Capítulo 2. Marco teórico
2.3 Bases teóricas y dispositivos de análisis
2.3.4 Operatividad del concepto de imagen para efectuar descortesía
En esta sub-sección interesa exponer el concepto de imagen y los que se han desarrollado en relación a él. Esta exposición cumple propósitos operativos; es decir, se lo identifica para su aplicación metodológica posterior en el análisis de los datos recopilados y no como referencia teórica en el campo del estudio de la (des)cortesía (cf. O’Driscoll, 2017)22. Desde esta perspectiva aplicada, se utiliza el concepto de
gestión de imagen como emergente comunicativo que se produce en relación a las actividades de imagen y sus efectos sociales y que atañen, en consecuencia, los de imagen social23, rol e imagen de rol. Para la última, se identifican sus aspectos de
de respuesta de una intervención puede demostrar interés o desinterés por parte de los interlocutores para el tema en discusión.
22 Las discusiones sobre la aplicabilidad del concepto de imagen no han cesado en el área y retoman
impulso de lustro en lustro (cf. R. Arundale, 2006; R. B. Arundale, 2010; Garcés-Conejos Blitvich, 2013; Haugh, 2013; Hernández Flores, 2004b; Pizziconi, 2003; Spencer-Oatey, 2005).
23 Tal como afirma Bravo (2015, p. 56): “…sostenemos que categorías analíticas como las de actividad
de imagen, efecto social y compromiso de las imágenes sociales de los individuos, los grupos y los roles
son en alto grado operativas para un análisis social del discurso en la medida que evidencian la interdependencia entre actuación comunicativa, lenguaje y sociedad”.
afiliación, autonomía, desafiliación, refractariedad y afiliación exacerbada, desarrolladas específicamente para dar cuenta del continuum cortesía-descortesía y que se desarrollan a continuación.
La imagen social (‘face’) supone un constructo constituido por necesidades que un individuo tiene de sí mismo o que reclama para sí en relación con los demás (Goffman, 1967, p. 5) en procesos relacionales e interaccionales (R. Arundale, 2006, pp. 207-212). Estas necesidades se corresponden con deseos, actitudes emocionales o físicas, y obligaciones individuales hacia lo social como, por ejemplo, el orgullo, la dignidad y el honor (Goffman, 1967, pp. 9-17). Los objetivos de la imagen se orientan a conformar rasgos de presentación de la identidad (Goffman, [1959] 2004, p. 154) basados en percepciones socio-psicológicas y emocionales de un individuo en relación a un grupo, una situación y un contexto determinado (Goffman, 1967, pp. 107, 338- 343). En otras palabras, el uso del término imagen social (o su apócope: imagen) es una metáfora explicativa que refiere a la dependencia de un individuo de valores sociales idealizados, consensuados, aprobados y exigidos en la interacción (Goffman, [1959] 2004, pp. 2-6, 23-27), tanto por dación como por emanación expresiva (Goffman, [1959] 2004, pp. 14-15, 46-62)24. La imagen comprende, así, un conjunto
de deseos, necesidades, actitudes y obligaciones que se localizan en el devenir de un evento y por el cual se le adjunta emociones para reforzarlo: si se establece una mejora de imagen en el evento, entonces lo más probable es que se asocie una emoción positiva; si las expectativas no se cumplen, entonces la emoción será negativa y el individuo se sentirá mal o se herirán sus sentimientos; y si la experiencia es neutral
24 En palabras de Goffman ([1959] 2004, p. 14): “La expresividad del individuo (y por tanto, su
capacidad para producir impresiones) parece involucrar dos tipos radicalmente distintos de actividad significante: la expresión que da y la expresión que emana de él.” (Traducción de Hildegarde B. Torres Perrén y Flora Setaro).
para la imagen, el evento se habrá desarrollado como se lo esperaba y no aportará alguna emoción memorable para la imagen.25 Las repercusiones de esto se encuentran
en la importancia del clima socioemocional de la interacción y los efectos sociales que se registran en él para el estudio de la (des)cortesía, que desarrolla y aplica Bravo (2016, entre otros trabajos).
Por lo anterior, la imagen es una representación de un yo emocional, asociado a experiencias que lo pueden hacer sentir “bien” o “mal”, dentro o fuera de imagen (Goffman, 1967, pp. 8-9). Para mantener la imagen dentro del yo, salvaguardarla de no estar fuera, o recuperarla si lo está, los individuos recurren a una “actividad de imagen” (Goffman, 1967, p. 12) que se identifica como un proceso operativo, una trabajo estratégico o “de acción” (Goffman, 1967, pp. 14-15, 21-27) para evitar amenazas a la imagen (es decir, quedar fuera de la misma) o para repararla (volver a ella, estar dentro de imagen) si fuese necesario. En el concepto de amenaza se incluye todo aquello que incumpla el reclamo de imagen, que lleve a “errores” (‘misleadings’) de imagen o que discontinúen su permanencia (Goffman, 1967, p. 339). En este sentido, los individuos “gestionan” actividades de imagen para proteger, prevenir la pérdida o recuperar imagen.
Por su parte, Bravo (1999, pp. 164-165; 2004, p. 28) establece una imagen social básica que alude a contenidos socioculturales insertos de forma extensa y compleja en la comunidad de referencia, la cual “constituyen conocimientos que los miembros de una comunidad de habla suponen compartidos y, por lo tanto, los tienen en cuenta para la proyección e interpretación de actividades comunicativas” (Bravo,
25 En palabras de Goffman (1967, p. 6): “A person tends to experience an immediate emotional response
to the face which a contact with others allows him; he cathects his face; his “feelings” become attached to it. If the encounter sustains an image of him that he has long taken for granted, he probably will have few feelings about the matter. If events establish a face for him that is better than he might have expected, he is likely to “feel good”; his ordinary expectations are not fulfilled, one expects that he “feel bad” or “feel hurt”.
2016, p. 129). Una versión más acotada es la que se sitúa en una situación comunicativa dada y de acuerdo a los roles planteados en ella, reconocido como imagen de rol (Bravo, 2008b, p. 589) y que pueden ser interpretadas en el ejercicio de la descortesía (Kaul de Marlangeon, 2013, pp. 79, 84). Para Goffman ([1961] 1972, pp. 75-81) el concepto de rol refiere a aquel conjunto de supuestos que asume un individuo para las distintas situaciones particulares del devenir social y de acuerdo a lo que le correspondería hacer según su participación en el evento comunicativo en marcha. Por ejemplo, un rol supondría todos aquellos supuestos necesarios para conformar lo que se reconoce como “ser gerente”, los cuales no todos se condicen para asumir el rol de “ser empleado” o los de “ser empleado argentino”. En los conceptos de rol y de imagen de rol cobra relevancia también considerar una búsqueda de equilibrio (Hernández Flores, 2002, p. 12) entre las necesidades que presentan los interactuantes en sus roles y que sea interpersonalmente favorable para las partes involucradas y acotadas situacionalmente. Esto supone una orientación bidireccional en las actividades de imagen (Hernández-Flores, 2013, p. 185)26 para la consecución
de una finalidad para confirmar o fortalecer las relaciones sociales esperadas o conformadas para el encuentro (Bravo, 2005b, pp. 34-35).
A partir del trabajo de Brown y Levinson (1987), se diferencian aspectos de la imagen como categorías analíticas funcionales que refieren al proceso relacional e interaccional individuo-grupo y que han identificado como imagen positiva e imagen negativa (P. Brown y Levinson, 1987, pp. 61-63). Para subsanar algunas de las problemática ya señaladas a tal identificación27, Bravo (1999) distingue dos aspectos
26 Nótese que la autora considera aquí una interacción dialogal prototípica cara a cara entre un hablante
y un oyente, en contextos socioculturales españoles y situacionales familiares.
27 Las observaciones realizadas a tal diferenciación, particularmente en lo que respecta a los contenidos
culturales en el aspecto negativo de la imagen, son múltiples. Los autores dan cuenta de algunas de ellas en el prefacio a su obra (P. Brown y Levinson, 1987, pp. 13-15), mientras que otros señalan el sesgo
de imagen: la denominada autonomía, que refiere a un conjunto de percepciones sobre cómo un interlocutor desea verse y ser visto por los demás como un individuo con contorno propio dentro de un grupo, y la afiliación, que comprende a un conjunto de percepciones sobre cómo un interlocutor desea verse y ser visto por los demás en cuanto a determinadas características que lo identifican con un grupo.28 Por su parte,
y como resultado de sus estudios sobre el fenómeno de la descortesía, Kaul de Marlangeon (2005a, 2005c) propone las categorías afiliación exacerbada y refractariedad como vertientes de una imagen social involucrada con la producción de un tipo de descortesía que denomina de fustigación. La primera describe cómo un individuo desea verse y ser visto como adepto a un grupo, a punto tal de comportarse descortésmente; mientras que la segunda a cómo un individuo desea ser visto como opositor al grupo, “en una actitud refractaria respecto de aquello que suscita su oposición” (Kaul de Marlangeon, 2005c, p. 311). Además, y para dar mejor cuenta de las actividades de la comunidad de práctica descortés en foco en este estudio, la imagen de desafiliación29 comprende un conjunto de percepciones sobre cómo un individuo
desea verse y ser visto por los demás con un contorno propio en un rol antagónico dentro de un grupo y sin definir la exclusión del mismo, sino identificado con características propias que lo desligan del mismo o lo desmarcan de una afiliación previa y según interpretaciones y evaluaciones previas en la situación comunicativa.
etnocentrista implicado en el mismo (R. Arundale, 2006, entre muchos otros; Bravo, 2003b; Matsumoto, 1988, 2003; Spencer-Oatey, 2003).
28 La expresión “desea verse y ser visto por los demás” refiere a las necesidades de imagen puestas en
juego a través de la actuación del individuo en un encuentro, actividad y propósito determinado en diferentes grados de reconocimiento estratégico.
29 Cf. los usos del término desafiliación en, por ejemplo, Bernal (2005), Cordisco (2003), Kaul de
Marlangeon (2005a, pp. 301-302). Esta última autora relaciona la desafiliación como una etapa previa en la producción de un acto de descortesía de fustigación.
En resumen, se entiende por gestión de imagen a saber cómo “verse y ser visto” por los demás en un rol determinado por la situación y en una comunidad de práctica cortés o descortés dada, lo cual involucra un manejo de la producción de las actividades de imagen, de sus efectos sociales en interacción, de los deseos y necesidades expresadas. La imagen se categoriza analíticamente en diferentes aspectos (autonomía, afiliación, desafiliación, refractariedad y afiliación exacerbada) y sus contenidos dependen de la naturaleza institucional-organizacional de los ambientes laborales estudiados, las características de la comunidad de práctica en la que se puso el foco y los rasgos genéricos del tipo textual seleccionado como medio comunicativo.