y autogobierno
Me gustaría ofrecer algunas respuestas tentativas a dos preguntas planteadas con referencia a mi trabajo, que no tuve tiempo de responder. Me gustaría señalar que estas preguntas fueron planteadas por los estudiantes, y me sen- tiría muy feliz si los estudiantes hablaran en la discusión. En los Estados Unidos (y esa es una de sus ventajas), des- pués de expuesta una conferencia, los estudiantes hablan, y no mis colegas. Quiero mucho a mis colegas, pero tam- bién me gustaría escuchar lo que los estudiantes tienen que decir y lo que los estudiantes tienen que preguntar.
“Revolutionary Subject and Self-Government” publicado en la revista
Praxis, 5, 12, Zagreb: 1969, pp. 32-67, responde al abordaje que se plantea
en la discusión de “The Realm of Freedom and the Realm of Necessity: A Reconsideration”, presentado en la Escuela de Verano de Korcula en 1968 sobre Marx y la Revolución, Yugoslavia, junio de 1968; ambos se publicaron en Praxis, 5, 12, Zagreb: 1969, pp. 20-5. Aquí nuevamente, Marcuse aboga por una redefinición de la clásica categoría marxista de la subjetividad revolucionaria (el proletariado) en la sociedad industrial avanzada al sugerir que la clase trabajadora, en los Estados Unidos, se ha integrado en gran medida al sistema de valores del capitalismo. El “autogobierno” para Marcuse en este sentido se enfoca en el desarrollo de nuevas formas de autonomía humana fuera de las sociedades indus- triales avanzadas donde el autogobierno está en gran parte en el cora- zón de la sociedad de mercado y sus necesidades consumistas y milita- ristas (N. de los Ed.)
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La primera pregunta se refiere al “sujeto revoluciona- rio”. ¿Cómo podemos hoy, cuando la situación es obvia- mente diferente de la época en que Marx y Engels escribie- ron, identificar al sujeto revolucionario?
Me gustaría ofrecer una definición muy tentativa de su- jeto revolucionario diciendo: es esa clase o grupo que, en virtud de su función y posición en la sociedad, tiene una necesidad vital y es capaz de arriesgar lo que tiene y lo que puede obtener dentro del sistema establecido para reem- plazar este sistema, un cambio radical que de hecho impli- caría la destrucción, la abolición del sistema existente. Re- pito, tal clase o grupo debe tener la necesidad vital de la re- volución, y debe ser capaz al menos de iniciar, si no de lle- var a cabo, tal revolución.
Si usamos esta noción del sujeto revolucionario, tendre- mos que decir que la revolución sin la clase obrera indus- trial es aún inimaginable. No puedo pensar en ningún país técnicamente avanzado donde se pueda llevar a cabo una revolución sin las clases trabajadoras industriales. Por otro lado, precisamente en los países más avanzados del mundo capitalista, la mayoría de las clases trabajadoras no tienen la necesidad vital de la revolución, no están dispues- tas, y muy comprensiblemente, a arriesgar lo que tienen por un sistema social completamente diferente.
¿Podemos reconciliar estas dos realidades evidente- mente conflictivas? Aquí tenemos uno de los casos en que los conceptos aparentemente muy abstractos y filosóficos de la lógica dialéctica manifiestan su contenido muy con- creto. La tradición marxista distingue entre el sujeto revo- lucionario an sich, por sí o en sí, y el sujeto revolucionario
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de las clases trabajadoras en los países industriales avan- zados, podemos decir que las clases trabajadoras en estos países son un sujeto revolucionario an sich, siempre y cuando sean la única clase que todavía constituye la base humana del proceso de producción material, y la única clase que, en virtud de su función en el proceso produc- tivo, es capaz de detener este proceso y redirigirlo.
Dije que las clases trabajadoras en los países industria- lizados avanzados son todavía an sich, en sí, el sujeto revo- lucionario, siempre y cuando conserven la posición central y básica en el proceso de producción. Introduje este factor de tiempo (“siempre y cuando”) en vista de las transforma- ciones decisivas del capitalismo en esta etapa de desarro- llo: la disminución del cuello azul en proporción a los tra- bajadores de cuello blanco. A medida que un número cre- ciente de trabajadores no calificados o menos calificados dejan de ser elementos necesarios en el proceso produc- tivo, más tiende la producción hacia la automatización y se debilita el papel de las antiguas clases trabajadoras indus- triales en este proceso. Pero aún estamos en los Estados Unidos lejos del punto en que esta tendencia cambiaría la situación básica.
Pero si bien las clases trabajadoras industriales son to- davía el sujeto revolucionario an sich, no son sujetos revo- lucionarios für sich, para sí: no tienen la conciencia política y de clase que sigue siendo una fuerza decisiva en el pro- ceso revolucionario. Y no tienen esta conciencia política y de clase porque están integrados en gran medida en el sis- tema capitalista, integrado no sólo en virtud del dina- mismo del proceso de trabajo en sí, sino también porque comparten, en gran medida, las necesidades y objetivos del sistema capitalista.
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Creo que sería inexcusable para cualquiera que todavía tome la teoría marxista no como un dogma sino como una teoría crítica, pasar por alto y minimizar el hecho de que hoy, en gran medida, las clases trabajadoras en los países industriales avanzados no son sólo una clase en el sistema capitalista, sino también del sistema capitalista. Reprimen o se ven obligadas a reprimir su propia situación, sus pro- pias necesidades reales, sus propios intereses reales; y, en este sentido, piensan, sienten y actúan en términos del sis- tema de dominación y represión.
¿Cuáles son las posibilidades de acentuar el potencial objetivo y revolucionario de las clases trabajadoras indus- triales? Una clase obrera revolucionaria podría contrarres- tar esta integración; un partido revolucionario podría desarrollar la conciencia, la conciencia del hecho de que las clases trabajadoras en los países capitalistas avanzados, a pesar de su nivel de vida, viven en condiciones intolera- bles. Esta discusión durante esta Conferencia ha enfati- zado varias veces que existen condiciones intolerables ade- más de las de Verelendung, empobrecimiento, miseria.
La llamada sociedad opulenta, la llamada sociedad del consumo, es intolerable en su agresividad, en su despilfa- rro, en su brutalidad, en su hipocresía. Es intolerable en la forma en que perpetúa las formas obsoletas de la lucha por la existencia, en la forma en que perpetúa la pobreza y la explotación, en condiciones de trabajo inhumanas de todo tipo de aceleración y supervisión opresiva, frente a las po- sibilidades de auténtica automatización. Es intolerable en la forma en que extiende la forma mercantil de las cosas y los seres humanos a toda la sociedad en todas sus dimen- siones.
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Estas condiciones intolerables existen, pero aún no han generado la conciencia política y la necesidad vital de un cambio radical. No existe un partido revolucionario que tenga la función de desarrollar esta conciencia y praxis po- líticas. Por el contrario, los principales partidos comunistas han demostrado ampliamente sus tendencias conservado- ras (socialdemócratas).
En estas circunstancias, la tarea de desarrollar la con- ciencia y la práctica política radical recae en grupos no in- tegrados, grupos cuya conciencia y necesidades aún no es- tán integradas en el sistema de dominación y que, en vir- tud de este hecho, son capaces y están dispuestos a desa- rrollar una conciencia radical y son conscientes de la nece- sidad vital del cambio, no sólo en las instituciones, no sólo en las relaciones de producción, sino también en el sujeto revolucionario mismo como un tipo de ser humano dife- rente, en sus valores y aspiraciones. Creo que la intelectua- lidad estudiantil de hoy es un grupo de este tipo, no en sí mismo una fuerza revolucionaria, pero como dije antes, uno entusiasta, un catalizador, una minoría militante. Y no es más grande una “freischwebende Intelligenz”1 o algún otro
grupo marginal en el mundo burgués.
Esta intelectualidad estudiantil es potencialmente un grupo revolucionario porque de este grupo el capitalismo reclutará a sus futuros cuadros en el proceso productivo, sus técnicos, científicos, ingenieros, matemáticos, incluso sociólogos y psicólogos, ¡y tal vez incluso filósofos! Este grupo asumirá una función cada vez más básica en el pro- ceso productivo en sí.
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Me gustaría referirme al documento que Ernst Fischer presentó en esta Conferencia y que lamentablemente no pudo ser ofrecido. En este artículo, Ernst Fischer señala que, en la revuelta de la intelectualidad estudiantil, una de las mayores fuerzas productivas y una de las fuerzas socia- les más tabú y reprimidas, es la abierta rebelión contra la sociedad: lo moral, lo pulsional, yo incluso diría la repul- sión biológica y fisiológica contra las condiciones y valores del sistema capitalista.
Ahora la cuestión de la autogestión. El ejemplo al final de mi presentación ya indicaba dónde comenzaría mi crítica. Creo que el autogobierno es un escenario, es un paso en el proceso más revolucionario si y sólo si la nueva forma de control es ejercida por hombres y mujeres que están dis- puestos y son capaces de reorientar el proceso de produc- ción capitalista hacia una forma de vida diferente.
Aquí se dijo antes que el autogobierno es una forma de vida. Estuve de acuerdo y pregunté ¿qué tipo de forma de vida? La forma de vida en la que las personas ya no satis- facen las necesidades y aspiraciones represivas y agresivas de la sociedad de clases, y en la que ya no producen las mismas cosas para los mismos objetivos. En otras palabras, el autogobierno en las empresas, en las fábricas, en las tien- das, puede ser un modo liberador de control sólo si se ha producido un cambio liberador en el propio grupo contro- lador. De lo contrario, el cambio no rompería el continuum de la forma mercancía y la producción de mercancías a otro nivel de administración y de relaciones.
En una palabra, el autogobierno, para ser más que un mero cambio en la forma de administración, debe desarro- llarse dentro de una clase trabajadora política que ya ha
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superado las cadenas de la sociedad de clases. No pode- mos esperar el milagro de que ese cambio vendría en el proceso de autogobierno después de su establecimiento. Una vez que el proceso de autogobierno ha comenzado sin un cambio en las condiciones subjetivas, podemos obtener lo mismo sólo que más grande y mejor. Eso ya puede ser un gran progreso, no se debe minimizar, pero ciertamente no es el comienzo de una sociedad socialista como una forma de vida cualitativamente diferente.
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