• No se han encontrado resultados

No alimentes el fuego de la ira

In document El Analfabeto Emocional Spanis Ismael Cala (página 146-151)

Esto me lleva a retomar la gran pregunta: ¿podemos controlar la ira? El filósofo y pedagogo Manuel Segura Morales dice que es posible si nos esforzamos para calmarnos al principio del proceso, no cuando llega a su punto máximo. Sugiere además buscar ambientes para calmarnos, donde no haya nuevos estímulos para la ira: el campo, la playa, un parque… O hacer ejercicio físico relajante, no violento. En cambio, desaconseja golpear una almohada o técnicas similares, porque en su opinión

esto aumenta la ira y la agresividad.

Goleman afirma que los pensamientos hostiles que alimentan al enfado nos proporcionan una posible idea para calmarlo. En primer lugar, dice, debemos tratar de socavar las convicciones que lo alimentan. “Cuantas más vueltas demos a los motivos que nos llevan al enojo, más buenas razones y más justificaciones encontraremos para seguir enfadados. Los pensamientos obsesivos son la leña que alimenta el fuego de la ira, un fuego que solo podrá extinguirse contemplando las cosas desde un punto de vista diferente”. Goleman cita una investigación de Diane Tice, que apunta a “volver a encuadrar la situación en un marco más positivo” como uno de los remedios más poderosos para acabar con el enfado.

En la opinión de Isabel M. Vega, la rabia tiene como cómplice a la pasión, por eso los rabiosos suelen ser impulsivos, intensos y drásticos. Esta autora considera que la ira es “la más seductora de las emociones negativas”, pues tonifica y proporciona energía. “El problema es que las respuestas gatilladas por la rabia, generalmente resultan tan desproporcionadas en relación con el estímulo, que desencadenan una serie de

consecuencias negativas percibidas como injustas por los demás”.

La tristeza

Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias. MIGUEL DE CERVANTES

A pesar de su connotación negativa, la tristeza cumple un papel relevante en el mapa de nuestras emociones. Fue lo primero que pensé al ver la película Inside out (Intensa-Mente, en América Latina, o Del revés, en España), una excelente producción sobre el papel de la ira, la alegría, la tristeza, el miedo y la repulsión en nuestras vidas. Al final del filme, la tristeza ayuda a la protagonista a resolver el gran conflicto que padece. Es cierto que se trata de un viaje de dos —alegría y tristeza—, pero la película aporta mucho cuando expone el papel positivo de la tristeza en una situación determinada.

Este enfoque me fascina, porque presenta a las emociones como un sistema. En las peores crisis son capaces de articularse y aportar soluciones, juntas y por separado.

Fue maravilloso que una multinacional como Disney Pixar se arriesgara a hacer una película sobre inteligencia emocional. Este filme debería ser exhibido en todas las escuelas, por la brillantez de los personajes que representan a las emociones básicas. Ellos nos hicieron saber que nuestra vida y nuestra mente están regidas por las emociones.

Según Goleman, la principal función de la tristeza es ayudarnos a asimilar una pérdida irreparable (como la muerte de un ser querido o un gran desengaño). “La tristeza provoca la disminución de la energía y del entusiasmo por las actividades vitales —especialmente las diversiones y los placeres— y, cuanto más se profundiza y se acerca a la depresión, más se enlentece el metabolismo corporal. Este encierro introspectivo nos brinda así la oportunidad de llorar una pérdida o una esperanza frustrada, sopesar sus consecuencias y planificar, cuando la energía retorna, un nuevo comienzo”.

como una emoción que nos ayuda a reparar las pérdidas, porque es un sentimiento necesario para vivir y afrontar aquello que nos viene de frente. Según esta definición, su canal de expresión es el llanto, pues en esta situación tendemos a escribir o a realizar actividades que nos ayudan a desahogarnos. Miguel L. Martín Jorge considera por su parte que la tristeza da lugar a conductas de protección y facilita la cohesión social.

¿Existen varios tipos de tristeza? Más bien me inclino a pensar que existen muchos modos de enfocar dicha emoción. Como todo en la vida, si no alcanzamos el equilibro en las situaciones donde la tristeza aparece, podemos salir adelante o autodestruirnos.

Anteriormente he comentado el caso de mi abuela Annea, quien nunca superó el dolor por la pérdida de un hijo. Su empeño por vivir fue significativo mientras estuvo a cargo de mi crianza, pero se disipó cuando decidí hacer mi propia vida y mudarme a un apartamento con Eva, mi novia de entonces.

Mi abuela se encontraba en una emboscada mental. Mi vida no podía quedar en aquel pueblito cerca de Santiago de Cuba, del que mi familia no

había querido salir. Ella no aceptaba mi partida. Al mudarme a la capital del país, mi abuela entró en una fuerte crisis emocional y se dejó abatir por la tristeza. Una vez, recibí en La Habana una llamada de urgencia porque ella había sido ingresada en una sala de psiquiatría. Cuando pregunté a mi madre qué le pasaba, respondió: “Se muere de tristeza porque no estás aquí”. Viajé tan pronto pude y la visité, pero aquel gesto fue insuficiente para ella. La tristeza marcó casi toda su vida, incluyendo sus últimos días.

In document El Analfabeto Emocional Spanis Ismael Cala (página 146-151)