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El orden social: de la autoproducción al consumo de la casa urbana

“Así como el espacio físico se define por la exterioridad recíproca entre las partes, el espacio social se define por la exclusión mutua (o la dis- tinción) de la posiciones que lo constituyen, es decir, como estructura

de yuxtaposición de posiciones sociales” Bourdieu, 1999:120

prácticamente de existencia social, o bien, ocupa el sitio ‘más bajo’ en el escalafón de los posicionamientos. Por otro lado, se encuentran los sitios más altos, aquellos de honor o privilegio, algunas veces temporales y otras permanentes.

La casa, como lugar que se proyecta como sito permanente de vida, expresa la posición alcanzada en proporción a los bienes o capitales acumulados. El sentido de propiedad brinda el sentido de apropiación y permanencia en el lugar ocupado. La forma del lugar habitado no es estática, sino que muestra la constante transformación del lugar social ocupado, muchas veces a través de la acumulación de propiedades o atributos físicos como el tamaño, los ornamentos, etc.

Siguiendo con Bourdieu, el consumo más o menos ostentoso de espacio físico es una de las formas por excelencia de la demostración del poder. En relación a la acumulación de bienes en el espacio físico se define el valor de sus diferentes regiones, que son también regiones del espacio social. Los espacios sociales físicamente objetivados tienden a superponenrse y los sujetos que los ocupan a resguardarlos o luchar por su permanencia. La ciudad es, por ejemplo, un campo de luchas por la apropiación de espacios físicos de acuerdo con el valor que tienen como espacio social.

Así que ocupar un sitio en la urbe, significa ocupar un sitio en la escala social y a través de la lucha por la apropiación se distinguen zonas deseables por unos y rechazadas por otros. Los distintos grupos sociales buscan un sitio entre sus iguales, definiendo límites no siempre físicos de lo que se considera propio (legal o ilegalmente).

Por otro lado, las oposiciones sociales se expresan en los lugares opuestos del espacio físico, estableciendo polaridades del tipo ciudad/ campo, capital/provincia, residencial/popular, etc. obedeciendo a una lógica de división. Esto que es válido para la ciudad de Paris, referente de Bourdieu en el análisis del espacio físico y social, es también analizable en ciudades medias latinoamericanas como la que sirve de referencia en este trabajo. Varias ciudades de México presentan hasta

ahora una bipolaridad en la distribución espacial de las distinciones de nivel socioeconómico, algunas con esquema polar norte-sur; otras oriente-poniente, etc. Es claro en estos casos, que la organización espacial es física y también social.

Esta organización socio-física del espacio, que es producto de una serie de significaciones del lugar apropiado, opera también como productora de nuevas significaciones en el orden social y físico. Los llamados al orden de las estructuras del espacio físico se convierten progresivamente en estructuras mentales y sistemas de preferencias. En otras palabras, la forma del espacio físico contribuye al aprendizaje de formas de comportamiento adecuado en una sociedad determinada; el espacio físico modificado contribuye a la organización y la clasificación de objetos y personas (Bourdieu, 1999).

Especialmente en Latinoamérica, es remarcable la polaridad social riqueza/pobreza, visible en la distribución de los sujetos en el espacio físico de las ciudades. Pueden distinguirse sectores de riqueza y de pobreza entre los cuales se mezcla una serie de gradientes en la escala social y económica. Física o simbólicamente, los polos de acumulación de capital se excluyen y procuran establecer una distancia. Límites físicos como muros, cercas, portones y barreras, se edifican con este fin. En otros casos el límite es solo simbólico, una convención definida por una calle, el cambio de pavimento, etc.

Los desplazamientos que los sujetos realizan entre los límites establecidos suelen afirmar un tipo de relación permitido entre ellos,

“En cada momento histórico y para cada grupo humano hay un ‘modo social de entender el mundo’, esencialmente subjetivo, que hace de filtro perceptivo y define los significados que se

leerán en el producto arquitectónico” Waisman, 1993:109

como son por ejemplo, las relaciones laborales o de servidumbre. Puede explicarse así que ocupar un lugar distinto en el espacio físico constituya un deseo, un ideal, un anhelo. La propuesta del modelo moderno a través de la idea de progreso promete esta posibilidad. Cuanto más se dificulta el ascenso social manifestado a través del cambio de lugar en el espacio físico, tanto más valioso es el esfuerzo. Las dinámicas de privacidad y exclusividad en la apropiación del espacio componen esa dificultad del anhelo que se persigue.

En algunos casos, como el de los procesos de autoproducción de vivienda urbana, la lucha por el espacio es una lucha colectiva. El espacio físico se convierte en un valor de cambio en el juego político de las ciudades, en la medida que la autoridad se reserva la capacidad de ‘conceder’ la legalidad del suelo a los colectivos que lo solicitan. En estos casos se trata de una lucha por ocupar tanto el espacio físico como el espacio social. Desarrollaremos en la segunda parte del trabajo, la forma en que los colectivos de autoproductores buscan no solo tener un lugar para hacer la casa, sino ocupar un sitio en la ciudad y por lo tanto, ser urbanos.

La sociedad ejerce un papel importante en el análisis de la arquitectura como análisis de la cultura. El tipo de relaciones que establecen los sujetos entre sí, como vemos, configura físicamente la forma de los espacios. La sociedad, a través de nociones sedimentadas en el tiempo que toman forma de normas o ideales, construye históricamente los referentes con los que cuenta el sujeto cuando edifica.

De acuerdo con lo hasta aquí planteado, pensamos en el espacio de la autoprodución como un espacio de representación física y social. Para explicar esta idea consideramos necesario responder algunas preguntas derivadas: ¿Cómo es la relación entre las formas físicas y las formas sociales? ¿De qué manera la forma física adquiere significado y cuál es el sentido de su significación en el ámbito específico de la autoproducción de vivienda urbana? ¿Qué es lo que se autoproduce socialmente al construir físicamente una casa? Partimos así de las siguientes propuestas hipotéticas principales: a) La forma física de las casas urbanas autoproducidas es la expresión representativa de una tensión entre las preferencias individuales y las tendencias colectivas de quien construye su vivienda en un contexto cultural específico. Proponemos así, que la forma física es también contenido social

b) La representación socio-física de la que hablamos se compone de una serie de imágenes asociadas al anhelo de la casa urbana, propia y privada, componentes de un anhelo de casa moderna

c) El proceso de edificación de la casa y gestión de infraestructura urbana (autoproducción) es un proceso de lenta transformación física del espacio habitado que implica una transformación social de sus ocupantes. Las condiciones de esta transformación social son relativas al posicionamiento o ubicación física de las casas en el amplio contexto urbano: la ubicación física, es también un posicionamiento en el orden social.

Notas metodológicas: