todo momento un
estilo sencillo, claro y
coherente.
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Renovación nº53 61
reja con un individuo del mismo sexo. Asimismo, cabe destacar una vez más que el pacto entre David y Jonatán se extiende a la descendencia de ambos. Tras ascender David al trono, se pro- pone averiguar el paradero de los hi- jos de Jonatán. Así se entera de dónde vive Mefibóset, al que manda traer a la corte concediéndole un asiento per- manente en el comedor real. Hablan- do David con Mefibóset, le revela que se muestra generoso con él “por amor de Jonatán, tu padre” (2 Sam 9,7). Esta medida demuestra que David se toma en serio la solemne promesa en- tregada hace tiempo a su aliado ama- do (1 Sam 20,42). En términos con- cretos se trata de un caso de adopción, tema que se hace patente en varios re- latos bíblicos. Por ejemplo, Abraham adopta a su sobrino Lot después de que éste se ha quedado huérfano de padre (Gn 11,28-31). Y antes de expi- rar en la cruz (Jn 19,26-27), Jesús hace que su madre adopte al discípulo amado como hijo suyo y que éste a su vez adopte a María como madre pro- pia.
El amor y los traductores
En el contexto de la historia de David y Jonatán, son cuatro las versiones castellanas examinadas: Dios Habla Hoy (DHH), Nueva Biblia de Jerusa- lén (NBJ), Nueva Versión Internacio- nal (NVI) y Reina-Valera Actualiza- da (RVA). A continuación veremos tres casos paralelos donde se explican los sentimientos amorosos de Mical, Saúl y Jonatán, respectivamente. En cada caso el narrador recurre al verbo hebreo ahab, “amar”, logrando así es- tablecer un vínculo literario entre los tres pasajes.
1 Sam 18,20: Mical amaba a David
DHH: Mical estaba enamorada de David
NBJ: Mical estaba enamorada de Da- vid
NVI: Mical se enamoró de David
RVA: Mical amaba a David
1 Sam 16,21: Saúl amó a David
DHH: Saúl llegó a estimarle muchísi- mo
NBJ: Saúl le cobró mucho afecto
NVI: Saúl lo llegó a apreciar mucho
RVA: Saúl lo estimaba mucho
1 Sam 18,1: Jonatán amó a David
DHH: Jonatán llegó a quererle como a sí mismo
NBJ: Lo amó Jonatán como a sí mis- mo
NVI: Jonatán llegó a quererlo como a sí mismo
RVA: Jonatán lo amó como a sí mis- mo
En los tres versículos aquí expuestos,
ahab actúa con la misma intensidad. Una ojeada rápida nos permite ver en seguida que en el caso de Mical las versiones expresan correctamente el significado del verbo. Sin duda, el cuadro más problemático se presenta en la descripción del amor de Saúl. A pesar de la claridad del lenguaje he- breo, parece que a los traductores les causa cierta incomodidad pensar que un varón puede sencillamente amar a otro. Empleando términos como “apreciar”, “estimar” y “cobrar afec- to”, atenúan la fuerza de ahab.
Finalmente, en 18,1 las dos versiones NBJ y RVA reproducen bien el fle- chazo que siente Jonatán el día que conoce a David, diciendo que “lo amó”. Algo menos concisa es la frase “llegó a querer” propuesta por la DHH y NVI, modalidad que también emplean en 16,21 con respecto a Saúl. De alguna manera estas versiones su- gieren que ni Saúl ni Jonatán quisie- ron a David desde el primer instante, entrando así en contradicción con el texto hebreo. En aras de la lógica lite- raria, deberían decir también de Mical que “llegó a enamorarse de David”, error que no cometen.
A manera de conclusión, hemos com- probado que algunos traductores de la Biblia discriminan lingüísticamente entre el amor que siente una mujer por un hombre y el amor que surge entre dos varones. En tal sentido se han ale- jado del lenguaje utilizado por el na- rrador original quien mantiene en todo momento un estilo sencillo, claro y coherente. R
Ciencias bíblicas y Apología Ciencias bíblicas y Apología
COMO ES MANIFIESTO, Jesús no apela a una autoridad superior y que le ven- ga de fuera para reforzar su propia au- toridad y doctrina. Las cosas que dice poseen una evidencia interna. A él no le interesa decir cosas esotéricas e in- comprensibles, ni a toda costa nuevas. Le interesa decir cosas racionales que los hombres puedan entender y vivir. Si nos fijamos bien, Cristo no vino a traer una nueva moralidad, diferente de la que los hombres ya tenían. Más bien, sacó a la luz aquellas cosas que los hombres ya sabían o deberían sa- ber desde siempre y que, a causa de su alienación, no habían llegado a ver, comprender y formular. Basta con que consideremos, a título de ejemplo, la regla de oro de la caridad (Mt. 7,12; Lc 6.31): “Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo tam- bién vosotros”. De Tales de Mileto (600 a.C.) se cuenta que, habiéndosele preguntado por la regla máxima del bien vivir, respondió: “No hagas el mal que veas en otros”.[1] En Pitacos
(580 a.C.) encontramos una fórmula parecida: “No hagas tú aquello que aborreces en otros”. Isócrates (400 a.C.) formula lo mismo de un modo positivo: “Trata a los demás del mis- mo modo que tú deseas ser tratado”. Confucio (551/470), al preguntarle un discípulo si existe alguna norma que pueda ser seguida durante toda la vida, dijo: “El amor al prójimo. Lo que no deseas para ti, no se lo hagas a los demás”. En el Mahabharata, el poema épico nacional de la India (en- tre 400 a.C. y 400 d.C.), se lee lo si- guiente: “Aprende la suma de la ley y,
una vez que las hayas aprendido, piensa en ella: No hagas a nadie aquello que aborreces”, En el Anti- guo Testamento podemos leer: “No hagas a nadie lo que no quieres que te hagan” (Tob 4,15). En tiempos del rey Herodes se presentó un pagano ante el célebre rabino Hillel, iniciador de la escuela rabínica en la que se for- mó San Pablo, y le dijo: “Deseo que me aceptes en el judaísmo, pero a condición de que seas capaz de pedir- me toda la ley mientras me mantengo sobre un solo pie”. A lo cual respon- dió Hillel: “No hagas a otros lo que no deseas que te hagan a ti. En eso se resume toda la ley. Todo lo demás es comentario. ¡Ve y aprende!” Cristo nunca leyó a Tales de Mileto, ni a Pi- tacos, y mucho menos a Confucio o el Mahabharata. Con su formulación po- sitiva, que excede infinitamente a la negativa porque no pone límite alguno a la apertura y a la preocupación por el dolor y la alegría de los demás, Cristo se inscribe en la serie de los grandes hombres preocupados por la
humanitas. “La Epifanía de la huma- nidad de Dios culmina en la profe- sión, por parte de Jesús de Nazaret, de la regla de oro de la caridad hu- mana”[3]. Cristo no pretende decir a
toda costa algo nuevo, sino algo tan antiguo como el hombre; no algo ori- ginal, sino algo que vale para todos; no algo sorprendente, sino algo que cualquiera puede comprender por sí mismo. R
JESÚS NO PRETENDE DECIR
COSAS A TODA COSTA
NUEVAS
Leonardo Boff
Teólogo, ex-sacerdote franciscano, filósofo, escritor, profesor y ecologista brasileño. [1] Cf. Diels, Fragmente I (1951), p. 71.[2] E. Stauffer, Die Bosschaft Jesu damals und heute, Berna-Munich, 1959, p. 59
Jesucristo el Liberador: ensayo de cristología crítica para nuestro tiempo. Leonardo Boff books.google.es
A manera de
conclusión, hemos
comprobado que
algunos traductores de
la Biblia discriminan
lingüísticamente entre
el amor que siente una
mujer por un hombre y
el amor que surge
entre dos varones. En
tal sentido se han
alejado del lenguaje
utilizado por el
narrador original
quien mantiene en
todo momento un
estilo sencillo, claro y
coherente.
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Ciencias bíblicas y Apología