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Platón y Aristóteles

En los libros VI y VII de la República Platón introduce la dialéctica como el poder de la vinculación capaz de com- prender el nivel más elevado del mundo inteligible (el mundo de las Ideas y de la Idea del bien). Como tal poder, el pensamiento dialéctico es la razón (λόγος), que capta la verdadera realidad esencial sin la ayuda de los sentidos1.

La razón dialéctica (como todo pensamiento) comienza con premisas (hipótesis), pero en contraste con la ciencia matemática, emplea tales premisas no como “orígenes cau- sales” o primeros principios (άρχαί), sino como meras hipó- tesis acerca de lo que realmente es, como

supuestos, que son como peldaños y trampolines hasta el principio del todo, que es no supuesto, y, tras aferrarse a él, ateniéndose a las cosas que de él dependen, des- ciende hasta una conclusión, sin servirse para nada de lo sensible, sino de Ideas, a través de Ideas y en dirección a Ideas, hasta concluir en Ideas2.

Esta primera descripción “sistemática” de la dialéctica revela, como forma aún indiferenciada, las características esenciales que posteriormente se le atribuyen: (a) la rela- ción antagónica de logos y sentido; (b) el tratamiento de las premisas del pensamiento como meras hipótesis, desde las cuales puede hacerse el ascenso a los “primeros princi- pios” que las sustentan; (c) el “descenso” de los primeros principios (que adecuadamente se convierten en principios de comprensión una vez que el pensamiento obtiene una

1 Cfr. PLATÓN. Diálogos IV. República. Madrid: Editorial Gredos, 1988,

511b, 532a, pp. 336-364.

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idea de ellos) vuelve a las hipótesis, ahora firmemente fun- dadas, la mediación de lo inmediato.

Es evidente que la dialéctica se ha convertido aquí en un método de búsqueda de la verdad, pero la verdad está en la realidad de las Ideas y las mediaciones dialécticas del pensamiento constituyen la estructura real del ser a través de la cual el mundo sensible “participa” en las Ideas, lo múltiple en lo uno, lo particular en lo universal. Toda co- municación genuina, todo discurso que puede ser verda- dero o falso, concibe lo particular como universal (lo que sólo lo hace inteligible y comunicable), y así contempla todo lo percibido por los sentidos a la luz de lo no sensible, la razón revela lo que hace a lo múltiple lo que es. Para Platón esta función de comunicación verdadera no es sim- plemente la preocupación de una lógica formal divorciada del contenido fáctico particular de la realidad; el logos del pensamiento es el de la realidad; como método dialéctico tiene un carácter esencialmente “realista”.

Esto es especialmente claro en el Sofista, donde el análi- sis dialéctico de las “hipótesis” hace necesario renunciar a la unidad estática y a la particularidad de las Ideas en favor de su “mezcla” e interrelación. El método de análisis com- bina la separación y la composición, componiendo y sepa- rando lo que está compuesto o separado en el propio ser en sí mismo3. Las Ideas son aquí γένη (familias, géneros)

del ser, una caracterización que parece considerarlas como unidades dinámicas y eficaces, y en consecuencia la dialéc- tica es la ciencia de la separabilidad y combinabilidad de los géneros de los seres, su objetivo es saber cuáles son

3 Cfr. PLATÓN. Diálogos V. Parménides, Teeteto, Sofista, Político. Madrid:

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compatibles, cuáles son incompatibles, y qué grado de uni- versalidad atribuye a cada uno, es decir, el efecto unifica- dor que cada uno ejerce en la pluralidad de seres (particu- lares). La oposición de lo uno y lo múltiple, de lo universal y de lo particular, resulta ser la imagen en el espejo de la verdad, ya que el carácter juguetón de la manipulación dialéctica de las contradicciones es la imagen en el espejo de su verdadera seriedad. Así podemos tomar esto como una marca de la dialéctica del diálogo que lleva el nombre del sofista, cuya definición buscada, es la opuesta que fi- nalmente emerge, la del filósofo4. El diálogo que toma su

nombre del sofista establece el fundamento ontológico de la dialéctica, y es la concepción propia de la dialéctica lo que diferencia al filósofo del sofista. Su esencia es la me- diación de los opuestos, cuya posibilidad ahora se ha ex- plicado. El Filebo elogia la dialéctica como un regalo de los dioses: “Don de los dioses a los hombres, según me parece al menos, lanzado por los dioses antaño por medio de un tal Prometeo”5. Todo ser es a la vez uno y múltiple, limi-

tado e ilimitado, pero la multiplicidad de cualquier ser no puede ser comprendida en su carácter ilimitado mientras no se haya reconocido y determinado el número de media- ciones entre (μεταξύ) lo uno y lo ilimitado6. Esta superación

de los opuestos distingue el logos filosófico de su contra- partida sofística, que en su reconfiguración (ἀντιλέγειν) nunca llega más allá del mero descubrimiento de los opuestos.

4 Cfr. Ibid., 253c, p. 432.

5 PLATÓN. Diálogos VI. Filebo, Timeo, Critias. Madrid: Editorial Gredos,

1992, 16c, p. 31.

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En la transición de Platón a Aristóteles, la dialéctica su- fre una devaluación, volviendo una vez más a la proximi- dad de la sofistería, de la que Platón la había distinguido tan agudamente. Es significativo que Aristóteles7 explique

la introducción de las Ideas de Platón a través de su preo- cupación por la dialéctica, es decir, su ontología a través de su “método”. Para Aristóteles, la dialéctica es esencial- mente una técnica de persuasión que, en contraste con el carácter científico apodíctico de la filosofía, está basada en “meras opiniones”8.

La dialéctica recibe su definición propia en el Organon aristotélico, donde la lógica formal emerge de la lógica dia- léctica de Platón. Los Tópicos, que determinan el “lugar” de la inferencia dialéctica, hacen una observación extremada- mente esclarecedora, que cualquier “ordenar las cuestio- nes y formular las preguntas” dialécticamente sea de inte- rés sólo para el compañero en la conversación, mientras que “al filósofo y al que investiga para sí, en cambio, con tal de que las cosas por las que se establece el razonamiento sean verdaderas y conocidas, nada le importa …”9. ¿De-

beríamos ver en este contraste el rechazo metodológico del diálogo y la retirada de la filosofía en su propia certeza au- tosuficiente? En cualquier caso, aunque Aristóteles recono- ciera en la dialéctica un valor más elevado que la sofística, aparece en su tratamiento predominantemente como una técnica de argumentación: el dialéctico es “aquel que es ca- paz de formular proposiciones y objeciones. Ahora bien,

7 Cfr. ARISTÓTELES. Metafísica. Madrid: Editorial Gredos, 1998, 987b

29, p. 101.

8 Ibid.

9 ARISTÓTELES. Tratados de Lógica (Organon). Madrid: Editorial Gredos,

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proponer algo es convertir varias cosas en una ... y objetar es convertir una cosa en varias”10.

La significación objetiva de “lo uno y lo múltiple”, más allá de su aplicación en el argumento, está aquí oculta. Esto también es evidente en lo formal, en que se concibe cuan- titativamente la relación de la dialéctica con lo universal. En Sobre las refutaciones sofísticas la dialéctica se refiere a las refutaciones que son comunes a toda técnica (τέχνη) y dy- namis (δύναμισ), “la (refutación) derivada de (principios) comunes y no subordinados a ninguna técnica (τέχνη)”11.

La Metafísica12 identifica la dialéctica y la sofística en la me-

dida en que la dialéctica, aunque se ocupa de los atributos comunes a todos los seres, no los comprende como perte- necientes al ser como tal. Y en el pasaje inicial de la Retó-

rica,13 la retórica se caracteriza como la contrapartida

(ἀντіστροθος) de la dialéctica, ya que ambas se ocupan de todos y cada uno de los temas de la misma manera no con- ceptual. Así, la dialéctica no cumple el papel que Platón le atribuye: relacionar la pluralidad de seres con el concepto de lo universal, captar lo universal en lo particular. No puede hacer más que señalar la contradicción: no es cono- cimiento en sentido estricto. Por esta razón es esencial- mente diferente de la filosofía: la dialéctica se contenta con la duda y la pregunta, donde el filósofo conoce y reco- noce14. El carácter no científico de la dialéctica también es

responsable del hecho de que el tratamiento dialéctico de

10 Ibid, 164b 3, p. 305. 11 Ibid, 170a 41, pp. 330-331.

12 Cfr. ARISTÓTELES. Op. Cit., 1998, 1061 b, p. 547.

13 Cfr. ARISTÓTELES. Retórica. Madrid: Editorial Gredos, 1999, 1354a 1,

p. 161.

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los opuestos permanezca inadecuado15. La propia discu-

sión de Aristóteles de los opuestos procede entonces a la enumeración y clasificación de los diversos significados de “lo uno”, por lo que cada significado se designa con una palabra diferente16.