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PAREJAS DEL BARRIO CHIMINANGOS

In document BIENES Y VIDA FAMILIAR EN CALI (página 83-112)

LOS RESULTADOS DE LA ENCUESTA

PAREJAS DEL BARRIO CHIMINANGOS

PAREJA # 25 (INFORMANTEPRINCIPAL: LAESPOSA)

Se trata de una pareja interracial (ella es afrocolombiana) casada por la Iglesia y por lo civil, que lleva 2 años viviendo junta y que no tiene hijos (aunque ella está embarazada de 4 meses). La vivienda es arrendada, y la comparten con otro hogar, una hermana de él (ellos disponen sin embargo de 3 cuartos para sí, aparte de cocina y baño). Ambos esposos tienen la misma edad (28 años) y un mismo nivel educativo (secundaria completa); cada uno tiene ingresos propios, aunque son por lo general superiores los de él, quien trabaja de tiempo completo fuera de casa –es operario en una empresa de confecciones–; ella, quien laboró en empresas de fabricación de ropa, se desempeña hoy como estilista independiente, aunque reconoce que ha disminuido su tiempo de trabajo desde que se casó y, con ello, sus ingresos propios. Ambos coinciden en que comparten la jefatura del hogar. No tienen empleada doméstica.

Distribución de las tareas domésticas y del tiempo

En cuanto a las tareas domésticas, la esposa declara ocuparse en exclusiva de buena parte de las tareas domésticas (limpiar el polvo, planchar, limpiar los baños, decidir sobre lo que se come, cocinar, poner la mesa, cuidar los animales y pagar los servicios y las cuentas), mientras que de otras (barrer, lavar ropa, tender la cama, sacar la basura, hacer y guardar el mercado, recoger y lavar los platos, arreglar la cocina), que enuncia como compartidas, se ocupa la mayor parte de las veces. El esposo se ocupa sólo, pero “pocas veces”, de los arreglos de la casa. En conjunto, ella dice trabajar en labores domésticas más de 26 horas (que era el tope máximo que habíamos fijado en la encuesta), y declara sentirse “contenta” con esta distribución de las tareas. En cuanto a la distribución del tiempo, se trata de la propia de un ama de casa que tiene un trabajo de tiempo parcial extenso (está en el trabajo entre las 12 del mediodía y las 7 de la tarde): madruga temprano (4 am) a preparar el desayuno del esposo y, después de que él sale al trabajo, se acuesta un rato, luego hace las labores del hogar, alista la comida de la noche, y se arregla para ir al trabajo, lo que se le lleva toda la mañana; tras regresar del trabajo, calienta la comida que comparte con el marido, y, después de bañarse, ve televisión con el esposo y se va a dormir. Ella declara sentirse “contenta” con esta distribución del tiempo en el hogar. En cuanto a las actividades realizadas durante los días festivos, las mañanas, aunque empiezan más tarde, se le suelen ir en arreglos de la casa y en hacer el mercado; al final de la mañana salen de paseo y almuerzan fuera, hasta que a media tarde regresan a casa, donde descansan viendo televisión y se acuestan. De vez en cuando hacen visitas a parientes (cuñados, padrinos). En su evaluación de la distribución general del tiempo, declara sentirse, ahora sí, “poco contenta”.

Según declara el esposo, es de su responsabilidad el hacer arreglos en la casa, así como compartir con la esposa una gran cantidad de tareas (las mismas que ella señaló), aunque reconoce que él las realiza “pocas veces”, excepto en el caso de lavar los platos en que dice que está a cargo “la mayoría de las veces”. En conjunto, denuncia que dedica a labores domésticas entre 6 y 10 horas, y sentirse “muy contento” con esta distribución de las tareas domésticas. Si observamos cómo es su rutina diaria, sin embargo, vemos que en su enunciado no declara ninguna tarea doméstica (y reconoce que el día que relata es un día usual, rutinario): se levanta 50 minutos más tarde que la

esposa, se arregla, desayuna y sale a trabajar, vuelve a almorzar a la casa, hace una vuelta, luego una siesta y reposa. El fin de semana implica el ir a mercar y guardar el mercado, y el resto es el paseo y el almuerzo fuera de casa con la esposa. De nuevo, declara sentirse muy contento

En este apartado hay que señalar que se observan discrepancias sensibles: él declara más de lo que ella le reconoce que hace (tanto en casa, como por fuera, como el pagar los servicios); aun contabilizando lo que él hace, ella es quien tiene a su cargo la mayor parte de las tareas domésticas.

Las decisiones

Según declara la esposa, ella toma siempre las decisiones que tienen que ver con su propio trabajo (horarios, tipo de trabajo…), aunque sobre este punto le consulta a él. Por el contrario, las decisiones sobre el trabajo del esposo las toma él, pero apenas le informa a ella; en cuanto a las que se refieren al mercado, “casi siempre” las toma él, aunque las consulta con ella. El resto de decisiones son tomadas entre los dos (administración del dinero y las cuentas, las vacaciones, ocio y diversión o asuntos de vivienda) y entre los dos pero es ella quien le informa a él, lo que se refiere a la administración del hogar. Ella declara sentirse contenta con esta distribución de las tareas del hogar.

Él, por su parte, declara una repartición sensiblemente distinta de las tomas de decisión: él decide no sólo con lo que atañe a su propio trabajo, sino también a la administración de las cuentas y del dinero (de lo que apenas le informa a ella); ella decide sobre su propio trabajo y sobre la administración de la casa (aunque le hace consultas a él); el resto (vacaciones, ocio y diversión, vivienda y mercado) son decisiones conjuntas. Parece que en su descripción aparecen más fuertes los contenidos diferenciales de género. Declara sentirse muy contento con esta forma de tomar decisiones.

Puede decirse que hay autonomía en cuanto al trabajo de ambos (menos por parte de ella), algunas decisiones dicotomizadas (ella en lo que tiene que ver con el hogar, él con lo del dinero y las cuentas), aunque comparten bastantes decisiones.

La satisfacción marital

A la pregunta sobre qué eventos tienen lugar entre ellos, ella declara que nunca tienen “intercambios interesantes de ideas ni “trabajan juntos en algo”, que menos de una vez al mes “discuten algo calmadamente”, mientras que más de una vez al día se ríen juntos. Expresa estar muy contenta con la relación de pareja y que cree “definitivamente sí” seguirán juntos en el futuro. En cuanto a él, declara que nunca “trabajan juntos en algo”, que una o dos veces a la semana tienen “intercambios interesantes de ideas” o “discuten algo calmadamente” y que varias veces al día se “ríen juntos”. Se declara muy contento con la relación de pareja y que “definitivamente sí” estarán juntos dentro de diez años. Pese a las discrepancias (ella parece reportar en general menos actividades comunes, excepto la de reírse juntos), ella expresa el mismo nivel de satisfacción y esperanzas de continuidad de la vida en pareja.

El manejo del dinero del hogar y la distribución de gastos

En esta pareja declaran que cada uno maneja sus propias cuentas y dinero y que las cuentas se reparten, o bien dividiéndose por igual los gastos (eso dice ella) o mediante la conformación de un pequeño fondo común que él administra (según dice él). La

esposa afirma que su aporte al hogar equivale al 50%, con el que se cubren los gastos de mercado (en especial los asuntos de dinero) y los servicios. De sus ingresos propios, destina la mitad a cubrir esos gastos fijos del hogar, y el restante 50% dice dedicarlo a gastos extraordinarios del hogar (aunque dice que otro 25% se dedica a gastos personales: la suma total no da 100%); no declara hacer ahorro alguno.

Por su parte, el esposo expresa (como vimos) que, en cuanto al manejo del dinero, cada quien maneja el suyo pero aporta una cantidad a un fondo común que administra él. En cuanto a los gastos del hogar, se dividen las cuentas por igual, aunque a continuación declara que su aporte equivale al 75% del total de ingresos del hogar, haciéndose cargo él de los gastos de mercado, transporte y vivienda, a lo que dedica el 80% de sus ingresos; además, declara, dedica el 50% a gastos extraordinarios (como se ve, sobrepasa el 100%) y guarda en forma de ahorros el 20%, no dedicando ningún porcentaje a sus gastos personales94. Más allá de las discrepancias (las dos formas de administrar pueden ser pensadas como similares), es evidente que hay una idea igualitaria en cabeza de ella, que no es replicada en la declaración del esposo. Sin embargo, puede pensarse con una distribución equitativa en el seno del hogar. Por cierto, si hay ahorros, se hacen a partir de los ingresos del esposo (lo que puede asociarse a la disposición de un mayor salario).

Si observamos la tabla de síntesis, que expresa cómo se dan esas diferentes situaciones desde la perspectiva de la esposa, vemos que, en esta pareja, ella trabaja más en el hogar, participa en menor medida y de forma no equitativa en las tomas de decisión, no hay muchas actividades conjuntas (excepto reírse) y los ingresos son aproximadamente equivalentes; sin embargo, ella expresa alta satisfacción con la relación.

Pareja Nº Tareas domésticas Satis- facción Decisiones Satis- facción Actividades conjuntas Satis- facción Ingresos hogar 25 Ella + El + El + El + No = =

Los regalos entre la pareja

En cuanto a los regalos, observamos que los regalos recíprocos son los más abundantes (se hacen con motivo del día del amor y la amistad, cumpleaños y Navidad por parte de ella, el día de la madre –aunque no tienen hijos– y Navidad por parte de él) y que los regalos distintos son exclusivamente entregados por la esposa al esposo (fiesta durante su cumpleaños, reloj en el aniversario de la relación –o en el día del amor y la amistad, pues discrepan en este punto–, o las tarjetas durante la Navidad). Se puede pensar que hay cierta reciprocidad, aunque por detrás de los regalos hay una diferenciación en lo que hombre y mujer pueden o deben regalar, y en el mayor esfuerzo de la esposa en este frente. Esa leve desigualdad se nota en las otras esferas de la vida conyugal: repartición del trabajo doméstico (sobrecargado en la mujer) y decisiones (con tendencia a la simetría, pero con un leve sesgo a favor del esposo). Ello no implica que el grado de

94 Como hemos señalado, los hombres no suelen declarar que reserven parte de los ingresos del hogar a gastos personales, lo que no quiere decir que no los haya: si controlan el fondo común, puede establecerse como prioritario o necesarios para el hogar la asunción de los costos personales (aseo personal básico, ropa de trabajo, etc.). Suelen ser más bien las mujeres las que declaran que deben dedicar parte de los ingresos a gastos personales. Es por eso que, como hemos visto en varios casos, las dedicaciones del dinero de las mujeres suele aparecer como destinado a gastos extraordinarios o personales.

satisfacción en general sea inferior en la esposa (aunque sí lo es en cuanto a la distribución de tareas y tiempo, por ejemplo).

Parej # Jefatur hogar Ingreso Trabaj remun Nivel Educ Edad Regalos recíprocos Regalos unidirecciona

25 Ambos Ambos Ambos Igual Igual Ropa, perfumes, zapatillas

Reloj, tarjetas, fiesta

Subrayados los regalos de él a ella.

Si tenemos en cuenta la estructura de los gastos respectivos en el hogar (gastos similares así tengan como base ingresos diferentes –el trabaja de tiempo completo, ella de tiempo parcial y en forma independiente), vemos un caso bastante igualitario en la forma en que se dan los flujos internos, pero se observa también un sesgo de género en el tipo de regalos entregados entre sí (por eso se marca el fondo con gris claro).

PAREJA # 26 (INFORMANTEPRINCIPAL: LAESPOSA)

Esta pareja está en unión libre desde hace 9 años y viven con dos hijos, uno propio (el más pequeño, a raíz de cuyo nacimiento se unieron) y el otro, mayor, hijo de la esposa de una relación anterior. La vivienda es propia, totalmente pagada, y no la comparten con ningún otro hogar, por lo que disponen de tres cuartos, aparte de los baños y la cocina. Ella (39 años) es algo mayor que él (32 años), pero tienen un nivel educativo menor (estudios de peluquería) que el del esposo (con nivel universitario completo); cada uno tiene ingresos propios: ella es peluquera independiente, por cuenta propia desde hace más de 10 años, y aunque se dedica de tiempo completo, sus ingresos son algo menores que los del esposo (según declara ella); el esposo, quien llegó a ser subdirector de una oficina bancaria, aunque también estuvo momentáneamente desempleado durante el año 2004, se desempeña actualmente como cajero de banco y labora de tiempo completo. Ambos comparten la jefatura del hogar. Tienen una empleada doméstica externa que trabaja en la casa por días.

Distribución de las tareas domésticas y del tiempo

En cuanto a las tareas domésticas, la esposa declara ocuparse en exclusiva de buena parte de las tareas domésticas (barrer, limpiar el polvo, lavar ropa, tender la cama, arreglar los daños menores, decidir sobre lo que se come, poner la mesa, arreglar la cocina a veces y cuidar los animales), mientras que otra parte significativa queda en manos de la empleada doméstica (planchar, limpiar baños, arreglar la cocina y pagar los servicios y las cuentas); hay una serie de labores que se realizan entre todos (sacar la basura, cocinar, recoger y lavar los platos); finalmente, hay algunas que realiza exclusivamente el esposo (hacer el mercado y pagar los servicios y las cuentas). En cuanto a la distribución del tiempo, desgraciadamente el día de entre semana enunciado lo clasificó como “poco común” –no había ido a trabajar–, y lo dedicó a atender a sus hijos, a hacer algunos arreglos en la casa (pintura y arreglo de los cuartos) y a descansar; curiosamente, no declara ninguna actividad conjunta con el esposo. En conjunto, ella dice trabajar en labores domésticas más de 26 horas semanales (que era el tope máximo que habíamos fijado en la encuesta) y declara sentirse “poco contenta” con esta distribución de las tareas. En cuanto a las actividades realizadas durante los días festivos, las mañanas, aunque empiezan más tarde, se le suelen pasar en descanso, estar

con los niños y hacer visitas a familiares y en arreglar la casa. En su evaluación de la distribución general del tiempo, declara sentirse “contenta”, es decir, más conforme que en el caso de la distribución de las tareas domésticas.

Según declara el esposo, son de su responsabilidad pagar siempre las cuentas y servicios (lo hace desde el banco en que labora) y, la mayoría de las veces, sacar la basura y hacer mercado; junto con su esposa barre, limpia el polvo, lava la ropa, limpia los baños, cocina, recoge los platos, arregla la cocina y cuida a los niños, pero declara que lo hace “pocas veces” o “la mitad de las veces”. Del resto se encarga la empleada o se contrata a alguien para que haga los arreglos menores de la casa. En general hay bastante coincidencia con lo declarado por la esposa. Dice que, semanalmente, dedica entre 11 y 15 horas a labores domésticas. Si observamos cómo es un día común, vemos que madruga (5:20 am) y prepara el desayuno para la familia y que está pendiente de sus uniformes y luego los lleva al colegio; luego se va a trabajar (de 7 a 7, con un pequeño receso para almorzar: lo que hace rápidamente para poder adelantar el trabajo); cuando regresa a la casa hace la comida para todos. Dice sentirse “contento” con esta distribución de tiempo. El día de fin de semana lo dedicó a trabajar (declaró que fue un domingo poco común): madrugó, se preparó el desayuno y se fue al trabajo, descansó al mediodía (almuerzo y paseó por un centro comercial) y volvió al trabajo, hasta las 7 pm. en que llegó a la casa donde comió y vio televisión con la familia. En el punto de si estaba contento con la distribución general del tiempo declaró que estaba “poco contento” a causa de “tanto trabajo”.

Vemos que, pese a que cada uno habla de días poco usuales (de entre semana ella, de fin de semana él), todo parece indicar que hay cierta distribución de las tareas pese a que sea ella quien, con la empleada, dedica más horas al trabajo doméstico. En conjunto, relativamente suelen pasar poco tiempo juntos. El nivel de insatisfacción en este punto es compartido por ambos.

Las decisiones

Según declara la esposa, ella toma siempre las decisiones que tienen que ver con la administración de la casa (de lo que informa al esposo), la compra o arriendo de la vivienda (que consulta con el esposo), los gastos de mercado (que concierta con el esposo) y sobre su propio trabajo (horarios, tipo de trabajo…, de lo que le informa al esposo); en el otro extremo, las decisiones autónomas del esposo se reducen a las que tienen que ver con su propio trabajo (sobre lo que él le informa o a veces le consulta); el resto de decisiones son tomadas entre ambos: la administración de las cuentas y del dinero, las vacaciones, las actividades de ocio o diversión (en que participan también los hijos) o los permisos de los hijos. Ella declara sentirse contenta con esta distribución de las tareas del hogar.

Él, por su parte, declara en más ocasiones la toma de decisiones compartida. Veamos: son siempre propias las decisiones sobre su trabajo (de lo que informa a la esposa) y casi siempre en lo que tiene que ver con el mercado (aunque aclara que ya saben lo que deben comprar, es decir, que no se decide sino que se sigue una rutina); por el contrario, recae siempre como decisión de la pareja lo que se refiere a su trabajo (de lo que la esposa apenas le informa) y casi siempre lo que tiene que ver con los temas de administración de la casa (de lo que, de nuevo, sólo le informa); el resto (administración de dinero y cuentas, vacaciones, ocio, vivienda y permisos hijos) son compartidas. A diferencia de la esposa, por tanto, coloca más decisiones en la franja de decisiones

compartidas. Como ella, declara sentirse contento con esta distribución de las decisiones.

Puede decirse, en resumen, que hay autonomía en cuanto al trabajo de ambos, que hay una serie de decisiones compartidas y que, en un número significativo, ella se arroga la participación única en la toma de más decisiones que él. En conjunto, podemos presuponer un cierto equilibrio entre ellos en este punto.

La satisfacción marital

A la pregunta sobre qué eventos tienen lugar entre ellos, ella declara que una o dos veces al mes “trabajan juntos en algo”, que una o dos veces por semana tienen “intercambios interesantes de ideas o “discuten algo calmadamente”, mientras que más de una vez al día se ríen juntos. Expresa estar contenta con la relación de pareja y que cree que “probablemente sí” seguirán juntos en el futuro. En cuanto a él, declara también que una o dos veces al mes nunca “trabajan juntos en algo”, que una o dos veces a la semana tienen “discuten algo calmadamente” y que una vez al día se se “ríen juntos” o “tienen intercambios interesantes de ideas”. Él se declara muy contento con la relación de pareja y que “probablemente sí” estarán juntos dentro de diez años. No hay diferencias sensibles en lo declarado como actividades conjuntas, que son bastantes y se puede ubicar en un nivel intermedio, pero sí en el grado de satisfacción: ella parece algo menos contenta que él. Finalmente, ambos se declaran precavidos respecto a la continuidad de la vida de pareja: ambos coinciden en el “probablemente”, que supone un nivel medio de fe en la relación.

El manejo del dinero del hogar y la distribución de gastos

En esta pareja declaran, como vamos a ver, dos formas distintas de administrar el dinero. Ella dice que todo lo que reciben va a un fondo común que ella administra, lo que implica que las cuentas se dividen por igual entre ambos cónyuges; él declara que cada quién maneja su dinero y que se parten las cuentas (aunque él aporta más que su pareja). La esposa afirma que su aporte al hogar equivale al 50%, con el que se cubren los gastos de mercado, educación y vivienda. El esposo, que en este punto coincide con lo declarado por la esposa (aporta el otro 50%) contribuye en los frentes de mercado, transporte, servicios y educación.

De sus ingresos propios, ella destina la mitad a cubrir esos gastos fijos del hogar, y el

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