• No se han encontrado resultados

Nación: inicios del esfuerzo por comprender un fenómeno inaprehensible Intento de una propuesta anfibia.

Problematizaciones desde una modernidad en su apogeo.

4.2 Nación: inicios del esfuerzo por comprender un fenómeno inaprehensible Intento de una propuesta anfibia.

Ernest Renan, en un temprano 1882 brinda una conferencia bajo el título “¿Qué es una nación?”, obra que será la piedra fundamental de la reflexión sobre la nación. Sorprende la actualidad de sus reflexiones y, por ende, la profundidad y claridad al momento de pensar un proceso que en ese momento se encontraba en una instancia de ebullición y transformación. Por ello, resulta fundamental partir de este texto como una de las obras fundamentales que intentan dar respuesta a un interrogante que constituye un problema ¿Qué es una nación? ¿Qué sería una nación?

Sin dudas, el interés que nos moviliza a desarrollar este escrito no es el de encontrar una definición terminante y de clausura, ni el de establecer un orden taxonómico que organice una escala de “elementos a tener en cuenta para constituir una nación”. Muy por el contrario, el recorrido se propondrá como un

ejercicio de reflexión sobre las múltiples formas y miradas acerca de este complejo fenómeno, para aproximarnos a los diferentes modos en los que se la ha concebido y ha sido reconfigurado.

Una idea tan potente y múltiple como la de la nación se nos vuelve de una naturalidad imperante en nuestro cotidiano, ya que se encuentra presente en nuestras vidas como una de las definiciones primarias de nuestra identidad. Como ocurre con cada uno de estos elementos de una trascendencia tan potente, sabemos qué es la nación cuando no se nos pregunta sobre su significado, pero no podemos explicarlo ni definirlo muy rápidamente luego de que se nos indague sobre su significado.

Allí radica uno de los ejes fundamentales de esta pregunta. La indagación por la nación implica preguntarse por uno de los elementos simbólicos más importantes en el entramado de configuraciones identitarias. Por ende, una de las claves en torno a las cuales se estructuran los modos de relación, las subalternidades, las distinciones, en definitiva las legitimidades e ilegitimidades.

Renan, con una gran anticipación a las reflexiones que sobre la problemática se harán, da por tierra a todas las explicaciones esencialistas de la creación de las naciones, al afirmar que para esto no basta con la raza, la lengua, los intereses, la afinidad religiosa, la geografía, las necesidades militares, etc.

“Una nación es un alma, un principio espiritual. Dos cosas que, en verdad, tan sólo hacen una, constituyen esta alma o principio espiritual. Una está en el pasado, otra en el presente. Una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos; otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de seguir haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa […] haber hecho grandes cosas juntos, querer aún hacerlas” (Renan 2000:65)

La complejidad (la imposibilidad) que nos significa el desafío de aproximarnos a una definición sobre lo que una nación es, da cuenta de la potencia de este significante nutrido constantemente por diversas interpretaciones.

Más allá de esto, la empresa no es abandonada, sino que necesita ser retomada con más fuerzas y más preguntas. Renan nos proporciona una clave central: la idea de un nosotros, de un colectivo que más allá de sus heterogeneidades se constituye como elemento identitario central en nuestras vidas, marcará nuestro pasado y se conectará con nuestras decisiones futuras.

Ahora bien, el interrogante continúa en torno a la complejidad, la multiplicidad de aristas en las que se manifiesta, se presenta, se define, configura y reconfigura una nación. La pregunta sobre qué es una nación no tiene una única respuesta, no hay respuesta correcta. Existen una multiplicidad de aproximaciones, intentos, acercamientos, sospechas, prejuicios e intuiciones que sin dudas hacen a la explicación de lo que una nación sería, pero ninguna de ellas implica una respuesta global, certera y acertada.

Una nación es lo que las dinámicas sociales son: caóticas, contradictorias, desafiantes, inabarcables y inaprehensibles al mismo tiempo. Por ello es necesario comprender que partimos de un caos que se nos presenta como imposible, pero se pueden construir caminos para dar cuenta de él.

Así como el mar y la imponencia de su inmensidad nos intimida con su presencia inabarcable e irrepresentable, la problematización de la nación como idea nos pone ante la misma situación. Sin embargo, los hombres construyen los artefactos necesarios, ensayan y perfeccionan los elementos que le permitan navegarlo, se entrenan y recurren incesantemente a las experiencias que hacen a una tradición de conocimientos sobre el mar, crean las tecnologías para navegarlo, perfeccionan sus mapas y recorridos.

De ese mismo modo, aquí nos propondremos perfeccionar las herramientas necesarias para intentar dar cuenta de ese desafío intimidante que sería pensar la nación. ¿De qué manera? Estableciendo criterios de aproximación y certeza que nos permitan avanzar en las discusiones y problematizaciones que nos ayuden a

pensar cómo la idea de la nación forma parte importante de la construcción de imaginarios y percepciones sobre la vida social.

Tal como sostiene Hobsbawm (1999), ante la imposibilidad de una definición objetiva, se han ensayado intentos de definiciones subjetivas que, de algún modo, den cuenta de lo que una nación es.

Esta definición subjetiva se ha desplazado por dos andariveles, por un lado un intento de definición subjetiva pensando lo colectivo. Es decir que –al modo

de Renan– se sostendría que la nación es un plebiscito diario, por ello la decisión colectiva se ve unida a la idea de una historia y unos proyectos en común. Por otra parte, una opción subjetiva individual, que sostendría la primacía de una libertad

particular, por la cual cada sujeto podría optar por una nacionalidad.

Ambas opciones no logran explicar qué sería una nación, sino sumar algunos interrogantes y aristas a la pregunta. Es decir que la limitación de tener que optar entre una u otra mirada nos dará siempre una mirada incompleta.

La opción por reflexionar desde las dimensiones subjetivas reduce la complejidad de este magma sólo a la voluntad de los sujetos. Afirmación que resulta endeble al centrar la mirada sobre el fenómeno a posteriori (sólo se puede pensar a partir de la existencia de naciones conformadas, consolidadas y supuestamente estancas), y con un fuerte peso voluntarista (con la voluntad de pertenecer a una nación, individual o colectivamente, sería suficiente).

Nuestra consideración sobre esta fragilidad radica en la pretensión de una explicación dada exclusivamente por la dimensión subjetiva que quite de la consideración los elementos histórico sociales, asumiendo la posibilidad de una mirada voluntarista, de supuesta “libertad absoluta” del sujeto en sus decisiones. Decisión que encorseta los análisis y no nos permitirá contener en nuestro trabajo las condiciones históricas y los diálogos que enmarcan las identidades.

Tanto los intentos de definición objetivos, como los intentos subjetivos, no logran dar cuenta del magma que una nación es. Dado esto, la opción debe ser una alternativa anfibia, que no absolutice su reflexión desde una única mirada, y que –al mismo tiempo– se valga de las respuestas que ambos abordajes pueden proporcionar para avanzar en una lectura compleja sobre el fenómeno.

La crítica a la visión funcionalista no parte de una aseveración que desconozca que las instituciones cumplen funciones vitales por fuera de las cuales no es posible la existencia de las sociedades. El cuestionamiento se dirige a la pretensión del funcionalismo por reducir la vida social a las instituciones establecidas (olvidando el carácter de constitución social de las mismas), suponiendo que podría comprenderse todo el funcionamiento sólo desde la mirada puesta en las estructuras, dando por tierra la agencia de los sujetos.

Las respuestas que la mirada objetiva y subjetiva dan sobre lo que una nación sería, no resultan incompatibles ni contrarias por definición. Son respuestas necesariamente complementarias, necesariamente complementadas por la mirada del investigador que ponga énfasis en complejizar las tramas con las que debe enfrentarse. Una posición que en Hobsbawm puede leerse como el agnosticismo necesario para investigar.

Documento similar