2. LA PREHISTORIA DE LA HISTORIOGRAFÍA GRIEGA
2.2. De lo oral a lo escrito: la teoría de los proemios epistolares
Habida cuenta de que se trata de proemios escritos, hemos de preguntarnos por las circunstancias que determinan su formación. Haberle93 indicó que el proemio de Hecateo y su configuración formal recordaban a los
91
Cf. Turner, 1995, p. 38 y ss.
92 Lo que no implica, como señala recientemente West, 2011, p.
V,que las obras orales, tal y como las conocemos, deban ser compuestas de principio a fin.
93
Cf. Haberle, 1938, p. 84 con nota 1. Cf. además Sancisi Weerdenburg, 1999, p. 107 y ss.; Stein, 1962, II, p. 47.
textos de la cancillería oriental. Pero fue Fehling quien desarrolló de manera completa la ligazón de estas estructuras con paralelos orientales, de forma, a nuestro entender, errónea. La ausencia en la poesía griega de paralelos que sustenten este tipo de estructura, es decir, la ausencia del yo y del pronombre demostrativo, es la clave, a juicio de este autor, para sustentar dicha afirmación.94 Por ello, Fehling trata de buscar, como indicara Haberle, los orígenes de este esquema en la literatura oriental, tanto en las inscripciones persas, que trata de pasada,95 como en la literatura judaica, cuya influencia se ve apoyada, de manera insostenible, creemos, en las relaciones con el ámbito fenicio que dieron lugar a la adquisición del alfabeto, concluyendo que «Die Prosaiker haben die Form direkt aus dem Orient. Sie ist nicht aus älterer griechischer Dichtung abzuleiten».96 Todo ello parte de un apriorismo de difícil defensa, como es el pensar que Grecia no tuvo una prosa primitiva o tradicional: cosa diferente es que la conservemos como tal. El propio Fehling da cuenta de que esta formulación aparece en ocasiones en el material epigráfico griego.97 Creemos que no es necesario pensar en préstamos, sino en simples paralelos antropológicos explicados por razones de naturaleza humana, según veremos.
Siguió y amplió esta línea de estudio Porciani, quien recogiendo toda la tradición oriental desde Sargón de Akad98 trató de demostrar la procedencia de estas fórmulas de la epistolografía oriental, apoyado además en la idea de que la obra de Hecateo surgió como oposición a la historiografía persa.99
Está claro que la formulación ὁ δεῖνα τάδε λέγει está presente en inscripciones antiguas de los aqueménidas, como demuestra el caso de la inscripción de Behistun,100 en la que esta fórmula se repite de manera
94
Cf. Fehling, 1975, p. 64 y ss. La ausencia de paralelos se extiende incluso al sello de los versos de Focílides y Demódoco, de los que afirma: «Doch kommt bei dieser Gattung der Autor in Text niemals vor». Esto es cierto, dado que el sphragis queda fuera del poema; lo que no señala Fehling es que ocurre también en la fórmula ὁ δεῖνα τάδε λέγει.
95
Cf. Fehling, 1975, p. 62 y ss. 96
Cf. Fehling, 1975, p. 72 y ss. 97
Cf. Fehling, 1975, p. 63. Cf. además infra. 98 Cf. Porciani, 1997, p. 6 y ss.
99
Cf. Porciani, 1997, pp. 5 y 46; sobre esta idea de la historiografía como método de enfrentamiento al persa, cf. además Canfora, 2006, p. 31; la idea, según veremos, nos parece por completo insostenible.
100
Cf. Porciani, 1997, p. 22 y ss. Cf. además Asheri, Medaglia y Fraschetti, 1997, p. 365 y ss., para una traducción italiana del texto y un estudio del monumento. No creemos
sistemática a lo largo del texto. Sancisi Weerdenburg habla además de considerar la posibilidad de un dictado por parte de Darío,101 si bien nada puede afirmarse con rotundidad al respecto según este autor, aun a pesar de que el apartado 70 de la misma parece dar por sentado el dictado; pero de la simple existencia de semejanzas no puede desprenderse una dependencia que en ocasiones parece alentada por el famoso ex oriente lux.
Sea como fuere, muchos años antes afirmaba el propio Diels que los proemios de esta particular forma recordaban en cierta manera a los comienzos de las inscripciones griegas,102 a lo que no atendió Porciani, cuyas observaciones están necesitadas de generalización en un fenómeno que se manifiesta de manera global en la creación literaria en prosa de la época. A nuestro entender, afirmar que es este un fenómeno fruto –aunque sea de reminiscencias– de la epistolografía supondría hacer de este género el origen de toda la prosa, y situar el nacimiento de esta en un lugar y momento concreto. Por todo ello, parece interesante delimitar de manera clara la naturaleza de esta configuración, que es fundamental para los proemios de la historiografía griega y su comprensión, y por extensión, del escenario literario del género.
Para las sociedades orales, la palabra dicha gozaba de una función vital, por cuanto era el único medio de ratificar juramentos, promesas, etc. La antropología moderna se ha planteado la dificultad que representa el texto escrito en oposición al acto comunicativo como tal, único medio de comunicación en las sociedades orales.103 Ello hace que en estas situaciones
necesario insistir en que este monumento no ejerció influencia alguna en la configuración de la historiografía griega; baste ver Schrader, 1997, p. 80 y ss., con traducción española.
101
Cf. Sancisi Weerdenburg, 1999, p. 102: «The idea that the original text was spoken or dictated by Darius fits well with some features of the text. Almost each paragraph begins with says Darius the king, and it is not hard to imagine a procedure where the scribes duly wrote down the royal words». Balcer, 1987, p. 22 y ss., defiende la idea de ese testimonio «oral» del que dependen las transcripciones, que Balcer une, a nuestro entender, de manera errónea, a una tradición épica, dada la caracterización del rey como el prototipo del héroe épico, cf. p. 61. Que el rey persiguiera exaltar su valor es algo lógico que no tiene que llevarnos a pensar en que la inscripción dependa de un modelo épico. Interesante, sin embargo, nos parece el hecho de que, como Balcer mismo señala, p. 31, los mecanismos orales permanecían vivos en el mundo en el que la inscripción se realizó.
102
Cf. Diels, 1887, p. 436, nota 1: «Die Form dieser Prooemien (richtiger Titel) erinnert an die Eingänge der Steinurkunden: τάδε ὁ σύλλογος ἐβουλεύσατο ähnliches in Ionen wie Überall».
103
Cf. Vansina, 1985, p. 66. Para la adaptación de los esquemas de Vansina al mundo griego, cf. Murray, 2001, p. 16 y ss.
se deba hablar de testimonio y no de un acto mismo de comunicación.104 Para un individuo sumido en una cultura escrita, esta dislocación es difícil de percibir, dado que en gran manera está acostumbrado a una comunicación privada de los elementos ambientales propios de la comunicación oral,105 pero para un individuo tradicional, principalmente si se encuentra en un estadio cultural mixto106 entre la oralidad y la escritura, esa dislocación es muy difícil de superar.
Ello explica que haya recelos respecto a la aparición de la escritura como soporte de esa palabra,107 lo que hace necesario el empleo de mecanismos que aseguren que esa palabra se presenta como lo haría en un acto oral de comunicación, de modo que es el soporte el que toma carácter humano y expresa ὁ δεῖνα τάδε λέγει. De este modo, el soporte se presenta como elemento garante de ese acto de comunicación, como un paso posterior a las palabras del autor. Esto supone la superposición de dos planos de comunicación presentes en usos posteriores, como es el caso de los estilos indirectos, o simplemente en la cita de un autor –recuérdese el caso antes expuesto de Sexto Empírico–, y que se presenta además en la muy conocida invocación a las musas, con el poeta como intermediario:108
[Soporte personificado] ὁ δεῖνα τάδε λέγει (Contexto real: lectura) [Autor] ----Obra---- (Contexto figurado: falso contexto oral)
La formulación de un soporte parlante es muy conocida en las inscripciones, principalmente en las ofrendas, que en muchos casos presentaban incluso formas que facilitaban ese tránsito entre el objeto y el objeto personificado.109 Las inscripciones más antiguas, como la aparecida
104 Modificamos la terminología de Vansina, que habla de testigo en lugar de testimonio. 105
Cf. Detienne, 1981, p. 59 y ss.; cf. Ilíada, I 234 y ss., y Kirk, 1985, p. 77, ad loc. 106
Cf. Thomas, 1989, p. 29; cf. además apartado siguiente. 107
Cf. Pelling, 2000, p. 2.
108 Cf. Calame, 1986, p. 21 y ss.: Musa - Poeta
Poeta – Público.
109 La lista de epígrafes que recogen la forma µε ἀνέθηκε es muy amplia: e. g. IG
I2 404, 410, 428, 444, 455, 472, 497, 503, o los famosos epigramas a los muertos en Salamina, IG I2 927, si bien el monumento no se conserva completo y Pausanias, I 29, 4, no habla nada más que de una estela, por lo que hemos de ser cautos.
en un soporte cerámico, Θαριο ειµι ποτεριον, que responden a la tipología «I am X’s, X wrote me», o «X gave me to Y», como señala Jeffery,110 dan cuenta de este tránsito, producido a mediados del siglo VII y en el VI a. C., con casos como περαδο ειµι, y otros.111
Una inscripción del comienzo del siglo VI a. C., la estela de Fanódico,112 es paradigmática para la explicación de nuestra teoría:
Α Φανοδίκο| ἐµὶ τὀρµοκ|ράτεος τ | Προκοννη|σίο· κρητῆρ|α δὲ: καὶ ὑποκ|ρητήριον: κ|αὶ ἡθµὸν : ἐς π|ρυτανήιον ἔδωκεν : Συκε|εῦσιν.
Β Φανοδίκο: εἰµὶ: το hερµοκράτος : το̄ Προκονεσίο: κἀγὸ :113 κρατε̄ρα | κἀγπίστατον : καὶ hεθµὸν : ἐς πρυτανεῖον : ἔδοκα : µνε̄µα : Σιγευ|εῦσι […]
Señala el editor en la descripción que aparecían en la estela dos figuras humanas que hablan,114 Φανοδίκο ἐµὶ (εἰκὼν) τὀρµοκράτεος το Προκοννησίο, parafrasea Dittenberger, lo que apunta a la idea señalada antes: la estela se hace persona gracias, en este caso, a la imagen del propio Fanódico, pero nótese la vacilación entre la primera y la tercera persona con el paso a ἔδωκεν. A este respecto, Roehl no da más explicaciones que por
«arbitrio artificum»,115 en tanto que Dittenberger afirmaba: «Illic imago de vivo Phanodico velut de tertia persona (ἔδωκεν), hic ipse Phanodicus (ἔδοκα) loquitur».116 Siguiendo a Dittenberger, hemos de corregir su afirmación y señalar que el cambio de persona no se debe a la referencia al 110 Cf. Jeffery, 1961, p. 69. 111 Como Jeffery, 1961, 6, 13, επι Μενε|φρονι ειµι; 11, 7, Πολυξεναια | ειµι; 18, 23, Πατροκλεος <ε>ιµι.
112 SIG 2. En su día Boeck, CIG 8, dudó de su autenticidad, presentándola como una falsificación de época helenística, si embargo, hoy se admite como auténtica, cf. Elter, 1911, p. 202 y ss., así como los comentarios de Dittenberger y Hicks y Hill. Mordtmann, 1880, p. 92 y ss., presenta un caso semejante, SIG2 464.
113
Señala Elter, 1911, p. 206, en contra de la edición de Dittenberger y otros, que ha de leerse la inscripción sin una pausa fuerte tras κἀγὸ, lo que evita el asíndeton y un uso adverbial de καί, lo que entraría en contradicción con la presencia de dos representaciones, que, por otra parte, es algo dudoso, cf. Hicks y Hill, 1901, p. 9 y ss.
114 Así también Roehl, IGA 492, con la imagen de la estela, afirma: «a margine inferiore olim pictas fuisse colligi potest ex superficie in illis partibus optime servata».
115
IGA, p. 134. 116
Fanódico vivo o al ya muerto, idea quizá apoyada por la más tardía escritura en ático del apartado B.117 Estamos, a nuestro entender, ante la personificación del soporte, que toma la palabra frente al propio Fanódico, en tanto que el segundo caso es un ejemplo de hipercorreción, causado seguramente por ser lo habitual que la inscripción se refiera a la donación del objeto sobre el que la misma se presenta,118 pero que, en lo que nos interesa, revela la conciencia clara que se tenía del soporte como elemento transmisor con entidad propia, conciencia que se ve potenciada por la aparición física del propio Fanódico, que en este caso sustituye a la estela como interlocutor y facilita esa transposición del plano comunicativo y con ello la forma ἔδοκα. Cuando el soporte adquiera un valor más neutro, y, en lugar de una estela o vaso, tengamos una carta o un decreto, aparecerá la expresión ὁ δεῖνα τάδε λέγει, que será también empleada en los primeros pasos del desarrollo de la prosa, de modo que facilitará la creación artificial de un acto de comunicación contextualizado. Este hecho puede ser entendido, por su persistencia, como perteneciente a la epistolografía,119 pero parece difícil que la cancillería persa pensase en algo diferente a la personificación aquí expresada al hacer uso del recurso, habida cuenta además del hecho de que en el monumento de Behistun aparece el propio Rey, en un caso semejante al de Fanódico.120 Por otra parte, se trata de un fenómeno que, desde una perspectiva propia de la moderna narratología, nos aporta de nuevo un acercamiento más cabal a la naturalidad de estas expresiones. En un estudio relativo a las frases prospectivas en Heródoto, Vignolo Munson ha aportado luz121 a dicho aspecto al determinar la naturaleza metanarrativa de estos recursos, ejemplificados, en palabras de la autora, en el proemio herodoteo y en el de Hecateo.122 Se trata, pues, de elementos que ponen en relación al autor y a su audiencia, en una forma que nos ha de hacer pensar en la lectura y no en las exposiciones orales que tradicionalmente se plantean para estos autores y obras.
Todo ello nos lleva a hablar más de un hecho antropológico generalizado que de un fenómeno de imitación polémica por parte de los griegos de esquemas orientales. El intento de acotar todas estas expresiones al género
117 Respecto a la cual cf. Elter, 1911, p. 204 y ss. 118
Cf. SIG 1, 3, 4, etc.
119 Cf. Suárez de la Torre, 1979, p. 21 y ss.; Cugusi, 1990, p. 385 y ss. 120 Cf. Sancisi Weerdenburg, 1999, p. 102. 121 Cf. Vignolo Munson, 1993, p. 29. 122 Cf. Vignolo Munson, 1993, p. 31.
epistolográfico hace que Porciani sostenga la oposición, dentro de un razonamiento contradictorio, del ὁ δεῖνα τάδε λέγει como propio de ambientes persas frente al χαίρειν de ambiente griego, pero acepta sin reservas la reconstrucción de Diels, lo que hace que Ion de Quíos y Heráclito se enfrenten también a esa «historiografía»123 persa, cosa fuera de lugar por la temática, y excesivo por cronología en el caso de Ion de Quíos, olvidando además que uno de los rasgos clave de la epistolografía es la existencia de un destinatario definido,124 que en la historiografía, como en la épica, son inexistentes, al menos en el caso griego.125
Detienne126 sostuvo que expresiones como δοκεῖ τῇ πόλει, empleada en las inscripciones, se encuadraba dentro de un fenómeno generalizado de «secularización» de la palabra religiosa, y que el empleo del concepto de δόξα era un hecho que hemos de oponer a la verdad poética que hasta Simónides gozaba de un gran peso. En esa línea, nos atrevemos a decir que la expresión objeto de nuestro análisis, en consonancia con las ideas expuestas acerca de la oposición oral-escrito, se equipara a este fenómeno, de forma que son elementos paralelos de creación de una escritura quizá no secularizada, sino simplemente opuesta a la oralidad literaria y su espectro espiritual, en tal forma que constituye una manifestación intelectual absolutamente independiente de los procesos que pudieran darse en el ámbito persa. De este modo, los posibles contactos se deben, como indicábamos, a simples concomitancias derivadas de la naturaleza antropológica del proceso.
Pero a pesar de todas las razones aducidas, dejamos para el final la mayor dificultad que se puede presentar ante la defensa de la influencia de la epigrafía persa en Heródoto, la lengua. El estudio de los empleos de términos no griegos por Heródoto apunta a un desconocimiento de cualquier lengua que no sea griego,127 y la referencia continuada a informadores por
123 Porciani, 1997, p. 47 afirma: «Una matrice orientale, […] significherebbe che lo storico greco, nell’ enunciare il suo discurso, si mette in una posizione di concorrenza en el contempo di contestazione rispetto alla storiografia delle inscrizioni persiane».
124
Es decir, el famoso concepto de colloquia absentium, con una dimensión personal e individual muy marcada, cf. van den Hout, 1949, p. 22.
125
Cf. Herkommer, 1968, p. 25. 126 Cf. Detienne, 1981, p. 120. 127
Cf. Schmid y Stählin, 1948, p. 557 y ss.; Pohlenz, 1961, p. 191; Schrader, 1988, p. 517. Las consideraciones de Vignolo Munson, 2005, p. 29, en torno a la impostura de Heródoto no afectan, como señala la propia autora, a estos aspectos.
medio de fórmulas sistematizadas hace que sea posible y necesario defender el empleo de escritos orientales en cuanto a su contenido.128 Pero afirmar, como hace Patzek129 en línea con las indicaciones de Porciani, que existe una dependencia formal es, a nuestro entender, imposible. La adquisición de principios organizativos y composicionales para la obra de Heródoto por medio de un intérprete es insostenible, y más aún cuando esta está construida con recursos propios de la cultura griega, o, simplemente, de un carácter cultural antropológico que los hace universales.
Fue con el tiempo como la expresión adquirió una naturaleza neutra que permitió que se aplicara de manera sistemática y que evolucionara, cuando su funcionalidad se diluyó, dando lugar a formas más artísticas, como el caso de, en lo que nos ocupa, Tucídides o Antíoco de Siracusa, con su total inclusión en el texto, o su desaparición en época tardía, e incluso su eliminación en la transmisión, cuando ya no tuviera sentido para los lectores. Preguntarse si esa expresión formaba parte del texto es inútil, aunque una posible respuesta se verá en el análisis del proemio de Antíoco de Siracusa.