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independientes de su creador, es decir, siguen existiendo aunque su creador ya no esté presente. En este sentido, tienen la ventaja de ser menos dependientes del contexto que las representaciones orales o gestuales, pero también el sujeto que quiera interpretarlas en ocasiones deberá hacerlo basándose únicamente en la información contenida en las marcas. Y constituyen sistemas organizados, es decir, son conjuntos estructurados de marcas cuyo significado dependen de esa misma estructuración.

La estructura del sistema de notación musical, al igual que la de otros sistemas, se rige por una serie de leyes o códigos que establecen las relaciones entre las distintas marcas del sistema.

2.7. La partitura como SER

Centrándonos en el caso de la música, el dominio específico de la representación impone una serie de restricciones con relación al código que es necesario dominar para poder adquirir o comprender las partituras. Por ejemplo, en las partituras procedentes de la tradición clásica europea la restricción más elemental es que podemos definirlas como un eje de coordenadas. La variable X (en el eje de abscisas) representa unidades de tiempo isócronas, y la variable Y (en el eje de ordenadas) la altura del sonido, relacionada con la frecuencia del sonido en hertzios. Luego, a partir de unas figuras (signos) se representa la duración del sonido o la ausencia de sonido, el silencio (Casas y Pozo, 2008). Sin embargo hay que tener en cuenta que, al igual que otros sistemas de notación, las partituras combinan ciertos aspectos marcados explícitamente y otros aspectos que han de ser inferidos por los sujetos.

Lo que diferencia la notación musical de cualquier otro tipo de gráficas es su carácter secuencial. Precisamente por el hecho de representar el sonido dependiendo de una variable temporal, las partituras se convierten en guiones para la acción. De tal forma le requiere a quien

las interpreta unas determinadas habilidades procedimentales o acciones motoras muy complejas.2

Al igual que el resto de la información gráfica, interpretar o leer una partitura no es lo mismo que construirla o componerla. Ambos procedimientos requieren destrezas muy distintas. Aquí vamos a centrarnos en el proceso de interpretación pero entendiendo éste como el proceso

de lectura o comprensión de la obra previo a la acción de producción musical. Aclaramos este

punto puesto que en los estudios sobre información gráfica se suele utilizar el término interpretar para designar el proceso de lectura y comprensión de la información, mientras que en el ámbito musical es habitual utilizar el mismo término para referirse a la acción de producir/tocar música.

La demanda procedimental de las notaciones musicales está presente desde sus orígenes, pues la música estaba vinculada al gesto y por tanto a la producción motriz. Zatorre, Chen y

2 Las demandas de las partituras en relación a distintos momentos históricos se describen con más

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Penhune (2007) han concluido que existe una interacción entre la corteza auditiva y la corteza motora tanto en la percepción como en la producción musical. Y proponen también el rol crucial de la corteza premotora en la integración de características musicales de alto orden mediante acciones organizadas métricamente. A diferencia de otras actividades sensorio-motoras, la producción musical requiere una sincronización precisa de varias acciones organizadas jerárquicamente, así como el control preciso sobre la producción de los intervalos, implementado a través de diversos efectores dependiendo del instrumento implicado.

Así es que en el aprendizaje musical se han desarrollado otros tipos de sistemas externos de representación distintos a las partituras. Estos devienen del desarrollo tecnológico y más adelante de los sistemas de grabación y de edición de sonido. Son sistemas que se despliegan en el tiempo en vez de en el espacio y cuya función es fundamentalmente de regulación de la propia acción. El ejemplo más básico es el metrónomo, primero en las versiones de cuerda, que tendían a producir pequeños desajustes en la velocidad debido al propio funcionamiento del mecanismo o al desajuste del equilibrado del péndulo. Luego le sucedieron las versiones digitales, de más precisión y posibilidades de subdivisión del pulso.

A posteriori, los diferentes programas informáticos de edición de sonido (más que los de edición de partituras) permiten las funciones del metrónomo, pero además representan visualmente la onda sonora. Esta función permitiría relacionar la percepción auditiva con la visual de las características del sonido. La percepción auditiva realiza una estimación de las distancias más precisa que la que la visual, por medio de la comparación entre los dos oídos de la sonoridad, la altura tonal y el timbre. Es más precisa en la sincronización de eventos. Por este motivo es el uso de la claqueta en el cine, que permanece como herramienta para sincronizar el audio (el habla y sonido) con la imagen. No obstante, más allá de regular la acción motora con el entorno sonoro, el despliegue de la onda en el espacio de una pantalla podría posibilitar otras funciones, que pasamos a describir.

Como objeto semiótico, los SER tienen una doble función. Por un lado, sirven para registrar el conocimiento como “memoria externa”, debido a las características de permanencia espacial e independencia temporal vistas anteriormente. Es lo que algunos autores denominan “función pragmática” de los SER (Martí y Pozo, 2000). Por otro lado, y merece la pena destacar este aspecto, los sistemas externos de representación constituyen verdaderas herramientas

epistémicas, a través de las cuales no solo accedemos al conocimiento, sino que podemos

transformarlo y somos capaces de extenderlo.

Esta doble función de los SER es protagonista de gran parte de los objetivos de la educación musical formal en nuestro país. Al igual que en la educación obligatoria, en la educación musical especializada, como es el caso de conservatorios y escuelas de música, gran parte de los esfuerzos se centran en aprender el sistema notacional propio de esta disciplina.

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