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Perspectivas teóricas acerca del cambio social

1. Desarrollo y Cambio Social (marco teórico)

1.2. Estructura, dinámica y cambio social

1.2.2. Perspectivas teóricas acerca del cambio social

En principio, resulta importante y útil considerar la distinción que realiza Thomas (2000)28 de tres sentidos que implica el término desarrollo:

i) as a vision, description or measure of the state of being of a desirable society;

ii) as an historical process of social change in which societies are transformed over long periods;

iii) as consisting of deliberate efforts aimed at improvement on the part of various agencies, including governments, all kinds of organizations and social movements.

Estas connotaciones, siguiendo a Veltmeyer (2002), pueden ser a su vez planteadas como:

28 “Development as Practice in a Liberal Capitalist World” en Journal of International Development

i) las características objetivas y – por tanto – medibles del desarrollo, es decir, el desarrollo evaluado a través de un conjunto de indicadores ii) el desarrollo como la tendencia secular de cambio y transformación iii) el desarrollo como ideología, o bien, ideologías particulares fundadas en visiones específicas y en sistemas éticos particulares a partir de los cuales se organizan acciones, se definen políticas y se avanzan intereses. El desarrollo como proyecto político.

Por supuesto, estas acepciones del desarrollo están interna y complejamente vinculadas entre sí y solamente es posible identificar y comprender dichos vínculos desde una perspectiva más amplia, es decir, a partir del “cambio social”. Las teorías sobre el cambio social pueden ser también agrupadas en dos grandes grupos, en relativa oposición, por un lado, las teorías funcionalistas para los que el cambio social se da en base a pequeños y casi infinitesimales progresos en el marco de un esquema general de especialización funcional en que el equilibrio y el orden son importantes, por otro lado, otras teorías del cambio social enfatizan la presencia y necesidad del conflicto como generador de progresos que se suscitan cada cierto tiempo e implican una re-organización casi siempre drástica y/o radical del orden social (A. D. Smith, 1973).

Pero más allá de la mecánica del cambio social o de las (ex)tensiones implícitas que – como se ha visto – pueden ser identificadas en cada uno de los modelos de desarrollo propuestos históricamente, es importante tener presente que la idea del cambio social implica una profunda transformación de las relaciones sociales y – por tanto – en las actitudes, intereses y proclividades de las personas y lo que resulta de la agregación de varios individuos, es decir, la cultura (Esteinou, 2005). Aunque el cambio cultural no es precisamente el cambio social, se reconoce una amplia relación entre ambos tipos de procesos. Para Gallino (1988, citado en Esteinou, 2005), existen tres significados del cambio social: a) transformación de la sociedad, b) destrucción y creación de grupos y sociedades y en términos de la cultura, extinción y generación de rasgos civilizatorios y c) “sucesión de diferencias en el tiempo en presencia de una identidad persistente” (Ibid., 20).

Una clave importante para la comprensión del cambio social podría encontrarse en el trabajo de Mead (citado en Benjamin, 2007, pp. 2-3) quien propone la existencia de tres tipos (y al mismo tiempo, etapas sucesivas) de culturas: a) postfigurativa, b) configurativa y c) prefigurativa, como actitudes predominantes en una sociedad, lo que a su vez estaría marcando el ritmo y sentido del cambio social.

Hasta aquí, se ha visto que la idea del cambio social comprende la del desarrollo e incluye además las transformaciones más profundas en el nivel de la conciencia de los individuos y al hacerlo, lograr integrar y – al mismo tiempo – trascender las oposiciones entre agente y estructura, entre individuo y sociedad, entre lo objetivo y subjetivo, entre lo estático denotado por la estructura social y lo dinámico en términos procesos de cambio y – en cierta medida – entre lo positivo y normativo. La teoría de la modernización es vista como una especie de meta-teoría que deviene y subyace a diversas otras perspectivas teóricas del desarrollo y del cambio social, en ese sentido se trata de un paradigma bastante sólido y de gran influencia en las ciencias sociales. Aunque existen varias interpretaciones acerca de la modernización, en general se la puede entender como: 1) progreso o cambio social progresivo, es decir, el nacimiento y crecimiento de fuerzas que enriquecen y fortalecen la producción de la sociedad, 2) la existencia de una etapa – más reciente – entre varias otras, que marcan la historia de la humanidad y la pertenencia de una sociedad a dicha etapa y 3) un conjunto de planes y políticas que buscan llevar a una sociedad hacia un estado deseable según ciertos aspectos específicos (Esteinou, 2005; A. D. Smith, 1973, pp. 61-63) y – sobre todo – como cambios socioculturales al nivel de las actitudes y valores hacia lo innovador y en contra de los secular-tradicional (Jorrat, 1992).

Por supuesto, el paradigma de la modernización ha sido ampliamente criticado y desde diversos abordajes (Knippers B., 1999; McMichael, 2000; A. D. Smith, 1973) de modo tal que es posible distinguir varias perspectivas analíticas

antagónicas y/o alternativas al paradigma de la modernización. Dada su diversidad no sería exacto referirse a ellas como un paradigma, no obstante algunas de ellas, por la solidez de sus argumentos se constituyen en importantes escuelas de pensamiento tal el caso del marxismo, que define el cambio social a partir de las contradicciones: 1) entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, 2) entre la base productiva y la superestructura y 3) al interior de la superestructura, todas ellas mediadas de manera conflictiva por las clases sociales como sujetos históricos del cambio social. (Esteinou, 2005, pp. 29-33; A. D. Smith, 1973).

Aunque ciertamente controversial, es importante tener en cuenta la existencia de una tendencia secular, histórica o de largo aliento que en términos de Polanyi se denomina: “La gran transformación” (Polanyi, 1992) que básicamente se refiere a la creciente importancia que cobra el mercado en las sociedades y la consiguiente necesidad de que éstas (las sociedades) se organicen generando estados de bienestar que limiten la dinámica de los mercados (Bienefeld, 1991). Desde cierto punto de vista, esa ‘gran transformación’ a la que se refiere Polanyi puede ser vista como el proceso de expansión y consolidación del modo de producción capitalista, lo cual implica al menos tres grandes procesos seculares de cambio social y económico: modernización, industrialización y globalización29.

Para comprender la importancia de los procesos ya mencionados, es necesario tener en cuenta que:

a) Como ya se ha dicho, el proceso de modernización incluye también el conjunto de transformaciones culturales que implican el paso de sociedades “tradicionales” a otras “modernas” (Germani, 1971). En otros autores las oposiciones han sido planteadas como sociedad-comunidad (Weber, Tönnies), tradicional-moderno (Rostow), sin que necesariamente dichas bipolaridades sean

29 Cada uno de estos procesos no está desligado completamente del resto, al contrario, forman

parte del mismo proceso de cambio social, sin embargo su alusión enfatiza ciertos aspectos particulares de dicho proceso (Veltmeyer, 2008).

absolutas, antes bien, establecen un eje de referencia a lo largo de un continuum que implica: “continuous gradations y consistent variations” (Duncan, 1957).

b) Tanto la industrialización como la globalización pueden a su vez ser comprendidos como constituyentes del proceso de desarrollo capitalista en una fase que puede ser calificada de “imperialista” (Castles, 2005; Veltmeyer, 2008). En la misma línea se encuentra el trabajo de Wallerstein sobre el ‘sistema-mundo’ como resultado de un proceso de consolidación de un conjunto de relaciones funcionales y jerárquicas entre países y – en última instancia – sociedades (Wallerstein, 2004).

Por supuesto, existen otras perspectivas muy vinculadas a la del marxismo pero con algunas diferencias30 y – a pesar de ellas – esta investigación reúne dichas perspectivas bajo el denominativo de teorías críticas del desarrollo y del cambio social (Munck & O'Hearn, 1999) para intentar establecer una suerte de diálogo que pueda ser útil para dilucidar la problemática de la movilidad socio-espacial31.

1.3. Los estudios del desarrollo en el contexto actual de las ciencias