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PACHACÚTEC Y EL PAITIT

In document Operacion Paititi (página 172-176)

En su afán de engrandecer el Tawantinsuyu, el más virtuoso gobernante del imperio, el inca Pachacútec, consideró entre otras conquistas la de la selva, convencido que en ella se encontraría grandes riquezas. Mandó formar una expedición de hombres fuertes, muy bien seleccionados y con altas capacidades, la que envió por las entrañas de la selva de Madre de Dios en busca de nuevas fuentes de riqueza.

Luego de mucho tiempo la expedición regresó con la gran noticia de haber encontrado un gran yacimiento, de cuyas entrañas se podía extraer fácilmente con la mano puñados de tierra, incluyendo gran porcentaje de oro en charpas, chispas y polvo. El emperador, al comprender que era un yacimiento de fuentes incalculables del precioso metal, procedió a disponer la explotación de este fabuloso yacimiento

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PACHACÚTEC Y EL PAITITI

En su afán de engrandecer el Tawantinsuyu, el más virtuoso gobernante del imperio, el inca Pachacútec, consideró entre otras conquistas la de la selva, convencido que en ella se encontraría grandes riquezas. Mandó formar una expedición de hombres fuertes, muy bien seleccionados y con altas capacidades, la que envió por las entrañas de la selva de Madre de Dios en busca de nuevas fuentes de riqueza.

Luego de mucho tiempo la expedición regresó con la gran noticia de haber encontrado un gran yacimiento, de cuyas entrañas se podía extraer fácilmente con la mano puñados de tierra, incluyendo gran porcentaje de oro en charpas, chispas y polvo. El emperador, al comprender que era un yacimiento de fuentes incalculables del precioso metal, procedió a disponer la explotación de este fabuloso yacimiento

aurífero, enviando gente que se instaló en el lugar; formando así un regio campamento y comenzando su explotación.

Para esto, era preciso construir un camino ancho y formidable para transportar el oro al estado natural, el mismo que sería venteado en el Q'oriwayrachina, lugar situado a un costado del templo del Sol, el Qorik'ánchaj, para luego procesarlo y realizar sus obras de arte para adornar el templo.

Un camino se abrió entonces por la selva, ancho y empedrado, desde el Paititi hasta la ciudad del Cusco, por el que comenzó desde entonces a circular ingentes cargamentos de este precioso material.

Los años transcurrieron y naturalmente el campamento creció, dando lugar a la formación de una comunidad, una aldea, una ciudadela, construyendo más edificios para los trabajadores y sus familias, haciendo derroche del amarillo metal en el decoro de sus construcciones y sus templos.

Unieron luego Paititi con la ciudadela de Machupijchu, por otro camino empedrado con las mismas características de un metro y medio a

dos de ancho, haciendo lo mismo con el Mauk'allacta, especie de adoratorio que se ubica en las inmediaciones de Tres Cruces de Paucartambo, lugar de regocijo y culto al dios Sol que mandara construir el referido inca, luego de haber comenzado a explotar el Paititi.

Posteriormente se sucedieron los emperadores hasta la división del mando entre los hermanos Huáscar y Atahuallpa, yéndose este último al Norte para fundar ahí un subimperio. Construyó otro camino desde Paititi hasta Cajamarca con las mismas características que los anteriores, completando con éste los cuatro caminos del imperio que convergen en el Paititi.

Con el oro extraído de la ciudad dorada de los incas, justifica claramente la abrumadora cantidad de adornos auríferos con que decoraron el Qoricancha, hasta hacer las efigies de dieciocho incas de porte natural y en oro macizo, construidos con infinidad de piezas a manera de un rompecabezas en volumen, representando a los emperadores que tuvo el imperio. El jardín de oro del templo, el disco gigante de oro, representando a su máxima divinidad el Sol, y cuanta obra de arte encerraba el templo del dios del Tawantinsuyu, el imperio más grande y poderoso de estas latitudes.

aurífero, enviando gente que se instaló en el lugar; formando así un regio campamento y comenzando su explotación.

Para esto, era preciso construir un camino ancho y formidable para transportar el oro al estado natural, el mismo que sería venteado en el Q'oriwayrachina, lugar situado a un costado del templo del Sol, el Qorik'ánchaj, para luego procesarlo y realizar sus obras de arte para adornar el templo.

Un camino se abrió entonces por la selva, ancho y empedrado, desde el Paititi hasta la ciudad del Cusco, por el que comenzó desde entonces a circular ingentes cargamentos de este precioso material.

Los años transcurrieron y naturalmente el campamento creció, dando lugar a la formación de una comunidad, una aldea, una ciudadela, construyendo más edificios para los trabajadores y sus familias, haciendo derroche del amarillo metal en el decoro de sus construcciones y sus templos.

Unieron luego Paititi con la ciudadela de Machupijchu, por otro camino empedrado con las mismas características de un metro y medio a

dos de ancho, haciendo lo mismo con el Mauk'allacta, especie de adoratorio que se ubica en las inmediaciones de Tres Cruces de Paucartambo, lugar de regocijo y culto al dios Sol que mandara construir el referido inca, luego de haber comenzado a explotar el Paititi.

Posteriormente se sucedieron los emperadores hasta la división del mando entre los hermanos Huáscar y Atahuallpa, yéndose este último al Norte para fundar ahí un subimperio. Construyó otro camino desde Paititi hasta Cajamarca con las mismas características que los anteriores, completando con éste los cuatro caminos del imperio que convergen en el Paititi.

Con el oro extraído de la ciudad dorada de los incas, justifica claramente la abrumadora cantidad de adornos auríferos con que decoraron el Qoricancha, hasta hacer las efigies de dieciocho incas de porte natural y en oro macizo, construidos con infinidad de piezas a manera de un rompecabezas en volumen, representando a los emperadores que tuvo el imperio. El jardín de oro del templo, el disco gigante de oro, representando a su máxima divinidad el Sol, y cuanta obra de arte encerraba el templo del dios del Tawantinsuyu, el imperio más grande y poderoso de estas latitudes.

Los conquistadores españoles cargaron al viejo mundo embarcaciones con la gran riqueza incaica, pero con ello no hicieron más que llevar lo que quedara desapercibido en el afán de fugar con lo más valioso, evitando así que los más importantes elementos cayeran en las garras rapaces de los invasores. Si los conquistadores llevaron a su país tanta riqueza, que el imperio español se colocó en la cúspide del poderío europeo, no fue sino solamente una tercera parte de lo que el imperio de los incas poseía. La mayor parte fue puesta a salvo en las entrañas de la selva, justamente ahí, en su origen, el Paititi; que se convirtió en el fortín donde llevaron las grandes riquezas, ya que consideraban el lugar más seguro.

Así terminaba la lectura de este curioso e informal documento, como lo hacía también la tarde rojiza que marcaba la hora de retirarse. Con la batería de informaciones bien alimentada acompañaba al tío hasta su domicilio, la casa de sus hijos y de sus nietos, donde éramos convidados a servirnos el té con galletas y panqueques a la misma usanza de las haciendas de antaño.

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