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PATRONES DE CONSUMO DE ALCOHOL Y SEXO (Fig 02.02): el 64,9 % de mujeres registraron un consumo no problemático; en tanto que los

MATERIAL Y MÉTODOS

TABLANº 05: RELACIÓN MULTIVARIADA DE FACTORES DE RIESGO DE CONSUMO DE ALCOHOL EN LA POBLACIÓN ADULTA.

5.2. PATRONES DE CONSUMO DE ALCOHOL Y CARACTERÍSTICAS DEMOGRÁFICAS

5.2.2. PATRONES DE CONSUMO DE ALCOHOL Y SEXO (Fig 02.02): el 64,9 % de mujeres registraron un consumo no problemático; en tanto que los

hombres registraron sólo el 25,2% de este tipo de consumo. En lo que respecta al consumo en riesgo se observó sólo pequeñas diferencias entre ambos géneros; sin

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embargo el consumo perjudicial y dependencia alcohólica presentó mayores porcentajes en los varones (37.7%) y (21,2%) que en las mujeres (23.2) (2.4 %) respectivamente. Hallándose una relación estadística altamente significativa entre el sexo y el patrón de consumo (p <0.01) al aplicar la prueba estadística chi- cuadrado.

El predominio masculino es demostrado ampliamente en trabajos de investigación encontrados y referidos en los antecedentes del presente estudio: Torres, et al. (2000), Rodríguez et al. (2000), Natera, et al. (2001), Morales et al. (2002), Alvarez, (2004), Herrán et al. (2005), Camejo et al. (2006), Rodrigues et al. (2007), Díaz, et al. (2008) coinciden con los resultados aquí descritos.

La III Encuesta 2006 (DEVIDA, 2007) señala que el consumo de alcohol entre hombres y mujeres tienden a aproximarse, que por cada tres varones que registran consumo de bebidas alcohólicas en el último año, existen dos mujeres que reportan lo mismo (hombres 72.4% y mujeres 55.7%).

Se observa en estos estudios que las mujeres beben menos; esto debido a que las mujeres con menores cantidades de ingesta alcohólicas llegan a alcanzar niveles de alcohol en sangre similares a los de los hombres, lo cual puede explicarse por razones fisiológicas: su menor tamaño corporal conlleva un menor volumen de distribución. Además, las mujeres poseen una menor actividad del alcohol deshidrogenasa, lo cual contribuye a que en ellas los efectos del alcohol sean más graves y duraderos que en los varones. Las mujeres tienen diferentes mecanismos farmacológicos que aumentan la concentración de la sustancia y hacen más lenta la eliminación. El menor volumen corporal y el menor contenido

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de agua en la mujer, hacen que el alcohol tenga mayor concentración y por lo tanto mayores y más rápidos daños comparado con el hombre (Velásquez, 2004).

Gómez, (2004) refiere también que la mujer enfrenta una doble vulnerabilidad: una de carácter biológico, ya que desarrolla problemas de salud con menores dosis y en un menor tiempo de consumo que el varón, y otra de naturaleza social, al ser objeto de un mayor rechazo de la sociedad cuando presenta problemas con su manera de beber. A pesar de ello, la mayor parte de los programas de atención tanto en materia de prevención como de tratamiento, están diseñados para atender las necesidades de los hombres y muy pocos consideran la perspectiva de género a fin disminuir el consumo riesgoso o detectar tempranamente a las bebedoras excesivas. Los servicios de tratamiento no cuentan con guarderías o servicios de apoyo para las madres que ingresan a programas de tratamiento para la dependencia alcohólica. Las estrategias de los establecimientos que expenden bebidas alcohólicas, en particular los bares y discotecas, ofrecen a menudo el ingreso gratuito a las mujeres o promociones especiales dirigidas a ese sector de la población.

Así mismo, la tolerancia y aceptación social hacia el alcoholismo de las mujeres es muy inferior a la concedida a los hombres; así mientras que el 50% de las personas desaprobaría rotundamente a una mujer bebida en una fiesta, sólo el 30% desaprobaría a un hombre bebido, existiendo una mayor sanción social para las mujeres. Esta menor tolerancia y aceptación social del alcoholismo femenino, está influyendo en la respuesta ofrecida por la sociedad (Gómez, 2004).

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Casi todos los estudios han estado siempre dirigidos hacia las conductas alcohólicas en los hombres, porque la aceptación social de la costumbre de beber excluía a las mujeres. En el distrito de Moche se observa mayor consumo en el sexo masculino, debido a su acción tolerante ante el tóxico y al legado sociocultural que la sociedad le ha dado pero las normas sociales son más restrictivas para las mujeres probablemente debido al papel social que desempeñan como cuidadoras de los miembros de la familia, lo que podría conducirlas a tener conductas de abstinencia y de mayor autocontrol frente a la bebida.

López y Malaquías (2000) analizó la evolución del consumo de alcohol en función de la variable sexo y encuentra patrones de consumo de alcohol claramente diferenciados en hombres y mujeres: de las mujeres consumidoras su inicio es más tardío, lo hacen con menos frecuencia y en menor cantidad, resultados que estadísticamente son corroborados en el presente estudio donde se ha encontrado que existe un relación estadísticamente significativa entre el sexo y el patrón de consumo.

Según reporte de la OMS (2005) los hábitos de consumo de alcohol y la cantidad ingerida difieren sensiblemente entre hombres y mujeres. En el mundo entero, los hombres consumen más alcohol y se exceden más en la bebida que las mujeres. Pero los hábitos masculinos y femeninos tienden a convergir en muchos países industrializados (donde la proporción de mujeres que se abstienen de beber es menor que en otras partes), y también en ciertos países en desarrollo si se tiene en cuenta el consumo no declarado.

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Al respecto, se ha encontrado en el presente estudio que un significativo porcentaje de mujeres presenta un patrón de consumo de riesgo (9.5%) y perjudicial (23.2 %), probablemente algunos de los factores que pueden estar incidiendo en el aumento del consumo por parte de las mujeres puede ser: la presión social con mensajes atractivos, desaparición de valores sociales y culturales que ejercían una función protectora como el sacrificio personal, salida del ámbito exclusivamente doméstico, mayor disponibilidad económica, educación menos estricta y controlada, aparición de modelos femeninos consumidores, etc., esta tendencia puede deberse a un intento de liberalización y de igualdad por parte de las mujeres, que provoca una adopción del patrón masculino y no viceversa.

Las mujeres beben de forma clandestina, en secreto y en solitario y han vivido años de gran aislamiento social. La posición de la mujer alcohólica en la sociedad es difícil, porque si bien es cierto que aparecen algunas modificaciones en la actitud social o el enjuiciamiento moral del alcoholismo, éstas, en todo caso, apuntan hacia una mayor tolerancia del alcohólico varón, pero no en la misma medida para la mujer alcohólica (Gómez, 2006).

Podemos concluir que el uso de alcohol y los problemas relacionados están vinculados con los roles y las expectativas de hombres y mujeres en la sociedad, además de las diferencias biológicas entre géneros en lo que se refiere al metabolismo del alcohol. Tradicionalmente, los hombres beben con mayor frecuencia e intensidad en los países desarrollados y en algunos países en vías de desarrollo los patrones de ingesta de hombres y mujeres están convergiendo.

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5.2.3. PATRONES DE CONSUMO DE ALCOHOL Y GRADO DE