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Panofsky, Erwin El significado de las artes visuales Ed Alianza forma, Madrid, 1985 pág

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Lo Bello y lo Feo

2 Panofsky, Erwin El significado de las artes visuales Ed Alianza forma, Madrid, 1985 pág

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las proporciones al nivel de una ciencia empírica, utilizando la observación como su gran instrumento y le abre a la antropometría nuevos horizontes, pues se concentra en investigar los mecanismos anatómicos del cuerpo. Por otro lado, los Mayas reflejaban el canon de la belleza según el estilo de vida y su cultura, por medio de la cerámica, pinturas, dibujos en fresco o en papel, esculturas, bajo y alto relieve en piedras, jade, hueso, barro o madera. Asimismo la tradición de sus obras se centraba en las formas y gestos de sus caras y en la decoración de sus cuerpos para llegar a parecerse a sus dioses. De esta manera, el canon de belleza que estaba impuesto en su cultura con- sistía en la deformación craneal, perforación de los lóbulos de las orejas, perforación en el tabique nasal, pintura facial, incrustaciones y mutilación dental, peinados, tatuajes y escarificaciones, entre otros.

La manera como llegaban a deformar sus cráneos era provocado porque al momento de nacer los niños, les amarraban en su cabeza dos tablas para que bien quedaran altas, anchas o cortas y así alcanzar su ideal o patrón de belleza. Asimismo, se auto provocaban estrabismo, amarrándole a la cabeza de los bebes una coleta en la frente con accesorios redondos que podrían ser de piedra, arcilla o cera; y con esto lograban dicha característica, ya que era considerada como un símbolo de elegancia por ser un atributo del

Dios del sol.

Y así sucesivamente podemos enumerar infinidad de estilos, patrones, me- didas, cánones, proporciones, sistemas, ismos y demás tipo de cualidades o características que pueden definir un estilo o un lineamiento de belleza o estética. Todas las corrientes artísticas hasta nuestros días, la aparición de la publicidad, los medios masivos de comunicación, etc. Han sido quienes han determinado un modelo a seguir, estableciendo según las corrientes, tendencias, modas o un sin número de factores los ejes de la belleza para nuestras sociedades.

El paso del tiempo influye también, la aparición de más y mejores medios especializados en belleza y la manera como se liga con el bienestar en nues- tros días. Hace ochenta años, la belleza era diferente a lo que es hoy en día o

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hace cincuenta años, lo que ha hecho que la belleza sea aún más considera- da como relativa o como un parámetro con vigencia y que puede, cambiar, mutar, reproducirse, etc.

Ahora bien, la definición de lo bello puede ser armonía y perfección que inspira encanto, medida y orden, simetría, proporción, calidad (…) Bello es y ha sido, para todas las civilizaciones cualquier condición moral que se inspire en el criterio de la medida.

La belleza siempre ha tenido en su interior su opuesto lo feo ya que estos dos conceptos se complementan el uno del otro en cualquier entorno, ser o naturaleza. Nada en el mundo es perfecto ni bello, siempre hallaremos algo bello con defectos que de igual manera va a fascinar, encantar o funcionar. Si con todo lo que nos tropezáramos en nuestro contexto fuera bello, sería aburrido, pues para que exista la belleza es preciso encontrar el caos. Estas dos nociones se necesitan la una de la otra para poder establecer impacto, para poder crear algo realmente bueno y si no están juntas siempre va a hacer falta algún componente y se verá insípido o sin gracia.

No todo en el arte debe ser bello, pues si en una pintura encontramos un rostro deforme o con alguna anomalía (con un cuello muy largo, los ojos muy pegados a la nariz, la nariz muy grande para el rostro (…)), va a causar impacto y será atrayente para el público. De la misma manera, se encon- trarán varias tensiones dentro de la obra y esto será lo que cause contro- versia, pues habrá crítica en tanto haya de qué hablar y puede que algunos estén de acuerdo y otros no; o que a algunos les guste y a otros no. De ahí lo subjetivo del asunto.

“Lo feo es desorden que asume también la apariencia del error y del mal”3

De esta manera, lo feo representa lo negativo (el error y el mal), mientras que lo verdadero (lo bueno y lo bello). En lo estrictamente concerniente a lo feo, el caos está totalmente apartado del orden.

Es como si lo feo y lo bonito adquirieran mayor significado al momento

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de establecer juicios de valor, como si se polarizara todo al respecto. Sin embargo, no siempre lo feo es negativo ni lo bonito es positivo necesari- amente, es un aspecto que toca todos los aspectos de la vida dentro de una, digámoslo así, escala de valores que desde pequeños ha sido insertada en nuestro cerebro.

Todos identificamos el blanco y el negro como los opuestos naturales y se- guramente tengamos claro lo que ambos significan, señalizan o simbolizan, sin embargo y por muy apartados que estén el uno del otro, es esta la opor- tunidad de cuestionar si realmente el blanco significa y reúne todo lo que creemos y viceversa.

De esta manera, me pregunto, ¿Qué es lo feo en mi obra? ¿Será más fea al segmentarla? ¿Es aun más feo al intercambiar piezas de una cabeza a otra? ¿El descomponer una obra exagerada hará que aparezca fea ante los ojos de los demás? ¿La desproporción y diferencia de características entre uno y otro modelo logrará que llegue la obra como un todo a ser considerada fea? Lo feo lo encuentro como la falta del orden y lo extraño por la carencia de la forma, es decir que si en estos retratos no existiera el movimiento y la seg- mentación de los mismos, no se encontraría “feo” porque tendrían orden y forma. Pero al haberlos segmentado y que estos se empiecen a desordenar, se verán feos porque no tendrán un orden y esto es lo que va a causar el efecto de la deformación, ya que los retratos se empezarán a mezclar entre sí. Además, la forma en la que pinto es grotesca, entonces ¿Cómo se verán cuatro retratos grotescos mezclados?

“Como algo discordante y extraño”4 por su falta de forma y coherencia,

nos incita la atracción de lo feo, ya que nos suscita el desorden, el error y el mal. La ausencia de una aparente lógica, la aparición de una nueva ima- gen que tal vez no se sintetice del todo y tal vez un desorden ligeramente atractivo. Lo normal sería seguir un patrón establecido y apreciar la belleza como el concepto que creemos que es, como esa calma que aparece ante nuestros ojos; sin embargo, el reto es encontrar dicha paz, dicha belleza en

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su antónimo, eso que se parece malo, feo, mezquino. Y por mucho que parezca, habría que abrir los ojos para establecer un juicio más abierto y menos estandarizado.

El retrato por la carencia de forma y de unidad crea una atracción hacia la apariencia o aspecto de la imagen, ya que uno busca fundirse o meterse en el cuadro para entender y asimilar cada parte que lo componen.

Asimismo, lo feo es como un ingrediente que le hace falta a lo bello, pues sería como la sal que eliminará la insipidez e incrementará su intensidad expresiva. Ya que lo bello absorberá lo feo y así estas dos nociones se inte- gran creando una forma excitante o llamativa por ser grotesca.

“En la creación no todo es humanamente bello, que en ella lo feo existe al lado de lo bello, lo deforme cerca de lo gracioso, lo grotesco en el reverso de lo sublime, el mal con el bien, la sombra con la luz. (…)”5

En la naturaleza también encontramos lo bello y lo feo, pues existe la belleza en las flores, los mares, los ríos, los bosques, los animales; pero en ella en- contramos lo feo también como las catástrofes, los terremotos, maremotos, tormentas (…) pero que son esenciales para crear armonía.

Por mencionar otro ejemplo de lo bello y lo feo podría traer a colación las obras literarias de William Shakespeare, ya que ninguna de éstas tiene un final feliz y una belleza absoluta, pues siempre encontraremos la muerte, el mal y el caos que es lo que complementa sus obras y sin embargo, todos esos ingredientes hacen que estas sean exquisitas, mundialmente famosas y referentes obligados al hablar de literatura.

Del mismo modo, en el cristianismo encontramos la belleza en un Dios su- friente pues lo encontramos crucificado, masacrado, maltratado, torturado por látigos y una corona de espinas. Un Dios que ha sido humillado y rep- resenta a un Cristo feo, pues no tuvo la belleza física que se puede alcanzar a idealizar y de ese modo, esta fealdad crea nuestra salvación y belleza para

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salvar la humanidad del pecado. Como decir lo feo dentro de lo bonito para ser más coloquial.

Pero en el arte lo feo mantiene las formas individuales, pues no las encontra- mos olvidadas ni dispersas ya que se encuentran incrustadas en la obra mis- ma, por tanto, es una única imagen que va a quedar retratada y no cambiará. Otro gran ejemplo de fealdad podría ser el jorobado de Notre-Dame, es un ser deforme totalmente opuesto a lo bello, por tanto es un personaje feo-bello que físicamente es feo, pero en su interior es una persona bella y buena, “lo bello es feo, lo feo es bello”6 Como todo lo bueno no es perfecto

está cubierto por una manta nublada repugnante que la complementa. Y es aquí donde todo eso que causaba repulsión, es ahora asimilado de una manera mucho más abierta y objetiva. El poder encontrar algo bueno den- tro de lo malo, hace que todo sea analizado con otros ojos y estudiado con otra perspectiva, como si se tratara de la digestión de todas esas ideas y conceptos. Se pierde un poco la escandalización y la reserva con el fin de encontrar y entender ese equilibrio que tienen los seres y las cosas que nos rodean, ese complemento que no hace que todo sea desequilibrado hacia un lado en particular.

En palabras de Baudelaire, la belleza no sólo contiene lo sucio y lo repulsivo, sino que, además, está más allá del bien y del mal moral. “Sus ojos hundidos, de Musa enferma, poblados de visiones nocturnas, se reflejan «alternativa- mente / el horror y la locura”7.

De esta forma un retrato bello y ordenado incluso puede contener lo feo, tan solo por algunas partes de su rostro por ejemplo: sus ojos pueden ser bel- los pero la expresión puede contener una mirada grotesca que va mas allá de la perfección con el que está pintada. Pues ese ojo quedo tan bien hecho que capta la expresión totalmente de esa persona y puede estar reflejando la maldad o alguna situación caótica, dentro de un plano tanto estético como

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interpretativo, también válido.

Muchas veces la belleza logra despertar una cierta repulsión, un ligero in- conformismo. Tal vez empujada por su aparente ingenuidad, por su can- dor, por esa perfección que invita al mismo caos, porque es lo que todos esperan, lo que todos buscan y tal vez esa misma idea generalizada, sea la que obligue inconscientemente la búsqueda de esa cotidiana imperfección. Se logra reconocer la oscuridad del retrato por otra parte del rostro o por la agresividad como es puesta la misma materia, la pintura incluso está logra que la obra quede fea.

Y pues también hay que tener en cuenta a todos aquellos quienes consider- an que todas las cosas, sin excepción, por sí mismas y por sus propiedades intrínsecas, son bellas, son armoniosas. Por su naturaleza, por la luz, por la perspectiva, por el enfoque, por todo, independiente y ajeno a cualquiera que sea su forma y sus propiedades.

Por consiguiente si se combinan cuatro retratos logrando crear caos en el- los no se percibirán feos, porque hallaremos un caos que será maravilloso, ya que nos atraerán las formas y harán que queramos ver qué más puede suceder. Será “digno de atención estética”8 Nos atraerá al punto de querer

ver la obra minuciosamente.

Rosenkranz, “una obra de arte será tanto más bella y conseguida cuanto mayor sea la disarmonía y el caos sobre los que logre imponerse”9 La disar-

monía que se creará a partir de los cuatro retratos hará que la obra hable por ella misma e invite al público a captarla más. Despertará pasiones y sentimientos sin importar cuales sean estos. Se exaltará la complejidad de las formas y se abrirán las puertas a un debate mucho más amplio, conce- diendo los espacios para recrear una dinámica que logre desequilibrar y poner en tela de juicio muchas ideas.

8Ibídem, pág. 130

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Pintar lo feo no es tan fácil como se cree, pues (a través de la fuerza y agresiv- idad con que se pone la pintura) no es coger cualquier persona y hacer un mamarracho y que quede lista una pintura, no, tenemos que ir más allá y sentir cada pincelada con que se va creando ese retrato.

Se trata de violar las reglas tradicionales de la proporción, la simetría y la armonía. Pues lo feo, no es un elemento que se pueda poner fácilmente en la obra, ya que tiene una fuerza agresiva y peligrosa, que se debe aprender a poner, lo que inmediatamente lo convierte en una idea peligrosa e inestable, porque hay que saber cuándo parar para no perder la esencia de lo caótico y no caer en lo falso o muy elaborado para dar simplemente una apariencia. Hay que entender dicha fuerza también como una aspiración y no como una cualidad estática e inerte. Tener la posibilidad de convertir lo bello en feo y viceversa o de apreciar lo feo y la deformidad como algo hermoso, abre un abanico de posibilidades, como si se tratara de un camaleón que es capaz de mimetizarse y llegar a parecer ser lo que se requiere.

Nos obligamos a transformar el arte más allá de lo que un individuo puede llegar a crear, para hacer obras complejas y seductoras. Tenemos las her- ramientas, el material, el aprendizaje y el talento para crear cosas diferentes y no quedarse en un mismo estilo armonioso. El arte tiene casi que la ob- ligación de buscar y explorar “lo amorfo, a lo disonante, a lo rechazado”10

pues debe buscar en expresiones deformadas y extravagantes, para lograr encontrar lo repugnante, lo espantoso y lo desordenado. Ya que estas formas tienden a ocultarse o a disimularse por los cánones establecidos en el arte, adquiriendo matices indefinidos que pasan por lo repugnante.

Picasso ha sido aceptado en el arte del siglo XX con sus personajes deformes, aunque él era capaz de crear seres hiperrealistas, no se quedaba en el punto de la armonía él se fue mas allá por un amor propio y una belleza que no existe, crea personajes amorfos que se encuentran en su mundo interior. Pues mediante la combinación e inclusión de formas geométricas en la ima- gen, se lograrán transgredir las reglas establecidas y abrir el espectro a una

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infinidad de posibilidades y se crea además un mundo lleno de formas. Se desarrolla esa capacidad de crear, de explorar, de inventar.

Pienso que una obra de arte también se puede conseguir a partir de lo de- forme, resulta inevitable agredir esa deformación, ya que se debe salvar la forma que fue creada por la manera como se vuelve amorfa. Gracias, entre varios factores, al estilo como se pinta, como se concibe o como se pone la materia en el lienzo.

Sin embargo, no hay que perder de vista esa idealización natural que po- seen las bellas artes en sí. Muchas veces pasa desapercibida esa corriente o esa intención de resaltar lo feo y entenderlo como tal y se tiende muchas veces a ser condescendientes y sumisos ante una creciente intolerancia al arte feo o a esa búsqueda experimental y vanguardista de sustentar dentro de lo feo y atípico cualquier cosa. Es claro que el arte que se esconde en el interior de lo feo no es sinónimo del primer rayón que pase por la cabeza del artista.

Se ha intentado tanto y con tan pocos resultados positivos el violar esos parámetros y tradiciones que ahora y en muchos casos, genera indiferen- cia y se pierden esos intentos en un mundo de corrientes, estilos, modas y tendencias. Podría incluso analizarse dentro de una lógica de física básica: toda acción genera una reacción y dicha reacción posiblemente generará una reacción aún mayor, sin que se considere que el espacio no está dado para expresarse tan libremente como sea posible. Claro está, sin caer en ese estilo provocador y amarillista que quiere polemizar sobre todo lo habido y por haber, sin que haya un fundamento que encierre y complemente esa intención de explotar como una idea contenida.

Hoy en día la gente disfruta ver las obras de arte que tienen una historia trágica pues a medida que pasa el tiempo los hechos nefastos históricos se van olvidando, pero así como se van olvidando hay artistas que disfrutan pintar estos hechos y gracias a ellos podemos recordar estos momentos cu- ando vamos a los museos a disfrutar del arte a darse un goce estético. Las obras de arte pueden llegar a renovar la percepción de los hechos históricos.

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Lo Grotesco

A lo largo de la historia del arte lo grotesco se vio representado de muchas maneras, por ejemplo, a través de bufones, en los pecados y defectos de los seres humanos, expresados y plasmados de diferentes maneras.

Un ejemplo claro sería el Bosco, este artista muestra en sus obras el bien y el mal, que es encarnado por la humanidad con una serie de motivos singu- lares. En la mayoría de sus obras encontramos personajes como híbridos: los hombres pez, centauros, hombre con cabeza de varios animales fusionados y ángeles rebeldes que son de colores con partes de animales. Estos protago- nistas representan al demonio y se pueden ver torturando a las personas. Las figuras son exageradas, alargadas, deformes, con ojos desviados, mue- cas, raras, extravagantes, llenas de color, formas extrañas, animales mas grandes que hombres e instrumentos con partes del cuerpo. Igualmente, las representaciones de los vicios y los placeres terrenales (la música, el juego y el sexo) que llevan al hombre a cometer los pecados son grotescas. (Ver Anexo 3.1)

En Jacques Callot, encontramos personajes grotescos como los Gobbi, que son una especie de bufones deformes: desproporcionados, con jorobas ex- céntricas por su tamaño, papadas, lisiados, mutilados, borrachos, crueles, embriagados (…) Estrambóticos por naturaleza que nos hablan de su con- dición física, ya que este artista se centra en los defectos de los personajes hablándonos de un mundo deforme que se escapa de las normas estéticas clásicas la belleza y la perfección. (Ver Anexo 3.2)

Asimismo, encontramos lo grotesco en la literatura un ejemplo podría ser las obras literarias de François Rabelais, Gargantúa y Pantagruel. Que cuen- ta la historia de un padre y su hijo viviendo aventuras extravagantes, del más allá, de ultra tumba y violencia. “Gargantúa y Pantagruel, la figura grotesca es una figura natural, y por ello mismo exagerada, excesiva, desmedida que

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