Los movimientos sociales como sujetos estratégicos de emancipación
1.3. Relevancia estratégica de los movimientos sociales emancipadores
1.3.1. Papel de los movimientos sociales en las lógicas emancipatorias
Antes de comenzar es preciso establecer una serie de aclaraciones sobre esta forma tan específica de acción colectiva, los movimientos sociales:
1. No consideramos que los movimientos sociales sean los únicos sujetos de emancipación, sino que a nuestro entender son uno de los sujetos prioritarios.
19 Algunas de estas respuestas se recogen en el Cuaderno de trabajo número 57, citado en diferentes momentos en este libro. Otras se abordan en el Cuaderno de trabajo número 60, de Martínez, Casado e Ibarra, cuya publicación está prevista en junio de 2013.
2. Somos conscientes de la dificultad de definir a los movimientos so- ciales, dado que, como señala Sotillo, son entidades “complejas, va- riables, con una agenda heterodoxa y poco dados a la estandariza- ción” (Echart, 2008:11). No obstante, asumiendo la complejidad de definir a esta forma específica de acción colectiva planteamos, con cautela y humildad, a la vez que con rigor y en base a análisis teóri- co-prácticos, una serie de variables que pudieran caracterizar y dotar de cierta identidad a aquellos movimientos sociales con vocación emancipadora.
3. Huimos de simplificaciones idealizadas sobre los movimientos socia- les, y reconocemos, tanto las capacidades como las debilidades de éstos. En todo caso, no dejamos de valorar su gran potencialidad, ya demostrada en múltiples experiencias.
A partir de estas premisas, consideramos que los Movimientos Sociales (MMSS) tienen una relevancia estratégica para avanzar en las lógicas eman- cipadoras, ya que son sujetos que guardan una muy importante correlación con las ideas-fuerza que proponemos como marco de dichas lógicas20.
Así, en lo que se refiere a la confrontación, los MMSS “alimentan desde los márgenes una serie de debates que cuestionan las bases de la modernidad y el capitalismo, definiendo un posicionamiento colectivo de inconformis- mo y contestación respecto de las cosas que no funcionan satisfactoria- mente, respecto de las relaciones que inferiorizan y discriminan” (Martínez, Casado e Ibarra, 2012:32).
De esta manera, identifican y señalan, mediante la movilización, los agen- tes y centros de decisión que guían el proceso globalizador neoliberal, contraponiéndose antagónicamente a ellos mediante el conflicto. En de- finitiva, son las formas de acción colectiva que en mayor medida están planteando en la actualidad una lógica confrontativa con la modernidad capitalista, frente a otras en las que esta característica no está tan desarro- llada. Tenemos ejemplos de ello en la lucha contra la liberalización del comercio abanderada por la OMC; las múltiples iniciativas de incidencia 20 Esta correlación puede comprobarse en el análisis de los textos de referencia tanto de los espacios de
encuentro global, como de las declaraciones de LVC y la MMM, redes internacionales sujetas de esta investigación. Sería un ejercicio inabarcable el recoger todos los documentos generados, por lo que únicamente hacemos referencia a algunos que estimamos estratégicos: Foro Social Mundial (2013; 2011; 2012); Foro Social de las Américas (2010; 2008); La Vía Campesina (2009; 2009b; 2008; 2007; 2004; 2000; 1996); Marcha Mundial de las Mujeres (2004; 2001).
política contra las empresas transnacionales lideradas por los movimientos campesinos, ecologistas, indígenas, y comunitarios; y la confrontación fe- minista con la Iglesia Católica y otras instituciones religiosas en defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Pero también son algunos movimientos sociales -junto a ciertos estamen- tos académicos- quienes plantean el enfoque de sostenibilidad de la vida como paradigma alternativo al vigente. Precisamente los movimientos eco- logistas, feministas, indígenas y de defensa del buen vivir son quienes han planteado esta apuesta con fuerza y quienes están comprometidos en su profundización, especialmente en torno a los procesos anti-neoliberales que se están desarrollando en las Américas.
Al mismo tiempo, respecto a la diversidad, frente a las tentaciones totalita- ristas de determinar una única identidad hegemónica que inferioriza otras, se produce un reconocimiento de la indeterminación y pluralidad humana, negando formas homogeneizadoras de organización de la sociedad. No plantean por tanto la construcción de un modelo alternativo, sino la cons- trucción de alternativas basadas en referentes normativos diversos, pero articuladas en base a los principios emancipatorios. Por ello, los MMSS participan en procesos de creatividad e innovación social y política, por lo que se encuentran en permanente reinvención o búsqueda discursiva de saberes, propuestas y prácticas, algunas silenciadas por el colonialismo cultural (Martínez, Casado e Ibarra, 2012).
La articulación de la diversidad es, además de una exigencia de nuestro tiempo, una lógica de creciente importancia para los movimientos sociales. En esta clave se entienden iniciativas como por ejemplo la del Foro de Nyeleni sobre Soberanía Alimentaria celebrado en Mali en 2007, en función de la cual se ahondó en un proceso -actualmente vigente- de articulación de movimiento feminista, campesino y ecologista, de manera que todos incorporaban en sus agendas las prioridades del resto de movimientos. En este sentido, la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM) asumió la soberanía alimentaria como reto, mientras que La Vía Campesina (LVC) integró la lucha contra la violencia machista en el ámbito rural como eje estratégico. Al mismo tiempo, el movimiento ecologista sumó las preocupaciones agro- ecológicas a su propuesta política.
Por otro lado, los movimientos sociales son también una demostración feha- ciente de democracia participativa, ya que, según Martínez, Casado e Ibarra
(2012:30), han sabido “aglutinar la participación de miles de mujeres y hom- bres en torno a agendas comunes, cercanas a las prioridades de la ciudadanía, y se han articulado en todas las escalas -local, estatal, regional, global-”. De esta manera, intensifican y amplían la democracia como práctica, al negarse a aceptar como fatalidad la contingente actualidad de los procesos históricos. En esa misma línea, Avitzer y Santos (2004:48) afirman que “los movimien- tos sociales estarían insertados en movimientos por la ampliación de lo político, por la transformación de las prácticas dominantes, por el aumento de la ciudadanía”.
Siguiendo con las ideas-fuerza de los horizontes emancipatorios, también en los movimientos sociales destaca su apuesta por lo colectivo y por la comunidad, en la que la defensa del territorio es una de sus señas de identidad. Un territorio entendido desde “un sentido político, como es- pacio en el que hunde sus raíces la cultura de vida de una colectividad” (Martínez, Casado e Ibarra, 2012:26). Ejemplo de ello son las iniciativas de consultas populares que en muchos territorios de América Latina se están desarrollando para enfrentar la actuación de las empresas mineras e hidroeléctricas.
Además, entienden lo colectivo y la comunidad uniendo el territorio con las lógicas globales, por lo que son hoy las formas de acción colectiva más implicadas en el trabajo en red a todos los niveles, desde lo local a lo in- ternacional-. Muestra de ello son tanto la Marcha Mundial de las Mujeres como La Vía Campesina, ambos sujetos de nuestra investigación.
A su vez, plantean de una manera decidida la práctica como parte fun- damental del proceso emancipador, por lo que en su vida organizativa y cultura de actuación también ensayan y prefiguran nuevas formas de democracia, con tipos de relaciones más horizontales, flexibles, abiertas y participativas, con lo que se comprometen así con la transformación de las relaciones de poder.
En definitiva, partimos de la difícil estandarización de esta forma de acción colectiva; de su diversidad de agendas, identidades, culturas; así como del reconocimiento de la existencia de otros agentes sociales e institucionales implicados en las lógicas emancipatorias. No obstante pensamos que, pese a todo, los MSE -en la clave que definiremos a continuación- son sujetos fundamentales, en interacción con otros, para avanzar en la superación de la modernidad capitalista, por su papel protagónico a la hora de abanderar
las ideas-fuerza de los horizontes emancipatorios y de construir estrategias e iniciativas en base a ellos.