2.2. Jorge Basadre en la dirección de la Biblioteca: 1935-1942
2.2.4. Los servicios y el público usuario
2.2.4.3. El público usuario
2.2.4.3. El público usuario
2.2.4.3. El público usuario
2.2.4.3. El público usuario
En un artículo presumiblemente también escrito por el propio Basadre y publicado en el
Boletín Bibliográfico
de octubre de 1937,199 se comentaban las características ypreferencias lectoras del público asistente a la biblioteca. Según el mismo, de mayo a agosto de ese año, se habían inscritos 153 personas como lectores visitantes, de los cuales la mayoría pertenecían a estudiantes de la Universidad Católica (75 inscritos). Cincuenta eran estudiantes de educación secundaria, y los restantes eran alumnos de universidades de provincia, postulantes a San Marcos, alumnos de las escuelas de Bellas Artes, de Agricultura y de Educación Física. Se resaltaba la falta de lectores entre los egresados de la Universidad.
La mayoría de los lectores eran jóvenes entre 17 y 24 años, predominantemente varones.
Las mujeres no llegaban a la quinta parte de los inscritos200 (solamente habían 22 mujeres
inscritas).
Además de estos lectores visitantes llamémoslos locales, la Biblioteca recibía la visita de
profesores e investigadores extranjeros que utilizaban la colección por breves periodos.201
Con respecto al público de la Universidad, el artículo destacaba que este comprendía a los estudiantes y catedráticos de las cuatro facultades que funcionaban en la Casona:
198 De la Vega de Deza, Aurora. “En torno a Basadre Bibliotecario”, en: Historia y Cultura nº 25 (2003), p.
351-368.
199 “Los intereses de los lectores en la Biblioteca Central Universitaria”,en: Boletín Bibliográfico de octubre
de 1937, p.162-166.
200 En el Perú, la Ley nº 801 de 1908 autorizó el ingreso de las mujeres a los estudios universitarios. Ya
antes de esta fecha, por lo menos dos mujeres habían empezado a acudir a las aulas universitarias. Fueron los casos de Laura Rodríguez Dulanto y de Esther Festín. Mientras que Rodríguez Dulanto siguió estudios de medicina y por medio de la Resolución Legislativa del 19 de diciembre de 1895, el Estado le asignó una subvención durante el tiempo que siguió sus estudios; Esther Festín siguió clases en la Facultad de Letras de San Marcos a fines del siglo XIX (véase Basadre, Jorge. Historia de la República. Tomo XI, p. 30).
201 En 1937 la Biblioteca recibió a los profesores Irving Leonard quien preparaba una investigación sobre el
polígrafo Pedro de Peralta y Barnuevo, a la profesora Concha Meléndez quien investigaba sobre César Vallejo, y al profesor Jefferson Rea Spell y su esposa quienes investigaban sobre la influencia de las obras de Rousseau en América hispánica.
Ciencias, Ciencias Económicas, Derecho, y Letras. En estas cuatro facultades estaban matriculados un total de 1588 estudiantes.202
Se señalaba que el promedio de asistencia diaria a la biblioteca era de 416 lectores, de los cuales, aproximadamente 320 eran estudiantes de la institución
Con relación a la conducta del público sanmarquino, el autor del artículo no tenía mayor reproche para los estudiantes en cuanto al uso que hacían del servicio de préstamo de libros para domicilio. Otra situación era la conducta de los catedráticos con relación al mismo servicio. Al respecto, hemos seleccionado el párrafo siguiente del informe del director acerca de las actividades de la Biblioteca hasta 1939:
De algunos catedráticos, cierto es, no tenemos motivo alguno de queja; por el
contrario nos ayudan, nos acompañan y nos honran. Hay otros, en cambio,
que crean serias perturbaciones en el servicio. Retienen los libros que sacan
sin consideración alguna al plazo fijado por ellos mismos; hacen pasar no sólo
meses sino años enteros sin que dichas obras puedan ser usadas por otros
lectores; pretenden tener al mismo tiempo el número de libros que ellos
quieren; y hasta convierten en resentimiento personal toda tentativa de
procurar ordenar esta situación caótica...
203
Para remediar tal situación, Basadre intentó que el rectorado apoye algún tipo de sanción económica para aquellos docentes que no devolvían a tiempo los documentos prestados de la Biblioteca.
Volviendo al artículo de 1937, se anotaba que, a pesar de la abundancia de obras en idioma extranjero, el promedio de lectoría de obras escritas en lenguas extranjeras era bastante reducido.204 Se señalaba que el porcentaje de obras consultadas en idioma
extranjero no llegaba ni al 5% del total de consultas. De este escaso porcentaje, las obras
202 Los estudiantes de la Facultad de Medicina eran para esta fecha aproximadamente 700 pero usaban
fundamentalmente los servicios de su propia biblioteca de facultad.
203 Basadre, Jorge “Informe sobre actividades de la Biblioteca hasta 1939”, en: Boletín Bibliográfico de junio
de 1940, p.145.
204 Ya en enero de 1936 el doctor Lizardo Revoredo, publicaba un artículo donde señalaba que la Biblioteca
de la Universidad tenía un problema casi sin solución que esté en sus manos. Se trataba de la poca demanda por parte del público usuario de obras en idioma extranjero. Esta baja demanda hacía que la tarea de selección de las obras por parte de la institución sea muy complicada pues “Si el libro ha de ser seleccionado en vista de su calidad, es evidente que la obtención debiera hacerse con prescindencia del idioma en que está escrito”. Revoredo se remontaba en el tiempo y señalaba que desde 1924 Zulen “confrontó el problema y decidió embarcarse en la aventura de adquirir obras escritas en los principales idiomas modernos”. Concluye Revoredo enfatizando la necesidad de extender el aprendizaje de idiomas a todos los estudiantes de “las diversas carreras universitarias y simultáneamente su más estricta idoneidad, ..son ya ineludibles” (Véase Revoredo, Lizardo. “Nota sobre un problema de nuestra Biblioteca” en: Boletín Bibliográfico deenero de 1936, p. 98-100)
en francés eran las más solicitadas, luego estaban las escritas en inglés, “mientras que el italiano y el alemán alcanzan cifras mínimas”.205
En cuanto al tipo de obras, el artículo indicaba que las más solicitadas eran los manuales o textos universitarios de autores extranjeros de las materias de biología, embriología, química, física y matemática. Estos libros eran pedidos por los alumnos de la Facultad de Ciencias. Sobre esta alta consulta de manuales o textos universitarios, se anotaba que era producto de la falta de recursos económicos de los estudiantes que les impedía la compra de textos básicos. También se sostenía que podría estar primando el hecho de aprobar los cursos con el mínimo esfuerzo y en consecuencia el estudiante buscaba aquellos libros “donde sus programas estén explicados lo más clara y directamente”.
El articulista concluía que la abundante consulta de textos y manuales se debía a la característica de la Universidad: “una fábrica de profesionales donde los manuales y textos ejercen en predominio innegable”206
Con respecto a las humanidades predominaba la consulta de obras de pedagogía, historia y filosofía. Sin embargo, las de literatura no eran las preferidas por el público quizás porque “los lectores consideran a la Biblioteca, más por lo que les pueda suministrar conocimientos útiles que por lo que les pueda entretener”.207 Un hecho singular que
destacaba el autor del artículo era la consulta de obras de medicina, a pesar que la
Facultad de Medicina contaba ya con una Biblioteca propia.208
Otro punto que Basadre trató de estimular entre su personal era la atención, no sólo a quienes asistían a la Biblioteca, sino de los que no acudían a ella. Se debía averiguar las razones para este comportamiento y tratar de remediarlo. Basadre afirmaba que se tenía que atraer a estas personas no usuarias “dándoles los libros que prefieren, si la
205 “Los intereses de los lectores en la Biblioteca Central Universitaria” en: Boletín Bibliográfico de octubre
de 1937, p.164.
206 Ibid., p.166. 207 Ibid., p.167.
208 Para 1947, el rector Sánchez informaba en su memoria anual que la biblioteca de la Facultad de
Medicina tenía 20,011 volúmenes. Nueve años después, en 1956, Cristina Duarte, bibliotecaria de la Facultad, informaba el número de volúmenes de esta biblioteca alcanzaba los 31951 volúmenes. Además se daba el servicio por medio de cinco salas de lectura con un total de 350 asientos. (Véase Duarte, Cristina. “La Biblioteca: organización técnica y servicios que presta”, en: Lastres, Juan B. y Duarte B. Cristina. La Biblioteca de la Facultad de Medicina, p. 10)
subsanación de esas deficiencias en su lectura es compatible con el espíritu y los fines de la biblioteca.”209