2. PROCESO DE FORMACIÓN COMUNITARIA “COMUNIDAD PANCHE”
2.1 PANCHES DE HOY: CONFIGURACIÓN DE LOS NUEVOS PANCHES
Si nosotros nos reconocemos Panche y así nos reconoce el territorio es nuestra comunidad y es lo que nosotros sentimos y así como cada uno tiene su nombre y por algo lo tiene, y en si es su nombre, es su camino, es su guiar y es lo que nos dice que somos. (Leidy Hernández, Entrevista 4, integrante del proceso comunitario)
En zona rural del municipio de Sasaima, vereda “El Mojón”, en el año 2008 de tres jóvenes, Yhon, Diego y Fabián hablaron sobre la intensión de la reconstruir y recuperar la memoria ancestral del pueblo indígena extinto, el pueblo Panche que habitó en los territorios de Sasaima y demás municipios del departamento de Cundinamarca.
A partir de la historia oficial impuesta del pueblo Panche y la lucha por superar la posible deslegitimación del proceso de auto-reconocimiento como comunidad indígena, presentando constante tensión entre el pasado de un pueblo extinto y el presente moderno-mestizo, integrando resistencias con la historia del indígena del pasado, también se presentan desafíos ante la identidad como comunidad desde su origen mestizo y su autoreconocimiento como indígenas, de tal manera que esta tensión es trasversal a todo el proceso por probar y legitimar su existencia como comunidad indígena y sus anteriores identidades de mestizos campesinos-urbanos y su cotidianidad con la modernidad.
De igual manera, como se ha venido hablando hasta el momento no podemos dejar de mencionar que este grupo reconoce la recuperación de la memoria de un pueblo extinto desde la colonia, desde el sentido de recuperar un conocimiento escondido al interior del territorio sin que
lo supieran antes de iniciar el proceso, que hace parte del “despertar” de recuperar un conocimiento ancestral que estaba latente guardado en el territorio y en las familias:
“La tradición que viene de atrás lo que traes dentro de ti, eso tejido eso que no es bonito lo que yo te decía lo que buscamos con esto desde nuestros abuelos sí que es esa sabiduría de las plantas, la medicina, si la labor de los tejidos, el arte, la ciencia y el buen vivir”. (Diego Hernández, Entrevista 7, fundador del proceso comunitario)
La responsabilidad que conlleva este interés, residió en poder recuperar desde la cosmovisión el legado y partir desde allí su recuperación cultural; esto da cuenta de una resistencia cultural de una comunidad, que las prácticas ancestrales han transformado sus acciones en la cotidianidad de la vida familiar, se presenta desafíos para sus integrantes en la manera de reconstruir y deconstruir la visión de mundo que ha estado presente en su mente por muchos décadas, por referentes complejamente diversos y diferentes relacionados con prácticas ancestrales, nuevas formas de ver el mundo y el construir de una comunidad con interés y objetivos comunes, la manera de relacionarse con éste, los roles y funciones en la comunidad, la subsistencia económica, entre muchas otras que implican transgresiones a la cultura y orden establecido, a partir de eso, se puede evidenciar que el proceso ya no era solo revivir un camino indígena de un pueblo perdido, sino también, la búsqueda de prácticas de vida saludable y alternativa.
Las características presentadas anteriormente podrían hacer parte de un proceso de neoindigenismo como de neocriollismo en la conformación de los nuevos Panches. Este último no es más que una reelaboración del concepto de “criollismo” elaborado por Langebaeck, para quien es “(…) el proceso mediante el cual el criollo acepta como propios rasgos que se consideran auténticos en el indígena y los utiliza en las relaciones coloniales en las cuales se
encuentra inmerso” (Langebaeck, 2009, Pág. 13) . Para ello, el criollo construye una valoración positiva del indio. En épocas actuales, aunque aparentemente el colonialismo es cosa del pasado, ciertos fantasmas se hacen presentes y aportan a la construcción del indígena como una alteridad necesaria para nuevos procesos de identificación y de anclaje con la historia, teniendo en cuenta que los integrante del proceso no son indígenas, no tienen descendencia indígena, algunos de ellos sin tener ancestros en el territorio que los relacionará con el pueblo, tienen un deseo profundo por una suerte de tradición ancestral que pareciera se encuentra oculta por el paso del tiempo en el territorio y que mantiene este deseo y necesidad de búsqueda. Son pocos los que son de Sasaima y aún más de esta zona rural, siendo descendientes de campesinos con estilos de vida rural, otros integrantes con vida urbana con profesiones y trabajos inmersos en el capitalismo, que un día deciden caminar en busca de un nuevo estilo de vida. Estos deseos e intereses de cada uno de los integrantes fueron el motor para la gestación de este proceso: Veamos lo expuesto en palabras de Fabián Morera:
“Tengo dentro de mi ser, desde mi genética tengo linaje Panche, un Panche de hoy, es un Panche mestizo, ya no hay un Panche que sea netamente Panche, de sangre Panche, que esté vivo, no, pero si se empieza a sentir, digamos, yo me siento Panche, y me dicen ¿Usted es Panche? Sí, yo me siento Panche, me siento indio, porque vivo en Dios, porque vivo la construcción de la evolución física y espiritual, porque vivo haciendo el trabajo que hacían mis antepasados, porque estoy recuperando la memoria ancestral, porque sé que significa o qué función cumple un cerro, o ese cerro dentro del territorio Panche, o sé que función cumple esa laguna dentro del territorio, o sé que función cumple esa piedra que tiene esas figuras talladas dentro del territorio Panche, eso me hace ser Panche, me hace sentir ese ser que está cuidando y está rezando por el territorio y por la humanidad”. (Fabián Morera, Entrevista proceso comunitario)
A partir de las características del proceso, se evidencia la formación de una comunidad alternativa una nueva forma de vida alternativa y saludable con cierto tipo de dinámicas comunitarias que se entretejen entre un grupo de personas, renuncio a costumbres culturalmente
arraigadas a la vida cotidiana y se crean vínculos y relaciones humanas a partir de la ayuda mutua y de las estimulación de ser mejores personas, de nuevos lazos sociales, de acciones de reciprocidad, de metas, de propósitos e intereses comunes, de convivencia armoniosa, entre otras acciones de origen campesino e indígena, en donde se expresa que su forma de vinculación y orientación provienen de bases y criterios comunitarios que les permitieron dar este paso. Si bien la creación de la comunidad se estableció a partir de estrategias solidarias y acciones colectivas posibilitaron la configuración de una comunidad ligados a partir de modos de vida y vínculos comunitarios relacionados a un territorio, a la justicia y el sentir de un futuro colectivo (donde se construye el presente y el futuro) como una comunidad constituida, siendo una alternativa ante las apuestas del modelo social y del sistema económico imperante en la sociedad, el capitalismo, se constituye como una gran fuerza colectiva que resiste ante las dinámicas económicas y políticas que se imponen a impulsar el acelere de la vida en la urbe.
Estas personas ven en el campo y en la agricultura como un nuevo proceso y no como una involución en sus vidas, además de convertirse en un nuevo modo de vida alternativo, a partir del sentido de pertenencia, basado en el cuidado y el respeto por la naturaleza, economías justas y la sustentabilidad alimenticia, la minga (trabajo comunitario), además del uso de materiales ecológicos para el cuidado y la preservación del medio ambiente.