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Capítulo 4: Múltiples discursos en torno a la mega-minería Santa María, Bajo de la Alumbrera y narrativas en disputa.

3. Narrativas que cuestionan el pensamiento único

3.2. Narrativas que cuestionan la invención de Santa María como comunidad minera

3.2. Narrativas que cuestionan la invención de Santa María como comunidad minera

Como anticipamos, los entrevistados descentran este discurso hegemónico al decir con fuerza en la enunciación “Santa María no nace con la minería”, o “históricamente eran agricultores”, desnaturalizando el imaginario de estos lugares como vacíos, donde todo está por hacerse, o bien, donde la historia comienza con la llegada de la mega-minería.

“Santa María no nace con la minería, lo que mantuvo el incremento interno de la ciudad fue la producción agrícola ganadera. El comercio interno, la venta de pimiento para pimentón acá en la zona, el autoconsumo, intercambio-trueque” (Mary en entrevista, Santa María, agosto de 2009).

La historicidad del lugar se refleja en actividades económicas, que en sentido estricto son más que ello, son prácticas cotidianas o formas de vida que ganaron continuidad en el tiempo, como lo señalan los entrevistados.

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Sembradíos y plantaciones incorporados a las viviendas a la vera de la ruta nacional Nº 40 en el tramo Santa María-San José.

Fotos: Silvia Valiente

Las entrevistas realizadas durante trabajo de campo permiten de-construir la narrativa hegemónica que imagina a las comunidades próximas al emprendimiento organizadas a partir de la minería, como si previo a ello no hubiese nada.

Como expresamos anteriormente, la invención de una comunidad imaginada requiere de la constitución de una comunidad simbólica sobre la base de un sentimiento de lealtad e identidad. En el caso de estudio, este sentimiento de lealtad hacia la minería se impuso a sus habitantes, como lo expresan los sujetos locales en entrevista.

“Cuando llega la minera, podría decirse que existió una suerte de imposición por parte de la minera. No existía una preparación por parte de la sociedad para tal envergadura” (Giorgio en entrevista, Santa María, agosto de 2009)

“Si colocásemos la minería como algo que nos caracteriza, creo que algunos no pocos se sentirían ofendidos” (Ever en entrevista, Santa María, agosto de 2009). De estos fragmentos de entrevistas se infiere que ante la falta de este sentimiento lo discursivo operó construyendo sentidos que se impusieron a las personas.

En este estudio, la representación de Santa María como una comunidad imaginada en torno a la minería dependió más de la intencionalidad de ciertos sectores dominantes que intentaron consistir un sentimiento de lealtad e identidad entre los habitantes en torno a ella, que de los sujetos locales.

En este sentido, los discursos procedentes del Estado nacional y provincial sobre la minería como política de Estado y motor de desarrollo, como los analizados en este capítulo, operaron proyectando la mega-minería como patrón de identificación entre los habitantes de Santa María. Pero en esta proyección desapareció la experiencia histórica

140 del lugar, como anticipábamos.

Desde un locus decolonizador se critica esta representación de la periferia como vació, como encarnación del atraso, afirmando una vez más que Santa María tiene vida al margen de la mega-minería, como lo expresa abajo la entrevistada.

“Santa María tiene un movimiento muy particular porque por la cuestión educativa tenemos población del alto valle que son muy numerosas, y buscando que los hijos estudien, empiezan a venirse y se quedan ya en la ciudad, de la zona serrana han venido muchísimas familias, hay barrios enteros, y la gente, se anota en el IPV y acceden a la vivienda y se extiende la familia, al margen de la cuestión minera” (Marivy en entrevista, Santa María, enero de 2007).

Esta construcción a-histórica oblitera no sólo la actividad minera tradicional sino también otras actividades, como la agrícola, que es la actividad tradicional del valle y con la que se identifican sus habitantes.

Así, los habitantes de Santa María vivieron la llegada de la mega-minería como una suerte de imposición.

Para la narrativa hegemónica, la historia de Santa María parece comenzar con Bajo de la Alumbrera, convirtiéndose en la única alternativa o posibilidad de mejora. Para instalar la minería en la comunidad se configuraron representaciones en torno a ella en términos de salvación, representación que fue incorporada por los sujetos locales.

“(…) lo que pasa es que hubo todo un movimiento previo, la movida previa era mostrar como que esto era lo único, yo personalmente no creo que en Santa María haya sido el boom de la minería. Quién iba a dudar cuando nos decían que la minería era la única solución, cómo no iban a reaccionar con bombos y platillos pensando en el dinero de ingresaría a Santa María, nos hicieron creer que la minería era la única salvación y esta igual que antes o peor que antes de la llegada de la minera. Yo me acuerdo cuando vino acá Parra, que es un personaje dentro lo que es el tema Alumbrera y le decía al público, a todos, que nosotros no podíamos recibir más sino era a través de Alumbrera. Sin embargo decía dentro de 4 años no van a tener nada” (Tere en entrevista, Santa María, agosto de 2009).

Este fragmento de entrevista permite ver cómo se fue configurando un estereotipo hegemónico que llevó a pensar que la historia de Santa María se inauguraba con la llegada de la mega-minería. Bajo este supuesto, los sujetos locales habrían tenido una incidencia escasa o casi nula sobre el medio, en el que se comportaban como un elemento más del ecosistema natural.

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Desde esta concepción en que todo estaba por hacerse, el cambio social sólo podría gestarse por otros actores, externos a la comunidad, como lo habrían hecho en otro momento de la historia los inmigrantes europeos en nuestro país en los siglos XIX-XX. Ahora el cambio se generaría por las compañías transnacionales.

Ante este supuesto, los sujetos locales demostraron no tener pasividad frente a los acontecimientos, sino más bien la capacidad de criticar y transformar la manera en que el aparato hegemónico configuró comunidades imaginadas en torno a la minería.

Para finalizar, estas respuestas se vinculan con la crítica que Escobar hace al discurso del desarrollo en el período de posguerra, donde el patrón de desarrollo occidental aparece como la norma, cuando en realidad ese discurso es producido bajo condiciones de desigualdad de poder, que ven en la ciencia y la tecnología la base del progreso material. Ese desarrollo se corresponde con las ideas y expectativas de un occidente próspero. (Escobar en Lander, 2000).

En síntesis, bajo el título “Narrativas que cuestionan el pensamiento único” pudimos analizar cómo la fuerza discursiva hegemónica-neoliberal o este patrón de poder colonial en términos de Quijano (en Lander, 2000), si bien penetra en todas las dimensiones de la existencia social, como explica Grosfoguel (2006), no elimina la contestación por parte de los sujetos locales.

4. Conclusiones

“Sin duda que podría estar Santa María con la llegada de una inversión semejante mucho mejor” (Rita en entrevista, Santa María, agosto de 2009).

Esta expresión de deseo condensa parte de lo trabajado en este capítulo.

A lo largo del mismo analizamos cómo el discurso que levanta la alianza estado- mercado exalta el enorme reservorio de oro, cobre y plata hasta ahora inexplotado. Siguiendo este argumento, el discurso provincial pregona el desarrollo para todos a partir de la minería a gran escala.

De esta manera, el Estado en complicidad con el capital transnacional reinventan el territorio, gestando desde lo discursivo un sentimiento donde la minería es visualizada como la única alternativa, obliterando otras actividades.

En este formato postpolítico, el estado neoliberal junto a la empresa, a modo de liberar el territorio de conflictividades, realizó acciones o formas de ejercicio reparatorio que fueron interpretadas como migajas por los habitantes de Santa María.

También a lo largo de este capítulo pudimos reconocer cómo los discursos hegemónicos-neoliberales tienen un contenido funcional a la dominación social de un

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grupo, y están vinculados a una reordenación neocolonial del mundo que ve un otro subalterno (Coronil en Lander 2000). Por su parte, los lugareños crean un punto de vista diferente al hegemónico.

Incorporando aportes de Zizek (2003), el discurso hegemónico comunica una realidad no completa, cuyo espectro viene a representar lo reprimido, lo que queda excluido de esa realidad enunciada. Parafraseando al autor, lo que se comunica desde sectores hegemónicos viene a ser una ilusión, la realidad simbolizada, no la realidad verdadera. Frente a esto, los sujetos locales desde posiciones subalternizadas, demuestran tener capacidad para desnaturalizar la narrativa hegemónica-neoliberal que intenta legitimar procesos de acumulación capitalista, como los analizados en esta tesis.

Este carácter contestatario nos aproxima a la idea del espacio como esfera de multiplicidad y pluralidad a partir de los diferentes discursos o narrativas que se combinan una misma localización. Esa multivocalidad recrea el territorio.

En el capítulo cinco analizaremos cómo lo discursivo se espacializa, es decir, se materializa en acciones, flujos, transferencias e interacciones que tienen por objetivo la puesta en valor del territorio para la producción a gran escala de metales metalíferos.

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Capítulo 5: Prácticas territoriales en torno a la mega-minería. Santa María, Bajo de la

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