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El Partido Comunista y el movimiento campesino No obstante la evidente

UN ESCENARIO CAMBIANTE

1.4. El Partido Comunista y el movimiento campesino No obstante la evidente

crisis agraria y la paulatina emergencia de un campesinado cada vez más organizado, los gobiernos electos entre 1958 y 1963 no aplicaron reformas decisivas para viabilizar el cambio y atenuar el conflicto. Por su parte, las organizaciones políticas legales tenían en general posiciones conservadoras y timoratas respecto al cambio que debía sufrir la estructura agraria de la propiedad en el país. Partidos políticos con doctrinas que los hacían proclives a ejecutar una reforma, como el Apra o Acción Popular, mantenían posturas paternalistas sobre el campesinado andino -al que asociaban con lo indígena-, compartidas por sus cuadros políticos e intelectuales provincianos, muchos de ellos vinculados con familias de hacendados y la burocracia estatal. Ese rasgo social y político de quienes apostaban por “civilizar” al campesinado-indígena abrió una brecha por la que incursionaron ideas y sensibilidades campesinistas, que un sector del comunismo peruano de la época sabrá capilatizar.

La movilización rural en los primeros años sesentas desestabilizó la visión y la práctica política de los partidos revolucionarios, especialmente dentro del Partido Comunista. Si bien para casi todo el espectro político la asociación de las haciendas con la servidumbre y la explotación del indio servirán de coordenadas geopolíticas para acusar el atraso y la explotación rural, estas mismas señas sirvieron crecientemente a los cuadros campesinistas del Partido Comunista para contravenir la vieja idea de que el “enemigo de clase” era la burguesía que habitaba generalmente en la ciudad.

Otros eventos en el ámbito internacional refrendaban la convicción de que la lucha de clases tenía vías alternas al manual marxista-leninista, así lo mostraban por ejemplo, la triunfante revolución cubana o las incursiones guerrilleras en países como Venezuela, Argentina o Colombia. Tales procesos alentaron la idea, en un sector del izquierdismo

urbano, de que un camino revolucionario, el que conducía a la transformación radical de las estructuras dominantes, también se había abierto con las tomas de tierras en los Andes. Bajo el influjo cubano surgirán grupos guerrilleros peruanos entre 1962 y 1965, atentos a la adhesión campesina, aunque todos ellos tendrán una efímera existencia luego que el gobierno ordene la intervención de las fuerzas armadas.

Dentro del Partido Comunista la opción armada fue administrada de modo que no se comprometiese al aparato en la aventura guerrillera, pero tampoco se la denostó. En el contexto de un anticomunismo oficioso y de relativa libertad democrática su “vieja guardia” buscaba más bien la inclusión de este partido en la legalidad, “de manera de poder participar plenamente en las decisiones políticas nacionales y extender su influencia en la sociedad gracias a la táctica de «frente político»”61. Aunque la

importancia política del campesinado resultaba secundaria en la competencia electoral debido a la preponderancia del analfabetismo, el movimiento campesino había pasado a ser un protagonista de primer orden en la lucha social, generando un fuerte impacto en la opinión pública a favor de una reforma agraria. Advertidos de su importancia como instrumento de presión política, las estrategias políticas de los comunistas, que tradicionalmente identificaron en el campesinado a lo más atrasado y subordinado de la lucha de clases, se ocuparon por liderar la influencia sobre el campesinado movilizado. Para ello reactivaron la dirección de la Confederación Campesina del Perú (CCP), a través de su cuadro más destacado en la asesoría de comunidades de indígenas: el abogado Saturnino Paredes Macedo.62 De hecho, la CCP había recobrado importancia

61 Ranque, Axel. 1992 Les origines et la división des partis maoistes au Perou dans les annes 1960. Memoria de maestría en Historia, Universidad de París. Setiembre, p. 53.

62 Ibid, op. cit., p. 16. Antes de dejar el activismo en el Partido Comunista en 1948, el abogado Saturnino Paredes (n.1920-m.1996) publicó su poemario “Indios sin Tierra”, sumándolo a una lista de anteriores poemarios militantes. Tras unos años de juez en su tierra natal, Ancash, asumió con éxito la defensa legal de varias causas campesinas de la Costa y la Sierra, se reincorporó al partido y finalmente: “entra en la Comisión Nacional de Cuadros y Control [del Partido Comunista] en 1959, designado por aclamación y sin ser miembro de la Comisión Política. Durante la III Conferencia Nacional, en 1960, S. Paredes es elegido responsable del Frente Campesino del Partido. Con ése título, él asegura el lazo entre el partido y la Confederación Campesina del Perú (CCP), que él ha contribuido decisivamente a reconstruir, a partir de 1957, en tanto consejero jurídico del gremio campesino. De hecho, la XII Conferencia de la CCP, organizada del 14 al 16 de julio de 1962 bajo los auspicios del Partido, señala el renacimiento de la central sindical que había desaparecido en 1948, tras la llegada del General Odría al poder.” (traducción mía). Sobre las divisiones en el PC y los orígenes de los partidos maoístas peruanos ver también: Navarro, 2006.

para los comunistas como alternativa gremial frente a las organizaciones auspiciadas por el Apra, como la Federación Nacional de Campesinos del Perú,63 pero de pronto el

golpe de estado de las Fuerzas Armadas de julio de 1962 hizo imposible toda actividad política de la izquierda. Según los militares el país se había convertido en un escenario atractivo para experiencias guerrilleras y debían aplicarse medidas políticas y reformas que alejaran esa posibilidad, así la breve dictadura -luego de comprometer nuevas elecciones para 1963-, dedicó recursos y esfuerzos en reprimir a la emergente izquierda, mientras por otro lado presentaba una “ley de bases de la Reforma Agraria” como una primera propuesta de cambio para resolver los conflictos latentes y activos en el campo. Unos días antes del golpe militar se había realizado el II Congreso de la CCP, luego de más de una década de estancamiento.64 El congreso eventualmente logró formalizar al

gremio campesino así como centralizar su agenda de demandas. Para la secretaría general fue elegido Manuel Llamoja Mitma, un reconocido dirigente de la comunidad ayacuchana de Concepción.65 Pero era el abogado Saturnino Paredes, como asesor legal

y secretario de defensa, quien realmente llevaba las riendas de la dirección. En ese evento fue nombrado como sub secretario general Ramón Núñez Laforé, un hábil dirigente oriundo de Ambo, Huánuco, donde había liderado las ocupaciones de tierras y había fundado la federación campesina local.66 Núñez Laforé era un militante comunista

leal a la “vieja guardia” del partido y su presencia en el segundo cargo de importancia

63 La Federación Nacional de Campesinos del Perú (FENCAP) fue fundada en 1960, fusionando la antigua Federación General de Yanaconas y Campesinos del Perú y la Federación de Trabajadores Azucareros. Tenía mucha influencia en sindicatos de la costa, “en corto tiempo la FENCAP agrupó a la mayoría de los sindicatos obreros agrícolas y a dos Federaciones nacionales no reconocidas, la de Comunidades Campesinas y la de Cooperativas Agrarias.” Mejía y Diaz, 1975, Sindicalismo y Reforma

Agraria en el Valle de Chancay, IEP, p. 22. 64 El 14, 15 y 16 de julio de 1962.

65 Llamoja Mitma lideró -con asesoría de Paredes- la lucha contra los hacendados en Concepción y Ccaccamarca, en los años 60s. Fue uno de los fundadores de la federación campesina provincial. Sobre Llamoja Mitma ver: Caro y Robin, 2010; Chuchón, 2012. La historiadora Jaymie Heilman se encuentra trabajando una biografía sobre este personaje.

66 Lachenal, Maud, 2004, “«La masacre de Ambo»: histoire d´une révolte paysanne (département de Huánuco, Pérou, 1962-1963)”. En: Bulletin Institut Français des Études Andines. Núñez Laforé inspiró un personaje del mismo nombre en la novela de Manuel Scorza, La tumba del relámpago. Luego de muchas peripecias fue a parar a España. Hace pocos años se le ubicó en Barcelona, donde llevaba un negocio de lustrabotas en la famosa avenida Las Ramblas.

de la CCP hacía vislumbrar las tensiones al interior de la central campesina y en el Partido Comunista.

En efecto, aunque Saturnino Paredes tenía un reconocido ascendiente dentro del comunismo criollo por su trabajo como asesor de la CCP y cabeza de los “activistas campesinos” del partido, su liderazgo fue puesto en cuestión con el retorno de la “vieja guardia” comunista, conformada por los dirigentes exiliados y fundadores del partido:

El surgimiento de núcleos de activistas campesinos, comunistas revolucionarios que laboraron en la organización y movilización de los campesinos, así como en su orientación clasista, representó una nueva forma de lucha interna dentro del Partido, puesto que la camarilla revisionista se caracterizaba por su temor al movimiento campesino.67

Ante esto, Paredes y otros defenestrados del liderazgo partidario se encontraban construyendo una opción alternativa bajo el amparo del Partido Comunista de China, creando una facción dentro del comunismo peruano que muy pronto denostará la lealtad de la “vieja guardia” hacia la Unión Soviética.68 Pero más significativamente, la

influencia china ofrecerá las seguridades ideológicas necesarias para implantar un cambio de eje en la perspectiva de la revolución en el Perú, al reconocer al campesinado como “fuerza principal” de la lucha revolucionaria. Para los facciosos “la agudización de la lucha de clases en el campo” y “el impulso organizativo” -que lideraba la renacida CCP- demostraban “el ingreso del movimiento campesino a su etapa consciente en cuanto a sus objetivos de clase”69. Pero la vía electoral propuesta por los dirigentes

“revisionistas” de la “vieja guardia” desdeñaba este desarrollo y excluía así a “millones de campesinos analfabetos” -impedidos de votar- de la lucha política revolucionaria. Por su parte, Paredes replicaba:

67Ediciones Bandera Roja,“Acerca de la historia del Partido Comunista Peruano y de su lucha interna”, 1968, p. 53-54.

68 Se señalaba acusadoramente, por ejemplo, a la política de contemporización del Partido Comunista de la URSS y sus satélites internacionales con el capitalismo y el imperialismo norteamericano, que arriaban así las banderas de la revolución y la lucha armada.

Y no se diga que esa mayoría analfabeta no está en condiciones de participar en la vida política, porque eso no es exacto. Esa gran mayoría, no obstante no saber leer ni escribir, ahora está luchando valientemente por romper las cadenas del latifundismo y está comprendiendo que no podrá llevar adelante la conquista de la tierra si no es por sus propios medios. Esto lo comprueban los gloriosos movimientos de recuperación de tierras que vienen realizando los comuneros de Pasco, así como también los grandes movimientos por la conquista de la tierra que llevan a cabo los campesinos de Pomacocha, en Ayacucho; los de La Convención, en Cuzco; y, en fin, a lo largo y a lo ancho del país; los campesinos, incluyendo a los analfabetos, luchan vigorosamente por la Revolución Peruana y, por eso, no se les puede marginar con un simple frente electoral.70

Aunque los proclives al comunismo chino continuaron con las prácticas y roles sociales que jerarquizaban con paternalismo al poblador rural, promovieron una corriente política alternativa en el universo izquierdista al anunciar que ya no era en la ciudad -el entorno donde predominaban las miradas “revisionistas”-, sino en el campo donde la “lucha de clases” aparecía más “real” y oprobiosa. La subsecuente ruptura con la tradición filo soviética y la reinvención de una suerte de “lugar de enunciación” revolucionario, maoísta, serrano y rural, alternativo a la mirada urbana y limeña, acompañarán a las organizaciones maoístas que predominarán en la izquierda en la siguiente década.

Por último, el antagonismo entre las facciones del comunismo criollo apeló al conflicto del “movimiento comunista internacional” -la polémica entre los regímenes comunistas de China y Rusia- para zanjar sus diferencias y ambiciones. La ruptura del partido se formalizó en la “IV Conferencia Nacional del PCP” del 18-19 de enero de 1964. En este evento, los facciosos liderados por Paredes, se atribuyeron la verdadera representación del Partido Comunista del Perú, “expulsando” a los pro-soviéticos y llevándose consigo casi toda la red campesina.71 El nombre del periódico del nuevo partido comunista:

70 Ibid, p. 63-64.

“Bandera Roja”, servirá en adelante como distintivo.72 Con ellos también partirá algo

más que el acrónimo “PC”. Se les asociará con un rasgo que será distintivo de los futuros maoístas peruanos: el origen provinciano y plebeyo de sus dirigentes y militantes, de hecho entre los facciosos pro-chinos varios eran oriundos de Huancavelica.73 No mucho después, la ruptura se trasladó también al plano gremial.

Con la fractura del comunismo criollo se refrendaban los contrapuestos intereses puestos sobre el movimiento campesino. Para el Partido Comunista pro-soviético, la prioridad era la de alcanzar un reconocimiento legal en el sistema político, empeño que guiaba su opción por la participación electoral y la tensa pugna por contener sus alas radicales, especialmente influidas por la revolución cubana y la movilización campesina. La iniciativa política de los campesinistas en el partido contribuía a alterar un escenario ideal de compromisos sistémicos, por lo que la dirección partidaria optó por canalizar la emergencia campesina sin alterar el equilibrio social, sea a través de las instancias del estado o buscando generar una opinión pública favorable para el cumplimiento de las reformas en la propiedad agraria. Por su parte los faccionalistas que fundarán el PCP-Bandera Roja, aunque alentaban una retórica reivindicativa de la politización rural, lo hacían en los términos de un radicalismo culturalmente situado en los predios de la república criolla, distante y opuesta a las posibilidades latentes de un campesinismo quechua o aymara. En este sentido, el comunismo y el campesinismo maoísta fueron y continuarán siendo hasta su eventual disolución treinta años más tarde, indigenistas y conservadores.

72 Cada una de las facciones en que se dividió el PC buscó aliados y fuentes de recursos en el extranjero. El PC-Unidad continuó sus vínculos con la Unión Soviética y el PC-Bandera Roja con la República Popular China. El apoyo de China duró hasta fines de los sesentas, pero el liderazgo en Bandera Roja se tornará inestable, llegando a sufrir tres rupturas hasta 1970. En su V Conferencia (noviembre de 1965), Paredes apelará a un discurso radical y en apariencia proclive a la lucha armada, pero en realidad muy poco o nada se hizo al respecto, lo que fomentará faccionalismos. Con el alejamiento de sus cuadros universitarios y docentes, el trabajo campesino de Bandera Roja decaerá y la CCP se estancará en unas pocas bases en Ayacucho, Cusco, Ancash y otros lugares. Sobre los maoístas peruanos ver: Lynch, 1990; Ranque, 1992; Navarro, 2006.

CAPITULO 2

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