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Particularidades de los procesos de constitución de ciudadanía en América Latina

1 4 Sugerencias para la revisión de la “teoría democrática”, a la luz de las experiencias latinoamericanas

2. CIUDADANÍA DE BAJA INTENSIDAD Y DEMOCRACIA EN AMÉRICA LATINA

2.2 Carácter siempre móvil de la ciudadanía 1 A desnaturalizar la noción de ciudadanía

2.2.2 Particularidades de los procesos de constitución de ciudadanía en América Latina

mundo que son lo suficientemente grandes como para ameritar un nombre y una teorización propios (O’Donnell, 1996).

2.2.2 Particularidades de los procesos de constitución de ciudadanía en

América Latina

Habiendo argumentado la importancia de desnaturalizar la noción de ciudadanía, el siguiente paso lógico es preguntarse por las formas específicas que han caracterizado al proceso histórico de constitución de la ciudadanía en las sociedades latinoamericanas. Lo primero que hay que señalar es que la historia de la ciudadanía en los países latinoamericanos se distancia notablemente del patrón establecido por Marshall (Karl, 2003), que como hemos visto se basa específicamente en la historia inglesa73. En efecto, una primera mirada revela que la constitución de la ciudadanía en América Latina no sólo ha sido distinta, sino principalmente más compleja y marcada por la irregularidad y la parcialidad (Gómez, 2002). Desde luego, esta última es una característica de todos los procesos de construcción de la ciudadanía, y es por esto que se emplea para describirlos la idea de la “secuencia” para referirse a ellos; no hay aquí linealidad. Históricamente, nunca un “paquete completo” de estas capacidades y derechos ha sido simultáneamente sancionado, mucho menos implementado; los logros y reivindicaciones siempre han sido parciales.

73 Si bien Marshall explicita que su objetivo no es extrapolar este análisis a otros casos, su obra ha sido

objeto de muchas críticas apuntadas al carácter paradigmático que se le ha dado.Entre estas críticas se ha señalado que en otros países dentro de Europa varios de los progresos que enumera Marshall ocurrieron apenas en los últimos cincuenta años, y frecuentemente en un orden inverso; y que, incluso en Inglaterra, la evidencia histórica habla de un modelo de flujo y reflujo más que de un esquema lineal de adquisición de generaciones de derechos (ver Kymlicka y Norman, 1997). Otros críticos enfatizan la relevancia de distinguir entre distintos modelos de constitución de ciudadanía en el cuadrante nor-occidental (Whitehead en Calderón, 2004), consagrando especialmente la particularidad de Estados Unidos (Ackerman, 2004).

La importancia de establecer que la secuencia de constitución de ciudadanía en América Latina ha sido distinta de la de los países iniciadores está en que, mientras en Europa los derechos políticos nacieron y quedaron enraizados en una densa trama de derechos civiles y sociales, en América Latina, donde el estado de derecho en general se conformó bajo democracias oligárquicas y excluyentes (O’Donnell, 1999), el componente civil de la ciudadanía nació con una fragilidad que en muchos sentidos parece mantenerse hasta el día de hoy, lo que implica que el sustento básico de igualdad para la efectividad de los derechos políticos nunca ha estado plenamente asentado. En general, el patrón de constitución de ciudadanía en América Latina ha sido: primero, el otorgamiento de algunos derechos sociales, más limitados desde luego que los consagrados en Europa por medio del Estado de Bienestar, y que tras el ajuste estructural han sufrido importantes retrocesos. Luego, la adquisición de derechos políticos a través de procesos pasados y recientes de democratización política. Por último, e iregularmente, derechos civiles que aún hoy están implantados de forma intermitente y sesgada. Esto es lo que puede llamarse el “patrón populista” de constitución de derechos74, presente en Argentina, Brasil, México y Perú75 (O’Donnell, 2003).

Atendiendo a análisis como los de Marshall (1998) o Habermas (en O’Donnell, 2002) se aprecia que la concepción del individuo como un agente habría tenido en Europa, bastante antes de la extensión universalista de la ciudadanía política, un largo proceso de elaboración en diversas doctrinas religiosas, éticas y filosóficas, al ritmo de la expansión del capitalismo y del Estado moderno. De esta forma, la consolidación de la ciudadanía civil (que ocurre en Gran Bretaña y el resto de Europa hacia 1830) en la práctica fue una historia de adición gradual de nuevos derechos a un estatus que ya existía y que se consideraba atributo de todos los miembros adultos de la comunidad (Marshall en O’Donnell, 2003. En cambio, y como nos recuerda el argumento de Véliz (1980), Latinoamérica no vivió las revoluciones francesa ni industrial, por lo que se vio intocada por sus principales consecuencias (una de las cuales es precisamente esta visión del individuo como agente autónomo). “Cuatro de estos factores están inversamente relacionados con lo que prefiero llamar el carácter “centralista” de los arreglos sociales y políticos de América Latina; el primero es la ausencia, en la tradición latinoamericana, de la experiencia feudal; la segunda es la ausencia del disenso religioso y el consiguiente y penetrante centralismo de la religión dominante; el tercero es la ausencia de cualquier evento o circunstancia histórica que pudiese razonablemente ser tomada como la contraparte de la Revolución Industrial; la cuarta es la ausencia de aquellos desarrollo ideológicos, sociales y políticos asociados a la Revolución Francesa, que transformó tan

74 Los países del Asia oriental también son ejemplos de otro patrón de constitución de ciudadanía: primero

los derechos económicos, sociales y culturales (con un grado alto de extensión y efectividad); luego los políticos; y por último los civiles (O’Donnell, 2003).

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dramáticamente el carácter de la sociedad de Europa Occidental durante el último siglo y medio76” (Véliz, 1980). Estás serán las ausencias de origen que en adelante marcarán muchas de las características de nuestros ensayos y apuestas democráticas, hasta el día de hoy.

En esta misma línea, en Inglaterra –y, más allá de ciertas diferencias en términos del orden de los procesos, también en los demás países iniciadores-, la ciudadanía civil precedió a la ciudadanía política, y le proveyó una rica textura de apoyo, constituyéndose en la base social y legal de lo que más tarde sería la democracia política (O’Donnell, 2003). Ciertamente hay muchas excepciones, como los derechos de las mujeres o de diversas minorías raciales, cuya consagración fue mucho más tardía y siguió otra ruta. “Pero aun con estas precauciones, la diferencia se mantiene: en la mayoría de los países latinoamericanos contemporáneos, ahora que los derechos políticos de la poliarquía son en general efectivos, las extensión de los derechos civiles a todos los adultos es incompleta” (O’Donnell, 2002); o, como indica Whitehead (2003, 2004), es característicamente inestable y volátil. Las consecuencias de esta fragilidad del tejido de derechos civiles sobre el cual se insertan los derechos políticos son exploradas en el próximo punto de este capítulo.

2.3 La Problemática de la Ciudadanía de Baja Intensidad