• No se han encontrado resultados

El perfil profesional del profesor universitario para la Sociedad del Conocimiento

Sociedad del Conocimiento

3.2. El perfil profesional del profesor universitario para la Sociedad del Conocimiento

Ante estos nuevos y complejos escenarios, así como los retos globales-locales en la Educación Superior y las Universidades, se hace más que evidente que el profesor universitario se enfrenta a grandes desafíos para poder desarrollarse adecuadamente en la Sociedad del Conocimiento, lo que deriva directamente tanto en la necesidad de redefinir su perfil en un marco de desarrollo profesional docente, como el esbozado anteriormente, como en la necesidad de asumir nuevos modelos y concepciones acerca de la educación, la enseñanza y el aprendizaje, nuevas metodologías, nuevos roles y funciones, nuevas competencias y, sobre todo, nuevas actitudes que le permitan al profesorado hacer frente a todos estos aspectos en los que las TIC juegan un papel ineludible. Como apunta Imbernón, “…el profesorado debe moverse hacia una formulación colectiva de nuevas metas y nuevas estrategias destinadas a construir un nuevo papel en su función educadora” (Imbernón en Picardo y Escobar, 2002:4). Es decir, que si la educación de los seres humanos se hace más compleja, la profesión docente lo será también (Imbernón, 2001).

Para realizar una siguiente aproximación al perfil, en el que las TIC trastocan prácticamente todas sus actividades profesionales y escenarios de actuación, se ha partido, como hemos visto hasta ahora, de un análisis y reflexión general sobre las características y retos del contexto global de actuación profesional (el escenario global de la Sociedad del Conocimiento, el escenario profesional enmarcado por la educación superior como sistema educativo y por las universidades como contexto institucional), en el que la figura profesional del profesor ha de desempeñar sus funciones; continuando con este proceso, en este apartado se revisan algunas de las principales aportaciones académico-científicas de diversos organismos internacionales y expertos en la materia, a través de sus análisis, reflexiones teórico-prácticas e investigaciones alrededor del perfil o nuevos perfiles del profesor universitario que se observan imprescindibles en los nuevos escenarios del siglo XXI.

A partir de estas aportaciones, se identificarán los principales rasgos que consideramos que impactan o modifican considerablemente su perfil profesional en cuanto a las TIC y que darán luz para dibujar un perfil general y deseable de profesor universitario acorde con la sociedad actual y sus necesidades. Este perfil deseado deberá reflejar el cumplimiento de los objetivos de aprendizaje o competencias que la universidad desea desarrollar en los alumnos, así como un entendimiento amplio de la profesión y de lo que se espera lograr de la enseñanza.

Iniciando con las aportaciones de Tomàs, Feixas y Marquès (2002), a partir de sus investigaciones y reflexiones sobre los retos que plantean la Sociedad del Conocimiento y las TIC sobre la universidad, nos apuntan principalmente a los cambios que se observan en los ámbitos principales que le competen al profesor, que son los de docencia, investigación y gestión. Entre ellos, señalan que el profesor universitario deberá aprovechar las TIC, gestionar los nuevos entornos de aprendizaje, replantear un cambio metodológico, de mentalidad y de prácticas docentes, enfocados no sólo en el sentido instructivo, sino también atendiendo a los aspectos educativos derivados de todos sus ámbitos de actuación.

Marquès (2000a, 2000d, 2008a, 2008b), a partir de su amplia experiencia e investigaciones alrededor de las TIC en la educación, señala que los profesores, además de aprovechar la inmensidad de recursos TIC, deberán ayudar a los alumnos a aprender a aprender y ser mediadores de los aprendizajes, a personalizar su acción docente e involucrarse más en el trabajo colaborativo con otros colegas, investigando, observando y reflexionando en las aulas alrededor de la propia acción didáctica y buscando progresivamente mejoras en las actuaciones acordes con las circunstancias, es decir, una investigación acción en el aula potenciada reflexivamente con las posibilidades didácticas de las TIC.

Desde la perspectiva de Marcelo (2005), en sus reflexiones sobre cómo se debería repensar el trabajo de los formadores ante los cambios actuales para dar respuesta y aprovechar las nuevas oportunidades que ofrece la Sociedad del Conocimiento, apunta que dichos cambios no sólo demandan una redefinición del trabajo del formador, sino que la profesión docente, su formación y su desarrollo profesional también se ven profundamente transformados, así,

“…el papel del formador debería cambiar desde una autoridad que distribuye conocimientos, hacia un sujeto que

crea y orquesta ambientes de aprendizaje complejos, implicando a los alumnos en actividades apropiadas, de manera que los alumnos puedan construir sus propia comprensión de las competencias a adquirir, trabajando con los alumnos como compañeros en el proceso de aprendizaje y colaborando intensamente con otros.” (Marcelo, 2005:270)

El autor hace énfasis en que lo que la sociedad actual demanda del formador es que sea…

“…un trabajador del conocimiento, diseñador de ambientes aprendizaje, con capacidad para rentabilizar los

diferentes espacios en donde se produce el conocimiento, más centrado en el aprendizaje que en la enseñanza.” Marcelo, 2005:-271)

Un profesional de la formación que aprende a lo largo de su vida y estrictamente comprometido con el conocimiento. El autor expresa que los nuevos ambientes de aprendizaje como el del e-learning, exigirán entonces, nuevas competencias y nuevos perfiles profesionales del formador que atiendan tal complejidad, entre ellos, el experto en el contenido, experto metodólogo, diseñador de medios, diseñador web, administrador de la plataforma, profesor-tutor, coordinador del curso y gestor.

Por su parte, Imbernón (2006), en su análisis sobre la profesión docente ante la globalización y la Sociedad del Conocimiento, señala la necesidad, más que de un simple cambio o ajuste, de una verdadera y nueva (re) profesionalización docente, es decir, volver a pensar la profesionalización docente y enmarcarla en este nuevo contexto, caracterizado sobre todo, por los cambios constantes y vertiginosos, así como de la complejidad en el más amplio sentido, analizando…

“las relaciones entre el profesorado, las emociones y actitudes, la complejidad de la tarea docente, el cambio de

relaciones de poder en los centros, la autoformación, la comunicación y la formación en la comunidad; deconstruir la profesión docente y diseñarla de nuevo, viendo al profesor como “sujeto activo (de aprendizaje, de formación, de autonomía…), con sus emociones, actitudes y no como objeto perteneciente a una profesión subsidiaria: un mediador/a, más que instructor/a, conocedor/a disciplinar, educador/a con pensamiento crítico y con capacidad profesional autónoma, que atienda a la diversidad, con actitud colegial que implique procesos comunicativos y de trabajo en equipo, proponedor de valores, solucionador de problemas, conflictos y toma de decisiones, trabajador/a con la comunidad y conocedor del entorno, así como conocedor/a del vivir diario.” (Imbernón, 2006:235)

El autor señala, coincidiendo con los autores anteriores, algunas alternativas esenciales para esta nueva y distinta profesión que inciden directamente en el profesorado, como la necesidad de colaboración y comunicación con otros profesionales, una teoría que ayude a repensar la práctica y fomente la capacidad reflexiva, entender la diversidad y las necesidades de los alumnos y del contexto, así como formarse e introducir nuevas tecnologías en la enseñanza a partir de la conformación de un marco tecnológico capaz de ampliar el acceso y la cobertura educativa.

Esta transformación radical del papel del formador ante las TIC, analizada también por Tejada (1998, 1999, 2002, 2007), señala que,

“…el profesor sigue siendo un elemento clave en la mediación, pero considerado en un contexto concreto de exigencia de nuevas modalidades organizativas, posibilitadas e integradas por los medios en interacción con los alumnos como protagonistas y mediadores de su propio aprendizaje.” (Tejada y Giménez, 2007:37)

Enfatiza sobre todo, la necesidad de perfilar un formador esencialmente crítico, reflexivo e innovador. Las TIC y sus posibilidades para la formación le darían a éste profesional, nuevas posibilidades de actuación e innovación dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, donde la idea es “hacer saber” con el apoyo de estos recursos.

En línea con ésta idea, Cabero (2005) enfatiza que el criterio esencial para que el profesorado incorpore las TIC a su actividad profesional, no es sólo que nos permitan hacer las cosas de forma más rápida, automática y fiable, sino que en su utilización debemos buscar el crear nuevos escenarios y entornos más ricos y variados para el aprendizaje, y adaptarlas a las nuevas demandas y exigencias de los nuevos retos educativos. Este mismo autor señala entonces tres funciones básicas que deberá asumir el profesorado ante las TIC en la Sociedad del Conocimiento:

“…una, ser diseñador de situaciones mediadas de aprendizaje, otra, producir o adaptar medios, a las necesidades y

características de los estudiantes, a sus demandas cognitivas y estilos de aprendizaje y una tercera, la de tutorización como uno de los instrumentos de máxima significación, para conseguir que el sistema funcione con calidad y se propicie un clima para el aprendizaje. En ella el profesor deberá de realizar diferentes actividades que irán desde el asesoramiento, a la motivación y a la redirección de la actividad realizada por el estudiante.” (Cabero, 2004b:3)

Zabalza (2007a:94-96) considera también la importancia de las TIC y reconoce la transformación del papel del profesor dados los nuevos escenarios formativos a partir de éstas y su integración en el currículo universitario. De acuerdo con el autor, esta redefinición del papel del profesor universitario debería centrarse más en orientar o ayudar al alumno a navegar en el inmenso océano de información disponible, enseñándole a buscar lo más pertinente, orientando su búsqueda y aportando criterios para la selección. Un profesor que plantee verdaderos retos cognitivos al alumno que favorezcan la integración de los conocimientos adquiridos, tanto en el aula como en la red; así, las TIC servirían para apoyar y, sobre todo, facilitar esta labor, transformando así mismo su papel en los procesos de formación e integración curricular, tanto como objeto de estudio, como recurso didáctico, así como medio de expresión y comunicación. Esta reorientación de la función principal del profesorado universitario, enfatiza Zabalza (2007b:169), habría de convertirlo en un profesional del ‘aprendizaje’, pero sobre todo, en lo que respecta a su formación alrededor de las TIC, que no se trata sólo de una formación en el conocimiento y manejo de los recursos de manera técnica, sino que se trata de una formación enfocada a facilitar el aprendizaje de los alumnos, es decir, una formación alrededor de las posibilidades didácticas y formativas de las TIC para enriquecer los procesos de aprendizaje en los nuevos entornos tecnológicos.

Una perspectiva, que a nuestro juicio, denota un análisis más crítico y agudo sobre lo que representa en realidad la Sociedad del Conocimiento para la Educación y el profesorado, es la que realiza Hargreaves (2003a, 2003b), quien describe ampliamente las dos caras de la moneda, es decir, tanto de los beneficios como de los enormes riesgos que plantea la sociedad actual. Hace referencia a que el profesorado debe reconducir su profesión no sólo para la economía del conocimiento, sino más bien para la Sociedad del Conocimiento y más allá de ella, de tal manera que ésta se posicione más allá de los beneficios económicos y responda a necesidades sociales mucho más relevantes y profundas, beneficiando así, a todos los miembros de la sociedad, y en particular, a los menos desarrollados o a los que hasta ahora se han visto marginados por las consecuencias negativas de la Sociedad del Conocimiento en las denominadas brechas digitales, incluyendo por supuesto al mismo profesorado, como uno de los principales agentes educativos afectados y desvalorados por la economía actual. En este sentido, enseñar más allá de la Sociedad del Conocimiento, implica que el profesorado,

“…aborde otros valores humanos y objetivos educativos humanos y convincentes además de los que consiguen beneficios: objetivos relacionados con el carácter, la comunidad, la democracia y la identidad cosmopolita.”

(Hargreaves, 2003a:73)

En consecuencia, la propuesta de Hargreaves señala un perfil del profesorado que enseñe en, para y más allá de la Sociedad del Conocimiento con las siguientes cualidades o conjunto de virtudes profesionales indiscutibles (Hargreaves, 2003a:42-75):