Una sociedad democrática debe consultar a las mujeres en materia de diseño y política urbana. La mujer como ciudadana sufre varias discriminaciones, no participa en el diseño de los proyectos urbanos y de vivienda; sufre una mayor exclusión en oferta de empleo; constituye el sector de población relativamente más pobre y sufre los peores efectos del mal funcionamiento de las ciudades en las dificultades de acceso a las viviendas y créditos, las limitaciones de movilidad y ante todo la violencia, porque es la primera víctima Las mujeres, que hoy llevan una vida mucho más compleja que la mayoría de sus congéneres varones, se encuentran infrarepresentadas en los equipos que toman las decisiones sobre el futuro de la ciudad. La población femenina es la más intere- sada en mejorar el desarrollo urbano y el ordenamiento territorial. Una mayor participación de las mujeres en el planeamiento tiene efectos muy positivos en el sentido de: reforzar la democracia local y la ciudadanía respon-
sable, ampliar los temas de reflexión que plantea el urbanismo, mejorar el uso de los recursos locales y apoyar y aportar ideas a los propios procesos de planeamiento.
Los estudios de uso del tiempo y del espacio comparando hombre-mujer ofrecen una disparidad enorme entre pautas de comportamiento de unos y de otros. Las mujeres se ocupan de los niños y de los ma- yores, de las compras y de la asistencia, es decir asumen buena parte del trabajo doméstico y comuni- tario que contribuye al mantenimiento de la sociedad. La doble jornada de trabajo se traduce en un uso de la ciudad más diverso y complejo.
Si en la construcción y/o disfrute de la trama urbana, del espacio público como lugar de encuentro y perte- nencia de todos/as hay exclusión aunque sea parcial de una parte de la sociedad el pleno ejercicio de ciu- dadanía esta limitado.
Desde siempre se consideró que lo privado o personal -propio de las mujeres- y lo público o político de dominio masculino eran independientes e irrelevantes entre si.
Sin embargo la experiencia cotidiana de las mujeres y su desempeño en el espacio público urbano, trabajando en múltiples actividades, empujando coches de bebés, cuidando niños y ancianos, rea- lizando las compras, buscando plazas y parques para esparcimiento, el ocio y el deporte propio y de sus hijos, superando las infinitas barreras arquitectónicas que les plantea la ciudad, sufriendo las dificultades de una red de transportes no diseñada para atender sus necesidades de doble jornada y trayectoria en red, la poca disponi- bilidad que ofrece la ciudad en cuanto a facilidades como lugares de encuentro, esparcimiento, deporte, sitios protegidos y seguros en plazas y parques, baños públicos y cambiadores para bebés, centros comerciales, educativos, de salud y deporte cercanos a la vivienda, la inseguridad de las calles y de los espacios abiertos, muestran hasta qué punto la vida privada doméstica de las mujeres y el espacio público están íntimamente rela- cionados y no desconectados tal como lo supone el pensamiento liberal adherido a una estructura patriarcal que aun se verifica en el diseño de la ciudad actual.
Es también en la ciudad donde se operan los múltiples cruces con otras exclusiones y realidades intersectando el género con raza, etnia, sexualidad, nacionalidad y con la modificación de la subjetividad y a través de este proceso reformular relaciones de género y formas de construcción de la masculinidad y feminidad.
Hannah Arendt señaló que "la ciudad es una memoria organizada" y que la "historia ha dejado de lado a las mujeres". No obstante estamos convencidas de la reversibilidad del proceso que las mujeres podemos realizar, generando conocimiento, identificando problemas, elaborando demandas, adquiriendo visibilidad social y ejer- ciendo un poder mayor que el que se les reconoce a nivel individual, proyectando nuevos espacios públicos donde mujeres y hombres desarrollen una vida mejor.
4.3 | EL "HÁBITAT" CON ENFOQUE DE GÉNERO COMO
"DIMENSIÓN IMPOSTERGABLE DE LA EQUIDAD SOCIAL"
Dice Ana Falú, hablar de "hábitat" implica referirse al medio físico, natural y construido y a las relaciones sociales, económicas y políticas que se dan en un determinado territorio, sea el de las megaciudades, ciudades o barrios y esas relaciones implican problemáticas complejas para la vida cotidiana de las mujeres y tiene impactos diferenciales con relación a la de los hombres.
Por ello el diseño de políticas públicas urbanas y medioambientales debe incidir para revertir las situaciones sociales críticas provocadas por los programas de ajuste, el retiro del Estado de las políticas sociales, las pri- vatizaciones de servicios -impuestas por el "mercado" y la voracidad del capital- que golpea de manera parti- cular a mujeres y niños/as.
No obstante y en orden a instalar la equidad de género como tema de política y responsabilidad gubernamen- tal, arquitectas, urbanistas, trabajadoras sociales, así como los estudios antropológicos y los de la sociología urbana, la decidida gestión del movimiento de mujeres y el feminismo fueron avanzando al igual que sobre tan- tas otras, en esta área "urbana" que plantea múltiples intersecciones de prácticas, conocimientos y acción políti- ca para desentrañar cuáles deben ser las propuestas a trabajar desde las políticas, los poderes locales, las arti- culaciones de las ONGs, las organizaciones barriales y los espacios de gobierno, buscando debilitar las resisten- Más de la mitad de la pobla-
ción de las ciudades es feme- nina.
cias que suscita este nuevo actor social, las mujeres organizadas, cuyas demandas ponen en jaque las estruc- turas de poder y la organización de la vida cotidiana.
El terreno de las políticas públicas urbanas y medioambientales es un campo de estudios aún nuevo, en el cual se ha logrado incorporar la cuestión de género en algunas políticas públicas relativas a planes urbanos y am- bientales, vivienda, servicios, localización de asentamientos, equipamientos urbanos. Son numerosas las pro- puestas metodológicas munidas de diagnósticos y estrategias lo que ha permitido insertar en la agenda de las políticas públicas alertas relacionadas con la gestión urbana, el diseño de las políticas habitacionales marcando el impacto diferenciado sobre la vida cotidiana de las mujeres.
Sin embargo son muchas las dificultades en lo que respecta a la construcción social de la equidad de género como principio organizador de la democracia, producto de la inercia de "los sistemas cognoscitivos y valóricos" que hace que los hombres se resistan a perder sus privilegios frente a las mujeres en los espacios públicos y privados. Otros más profundos como el temor a los cambios en la identidad del otro/a al cuestionar la propia identidad. La incertidumbre frente a las transformaciones en curso, así como aceptar modificaciones en la re- presentación de lo femenino y masculino y en las relaciones y prácticas genéricas. Ello no es otra cosa que la decidida oposición de las mujeres frente a la dicotomía masculino-femenino, público-privado, productivo-repro- ductivo y nuevas formas de resolución de tensión entre emancipación y domesticidad transformando los funda- mentos de la familia, las relaciones de género, el amor, la sexualidad, la intimidad.