serán nombrados albaceas en el testamento.
44 De los escribanos que protocolizaron las escrituras otorgadas por los portugueses, la mayoría
había nacido en territorio español: Marcos de Santisteban, en Villanueva del Río; Francisco Hernández, en Ciudad Rodrigo; Diego Sánchez Vadillo, en San Pedro de Mérida; Cristóbal de Aldana, en la villa del Campillo en Extremadura; Miguel López Varela, en Santiago, reino de Galicia, etc. La excepción estuvo representada por Francisco de Acuña, a cuyo oficio acudió un buen número de los portugueses analizados, éste había nacido en Lima y era hijo de Catalina de Acuña, natural de Lisboa, quien vivió también en Lima y dictó testamento en 1646. Cfr. AGI, Panamá, 56, n.32, “Confirmación de oficio: Marcos de Santisteban”, 1620, fol. 1r; AGI, Lima, 179B, n.47, “Confirmación de oficio: Francisco Hernández”, 1601, fol. 1r; AGI, Lima, 179B, n.44, “Confirmación de oficio: Diego Sánchez Vadillo”, 1600, fol. 1r; AGI, Lima, 183, n.7, “Confirmación de oficio Cristóbal García de Aldana”, 1622, fol. 1r; AAL, leg. 12, exp. 58, Expedientes matrimoniales: Miguel López Varela y Luisa de Torres, noviembre de 1640; AGI, Lima, 182, n.13, “Confirmación de oficio: Francisco de Acuña”, 1617, fol. 1r, respectivamente.
45 En efecto, algunos escribanos tuvieron tratos económicos con portugueses, causados, entre
otros, por préstamos de capital, compra de esclavos, o del alquiler de aposentos. De siete casos localizados citamos dos: en 1620 Diego Sánchez Vadillo tenía una deuda por pagar al portugués Francisco Rodrigues Barreto de 237 pesos, de resto de 1.100 pesos por dos esclavos que compró del susodicho; por su parte Domingo Alonso, natural de Braga y mercader de ropa, vivía en un aposento alquilado del escribano Cristóbal de Aldana. Cfr. AGN, Prot. Not. 1753, Diego Sánchez Vadillo (1619- 1623), Poder para testar Francisco Rodrigues Barreto a Diego Dies de Olivera (se incluyen traslados de poderes para cobranzas de deudas del difunto), Lima, 4-XI-1622, fols. 1195v-1196r; AGN, Prot. Not. 18, Francisco de Acuña (1638), Testamento de Domingo Alonso, Lima, 25-III-1638, fol. 130r, respectivamente.
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Cfr. AGN, Prot. Not. 832, Francisco Hernández (1620), Testamento del capitán Bartolomé Cordero, Lima, 17-VIII-1620, fol. 2197r; AGN, Prot. Not. 834, Francisco Hernández (1621),
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Por otro lado, los testigos en las informaciones de filiación, en los expedientes matrimoniales, en las escrituras notariales otorgadas por portugueses y en las diligencias post mortem ordenadas por los jueces oficiales de la Casa de la