3. LUZ DEL REINO DE DIOS
3.1. De la Pía unión a las Religiosas de Jesús María
Ante la experiencia que vio con sus ojos y la situación social de Francia, el Padre André conoció los peligros a los que estaban expuestos los niños y jóvenes huérfanos que se encontraban abandonados; por ello, crea en 1816 la asociación llamada “La Pía Unión” que agrupaba a señoritas y jóvenes mujeres; posteriormente, algunas de ellas serían reunidas en una congregación religiosa bajo el vocablo de “Damas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María”81
, hoy conocidas como Religiosas de Jesús María y cuya primera superiora fue Claudine Thévenet.
Esta asociación se inscribe en el contexto de la segunda Restauración en Francia82, respondiendo a la juventud huérfana y abandonada que vagaban en la aventura y la ociosidad, debido a que numerosos padres de familia habían fallecido como consecuencia de la guerra, y con ello, se unía una insuficiente instrucción religiosa y académica83.
La misión principal de André Coindre, en un primer momento, fue reunir a estas niñas y señoritas para ponerlas a salvo, prepararlas en un oficio y formarlas en ser futuras madres de familia. Para lograrlo, pone bajo las manos de Claudine una primera providencia con la naciente asociación de señoritas, que luego condujo a la fundación de una nueva providencia y una nueva congregación religiosa; el Padre André Coindre se lo había revelado como proyecto: “Hija mía, el cielo te ha elegido para llevar adelante esta
hermosa obra; responde generosamente a su llamada”84.
80
Cfr. Stanislás, op. cit., 10-11.
81
Para el Capítulo general de 1841, adoptarán el nombre que tienen oficialmente: Religiosas de Jesús-María para no ser confundidas con las Damas del Sagrado Corazón de la Madre Sofía Barat. (Cfr. STANISLÁS, op. cit., pág. 20.)
82
Cfr. Ribaut y Dussault, André Coindre - Escritos y documentos 4: La Pía Unión, 6.
83
Cfr. Stanislás, op. cit., 19.
84
Claudine Thévenet85 nació en 1774 en la ciudad de Lyon. Fue hija de Filiberto Thévenet, negociante, y de María Antonieta Guyot; pertenecían a una de las familias características de la burguesía lionesa de fines del Siglo XVIII. Ella fue la segunda de siete hermanos, se caracterizaba por ser una niña con un corazón lleno de bondad86.
Sus estudios los inició como alumna interna en la abadía de San Pedro, monasterio que la acoge entre los ocho y los nueve años. Aprendió nociones de literatura e historia, se formó en la ortografía correcta, el manejo hábil de la aguja y desarrolló el amor al orden y cuidado de las cosas. En su juventud ve la ejecución y muerte de sus dos hermanos mayores en la revuelta de Lyon en 1794, evento que marcó su vida y fue signo del llamado de Dios al amor y servicio de las niñas y jóvenes francesas87.
Pertenecía a la Cofradía del Sagrado Corazón de Jesús en la parroquia de San Bruno de los Cartujos de Lyon. Allí conoció al Padre André Coindre que, después de su ordenación y de estar en la parroquia de Nuestra Señora de Bourg-en-Bresse, es nombrado vicario en San Bruno88.
La primera respuesta de fundador del Padre André Coindre fue recoger, llenó de compasión, en los alrededores de la iglesia de Saint-Nizier, a dos niñas que estaban hambrientas y tiritaban de frío, las cuales llevó consigo. Sin saber qué hacer con ellas, siguió el consejo del párroco llevándolas a Claudine Thévenet; ella las acogió, las consoló y les dio de comer. Esta situación, le llevó a sentir en lo profundo de su corazón que se trataba no sólo de una obra de piedad89.
El Padre André les propuso, a ella y otras mujeres, organizarse en la Asociación de señoras de la parroquia con el fin de sostener económicamente esta nueva obra, que se trasladó a una celda de los Cartujos con el nombre de la “Providencia de San Bruno”. Se reunieron
85
Muere el 3 de febrero de 1837. El Papa Juan Pablo II la beatificó el 4 de octubre de 1981 y la canonizó el 21 de marzo de 1993 (Cfr. Homy, op. cit., 65).
86
Cfr. Homy, Claudine Thévenet: Lyon 1774-1837, 9-10.
87 Cfr. Ibíd., 15-21. 88 Cfr. Ibíd., 25-26. 89 Cfr. Ibíd., 26-27.
bajo la advocación del Sagrado Corazón de Jesús y de María, y tuvieron como patronos a San Ignacio y San Luis Gonzaga90.
En 1818, se conmemoraba el segundo aniversario de la fundación de la Asociación. En la mañana, el Padre André celebró la Eucaristía y reunió la asamblea; nuevamente, en la tarde, Coindre presidía una segunda reunión convocándolas para tratar un asunto importante, les habló de los elevados fines de la Asociación “con aquella autoridad y decisión que revelan
la inspiración de lo alto”91.
Les expresó: “es necesario que sin titubear y sin tardanza os reunáis en comunidad”92; André Coindre empezó a exponerles las líneas generales de un proyecto basado en la Regla de San Agustín y en el Sumario de las Constituciones de San Ignacio. El Padre André continuó: “Dios ha ido preparando los caminos y ha señalado a Claudine Thévenet para
llevar adelante la empresa”93.
Después de esta escena, “se decide abrir un taller para la fabricación de sedas, una
segunda providencia, en la que las Damas aprovecharían las experiencias adquiridas en la de San Bruno”94. Entonces, buscaron otra casa de alquiler y contrataron a una obrera de la seda llamada Jaenne Burty95.
Una vez llegadas a la nueva Providencia de Pierres-Plantées que Claudine acababa de abrir, se revela algo de la bondad de Dios: acoger a las jóvenes, ayudarlas a crecer, curarlas de las heridas, enseñarles las cosas necesarias y útiles, y prepararlas para que puedan volar con sus propias alas96. Claudine recuerda este traslado como una noche de desolación y angustia: “Me parecía haberme comprometido en una empresa loca y presuntuosa, sin
ninguna garantía de éxito"97.
90
Cfr. RIBAUT y DUSSAULT, André Coindre - Escritos y documentos 4: La Pía Unión, 12.
91
Cfr. MONTESINOS, op. cit., 174.
92
Cfr. Homy, op. cit., 32.
93
Ibíd., 32.
94
MONTESINOS, op. cit., 174.
95
Cfr. Ibíd., 174-176.
96
Cfr. Homy, op. cit., 33-34.
97
Después de algunos meses en Pierres-Plantées, contaban con una obrera maestra de telar, doce miembros y veinte huérfanas, dos telares y un pobre mobiliario. La inquietud de André Coindre, por el lado de la juventud femenina a los pobres, había sido comunicada, recibida y encarnada98. Todas estas señoritas que habían formado parte de la Pía Unión, pertenecían a la clase burguesa y poseían una cultura y educación que las capacitaba para llevar adelante la obra; mujeres animosas, profundamente cristianas, con la experiencia de una vivencia espiritual común, una organización capaz de llevar adelante cualquier obra de caridad, especialmente para el cuidado y educación de las niñas huérfanas.
Desde 1823, con el interés de muchas jóvenes en ser religiosas, la introducción oficial a la diócesis de Le Puy y la autorización de recibir los votos simples de estas mujeres por parte del Padre André Coindre99; lograrán que la congregación de las Religiosas de Jesús-María sea reconocida y extendida por todas partes del mundo, hasta llegar actualmente a ser 1283 hermanas con presencia en 29 países, cuyo propósito es trasmitir la experiencia de amor que vivió el Padre André Coindre y Claudine Thévenet: “¡Qué bueno es Dios!” y “¡Alabados sean siempre Jesús y María!”100
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