CAPÍTULO 1: Ciudad, espacio público y performance callejero
1.3. Performance callejero: otro sentido del espacio público
En Performance studies: an introduction, Richard Schechner afirma que el performance es una acción que se lleva a cabo en un tiempo y lugar determinados. En las artes, el performance es una obra de teatro, un baile, un show, un concierto. En la vida cotidiana, es hacerse notar, destacar una acción para aquellos que están observando. En las artes el performance implica que hay ensayos previos, así como el performance en la vida cotidiana surge a partir de comportamientos aprendidos por cada sujeto (Schechner, 2006: 28 – 29). Por otro lado, Erving Goffman define el performance como una actividad de cierto participante en cierta ocasión que
influye de alguna manera en otros participantes (Goffman, 1959: 15 – 16).
De acuerdo con Schechner y Goffman, performance es tanto las acciones que se llevan a cabo en la vida cotidiana como las actividades artísticas, pues ambas surgen a partir de comportamientos previamente aprendidos. Sin embargo, Marvin Carlson hace un distinción, y es que la diferencia entre un performance en la vida cotidiana y uno de carácter artístico, es que en el segundo hay una intención de incidir en el espacio y en las personas presentes a partir de
lo que se está haciendo (Carlson, 1996: 4 – 5). Se es consciente de que se está incidiendo en
los demás, y los comportamientos previamente aprendidos también fueron de manera consciente, pues se llevaron a cabo entrenamientos y repeticiones.
Un hombre sorprende a otros ciudadanos al meterse a la boca un papel ardiendo en llamas en la Plaza Bolívar de Bogotá.
65 Cuando se le agrega el término ‘callejero’ al concepto de performance nos referimos entonces a este tipo de actividades que se llevan a cabo en el espacio público, preferiblemente lugares abiertos, como los parques, las plazas, las aceras, pues en los espacios abiertos es muy poco frecuente la limitación de asistentes como en los cerrados. Si tenemos en cuenta los planteamientos de Schechner y Goffman, performance callejero podría ser cualquier actividad que cualquier ciudadano realiza en el espacio público, pues estas actividades inciden de alguna manera en los demás y se llevan a cabo con base en comportamientos previamente aprendidos. Pero si tenemos en cuenta la diferenciación que hace Carlson, solo hablaremos de performance callejero para referirnos a las actividades realizadas en el espacio público pero que sus realizadores son conscientes de que se trata de un performance y por lo tanto tienen claras las intenciones de influir en los demás a la hora de llevarlo a cabo. Además son conscientes de los comportamientos previamente aprendidos, pues para realizar el performance en determinada ocasión y lugar, antes ensayaron varias veces.
Músicos boyacenses tocando en en un bus de Transmilenio.
En esta categoría de performance callejero tienen cabida todos los que llevan a cabo una actividad en el espacio público previamente ensayada y con la intención de ser objeto de atención de la gente. El performer callejero incide en la cotidianidad de los transeúntes, mostrándoles la ciudad desde la perspectiva del goce. Busca narrarles algo a las personas mediante lenguajes verbales y no verbales. Se desafía a sí mismo en la medida en que no tiene vergüenza de mostrarse a un público que no transita preparado para verlo. Desafía a los demás también, pues se apropia de un espacio e incita a los otros a que se apropien junto con él. El performer callejero goza y hace gozar. Su producto no está intermediado por ninguna organización, es él mismo quien se pone en escena. Él mismo escogió el lugar dónde realizar
66 su actividad, él mismo ordenó su acto y seleccionó sus accesorios basándose no solo en sus gustos sino en lo que especula que puede agradarle a la gente.
Comediante disfrazado de mujer haciendo su performance en el centro de Bogotá.
Entre los performances más comunes que podemos ver en las ciudades figuran malabaristas y acróbatas en los semáforos, comediantes y teatreros en las plazas públicas, músicos en los andenes. Todos ellos realizan su actividad en el espacio público. Sin embargo, cabe aclarar que no todo malabarista que lanza sus clavas en una plaza pública está realizando un performance callejero. Tampoco el guitarrista que se sienta con sus amigos a tocar en un parque. El performer callejero es el que tiene una intención de mostrarse ante el público. El músico con su grupo de amigos solo tiene la intención de mostrarse ante ellos, así esté en el espacio público. El grupo de malabaristas que empieza a jugar en una plaza no tiene una interacción directa con sus conciudadanos. Es probable que esté ensayando para después realizar su performance en otro lugar. El performer callejero llega a un espacio y se hace protagonista en él. Llama la atención de la gente, se relaciona con ella y en muchos casos pide dinero a cambio. Pero siempre tiene clara la intención de que lo que está llevando a cabo no es solo para él ni para un grupo reducido de personas, sino que es algo público al que todo el que pase por su lado puede tener alguna relación.
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Hombres colgados en tela durante las protestas en apoyo al paro campesino en Bogotá (2013)
El performance callejero es muy usual sobre todo en las manifestaciones populares. Aunque algunos se manifiestan violentamente enfrentándose con la Policía, hay quienes preparan performances teatrales o salen a la calle con disfraces e instrumentos musicales. En las marchas contra la reforma a la educación y las protestas urbanas en apoyo al paro agrario, realizadas en Colombia en 2011 y 2013 respectivamente, muchas personas, en su mayoría jóvenes, salieron a la calle con las caras pintadas, había mujeres sin sostenedor con dibujos en sus torsos, grupos de personas haciendo performances teatrales; otros llevaron máscaras, instrumentos de percusión y de viento, pitos, carteles rigurosamente decorados, gritaban arengas en coro.
68 Tres jóvenes tocando instrumentos de percusión durante las manifestaciones contra la reforma a la educación en Bogotá (2011).
La manifestación en su conjunto es un performance. Tiene su valor en el instante en que se lleva a cabo, pues ninguna manifestación será un performance igual al anterior. Ha habido preparaciones previas de todos los elementos de la protesta y hay una intención clara de intervenir la ciudad y de mostrarse ante el público. Todos hacen parte de ese performance, colectivamente se construye sentido en la ciudad a partir de la protesta social y las subjetividades siguen persistiendo. Y sería muy evasivo negar que los vidrios rotos, las paredes pintadas con aerosol, los encapuchados enfrentándose con los policías, los gases lacrimógenos y los aturdidores también hacen parte del performance y de la estética que se construye a partir de este.
69 Mujeres con el torso desnudo y pintado durante las manifestaciones en apoyo al paro campesino en Bogotá (2013)
El performance callejero maneja un discurso emocional cuya capacidad de transformar un espacio es mucho más rápida que los discursos que hablan sobre transformación en términos de infraestructura arquitectónica. A partir de esta interacción con el espacio público y sus transeúntes, el performance callejero construye sentido colectivo de la ciudad y ayuda a desarrollar una estética del goce. Ya no es el espacio residual entre establecimientos privados, ni un espacio peligroso o sucio. Ahora es un espacio de goce que todos pueden habitar y ayudar a construir. El performer propone, el espectador responde. Juntos, reconfiguran el uso del espacio público y surge una estética del goce desde los sentidos que le dan a la ciudad y la forma en que cada uno lo expresa.
Aunque son muchos los ciudadanos que a diario se movilizan por el espacio público, pocos son los que intervienen en él. No lo habitan, solamente lo transitan para ir de la oficina al bus, y al bajarse del bus, para caminar unas cuadras hasta la casa. Puede que se sienten una tarde en los parques y las plazas públicas, pero no son actores del espacio. Otros sí frecuentan parques y plazas ya sea trotando, montando bicicleta, paseando al perro, jugando con una pelota o simplemente caminando solos o en compañía, pero la mayoría lo hace solo los fines de semana. El espacio público no es su escenario principal, por lo tanto su contribución a la construcción de sentido de este es irregular. Le da sentido a partir de no ocuparlo, es decir, en contravía con el sentido que le dan quienes lo transitan. A veces ni siquiera ejercen como espectadores, o sea que el espacio público tampoco es su atracción. No es la obra que quieren ver ni el lugar que desean habitar. Caminan por él solo para moverse de un espacio privado a otro. Aunque sea transitado diariamente para muchos ciudadanos solo un espacio residual.
Se incrementa el distanciamiento con el espacio público y se reducen las oportunidades de interactuar con sujetos que nunca se encontrará en un espacio privado. Ni actores ni espectadores, sujetos indiferentes ante el espacio público. Este no es su escenario ni su atracción, sino un espacio residual. No influyen en la interacción de sentidos en la ciudad ni en la construcción de estéticas. Escasamente constatan lo sucede en el espacio público porque están obligados a pasar por ahí para llegar a un establecimiento privado. Tienen todo el derecho a habitar el espacio público, pero no quieren.
70 Centro de Bogotá.
Aunque se supone que por el hecho de ser ciudadanos, todos deberíamos poder acceder al espacio público en las mismas condiciones, en muchas ocasiones los establecimientos privados limitan el tránsito de las personas por el espacio público. En algunas ciudades de Estados Unidos, los andenes son escasos, por lo tanto algunos lugares del espacio público es difícil transitarlos a pie. Algunas ciudades están diseñadas para que sea necesario tener un carro. Pero al transitar en carro un espacio público se contempla este desde el aislamiento de lo privado. En otros casos, los establecimientos privados que hay sobre el espacio público generan desigualdad en las condiciones para acceder a algunos sectores públicos. No es el mismo caso transitar el parque de la 93 en Bogotá haciendo ejercicio que como vendedor ambulante. ¿Qué pasaría si un habitante de la calle deambula solo por el espacio público que hay entre los edificios del barrio El Virrey? ¿Nadie le va a avisar a la policía? Muchas veces puede presentarse que haya desigualdad en el acceso al espacio público porque hay personas más sospechosas de delinquir que otras para la Policía y algunos ciudadanos. La Policía tiene permitido requisar a quien quiera, pero ellos también se valen de prejuicios. ¿Y si yo como habitante de calle sé que la policía me va a requisar si paso por el Parque de la 93 sigue siendo para mí el mismo espacio público que para los demás? ¿Accedo a él en las mismas condiciones en que accede una adolescente que va a trotar en sudadera?
Como decíamos en la segunda parte de este capítulo, el performance callejero surge como una respuesta positiva (Borja, 2000, p. 17) a este problema de la indiferencia ante el espacio público, pues maneja un discurso emocional destinado principalmente a comunicar goce tanto para los performers como los espectadores. Durante el performance, tanto el performer como el espectador están gozando, están generando sentidos de la ciudad cada vez más colectivos.
71 De alguna manera, este goce que se comunica entre los ciudadanos que interactúan en un performance callejero contrarresta el problema de la desigualdad de condiciones de los sujetos en el espacio público. Si se trata de una obra de teatro en una plaza pública, todos los espectadores están en condiciones similares observando la obra. Ninguno está pagando un asiento por quedar más adelante que el otro. Al que le guste o le dé curiosidad se acerca y se acomoda donde pueda. O cuando una agrupación musical toca en el espacio público y la gente intenta hacer un círculo y baila dentro de él. Todos gozan en las mismas condiciones, y sin embargo las subjetividades persisten. Al contrarrestar el miedo, el goce pone a todos los ciudadanos en tregua. Se apacigua la aversión a interactuar con ‘extraños’ que tantos padecen. Surgen relaciones a partir del sentido que cada sujeto le da a la ciudad, en relación con el espacio y todo lo que ocurre en el instante.
Habitante de calle inhalando pegamento mientras baila al ritmo de la música de una papayera frente a la Plaza Santander en el centro de Bogotá.
La comunicación verbal en estos casos quizás es menos importante que la comunicación no verbal, pues el goce que cada sujeto experimenta trasciende las palabras. Como dijimos anteriormente, el performance callejero maneja un discurso emocional.
El espacio deja de percibirse peligroso, aburrido y residual. Se empieza a gozar. La brecha entre actor y espectador es menos limitante, ya ambos contribuyen a la reconfiguración del espacio y al surgimiento de una estética del goce en el espacio público. “El performance teatral se propone enseñar a sus espectadores los medios para cesar de ser espectadores y
convertirse en agentes de una práctica colectiva […] En lugar de estar frente a un espectáculo,
se ven rodeados por el performance, llevados al interior del círculo de la acción que les devuelve su energía colectiva” (Ranciere, 2010: 15). Los espectadores entonces se vuelven también actores de alguna manera, porque ayudan a desarrollar el performance, contribuyen a
72 transformar el espacio público y también son elementos determinantes hablando en términos de construcción de una estética del goce.
“La emancipación (cuando el espectador se emancipa de su condición de espectador) comienza cuando se comprende que mirar es también una acción que confirma o que transforma esta distribución de las posiciones. El espectador también actúa, como el alumno o el docto. Observa, selecciona, compara, interpreta. Liga aquello que ve a muchas otras cosas que ha visto en otros escenarios, en otros tipos de lugares. Compone su propio poema con los elementos del poema que tiene delante. Participa en el performance rehaciéndolo a su manera […] Así, son a la vez espectadores distantes e intérpretes activos del espectáculo que se les propone” (Ranciere, 2010, 18 – 19). Un performance en la calle necesita de la respuesta de los transeúntes, sea a través de palabras, gestos, baile, dinero, o lo que sea, para que se pueda construir otro sentido y otra estética del espacio público que se fortalece a medida que aumenta el número de respuestas positivas al performance. Cuando hay una respuesta activa de los espectadores, cesan de ser espectadores y entran también a participar en el performance, que ya no son solamente los performers sino todo el que manifiesta activamente su goce en el espacio público. De alguna manera, el performance se da como una mediación tendida hacia su propia supresión (Ranciere, 2010: 15), pues la se diluye la brecha entre performers y espectadores, y todos pasan a ser elementos diversamente determinantes en la construcción de una estética del espacio público desde la intercomunicación del goce.
Cuando se trata de una agrupación musical tocando en la calle, en ocasiones ocurre que los transeúntes se detienen frente a la agrupación y empiezan a bailar al son de la música, haciendo ellos también parte del performance y ayudando a configurar una estética a partir del sentido que le dan al espacio y a la actividad. Entonces la diferenciación entre performer y espectador es mínima, pues entre todos dan y reciben goce. Comunican. El espacio público deja de ser residual cuando un performance callejero se lleva a cabo, y entre más ciudadanos trasciendan su condición de espectador y respondan actuando de alguna manera en el espacio, la estética construida se nutre de una amplia diversidad. De esta manera se propicia el potencial para crear sentidos de una ciudad interviniendo un espacio que todos los ciudadanos tienen el mismo derecho a habitar.
73 Grupo a cargo de Alejandro Aristizábal tocando en la carrera séptima un día entre semana en el centro de Bogotá.
Desde el performance callejero surgen interrelaciones que influyen en la construcción de sentidos sobre el espacio público y la ciudad. La manera de relacionarnos está determinada por la sociedad y los sentidos de un espacio se determinan por las relaciones que se han creado entre los sujetos. No existe un sentido preestablecido, los sentidos surgen en la relación con los conciudadanos y el espacio.
Como mencionamos anteriormente, los performers callejeros no solamente transforman el uso del espacio público, sino también su oficio como vendedores en condición de supervivencia. Dando lugar a una estética del goce en el espacio público, llevan su oficio más allá de la necesidad de obtener dinero para sobrevivir. La remuneración que reciben no solamente es monetaria, también es emocional. Aplausos, sonrisas, palabras elogiadoras, que otras personas bailen (en el caso de los músicos) o que simplemente se detengan a observar la actividad, son gran parte del alimento motivacional del que se nutre el performer para seguir realizando su
actividad en el espacio público. “La motivación para su creación y cumplimiento de su propósito
se centra en la intención de transformar una realidad existente en una realidad deseada” (Frescara, 19).
74 Gildardo Montenegro tocando saxofón en el centro de la Bogotá. Al fondo, un niño y sus padres se detienen a observarlo.
Al final de la jornada, aunque cansado, el performer queda satisfecho porque gozó e hizo gozar. Su oficio (la mayoría piden dinero) es comunicar goce, divertir a las personas, por eso la paga que reciben es monetaria y emocional. El performer callejero conoce la necesidad de estar emocionalmente satisfecho porque la vive a diario en su oficio, mientras para otros la necesidad económica está primero. Si un performer callejero es consciente de que a partir de su actividad está generando en la mente de cada sujeto que lo observa diferentes sentidos de la ciudad, y que si estos sentidos interactúan se da lugar a una estética del goce que transforma el uso del espacio público, su recompensa emocional será aún mayor. Para muchos performers no basta con el dinero, también quieren recibir otro tipo de remuneraciones por parte de la gente. “El éxito de nosotros es que a la gente le guste lo que estamos haciendo, que lo disfruten. Además de ahí se desprenden bastantes presentaciones. Luego nos llaman y nos llevan a tocar a otro lugar, porque les gustó”, dice Fernando, clarinetista del grupo Ambares.
El performance despliega su potencial en el aquí y el ahora. He ahí uno de los potenciales del performance callejero: se lleva a cabo en vivo y en directo, con actores y espectadores presentes en el tiempo y el lugar del hecho. En este aspecto también se diferencia de otros vendedores callejeros en condición de supervivencia, pues el producto que el performer vende está funcionando en ese instante y de este solo quedará un nublado recuerdo en la memoria de cada espectador. No tiene la posibilidad de poseerlo, sino que la persona paga por lo que vivió en el momento presente. Se establece una interacción directa entre el performer, su performance, los transeúntes y el espacio público.
Cada performance es único. Aunque una obra de teatro se realice en la calle numerosas veces, y conserve una estructura y un orden, en cada ocasión va a ser diferente. Así se realice en el
75 mismo lugar, el contexto, las personas que lo presencian y la ocasión específica siempre varían, por lo que hacen único cada momento, cada performance. De la misma manera influye en esta condición de unicidad el estado físico y anímico del performer, su tono voz y su lenguaje