4. MARCO TEÓRICO Y ESTADO DEL CONOCIMIENTO
4.5. Impactos del cambio climático sobre el sector agrícola
4.5.1. Nivel Regional
El sitio de estudio que corresponde al departamento de Cundinamarca está conformado por 116 municipios y, la oferta de alimentos para Bogotá se distribuye en tres zonas geográficas conformadas por anillos: el primer anillo conformado por 18 municipios aledaños a la ciudad (Cajicá, Chía, Cogua, Facatativá, Funza, La Calera, Madrid, Mosquera, Sibaté, Soacha, Tabio, Tenjo, Bojacá, El Rosal, Subachoque, Zipaquirá, Tocancipá y Gachancipá) aporta el 33% del consumo de Bogotá en productos como hortalizas, papa, sal y leche y sus derivados. El segundo anillo corresponde al resto de Cundinamarca y los departamentos de Boyacá, Tolima y Meta que proveen el 44% de los alimentos a la capital dentro de los que se encuentran la carne de res, pollo, pescado, verduras, cereales y Huevos. Y el tercer anillo que incluye al resto del país e importaciones aporta el 23% del consumo local (SDDE, 2005)
Bogotá se abastece en gran medida de alimentos provenientes del departamento de Cundinamarca, una región que cuenta con unas características climáticas predeterminadas que permiten el desarrollo de variedad de frutas, verduras y cereales, sin embargo, estas se han visto alteradas por el cambio climático y de acuerdo con los pronósticos, los cambios pueden ser más drásticos imposibilitando la generación de alimentos suficientes para garantizar la seguridad alimentaria de Bogotá y la región; razón por lo cual, las series de observaciones climatológicas son importantes para el monitoreo y seguimiento del clima y la valoración de impactos sobre las actividades humanas (Magaz, 2013) ya que no hay ni un solo país en desarrollo que haya analizado cuál será el impacto del cambio climático en su agricultura, al contrario de todos los países desarrollados, que sí lo han hecho (Shah, 2013).
Para el caso específico de Cundinamarca y según las estadísticas agropecuarias de la gobernación de este departamento en su informe de 2014, en el año 2013 el departamento contó con un área sembrada de 274.487 hectáreas, de las cuales se cosecharon 246.107. Se produjeron un total de 2.639.970 toneladas de alimentos frente a las 2.314.212 toneladas producidas en 2012, lo que representa un incremento del 14,08% equivalente a 325.758 toneladas.
En estas mismas estadísticas se informa que en el departamento, se desarrollan cultivos transitorios de acelga, ahuyama, ajo, aromáticas, arroz de riego, arroz secano, arveja, brócoli, calabacín, cebada, cebolla bulbo, cebolla junca, cilantro, coliflor, espinaca, frijol, haba, habichuela, lechuga, maíz, papa, papa criolla, pepino, pepino cohombro, pimentón, remolacha, repollo, sorgo, tomate, tomate invernadero, trigo y zanahoria; y cultivos permanentes como aguacate, aromáticas, banano, cacao, caducifolios, café, caña panelera, caucho, cítricos, curuba, fresa, granadilla, guanábana, guayaba, gulupa, lulo, mango, maracuyá, mora, palma de aceite, papaya, piña, pitaya, plátano, tomate de árbol, uchuva y zapote; y cultivos anuales de aromáticas,
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arracacha, frijol, papa, pimentón, sagú y yuca; alimentos que se consumen en una canasta familiar típica bogotana por lo cual es oportuno identificar las alteraciones en la producción de estos alimentos de acuerdo con los cambios de clima que se puedan presentar.
Bogotá ha avanzado en la aplicación de una política multidimensional de seguridad alimentaria que incluye estrategias en materia de acceso a los alimentos, la disponibilidad, el uso y la estabilidad del suministro, conforme a los conceptos internacionales reconocidos. En tal sentido, la ciudad cuenta con una política pública de Seguridad Alimentaria y Nutricional del Distrito Capital (2008-2015) y un instrumento de desarrollo del Plan de Ordenamiento Territorial en materia de alimentos: el Plan Maestro de Abastecimiento de Alimentos y Seguridad Alimentaria del Distrito Capital (2006-2019); instrumentos que han demostrado el liderazgo nacional e internacional de Bogotá en la materia (SDDE, 2012)
Sin embargo, se identifica como problema la vulnerabilidad de la soberanía y la seguridad alimentaria de Bogotá y la Región Central, causada por la ausencia de procesos de desarrollo territorial, la desregularización de Corabastos y las plazas distritales como pivotes del sistema de abastecimiento de la ciudad y la ausencia de sistemas de información pública para la toma de decisiones en la cadena de abastecimiento, siendo la carencia de información y preparación de los actores del abastecimiento frente a los riesgos del cambio climático una de sus causas (SDDE, 2012).
En este sentido, se han desarrollado diversas investigaciones, una de ellas realizada por el CIAT, con el apoyo del Instituto Latinoamericano para una sociedad y un derecho alternativos y Oxfam International, desarrollaron un estudio específico para la ciudad de Bogotá publicado en el año 2011 y llamado “Impactos del Cambio Climático en la Seguridad Alimentaria de Bogotá y los medios de subsistencia de los pequeños productores”; en este estudio se evaluó la vulnerabilidad de los productores de alimentos alrededor de Bogotá en el municipio de Duitama en Boyacá y los municipios de Guasca, La Vega, Cáqueza, Choconta, San Bernardo y San Antonio de Tequendama en Cundinamarca, y se determinaron los efectos sobre la seguridad alimentaria en la ciudad.
En este documento, se concluye que el área metropolitana de Bogotá presentará incrementos en sus medias anuales y mensuales de precipitación y temperatura para 2030; además las zonas de producción de alimentos para Bogotá cambiarán y se presentarán alteraciones significativas en algunos cultivos específicos para 2050, en los municipios estudiados se generarán de igual manera, alteraciones en las características climáticas de la región presentándose condiciones extremas.
En marzo del 2014, el mismo CIAT, en compañía del “Portal Regional para la Transferencia de Tecnología y la Acción frente al Cambio Climático en América Latina y el Caribe” – REGATTA (Por sus siglas en inglés), emitieron el documento “Evaluación de la vulnerabilidad al cambio climático de la agricultura y del recurso hídrico en los Andes de Colombia, Ecuador y Perú”, en el cual se identifica el impacto para 15 cultivos en términos de reducción o ampliación de su área óptima de crecimiento bajo las variables de precipitación y temperatura a 2030 y 2050, concluyendo que en el departamento de Cundinamarca habrán en el futuro zonas más aptas y nuevas zonas aptas para todos los cultivos evaluados.
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Igualmente, se desarrolló un trabajo de grado en el marco de la maestría en ciencias – meteorología de la Universidad Nacional de Colombia, titulado: “Evaluación del desarrollo del cultivo de papa bajo escenarios de variabilidad climática interanual y cambio climático, en el sur oeste de la Sabana de Bogotá” de Rojas (2011), concluyendo entre otros aspectos, que “Las más importantes reducciones en los rendimientos simulados se observaron bajo condiciones de disminución de la precipitación y aumento de temperaturas máximas ocurridas bajo los eventos El Niño…”
Según lo menciona uno de los documentos de apoyo resultado del PRICC (2014), las proyecciones de cambios en la disponibilidad hídrica (2050) muestran para todo el departamento, una tendencia a la disminución de hasta un 60%, en los terrenos dedicados a la producción agrícola. Los municipios que se podrían ver más afectados por esta situación, son Choachí, Ubaque, Chipaque, Cáqueza, Quetame, Fosca, Machetá, Manta, Tiribita, así como en Gachetá, Junín, Gama y Ubalá.
Como lo indica la Encuesta Distrital de Demografía y Salud (2011), la inseguridad alimentaria moderada y severa, en conjunto para Bogotá, fue de 6,1%. Las siete localidades de la ciudad con mayor inseguridad alimentaria son: Bosa con 12,6%; Santafé con 11,5%; Rafael Uribe Uribe con 11,3%; Usme con 10,7%; La Candelaria con 9,8%; Los Mártires con 9,7% y Ciudad Bolívar con 9%.
Por este motivo, la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico inició en el 2013 la implementación del Plan Distrital de Asistencia Directa Rural, en todas las localidades bogotanas que tienen ruralidad, empezando por Usme, Ciudad Bolívar, Suba y Sumapáz, con el fin de prestar asistencia en los territorios rurales bogotanos con un enfoque amigable con el medio ambiente, de desarrollo sostenible y con especial cuidado en las áreas de Páramo, ya que las principales problemáticas de esta zona son las relacionadas con la necesidad de concertar con la población rural acciones encaminadas a sembrar agua y contribuir a mitigar los efectos de la variabilidad y el cambio climático (SDDE 2013), donde es claro que los agricultores tradicionales poseen lecciones importantes de resiliencia para los agricultores modernos (Altieri et al., 2013). Sin embargo, no es suficiente modificar las prácticas agrícolas, se requiere también modificar el sistema alimentario nacional y mundial (Vargas, 2013).
En definitiva, el clima está cambiando y los estudios revelan que los cultivos no serán igual de productivos para satisfacer la demanda alimenticia de 8 millones de personas, los cultivos se están desplazando geográficamente interviniendo zonas de protección y esto implica que la eficiencia del sistema de producción debe mejorar para garantizar la seguridad alimentaria.
De otro lado, los agricultores que han sido desplazados de sus tierras deben reintegrarse e iniciar procesos de adaptación que les permitan desarrollar sus labores agrícolas de la mejor manera y con el menor impacto pensando siempre en términos de sustentabilidad, una sustentabilidad rural comunitaria que está en la realización de acciones en el ámbito cultural y ambiental que les permita a las generaciones actuales y futuras generar una ganancia económica y, con ello, un avance en la escala social (Callado et al., 2013) influenciada por una agricultura climáticamente inteligente que según la definición de la FAO (2010), es aquella agricultura que incrementa de manera sostenible la productividad y la resiliencia (adaptación), reduce o elimina los gases de efecto invernadero y fortalece los logros de metas de desarrollo y de seguridad alimentaria
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Lo que necesitamos ahora es que todos los países en desarrollo comiencen a abordar la adaptación al cambio climático, identificando cuáles son sus necesidades de adaptación y los distintos escenarios que enfrentan para luego desarrollar estrategias (Hug, 2007), sabiendo que ante los impactos asociados al cambio y la variabilidad climática están surgiendo, desde la escala local, diversas tácticas como respuesta a tales cambios (Mertz et al., 2009).
La cantidad de alimentos que se generan hoy, dadas las condiciones actuales, serán diferentes en el mediano plazo, debido, entre otros factores, a variabilidades climáticas significativas. En definitiva, la escala y urgencia del desafío que la humanidad enfrenta es sin precedentes y lo que se necesita hacer es ambiental, social y políticamente posible (Altieri, 2009).
Esta determinación de un nuevo potencial agrícola es de gran apoyo para la toma de decisiones en el ordenamiento del territorio y la definición de suelos destinadas a actividades agrarias, teniendo en cuenta que existe este vacío de información que debe ser cubierto de manera prioritaria en aras de comprender este tipo de fenómenos e implementar medidas sustentables al respecto, adicionalmente es un insumo importante para determinar aquellas zonas susceptibles de implementar medidas de adaptación como única opción ante los impactos esperados por este fenómeno global. Dichas medidas, implementadas inicialmente como estrategias de adaptación para hacer frente a los efectos del cambio climático, son también estrategias de mitigación a largo plazo, lo cual demuestra claramente las sinergias entre adaptación y mitigación en las acciones desarrolladas a nivel local (Locatelli, 2010).
En definitiva, la seguridad colectiva, la seguridad que como seres humanos demandamos, no podrá ser una realidad efectiva sin lograr la seguridad alimentaria, sin alcanzar la seguridad alimentaria no hay, ni podrá haber nunca, paz y seguridad mundial (Fernández, 2013).
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