Economista, con Maestría en Economía Política Internacional. Investigador Principal en Comercio y Desar- rollo en el Instituto Norte-Sur, Otawa, Canadá. Entre sus investigaciones ha abordado temas como el de regionalismo, la integración energética, la infraestructura, los vínculos existentes entre las crisis financieras y la política comercial en el mundo en desarrollo.
Por lo tanto, que Estados Unidos pueda estar regido por un gobierno aún más fascistoide que el de Bush no sorprendería en lo más mínimo. Esto tiene múltiples im- plicaciones para el Sur, sobre todo para América Latina, y particularmente para aquellos países que tienen nexos económicos importantes con Estados Unidos, ya sea a través del comercio, las inversiones o las migraciones. Por lo anterior, quisiera concentrarme en cuestiones de la importancia de políticas sobre un sector específico, el sector energético.
Se habla de seguridad energética tanto en el Sur como en el Norte. La seguridad energética significa tener acceso a un suministro de electricidad y de combustible, en tiempos y precios compatibles con el modelo de desarrollo que decide tener una sociedad, ya sea a través de una decisión popular o una decisión de sus clases dominantes. Esto tiene un par de implicaciones de primer grado: la primera son las acciones en las cuales el Esta- do es el actor fundamental, acciones regulatorias, productivas, políticas, diplomáticas, etc. No solamente significa extraer el recurso de debajo de la tierra, o de los ríos, sino también significa distribuirlo de forma que esté al alcance de todos, y que además tenga continui- dad y sea predecible. Por otro lado, están las acciones privadas, que son los inversores y productores, quienes obviamente responden a políticas de precios.
Entendamos un poco lo que significa el término seguridad. Hay una definición, que podríamos llamar tradicional, que se refiere a la seguridad en un tema cuando se afecta la integridad de un país, la soberanía de orden interno; es algo que va a modificar nuestra conducta más allá de lo que queramos decidir en forma soberana y eso implica en forma autodefinida como un grupo particular.
La securitización de un tema, por ejemplo, la securitización de la energía, implica que la energía ya no es discutida como una política pública, como puede ser la política de sanidad pública, la política de educación o la política monetaria, sino que empieza a ser discutida como algo que tiene que ver con nuestra seguridad, la seguridad del tiempo, de nuestro mantenimiento. Empieza una discusión sobre cómo vamos a lidiar con algo tan fundamental para nosotros, pero también significa que los tiempos de discusión son rápidamente abreviados y quienes pueden participar en las discusiones es también refor- mateado y frecuentemente reducido.
Esto está ilustrado en las películas, que creo que muchos de nosotros habremos visto, en las cuales está el presidente o el primer ministro de un país discutiendo con una gran cantidad de ministros y de pronto se abre la puerta y entra un señor de los Servicios de Inteligencia o un señor de las Fuerzas Armadas y dice: “Señor Presidente, tenemos una situación seguridad nacional”. Entonces gran parte de los ministros se levantan y se van porque son invitados a irse, queda un grupo muy reducido de gente que muy rápidamen- te toma decisiones fundamentales.
La energía es un tema básico y continuo para actividades económicas de la socie- dad, sin la energía no vamos a tener electricidad, no vamos a tener ninguno de nuestros bienes materiales que, más allá de nuestras preferencias y de lógicas, necesitamos para mantener una vida corriente. Más técnicamente, significa una matriz particular en el consumo de combustibles y de electricidad.
La energía puede venir de represas, de centrales nucleares, de molinos para produc- ciones eólicas de energía, de centrales alimentadas por gas o por fuel oil para producir elec- tricidad, también puede venir de biocombustibles, que es algo que podemos discutir en otro
momento. Los tipos de energía que se utilizan para mantener un país en funcionamiento implican decisiones políticas, que a su vez tienen influencia en las que se tomen después.
Es muy difícil decir: “Vamos a tener una postura en nuestra política energética tratando de reducir nuestro impacto sobre el medio ambiente”, pero como la mayor parte de la electricidad viene de plantas de gases o de carbono, entonces qué vamos a hacer, podríamos construir una represa ¿Cuántos meses vamos a tardar? ¿Cómo vamos a cambiar los circuitos eléctricos para que sean compatibles? ¿Cómo vamos a cambiar la forma en que vamos a distribuir combustible? ¿O acaso se cree que es muy fácil distribuir combus- tible para las decenas de miles de estaciones de expendio de gasolina que hay en un país para los sistemas de combustión de millones de vehículos? ¿Quién va a pagar por eso? ¿Cuánto va a costar? ¿Cómo podemos cambiar nuestras conductas de consumo?
Allí están las políticas de precios. Si un gobierno no tiene políticas de precios los decide el mercado, eso estaba muy bien cuando el petróleo estaba a ocho dólares por barril, pero cuando está a 149, es otra cosa. No se trata de poner gasolina en el vehículo, sino que cuando no hay energía las fábricas cierran, la gente no tiene trabajo, tiene ham- bre y no puede mitigar a sus familias. Entonces, las políticas de precios y de distribución de energía son fundamentales al mantenimiento de otras políticas que van a preservar los intereses y las necesidades de aquellos que son más vulnerables.
Otros actores en los temas de seguridad energética son las empresas de energía, que pueden ser internacionales y multinacionales, estatales o privadas nacionales. Así como el Estado, cumplen una cantidad de funciones. En el caso del Estado, la primera función es bastante fácil de entender, regular precios, concentración, impuestos, procuración. La segunda es cómo va a cumplir su rol de propietario administrador. Es algo muy complejo.
Era muy interesante estar en La Paz, mientras el gobierno de Evo Morales en Bo- livia estaba nacionalizanado del gas, y hablar con los encargados de esa medida. Había una discusión más allá de lo ideológico, era una cuestión práctica: ¿es más fácil regular que ser dueño de algo? Es más fácil ser dueño porque eso va a permitir asegurarnos que no nos esta- fan, que no se llevan afuera el dinero que les corresponde al gobierno y al pueblo de Bolivia. O es más fácil ser regulador y no entrar en la administración básica de la empresa, ya que eso va a requerir una gran cantidad de especializaciones que en ese momento no tenían.
Las empresas multinacionales de energía básicamente se rigen por una búsqueda de extracción de recursos, si quieren reservas lo que hacen es monetizarlas, extraerlas, venderlas al precio más caro que puedan y con ese dinero comprar reservas en otro lugar y hacer lo mismo. De eso viven y de eso van a vivir siempre. Pretender otra cosa es caminar con las orejas. Existen en el mundo para cumplir una función para aquellos países que son los importadores principales de bienes energéticos y garantizan una cantidad de ven- tajas para los países consumidores. La garantía de suministros con capacidades integradas de exploración, extracción, transporte, dependen de la fortaleza de ese país consumidor. Dónde se originan depende de los recursos diplomáticos y la capacidad financiera.
En la medida que estos países, que son consumidores de energía, van perdiendo poder, naturalmente sus empresas también. No es la única razón, pero es una razón im- portante. Eso debe ser tenido en cuenta cuando se están diseñando políticas en los países en desarrollo, cuando pensamos que una multinacional se va del país si se toma una u otra acción. Muchas veces se están yendo o están llegando de acuerdo a la importancia del país
importador, por ejemplo, en el caso actual, las empresas chinas, las empresas hindúes, o, hasta hace poco, las empresas brasileras.
La lógica de trabajo de las empresas estatales es la construcción de una cartera de reservas que cumplen la función social, que no es solamente la promoción del desarrollo, sino también generar una política de seguro para que en el resto de los sectores económicos se puedan dar las posibilidades de desarrollo económico sustentable.
Por último, quisiera resaltar que dentro de la economía globalizada hay una es- pecialización creciente en distintas funciones, ya sea la explotación, los controles, el bom- beo y esto implica que sea más fácil poder deshacerse de las multinacionales, ya que se pueden mantener empresas estatales con un rol coordinador. En otras palabras, pueden subordinar a ciertas empresas privadas de energía para que cumplan funciones específicas coordinadas con los intereses nacionales de un país en desarrollo, sin tener que soportar contratos con empresas multinacionales globales.
Todo lo anterior tiene mucha relación con las posibilidades de integración. Amé- rica tiene una importancia relativa en el mundo, tiene las reservas y el consumo, pero hay un problema: estamos muy cerca de Estados Unidos. Tenemos una historia de desinte- gración subcontinental en nuestras relaciones económicas, en las que se incluyen las rela- ciones energéticas, también hay grandes discrepancias internas que hacen muy costosa la vinculación entre otros países. Tenemos antecedentes, algunos de cuña neoliberal y otros de cuñas más modernas y de avanzada, como los acuerdos que está haciendo Venezuela o también, en algunos casos, Bolivia y Ecuador.
Se puede entender la energía como algo que tiene tres posibilidades diferentes: La energía como un bien común político:
• en la cual la riqueza energética es el instru- mento de reaseguro diplomático para modificar o para mantener un referente interno. Muchas de las presentaciones que se han hecho hasta ahora sobre el nuevo orden político que se está construyendo en Venezuela, y posturas similares que se puedan conocer sobre Bolivia, hacen muy comprensible que se utilice la energía como un bien común político. Es algo natural y, a mi entender, totalmente legítimo que se utilice de esa forma y no solamente para maximizar ganancias económicas a corto plazo. La energía como un bien común económico:
• cuando la riqueza energética es custodia-
da con una póliza de seguro para el resto los sectores económicos, para mantener em- pleos, salarios y acceso a la energía que sean compatibles con metas políticas mayores. La energía como un bien comercial privado:
• cuando la riqueza energética es un bien
que puede ser comercializado libremente por los actores privados, incluso estatales, como cualquier otra riqueza natural.
El siguiente es un gráfico muy simplificado en el que presento a lo largo de un continuo la energía como un bien comercial, económico y político, y se relaciona con distintos niveles de securitización. Muy abreviado, y de una forma muy discutible -pode- mos debatir si lo desean- he colocado distintos países de Suramérica. Lo que me interesa es establecer distintas posibilidades y características que podrían tener los acuerdos de integración energética dentro del subcontinente.
La integración energética no va a ocurrir, lo que puede pasar es que cierto tipo de actores, ya sean privados o estatales, tengan más importancia que otros. Se puede hacer integración energética de derecha, una que sea más progresista, una de izquierda o una
que promueva realmente el socialismo a nivel intercontinental, pero todo depende de quién va a estar en el timón.
Quiero regresar a lo que dije al principio de mi presentación: no necesariamente una crisis significa que fuerzas progresistas van a tomar control de las instituciones polí- ticas en los países donde están ocurriendo estos problemas. También podría ocurrir que haya una radicalización hacia posturas regresivas inmediatamente después de la crisis. Puede haber modificaciones de integración descentralizada, acuerdos en medianos tér- minos de transporte marítimo, en algún ducto, o, lo que está ocurriendo ahora, que hay poder de integración subcontinental más global, políticas comunes con precios diferen- ciados y la priorización en la construcción de una red regional.
Quisiera llamar la atención sobre los efectos que hay entre los países exportadores y los importadores, tomando como caso nada más el subcontinente suramericano. Hay que ser bastante pragmático y entender que más allá de lo que está pasando en otros nive- les de una relación, si se establece una relación energética profunda con países que tienen diferente lineamiento político que el país importador, eso va a influir en la política del país exportador. Eso no es ningún misterio, particularmente decirlo en un ámbito que se encuentra físicamente en Caracas, Venezuela. Creo que los venezolanos le pueden dar lecciones a todo el mundo sobre lo que esto significa.
Lo que ocurre en las relaciones con Estados Unidos no necesariamente no va a ocurrir en las relaciones de Venezuela con otros países latinoamericanos. Tener relaciones importantes, a nivel energético, con países regidos por gobiernos muy de derecha va a influir definitivamente sobre la política venezolana, pero ésta también va a influir sobre aquellos otros países. Lo que digo sobre Venezuela, también lo estoy diciendo sobre Boli- via, sobre Ecuador y sobre Brasil, si se llega a convertir realmente en un país importante como exportador de hidrocarburos.
Entonces, hay que entender que la energía no es solamente funcional a las políticas económicas y las políticas sociales que podamos tener los países suramericanos, sino que también tiene una fuerte connotación relacional que va a afectar nuestro orden político interno. Volviendo atrás, la energía importa no solamente por lo que representa en términos de dinero, sino de distribución de los ingresos, acceso a la energía, precios, por el incentivo que genera para distintas posibilidades de industrialización. Estoy dispuesto a discutir a aquellos que piensan que la industrialización no es una meta para obtener un desarrollo y reducir nuestras debilidades frente al mundo desarrollado. Además, el tema de la energía tie- ne una gran importancia para los efectos medioambientales e incluso los efectos de género.
Securitización Desecuritización
Bien comerciable Bien común
económico Bien común político
Colombia - Perú - Paraguay - Chile - Uruguay - Argentina - Brasil - Ecuador - Bolivia - Venezuela Gráfico 1. Posiciones alternativas frente a las posibilidades de la energía