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LA POLÍTICA Y LA EDUCACIÓN

VII. ARISTÓTELES 31 SU VIDA

40. LA POLÍTICA Y LA EDUCACIÓN

Estrechamente conectada con la ética está la política, o sea la ciencia de la vida social del hombre. En efecto, el hombre es esencialmente ―un animal político‖, es decir, un animal que vive en sociedad con sus semejantes; y fuera de esta sociedad no puede alcanzar la virtud. Pero precisamente por esa razón el Estado, que regula la vida social, no sólo tiene la obligación de velar por el bienestar material de los ciudadanos, sino también, y sobre todo, por su educación moral para conducirlos a la virtud.

A diferencia de Platón, Aristóteles no se tomó el trabajo de delinear un modelo de Estado ideal desprovisto de fundamento en la realidad histórica. ―Es necesario tener presente —dice— un gobierno que no sólo sea perfecto sino también factible y que pueda adaptarse fácilmente a todos los pueblos.‖ Para ello estudia las formas de gobierno históricamente existentes, con el objeto de determinar cuál es la mejor. Distingue tres tipos fundamentales de gobierno: la monarquía o gobierno de un hombre solo; la aristocracia o gobierno de los mejores; la democracia o gobierno de la multitud. Esta última se llama politeia o gobierno por antonomasia cuando la multitud gobierna en provecho de todos. A estos tres tipos corresponden otras tantas degeneraciones: la tiranía que es una monarquía que tiene como fin la ventaja del monarca; la oligarquía que tiene como fin la ventaja de los pudientes; la democracia que persigue la ventaja de los pobres. El mejor gobierno es aquel en que prevalece la clase media, es decir, el formado por ciudadanos dotados de una modesta

fortuna. Este gobierno evita los excesos que se verifican cuando el poder cae en manos de quienes no tienen nada o tienen demasiado.

Al delinear la mejor forma de gobierno, Aristóteles parte del principio de que todo gobierno es bueno con tal de que se adapte a la naturaleza del hombre y a las condiciones históricas. Por tanto no afirma la superioridad de ninguna de las tres formas de gobierno sobre las restantes, sino que más bien se preocupa por definir las condiciones necesarias para que cualquier tipo de gobierno alcance su forma mejor. La primera de tales condiciones es de carácter moral: el Estado debe tener en cuenta que la vida más alta del hombre no es la práctica sino la teorética, es decir, la vida que realiza las virtudes más elevadas que son justamente las virtudes dianoéticas. Otras condiciones son el número de ciudadanos, que no debe ser ni demasiado grande ni demasiado exiguo, y a la situación geográfica, o sea el territorio del Estado. Importante es también la consideración de la índole de los ciudadanos, que debe ser valerosa e inteligente, como la de los griegos que son, según Aristóteles, los más aptos para vivir libremente y dominar a los otros pueblos. Es necesario que todas las funciones estén bien distribuidas y que se formen las tres clases que Platón quería para su Estado ideal; sin embargo, Aristóteles rechaza la comunidad de los bienes y de las mujeres.

Función esencial del Estado es la educación de los ciudadanos que será uniforme para todos y enderezada no sólo a la preparación para la guerra sino también para la vida pacífica y, sobre todo, para la virtud. Sin embargo, de la educación y la vida política se excluirá a los esclavos. Según Aristóteles, existen hombres que son ―esclavos por naturaleza‖, es decir, que por inclinación natural son incapaces de actividades verdaderamente humanas y libres, es decir, actividades teoréticas: esos hombres han nacido para obedecer, no para mandar, y es justo que sean propiedad de otros hombres.

Dado que sólo debería ser ciudadano quien disponga de ―ocio‖ (scholé, otium) ―para la formación de la virtud y para la actividad política‖, el ideal educativo de Aristóteles es netamente ―liberal‖, y no sólo condena todas las artes mecánicas como indignas del hombre libre y susceptibles de generar una sensibilidad tosca y vulgar, sino que propugna porque las mismas ciencias teoréticas se estudien sin finalidades profesionales. El estudio debe ser desinteresado; también el arte (junto a la música, Aristóteles atribuye importancia al dibujo) debe practicarse en medida que no rebase el punto necesario para afinar el gusto.

En la Política y en la Ética Nicomaquea (un escrito, De la educación, se perdió) Aristóteles imparte toda una serie de consejos específicos de índole higiénica y pedagógica para las diversas edades del crecimiento, inspirados por lo general en un extraordinario buen sentido, que en algunos aspectos parecen preludiar la educación del ―gentilhombre‖ que en los tiempos modernos sería admirablemente esbozada por Locke. Así sucede por ejemplo con la insistencia sobre las buenas costumbres que deben adquirirse a temprana edad.

Pero la enorme influencia de Aristóteles sobre la educación posterior no se debe tanto a sus consejos en cuanto tales como al conjunto de su doctrina, y más particularmente de su psicología y su ética. Su naturalismo, que atribuye una importancia particular a cada fase del desarrollo en cuanto tal, exige una didáctica gradual y ligada a los sentidos y a la imaginación, así como una educación moral basada en los hábitos y en el dominio de sí mismo conquistado con el ejercicio; por otra parte, su finalismo y la supuesta superioridad de lo teorético sobre lo práctico tiende a hacer prevalecer la educación intelectual sobre cualesquiera otras, y a desarrollar aquélla sin conceder mucha autonomía al educando, puesto que a éste no se le pide que busque por cuenta propia nuevas sendas de conocimiento: el conocimiento es lo que es, una contemplación de las formas preconstituidas de la naturaleza susceptible de completamiento, pero no de cambios radicales, en las partes en que está ya realizada. En efecto, realizar es obra más bien del universal intelecto activo que del hombre históricamente determinado. A esto se debe que Aristóteles, en el curso de la historia, represente alternativamente, de acuerdo con las circunstancias históricas, una instancia de liberación con respecto a cualquier traba de índole sobrenaturalista al desarrollo del hombre natural, o bien una instancia en pro de formas educativas de carácter autoritario e intelectualístico encaminadas a hacer respetar, tanto en el ámbito del saber como de la religión, las formas

constituidas y afirmadas. Pero por otra parte esa misma ambivalencia es un índice de la sin par importancia histórica de su contribución al desarrollo de la civilización.

VIII. FILOSOFÍA Y CULTURA EN EL MUNDO

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