CAPÍTULO I: MARCO CONCEPTUAL
3. Niveles, contextos, regulación y forma de la participación
En este apartado voy a incluir conceptos adicionales sobre participación para complementar los presentados en este apartado anterior. Mientras que la definición y propuesta de conceptos presentada anteriormente la he ido elaborando a lo largo de la investigación, en continua discusión con la literatura y especialmente con la experiencia
1 Esto quiere decir que se ha tenido la posibilidad de participar en procesos de diálogo y de toma de
decisiones, pero no se ha hecho por las razones que sea. La afirmación no cubre, por lo tanto, una participación mediante la “pura acción” cuando se está excluido de los otros dos procesos.
CAPÍTULO I: MARCO CONCEPTUAL
22
de los dos estudios, los conceptos que voy a presentar ahora me han servido desde el principio de la investigación para guiar el trabajo de campo. Por ello, iré señalando para cada distinción conceptual algunas implicaciones prácticas que tuve en cuenta para el planteamiento de los Estudios 1 y 2.
3.1. Niveles y contextos de participación
La participación dentro de un centro puede darse a distintos niveles. Para este estudio tuve en cuenta que la participación puede darse tanto a del nivel de aula como a nivel de centro (Santos Guerra, 2007). Esto implica que para tener una visión global de la participación conviene atender no sólo a lo que sucede dentro de cada aula, sino también a actividades, estructuras y eventos del centro en general.
En lo que respecta a los contextos de participación, siguiendo la propuesta de Gil Villa (1995) existen tres contextos en los que puede darse la participación: político, académico y comunitario. El contexto político hace referencia a todo aquello que está relacionado con la gestión y el control del centro (por ejemplo administrar recursos, espacios). El contexto académico se refiere a las relaciones pedagógicas en el aula (contenidos, metodología, actividades...). Por último, en el contexto comunitario se enmarca la participación en las actividades extraescolares. Según la información que desarrolla el autor, me parece pertinente y necesario considerar este último tipo de actividades como todas aquellas que se relacionan con la creación y gestión de espacios de convivencia y relación de la comunidad educativa (fiestas, eventos culturales, excursiones, etcétera).
Estos tres contextos no son compartimentos estancos, pues una misma actividad o decisión puede incluirse en más de uno. Por ejemplo, organizar una actividad de talleres en las aulas por parte de las familias, sería una actividad que entraría dentro tanto del contexto académico como del comunitario. Por esta razón, considero que los tres contextos presentados por Gil Villa (1995), más que darnos una idea de los espacios en los que se puede participar, nos sirven para enmarcar o clasificar las temáticas en las cuales se puede participar. A nivel práctico, concebir que la participación pueda darse en estos amplios contextos implica que debemos atender a temáticas diversas.
23
3.2. Regulación de la participación
La participación es susceptible de ser establecida, pautada y regulada formalmente, pero también puede expresarse de manera espontánea, informal o no planificada.
En lo que se refiere a la participación formal, hay distintos niveles desde los que puede ser regulada. Tanto la legislación educativa como los proyectos de los centros definen, pautan y, en principio, garantizan la presencia de procesos participativos. La regulación se centra en dos aspectos organizativos. Por una parte, encontramos los órganos o estructuras de participación. Estos órganos, constituyen los espacios donde uno o varios grupos de la comunidad educativa toman decisiones y marcan las pautas para ejecutarlas. Tanto la composición de los órganos, como sus competencias y los procedimientos que se emplean para tomar decisiones (consenso, voto mayoritario…), están establecidos formalmente. Por otra parte, se definen roles o figuras que ejercen el gobierno, la representación o la toma de decisiones de los distintos grupos de la comunidad educativa (e.g., dirección, representantes en consejos).
La presencia y la regulación de estos aspectos organizativos son fundamentales en el establecimiento de formas democráticas de funcionamiento (Apple y Beane, 1997; Gil Villa, 1995; Santos Guerra, 2007). No obstante, la existencia de órganos de participación y de representantes formales no garantiza que exista participación y una regulación excesivamente rígida puede incluso restringirla (San Fabián, 1997). De hecho, como veremos en apartados posteriores, la evidencia empírica en distintos países parece mostrar que la mera creación de estos órganos no ha sido efectiva para promover la participación de la comunidad educativa.
Además de la participación formal, debemos tener en cuenta la participación informal o cotidiana (Thornberg, 2010), aquella que se expresa de manera natural en la vida de los centros. Como argumentó Ball (1989), la distribución del poder y la toma de decisiones en un centro escolar están fuertemente determinadas por lo que sucede en los entornos privados e informales.
Esta distinción entre participación formal e informal, basada en la regulación de la participación, nos permite delimitar aquellos espacios y procedimientos en los que debemos considerar la participación. En primer lugar, debemos atender tanto a los órganos o estructuras de participación y las figuras establecidas formalmente como al resto de actores y situaciones cotidianas. En segundo lugar, es importante fijarse en las formas de relación que se establecen entre los miembros de la comunidad educativa y en
CAPÍTULO I: MARCO CONCEPTUAL
24
sus actuaciones espontáneas. En tercer lugar, conviene consultar los documentos de los centros, pues en ellos podemos encontrar tanto aspectos formales sobre procesos participativos como ideas y propósitos al respecto. Por último, es necesario conocer cómo se establecen formalmente los procedimientos de toma de decisiones y como se toman espontáneamente las decisiones.
3.3. Forma de participación
Finalmente, la participación puede darse de dos formas: directa o por representación (Pagoni, 2009). Esta dimensión se solapa en parte con la distinción anterior entre participación formal e informal, ya que la representación, tal y como he indicado, suele estar regulada formalmente. Sin embargo, puede haber participación informal por parte de representantes, aquella que se separa de lo estrictamente regulado, y participación directa en espacios y decisiones formales por parte de personas representadas.
La discusión sobre el papel de la representación y la participación directa en la democracia es compleja y supera los objetivos de esta tesis, por lo que me limitaré a presentar sus implicaciones para el diseño de mis estudios. Estos dos conceptos centran nuestra atención en las personas que participan y en algunos procedimientos de participación. Así, una observación sobre la participación debe contemplar quién participa. Si hay representantes, es relevante conocer cuál es el procedimiento por el que se los selecciona. Asimismo, debemos saber cuál es la relación que hay entre los representantes y los representados (Santos Guerra, 2007): ¿los representantes dan cuenta de su actuación? ¿Tienen autonomía en la toma de decisiones? ¿Hay consulta y comunicación con los representados?