construcción turística
Las primeras acciones estatales con el objetivo de impulsar el turismo en España tienen lugar durante el reinado del Rey Alfonso XIII. Éste ordena la creación, en el año 1903, de la primera organización turística por Real Decreto de 6 de octubre de 1903, La Comisión Nacional para el
Turismo (Cruz, 2001). Posteriormente, en el año 1905 se crea la Comisión Nacional del
Turismo dependiente del Ministerio de Fomento, cuya función era la promoción turística y la coordinación de las acciones entre las diferentes administraciones. Se abre también, la primera
oficina de información turística y se crea la primera agencia de viajes española, Viajes Marsans. En 1908, se crea en Barcelona la Sociedad de Atracción de Forasteros y en 1909 se inaugura la primera oficina de información turística en Barcelona. La Comisión Nacional de Turismo pasa en 1911 a denominarse Comisaría Regia de Turismo, especializada en el turismo de élite. En esta época comienza la restauración de monumentos como las Jardines del Alcázar de Sevilla o la Casa del Greco. En el año 1928 se sustituye la Comisaría Regia de Turismo por el Patronato Nacional de Turismo. Al año siguiente tienen lugar la Exposición Universal de Barcelona y la Exposición Iberoamericana de Sevilla (Figura 10). El primer eslogan para la promoción del turismo en España se denominó Sunny Spain (Figura 11).
Por Real Decreto de 25 de Abril de 1928 se ordena la creación del Patronato Nacional de
Turismo, incorporándose a él, en el año 1930 la Dirección Nacional de Navegación y Transporte Aéreo. Por Real decreto de 2 de noviembre de 1928, publicado por el Ministerio de
Economía, se crea la Cámara Oficial de Hostelera de España. Este decreto será modificado el 10 de noviembre de 1930, obligándose a la colegiación de todas las personas y entidades jurídicas dedicadas a la explotación turística (Cruz, 2001). En 1930 se crea el Patronato
Nacional de Turismo, en el que se destacaban los beneficios que podría generar esta actividad,
así como la potencialidad de España en esta materia. Se argumentaba que el turismo podría nivelar la balanza comercial del país al igual que había ocurrido en Francia o Italia (Hernández, 2007).
Figura 11. Cartel con el primer slogan turístico español (Izquierda). Exposición Ibero-
Americana de Sevilla (Arrinba) y Exposición Internacional de Barcelona de 1929 (Abajo)
Durante la Segunda República Española se verá lastrado el crecimiento turístico debido a la crisis económica resultante del Crack del año 29 y la inestabilidad política de los años venideros. Durante este periodo, el Gobierno de La República regula, mediante la publicación de una Orden Ministerial de 23 de enero de 1934, el desembarco de extranjeros en las Islas Baleares. En ese mismo año, por otra O.M. de 12 de noviembre, se crean los sindicatos del
turismo. El siguiente año, por Decreto de 7 de junio de 1935, se destina a la Guardia Civil como
Cuerpo encargado del Registro de Entradas y Salidas de viajeros en los establecimientos turísticos (Cruz, 2001). Posteriormente, durante la Guerra Civil Española (1936-1939) se detiene el desarrollo turístico del país. Tras esta contienda bélica, el nuevo régimen militar publica, el 8 de abril de 1939, una Orden Ministerial de Gobernación, creando el Servicio
Nacional del Turismo encargado de ejecutar las normas de apertura, clasificación y fijación de
los precios de la industria hotelera. El uno de mayo de este mismo año, mediante otra Orden del Ministerio de Organización y Acción Judicial, se reglamentó la hostelería, cafés y bares (Cruz, 2001).
Debido a la penosa situación de la economía española tras la Guerra Civil, se recurre al turismo como elemento capaz de producir las divisas suficientes para la modernización e industrialización del país. Por tal motivo a partir de la década de los años 50, motivado por el incremento del estado del bienestar en los países occidentales, comienza a desarrollarse de nuevo el turismo. En el año 1951 se crea el Ministerio de Información y Turismo, el cual sustituyó a la Dirección General de Turismo, dependiente del Ministerio de Fomento. Como hecho relevante, el cual fue transcendental para el desarrollo económico del país y por lo tanto para el desarrollo turístico, se firma el Pacto Económico-Militar Hispano-Americano el 27 de septiembre de 1953. Mediante este pacto, España recibió ayuda económica a cambio de facilitar la instalación de bases militares americanas en su territorio. El 15 de diciembre de 1955, España es admitida en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En 1959, España ingresa en la actual Organización Europea de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), (Cruz, 2001). En esta época, se promueve desde el gobierno el Plan de Estabilización y Liberalización de la Economía, basado en la economía de mercado, rompiendo con el anterior sistema económico autocrático y militar anterior (Cruz, 2001), hecho que marcaría el comienzo del boom turístico en España.
En la década de los años 60, se produce una explosión en el desarrollo turístico español, configurándose el turismo de masas tal y como lo conocemos en la actualidad. En 1962, el
Decreto 2298/1962 crearía la Subsecretaría de Turismo dentro del Ministerio de Información y Turismo. Poco después se crearía el Instituto de Estudios Turísticos y la Escuela Oficial de Turismo. Este impulso estuvo motivado por factores externos, como el incremento del poder
adquisitivo de la clase media en la Europa occidental, o factores internos, como el bajo coste de la mano de obra, o el desarrollo de las infraestructuras. Estos hechos dieron lugar al fuerte desarrollo de cuatro destinos turísticos costeros (DTC), las Islas Canarias, las Baleares, la Costa del Sol y la Costa Brava. El boom de la construcción turística en España tiene lugar en la década de los años 60, y su origen en el litoral mediterráneo, las Islas Canarias y Baleares. Este boom constructivo dio lugar a una gran transformación económica y social en estas regiones. Pequeñas poblaciones costeras se transformaron en modernas ciudades dedicadas al placer y al ocio, perdiendo su carácter tradicional, y en muchos casos, reduciendo a la mínima expresión los núcleos urbanos tradicionales respecto de la nueva urbanización turística.
En la mayoría de los casos, debido a la novedad del fenómeno, a la falta de experiencia y a una falta de ordenación y planificación turística, se generó un gran desorden urbanístico que dio lugar a urbanizaciones que mezclaban casas unifamiliares con altos edificios de apartamentos, lo que dio lugar a un desorden urbanístico sin precedentes alimentado por la especulación del suelo (Fernández, 1991). En Canarias, la actividad constructora-inmobiliaria
turística se desarrolló al margen de las necesidades de la población. Destacó la carencia de una planificación, de ordenación y control del suelo, produciendo desequilibrios sociales, laborales y económicos, los cuales se han venido agravando con el paso del tiempo, debido a la fuerte inmigración extranjera (Cruz, 2001). Tampoco favoreció la Ley de 1956 sobre
Régimen del Suelo Urbano, reformada en 1975 y aplicada al turismo. Esta Ley favoreció la la
masificación de las costas canarias, en las cuales habría que haber aplicado una legislación más acorde con el limitado territorio Canario (Cruz, 2001).
Uno de los fracasos de la administración fue la Ordenación del Territorio, lo que impidió un desarrollo urbanístico y turístico equilibrado, dando lugar a un gran descontrol urbano y a la masificación actual del litoral. La Ley de Régimen del Suelo de 1956 tenía como finalidad regular los procesos de transformación del suelo, en función de las necesidades de la población residente, por lo que era inadecuada para regular el desarrollo urbano turístico. Los planes de ordenación urbana se organizaban en cascada de la siguiente forma, desde el plan
general, el cual se desarrollaba mediante proyectos de urbanización o de ejecución de
infraestructuras, y finalmente se ejecutaban los Proyectos de Edificación. Estos planes podían llegar a ser acometidos simultáneamente. Esto dio lugar a que se desarrollaran Planes Generales con el único objetivo de facilitar el desarrollo turístico, permitiendo incluso la transformación del suelo rústico en urbano con la simple redacción del plan general de ordenación. Esta situación se verá beneficiada por una falta de tratamiento del suelo rústico, y una falta de protección del paisaje, la flora, la fauna y el patrimonio, lo que ayudó aún más a una rápida degradación de las costas (Cruz, 2001).
Debido a la entrada de capitales extranjeros en el negocio turístico, los precios de los terrenos costeros, próximos a lugares de interés turístico como playas, pronto aumentaron exponencialmente sus precios. Uno de los efectos de la entrada de capital extranjero en las inversiones turísticas, dio lugar a que gran cantidad de suelo turístico pasase a manos foráneas con la compra de terrenos y viviendas. Esto llegó a suponer una preocupación para el gobierno, especialmente en determinadas zonas como Mallorca.
Estos hechos, sumado a la permisividad de los ayuntamientos, dieron lugar a que las construcciones turísticas que en un primer momento no sobrepasaban las cuatro plantas de altura, pronto se elevaran hasta las veinticinco plantas, e incluso llegando a sobrepasar la treintena en algunos casos. Esto se debió en parte a una falta de preparación técnico-turística, mediante la cual dar respuesta a un urbanismo complejo, y de rápido crecimiento en el que entraran en juego las infraestructuras, los abastecimientos y los servicios. La falta de experiencia, sumada a la especulación del suelo y a la corrupción de las administraciones locales, dio como resultado un desorden urbanístico compuesto por construcciones mastodónticas y murallas de cemento, las cuales no respetaron los planes de ordenación territorial o urbanísticos existentes. Debido a la gran transformación que muchas localidades costeras llegaron a sufrir en tan sólo diez años, podemos considerar a la década de los años 60 como la década revolucionaria del turismo (Fernández, 1991).
Toda esta vorágine constructiva, atrajo hacia las costas a gran cantidad de población, para trabajar en la construcción y en los servicios turísticos que se iban estableciendo. Este hecho, dio lugar a que se desarrollaran, en los entornos de las nuevas urbanizaciones turísticas, colonias y zonas residenciales para acoger a esta creciente población. Además, la construcción de todos los establecimientos de alojamiento turístico trajo consigo nuevas infraestructuras dedicadas al ocio, las cuales complementaban la oferta residencial. Estas instalaciones consistieron en como campos de golf, puertos deportivos, instalaciones deportivas, centros comerciales, locales de ocio nocturno, parques temáticos, etc.
La década de los años 70 sería marcada por la crisis del petróleo y la inestabilidad política de los últimos años de la dictadura, lo que desembocaría en un descenso sustancial del número de turistas. La posterior transición hacia una monarquía parlamentaria y la entrada de España en la Unión Europea favorecería de nuevo el desarrollo turístico del país. En 1975 tuvo lugar la primera reunión de la Asamblea General de la Organización Mundial del Turismo (OMT), celebrada en Madrid, y eligiendo a esta ciudad como sede de la organización. La secretaría General de la OMT se instala en Madrid el 1 de Enero de 1976.
A finales de los años 80, se produce una crisis del modelo tradicional de turismo de sol y playa, por lo que se comienzan a desarrollar políticas que intentan contrarrestar el desplome turístico. Estas políticas tenían como objetivo potenciar un turismo de calidad y la diversificación de la oferta turística, mediante el desarrollo de parques temáticos, campos de golf, puertos deportivos, etc., reduciendo la rigidez del sector. Por otro lado, mediante la creación de turoperadores nacionales se disminuyó la dependencia del exterior. En estos años se comienza también a tomar conciencia de la necesidad de preservar la calidad medioambiental.
Durante los años 90, se produce un nuevo boom turístico. En esta década se redacta el Libro
Blanco del Turismo (1990), en el cual se expone como debe de ser el nuevo modelo de
desarrollo turístico. En el año 1992 tienen lugar la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona, eventos los cuales consolidarían la imagen turística española en todo el mundo. España se consolidará de esta forma como uno de los países turísticos líderes a nivel mundial, potenciando su oferta y su imagen. En esta década, con la redacción de las nuevas leyes sobre planes de ordenación del territorio y suelo rústico, y las declaraciones de espacios naturales y su protección, se dará un gran paso en la recuperación del medio ambiente y los espacios naturales (Cruz, 2001).
Con la entrada del nuevo milenio, se tiene ya conciencia de los desequilibrios medioambientales que han producido el desarrollo turístico, y la recuperación medioambiental pasa a ser una prioridad de todas las administraciones. Durante la crisis financiera que se produce a partir del año 2008, el sector turístico casi no se verá afectado y pasará a ser un sector clave para la recuperación de la economía española.
Es evidente el impacto que el turismo ha tenido en el desarrollo urbanístico de las zonas costeras del Mediterráneo, las Islas Canarias y Baleares, debido a que los alojamientos turísticos son la pieza fundamental que permite la recepción de turistas. Todo este conglomerado de urbanizaciones turísticas costeras ha ido creando una gran conurbación litoral especializada en el consumo del ocio, lo cual ha dado lugar a la configuración de una nueva geografía humana (Fernández, 1991). Recientemente, tras la crisis financiera internacional, y el estallido de la burbuja inmobiliaria a partir del año 2007, se pondrá de manifiesto los desequilibrios del sector turístico español, debido a su vinculación y alta dependencia respecto al sector inmobiliario y de la construcción.