Capítulo 3: Santa María a través del tiempo Dinámica socio-económica y territorial en contextos de periferia del capitalismo global y del estado nacional.
3. Santa María a través del tiempo
3.3. Período de formación del estado-nación moderno/modelo agro-exportador
Terminada la dominación colonial, la inteligencia liberal de América Latina terminó plegándose a la servidumbre de los nuevos patrones de poder y de sociedad, que se extendían desde Europa y después desde Estados Unidos (Quijano, 1988:46).
Siguiendo con este autor, la dominación colonial “sirvió para la prolongación desmedida de un poder cuyos beneficiarios fueron sectores sociales en quienes se encarnaron los resultados más perversos de la dominación colonial. Estos sectores fueron los menos tocados por la racionalidad moderna, quienes con presiones de la “modernización” han logrado mantener sus principales posiciones” (Quijano, 1988:51, comillas en el original). Con la independencia de Argentina se produce una nueva división del trabajo. Conjuntamente con la formación del estado-nación moderno se instauraron nuevas relaciones comerciales (capitalistas), basadas en un modelo agro-exportador que habilitó modos diferenciados de explotación económica para el interior.
A nivel productivo, en este período, los productos pecuarios pasaron a ocupar el lugar dejado por la producción alto-peruana. El desarrollo comercial de Buenos Aires dio vida a los centros urbanos ubicados a lo largo de la ruta al Alto Perú. Luego de 1806 productos textiles ingleses inundaron el mercado local, e influyeron en la economía del interior del país (Rofman y Romero, 1998).
Las provincias marginales del proceso de expansión hacia afuera o aquellas que no habían conseguido generar un mercado nacional para su producción primaria, hallaron mayores dificultades para recomponer sus débiles finanzas y cayeron en una dependencia cada vez más estrecha de los subsidios y empleos proporcionados por el gobierno nacional. (Oszlak, 1997:167).
4 Este desarrollo histórico habilitó el surgimiento de un colonialismo interno como veremos en el
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Esta condición subalterna articulada por el discurso hegemónico modernizador basado en las ideas de progreso, patria y nacionalismo, construyó un locus de enunciación identitario para el NOA y otras regiones del país sobre la base de relaciones sociales subalternas entre las economías regionales y la pampa húmeda.
En consecuencia, con la consolidación de relaciones de producción capitalista y modo de vida liberal, se impuso la hegemonía del proyecto liberal, hecho que implicó una ruptura con formas anteriores de vida y de sustento.
De este modo, en este período se construye un interior subalterno configurado hegemónicamente a partir del fortalecimiento de la región pampeano-litoraleña, hecho que implicó el estancamiento del centro-norte del país.
Afirman Rofman y Romero (1998) que las regiones del interior no sufrieron modificaciones en su estructura productiva. El auge importador del comercio de Buenos Aires gradualmente sustituyó la producción local, y la economía comenzó a declinar debido a su desvinculación de los mercados externos.
Las industrias del interior que habían crecido por las restricciones creadas por España al comercio exterior, con la revolución de mayo y apertura económica, se debilitaron las economías de las provincias del interior y recayó su producción, en especial en el primer período de vida independiente (Oszlak, 1997:207).
Así, el desarrollo de la economía capitalista agro-exportadora en el frente fluvial Paraná- Plata subordinó el desarrollo del país a los intereses de la provincia porteña y a la exclusividad de la aduana, lo que estimuló el aislamiento y empobrecimiento del interior. Esto condujo a una creciente penetración institucional del estado nacional mediante la subordinación económica y política de las provincias5.
En este período comenzó a adquirir mayor visibilidad el locus de enunciación colonialista desde el cual se propuso mirar el NOA según las rutas de penetración al territorio a partir del período colonial. Desde este locus se enfatiza en el NOA como cuna de ciudades, pasando por alto que la ocupación de las tierras se remonta a épocas pretéritas. Desde este
5 La batalla de Pavón (1862) consolidó sectores ganaderos y comerciales, y el desarrollo de Buenos
Aires y el Litoral. Las economías regionales no conseguían incorporarse al circuito agroexportador ni sustituir la importación de bienes de consumo local. Esta situación condujo a una creciente pauperización y penetración institucional del estado nacional, encargado de la construcción de obras y atención de servicios. (Oszlak 1997:226).
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locus, el énfasis se coloca en las corrientes de poblamiento e integración económica con el mercado nacional e internacional vigente.
Como lo expresa el trabajo de Weinstock (2005 y 2006) en relación a la mega-minería en la Patagonia, “la construcción dominante de la nacionalidad argentina se edificó sobre la base de la hegemonía atlántica, según el avance del Estado nacional sobre los territorios del sur y la profundización del modelo agroexportador con Inglaterra y Estados Unidos” (Weinstock, 2005:6).
Similar escenario presentó el NOA, edificando la nacionalidad argentina sobre la base de la hegemonía atlántica, obliterando la hegemonía incaica-calchaquí de períodos anteriores. Las corrientes migratorias internacionales fortalecieron esta hegemonía, concentrándose los mayores porcentajes en el frente fluvial-marítimo, como lo expone la siguiente tabla.
Tabla Nº 12: Distribución de corrientes migratorias internacionales en el período 1852- 1930 Corrientes migratorias según región en % 1861-1870 1891-1900 1911-1920 Capital 33 34 27 Litoral 62 58 58 Noreste 3 3 4 Noroeste* - 1 2
Resto del país 2 4 9
Fuente: Rofman y Romero, 1998: 125
* En la clasificación de los autores incluye las provincias de Catamarca, Jujuy, La Rioja, Salta, Santiago del Estero y Tucumán.
Las migraciones en el periodo analizado afectaron fundamentalmente a las ciudades- puertos y zonas agrícolas colindantes, correspondiendo al litoral el mayor porcentaje. La región NOA presentó una tasa anual de migración neta de la población de origen nativa de saldo negativo.
En este período, la población del NOA comenzó a emigrar a las grandes ciudades, migración que no fue compensada por la inmigración extranjera, como sí ocurrió en Entre Ríos y Corrientes. Las unidades receptoras del flujo migratorio -Capital Federal, Buenos Aires, Santa Fe, Tucumán, Mendoza y Córdoba- fueron las provincias vinculadas a la división internacional del trabajo, concentrando no sólo población, sino centralizando el poder económico (Rofman y Romero, 1998:152-153).
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De este modo, con la instauración de relaciones de producción capitalistas y la apertura de Argentina al mercado mundial, el NOA ocupó un lugar secundario consolidándose como contexto de periferia en el capitalismo global y del estado nacional.
Siguiendo con el locus de enunciación colonialista, el NOA es considerado en este período portador de una identidad provinciana-tradicional-autóctono-pura que conservó sus rasgos tradicionales en la estructura productiva del país, resultando incompatible con el nuevo proyecto de nación, moderna-europea.
Desde este locus, el NOA estaría predestinado a la marginalidad y pobreza, en especial en aquellas zonas donde las condiciones medioambientales –medanales, ambiente árido- no favorecen la producción agrícola requerida por los mercados internacionales, constituyendo éste un fundamento más para la configuración de relaciones sociales subalternas entre las economías regionales y la pampa húmeda.
De este modo, el estado-nación mantuvo y/o renovó las viejas estructuras coloniales que ubicaron como marginal al NOA y periferia en el capitalismo6.
Las diferencias establecidas en el período colonial se transformaron y reprodujeron en el período de vida independiente del país, transformación que recibió el nombre de colonialismo interno, como señalaba Casanova en el capítulo uno. Este colonialismo fue ejercido por los líderes de la construcción nacional, cuya conciencia reprodujo la diferencia colonial7. (Mignolo en Lander, 2000:9)
Para finalizar este período y a modo de introducción del siguiente, Grosfoguel recupera a Wallerstein, quién analiza cómo los estados periféricos formalmente independientes, siguiendo los discursos eurocéntricos liberales dominantes (guiados por una racionalidad instrumental no histórica, siguiendo a Quijano, 1988), construyeron ideologías de identidad nacional y desarrollo nacional que han promovido la ilusión de la independencia, desarrollo y progreso. “Sin embargo, sus sistemas económicos y políticos fueron constituidos por su posición subordinada en la división internacional del sistema-mundo” (Wallerstein 1979, 1984, 1995, en Grosfoguel 2006:15).
6 Esa diferencia entre la metrópoli y la colonia, “diferencia colonial” citando a Mignolo, comenzó a
notarse con los movimientos de descolonización desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XX (Mignolo en Lander, 2000:3).
7 Los líderes de la construcción nacional transformaron la conciencia criolla colonial en una
conciencia criolla poscolonial y nacional, que promovió un colonialismo interno frente a la población amerindia y afroamericana. Mignolo lo definió como doble conciencia a la subjetividad formada por la diferencia colonial.
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Por lo expuesto, siguiendo a autores poscoloniales, las independencias en la periferia son “independencias coloniales” o “independencias sin descolonización”, no sólo porque la subordinación global de los centros europeo/euronorteamericano continuó, sino porque a nivel del estado nación los criollos blancos tomaron el poder del estado y mantuvieron a los no europeos en posición de subordinación (Grosfoguel, 2006:16).