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CATEGORÍAS Y SUBCATEGORÍAS DE SUELO SEGÚN EL PDUSC-

V. EL PROCESO DE URBANIZACIÓN DE LA COSTA MEDITERRÁNEA

VI.2 APRENDIENDO DE LOS MOVIMIENTOS E INICIATIVAS SOCIALES EN LA CONSTRUCCIÓN COLECTIVA DE LA CIUDAD

VI.2.1 Nuevas formas de relacionarse, nuevas espacialidades

El lugar juega un papel clave en el desarrollo de estas nuevas prácticas, de hecho, no es solo un escenario sino, como señala Boaventura de Sousa “el propio objeto de la lucha” (Sousa Santos, 2012), entendiéndose que las cosas, las experiencias y las relaciones, pasan sobre el espacio, sobre el territorio. Un territorio que, por tanto, es necesario construir bien17.

17 El caso del 15M es muy elocuente a este respecto. Supuso la ocupación de plazas públicas elegidas por su carácter de centralidad y por ser lugares con fuerte identidad y significado para los habitantes de las ciudades. En las acampadas que siguieron a la convocatoria de manifestación del 15 de mayo, donde se combinaron todos los gritos expuestos, se representaron ciudades imaginadas, deseadas, organizadas de forma cooperativa y, podríamos decir, de ciclo ecológico cerrado (había reutilización, reciclado, huertos, recogida de agua de lluvia…). El caso de Madrid fue especialmente bello e interesante por su complejidad. Ocupó la céntrica Puerta del Sol, que adoptó el nombre de Plaza Sol-ución, y en ella fueron observables en tiempo real las tres funcionalidades de la noción de espacio que propone Henri Lefebvre: espacio para la práctica social, para la representación y para la significación política. Es también significativo la aparición reciente de levantamientos populares motivados muy directamente con proyectos urbanísticos especulativos, como el caso del barrio de Gamonal, en Burgos, en enero de 2014 o las protestas de la Plaza Taksim y el parque Gezi en Estambul en el verano de 2013.

Es importante construirlo bien puesto que, “según sea el espacio, así será su sociedad”18.

Estas palabras de Doreen Massey (Albet y Benach, 2012) remiten a lo planteado en el capítulo III de este documento sobre la ética y la estética de los paisajes, es decir, a la capacidad de éstos, los paisajes, como excelentes informantes de la sociedad que los ha creado, de las tensiones que se dan en ella y de las formas de dominación vigentes en el corpus social, y entre éste y el medio natural y sus recursos.

Sin embargo, es frecuente ver cómo la planificación urbanística formal tiende a conceptualizar el espacio antes de practicarlo, y de ahí el fracaso de muchos lugares cuya experimentación posterior choca con su planeamiento previo. Porque los lugares y los paisajes se comportan como la dialéctica, junto a la materialidad y la forma es importante el proceso de relaciones continuadas existentes con ese lugar o ese paisaje (Zanini, 2012). El plano y su materialización inician el proceso social de creación del lugar, pero se requiere vivirlo y percibirlo para darle valor y significado. Por eso, la construcción de lugar es un proceso que nunca finaliza; el lugar es, como dice Massey, resultado de ese proceso pero también parte de su explicación (Albet y Benach, 2012:101).

Siguiendo a Massey, el espacio es además la dimensión de la multiplicidad -de trayectorias, de voces-, siendo, a la vez, esa diversidad necesaria para construir espacio. Los espacios y los lugares lo son cuando se dan múltiples cosas a la vez, cuando se gestiona la diversidad, se oyen y se integran las alternativas, se acepta lo heterogéneo y la heterodoxia. La regularidad y la homogeneidad, la falta de alternativas, de opciones, la no multiplicidad, contradicen lo natural – en la cobertura terrestre se multiplican los pliegues y entrepliegues - y lo democrático, entendiendo ésta (la democracia) a partir de la definición de Walt Whitman (Aguiló, 2014), es decir, “una actitud ética y social que

implica actuar con responsabilidad y reciprocidad, asumiendo la obligación compartida de cuidarnos mutuamente. Es un proceso social y cultural dinámico capaz de transformar nuestra identidad y nuestras formas de sociabilidad para fundar una organización social basada en la fraternidad, la camaradería y la igualdad. Un proceso que sólo tendrá éxito cuando arraigue en la mentalidad popular y ocupe el centro de las actividades humanas, afectando a las costumbres, creencias e instituciones que rigen nuestra vida individual

18 Según Henri Lefebvre (Lefebvre, 1974), todas las sociedades construyen su propio espacio en función del

modo de producción dominante en cada momento, y lo hace mediante una triple dialéctica entre lo percibido, lo concebido y lo vivido, dando lugar a espacios vividos o practicados (experimentados), representaciones espaciales (imaginados) y espacios de representación (simbólicos, significados). Es decir, cada modo de producción produce un tipo de espacio concreto relacionado con las interacciones y disputas entre lo hegemónico y las prácticas cotidianas. También en períodos de crisis se produce espacio que puede reproducir las pautas dominantes del sistema (reforzándolo) o, por el contrario, constituir proyectos contra-hegemónicos para forzar transformaciones del sistema.

y colectiva (…)”. Entonces, “(…) la diversidad no será menos diversa, sino más fluida y unida”.

Mediante nuevas formas de relacionarse, los movimientos sociales crean otros lugares, construidos de forma colectiva, interactuando entre las personas que componen el grupo (como señala Maurizio Lazzarato “la relación con el otro, los introduce directamente en la acción y la política”19), evitando liderazgos y en base a relaciones de confianza mutua,

horizontales (el que sabe hacer algo se postula para ello y, el resto del grupo, confía en sus capacidades para tal acción) (Villasante, 2011a). Son, además, inclusivos, espacios abiertos a la diversidad de voces y a la participación de cualquier persona que desee formar parte. Entramados de participación que evitan las “dictaduras de las mayorías20”, y

que sitúan la asamblea en el centro de su modus operandi (Cabrerizo, Klett y G.Bachiller, 2014; 5).

Horizontalidad, inclusión y diversidad se aúnan en la forma de organización de estos espacios-protesta, lo que Ángel Calle denomina la “cultura del y” (Calle Collado, 2014). Se enfrentan así a la falta de alternativas y a la elección forzosa que utiliza el aparato de poder dominante. Y contraponen la gran segmentación que representa el Estado moderno, donde existe una elevada representación significante de la macropolítica y una organización rígida de un determinado régimen de signos y códigos. Son los que Deleuze y Guattari (1977; 1980) denominan “segmentos molares”, segmentaciones rígidas, duras, duales o binarias, codificadas21, que capturan en ellos a los individuos (y

a las sociedades).

La incorporación de la “cultura del y” – entendida ésta como la que suma, la que admite opciones diversas y flexibles - les permite, en el seno de estos espacios-protesta, avanzar en la gestión de la diversidad, utilizando los consensos como forma de resolución de los conflictos internos. El uso y aplicación de metodologías claras, sencillas y descargadas de burocracias, favorece la inclusión de cualquier persona que quiera formar parte de la acción o del proceso. Porque lo que interesa es la praxis más que el debate teórico (aunque éste no se elimine), mediante la construcción colectiva de acciones y estrategias, cercanas y tangibles, concretas (Villasante, 2011a), siempre que éstas sean capaces de modificar la forma de sociedad predominante, de hacer política, de hacer ciudad,

19 Lazzarato, M. (2006)

y que otorguen protagonismo a las bases sociales21, aunque sus intervenciones sean

numéricamente reducidas y espacialmente puntuales.

Las estrategias que se usan tanto en la construcción física como social de los espacios son procedimentales: se va aprendiendo a lo largo del proceso y se modifican los principios iniciales si no funcionan. Se va reformulando según se avanza para ir mejorando los procedimientos y resolver conflictos que puedan ir surgiendo22. Así, la construcción de

estos espacios de relación está constantemente abierta a cambios, están en constante devenir, puesto que manejan un concepto de futuro abierto (Albet y Benach, 2012).

La construcción física del espacio, cuando se requiere, supone una parte fundamental del proceso. Atravesadas por la filosofía del “do it your self” (hazlo tú mismo), estas prácticas incorporan, además de innovación en el plano social, innovaciones técnicas y constructivas. Combinan el conocimiento y uso de técnicas tradicionales y artesanales de construcción con técnicas contemporáneas de bioconstrucción y eficiencia energética; utilizan materiales ecológicos y de desecho, los cuales, mediante una intensa estimulación de la creatividad y por procesos de reciclado y supraciclado23, reutilizan y transforman

dándoles nuevos usos y valores; y la ejecución de las obras aparece siempre atravesada por procesos de enseñanza y aprendizaje entre los participantes – la construcción del espacio se programa en forma de talleres para que se pueda dar el intercambio de conocimientos y el aprendizaje de técnicas, materiales, etc.

Esta forma de construir físicamente espacios a pequeña escala, sea en el espacio público o en edificios cerrados, de bajo coste, muy realistas en cuanto a necesidades y expectativas, muy resolutiva a corto plazo y con posibilidad real de cambios y modificaciones si algo no funciona, y de forma muy participada por personas con conocimientos técnicos junto a vecinos y vecinas interesadas que favorece los procesos de enseñanza-aprendizaje, se ha dado en llamar en algunos ámbitos “urbanismo táctico” o “tactical urbanism” en inglés25. 21 Son la familia, el trabajo, la escuela, el ejército, los sexos, las clases sociales, los partidos políticos (los bipartidismos), etc. 22 Un lema que se pudo leer en las movilizaciones del 15M decía” No somos ni de izquierdas ni de derechas. Somos los de abajo y vamos a por los de arriba” 23 Recuerda al verso de Antonio Machado “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” (Proverbios y Cantares, Campos de Castilla, 1912) 24 Se trata de un proceso de reciclado donde cambia el uso del objeto y aumenta su valor (upcycling en inglés) frente al reciclaje donde, generalmente, el objeto no modifica su uso y va perdiendo valor (downcycling en inglés)