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Lo primero ¿Qué producir?

In document MORAL SOCIAL Luis González Carvajal (página 37-44)

Aquí nos encontramos con que el instinto, espontáneamente, no nos resuelve la duda porque hay una diferencia entre el hombre y el animal. El animal, una vez que ha satisfecho las necesidades  básicas, de alimento, etc., descansa, no se le ocurre seguir cazando y acumulando bienes, descansa hasta que vuelve a sentir hambre, y, desde luego, no sigue creando necesidades, tiene sólo necesidades básicas. El hombre está creando constantemente nuevas necesidades y aparece la tensión entre unas necesidades casi ilimitadas y unos medios limitados. Vivimos en un planeta en el que todo no es posible, hay unos límites de reservas de materias primas, de contaminación, de todo... que hace que nos  preguntemos ¿qué producir? No todo lo podemos  producir, ni en las cantidades que nos gustarían. La  primera respuestas sería: Los bienes que satisfagan

auténticas necesidades humanas. La GS del Vat II en nº 64 decía:

“La finalidad fundamental de la producción no es el mero incremento de los productos, ni el  beneficio, ni el poder, sino el servicio del hombre, del hombre integral, teniendo en cuenta sus necesidades materiales y sus exigencias intelectuales, morales, espirituales y religiosas”

Si lo pensamos, esto que parece una perogrullada no debe resultar evidente en el mundo en que vivimos  porque parece que para la mayoría de las sociedades la finalidad de la producción es justamente lo que dice el Concilio lo que no debe ser, es decir: producir   para incrementar los productos, parece que la

finalidad es que aumente el PIB, que cada año sea más y más, que aumente el poder, teniendo cada vez más medios seremos cada vez más poderosos; sin embargo el Concilio dice NO, lo único que debe  producirse es lo que satisfaga auténticas necesidades

humanas, materiales, espirituales, culturales, etc. Cuando a AZOR le preguntaban que por qué esa actividad desbordante de crear nuevas fábricas y nuevas fábricas, el decía: porque no me puedo detener.

Aquí estamos ante una postura desenfocada. No es  producir porque sea conveniente para el bien común que haya automóviles, es que no se puede detener. Como el avaro que necesita tener cada vez más dinero aunque no sepa para qué lo quiere el otro no se puede detener y tiene que estar, continuamente, aumentando su imperio.

Un paso más: algo que satisfaga las auténticas necesidades humanas. Ocurre que no podemos satisfacer todas las auténticas necesidades humanas a la vez. Nuestros medios son limitados. Parece necesario establecer una jerarquía en esas necesidades humanas y saber que hay unas que deben  buscarse preferentemente a otras.

Juan Pablo II decía:

“Las necesidades de los pobres deben tener   preferencia sobre los deseos de los ricos. Los

derechos de los trabajadores sobre el incremento de los beneficios. La defensa del ambiente sobre la expansión industrial incontrolada. Una  producción que responda a exigencias sociales

sobre una producción con objetivos militares.”

Hace falta prioridades, no todo se puede lograr a la vez. Hay que satisfacer las más urgentes y cuando estas se logren se podrán satisfacer otras menos urgentes.

Existen necesidades humanas que son tan básicas que tienen consideración de auténticos derechos de la  persona.

Juan XXIII en la Pacem in terris dice:

“Puestos a desarrollar, en primer término, los derechos del hombre, observamos que este tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son,  principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el estado.”

Estas necesidades humanas son tan básicas, tan  básicas que son derechos humanos, derechos establecidos por la naturaleza para cualquier ser  humano. Por lo tanto, mientras estos derechos no se le hayan garantizado a toda la población, no hay ninguna justificación ética para dedicarse a producir  otros bienes de lujo, de confort, etc., para los  privilegiados.24

2. ¿Cómo producir? ¿Con qué medios y técnicas producir?

Dijo Juan XXIII:

Aun en el supuesto de que en una empresa se  produjera mucha riqueza y se distribuyera

satisfactoriamente entre los trabajadores el  beneficio de la empresa, si esos trabajadores no hubieran sido consultados en el proceso de  producción y hubieran estado sometidos a unos ritmos de trabajo degradantes, etc.… no sería  justo ese proceso de producción.

Estamos entrando en cómo producir, no basta  producir mucho sino que hay que plantearse cómo  producir.

24 Cuando se dijo cuáles son las competencias

respectivas entre economía y de la ética, se estableció: Primera cuestión, fines de la economía. Los fines de la economía son competencia de los moralistas, allí los economistas no tienen nada que decir. Ahora estamos hablando de fines de la economía, tenemos que decir a los economistas: lo que hay que producir antes que nada es esta satisfacción de las necesidades básicas antes que cualquier otra cosa.

Este es un problema que tiene planteada la economía moderna porque, el sistema productivo, desde que comenzó la Revolución Industrial, ha creado muchas alienaciones que no existían en el trabajo artesanal. Hay un pasaje famoso de Adam Smith, escocés del XVIII, en su libro acerca de La riqueza de las naciones, donde explica: una fábrica de alfileres y que le había impresionado, reflexionaba, un trabajador al viejo estilo y que produjera él, sólo él, los alfileres, no sería capaz de producir más que un alfiler al día o a lo sumo 20 alfileres, si tuviera que hacer él todo el proceso, pero he visitado una fábrica en la cual habían dividido el proceso del alfiler en 18 operaciones, y había 10 obreros, y en esa manufactura se producían 48.000 alfileres diarios; equivale a que cada obrero produzca 4.800 c/día. Es indudable que el trabajo en equipo, en cadena, especializado, unido a una tecnología más poderosa, ha permitido incrementar mucho la producción pero ese trabajo tan especializado, tan fragmentado, acaba teniendo poco sentido ¿qué es un obrero que sabe hacer 1/18 de alfiler, y que se pasa toda su vida fabricando 1/18 de alfiler? ¿Qué es de un obrero que se pasa toda su vida apretando una tuerca, cada vez que pasa delante de él, en la cadena de montaje, un aparato determinado y un instante después pasa otro y aprieta la misma tuerca?

En definitiva, aquí hay un problema de cómo  producir.

Desde el punto de vista de la crítica cristiana  podemos aprender algo del relato de la Creación. No deja de ser algo bonito que Dios aparezca trabajando (lenguaje analógico), no deja de ser bonito que en la cultura grecolatina el trabajo fuera manual y lo hicieran los esclavos y, en consecuencia, los dioses de la mitología no trabajaban, había un dios inferior el Demiurgo, que era el que ordenaba las cosas, el que trabajaba, y, en cambio, el Dios de la revelación  judeocristiana trabaja. Vamos a aprender cómo trabaja Dios para ver cómo debe trabajar el hombre. Vemos que Dios piensa lo que quiere hacer y luego lo realiza, es un trabajo integral de la cabeza y de las manos (de nuevo sentido analógico); Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, e hizo al hombre…

En el pasado el trabajo de los hombres tenía, también, unida la cabeza que piensa y las manos que realizan y el problema es que hoy se han separado ambas. Eso lo vio muy bien Marx, en un pasaje del Capital, en que dice: también los animales trabajan, no solamente el hombre, e incluso algunos animales  podrían avergonzar a los hombres por lo bien que trabajan; p.e., una araña podría avergonzar al tejedor  más experto del mundo por lo bien que teje su tela, y una abeja podría humillar al albañil más perfecto por  la perfección con que elabora sus panales, pero decía Marx: hay algo en lo que siempre ganará el hombre y

es que primero han pensado en la cabeza lo que quieren hacer y luego lo llevan a cabo con las manos, es un trabajo humano, integralmente humano, mientras que en los animales es un trabajo instintivo, mecánico. Así ocurría hasta en el trabajo hasta la Revolución Industrial, los artesanos pensaban en su cabeza lo que querían hacer y luego lo ejecutaban con las manos, era un trabajo integral, humano. A partir  de la Revolución Industrial se separó la cabeza que  piensa y la mano que actúa; por una parte el que diseñaba las máquinas, los proyectos, y por otro, los que ejecutaban un trabajo tan mecánico como el de la abeja o el de la araña…

¿Cómo producir? Respetando la dignidad de la  persona trabajadora y haciendo que se realice en el acto de trabajar, que el trabajo sea fuente de enriquecimiento personal porque le permita expresar, a través de su obra, sus cualidades, y, por lo tanto, sea una tarea suya. En el ejemplo de la máquina quien se expresa es la máquina, no el obrero que trabaja.25

Todo esto Juan Pablo II, lo enunció en la Laborem exercens, con una nomenclatura que es suya  particular, que resulta poco familiar y es la prioridad del significado subjetivo del trabajo sobre el significado objetivo. Lo que decía era:

Al trabajar, por una parte producimos bienes y servicios, hay una acción que sale fuera del trabajador, dimensión objetiva del trabajo; pero, al trabajar, hay una acción que no sale del trabajador, que se queda dentro de él, o que retorna a él, y es que el trabajador no solamente fabrica cosas exteriores sino que ‘se fabrica’ a sí mismo, se realiza mediante el trabajo, dimensión subjetiva del trabajo

En la Laborem exercens, enuncia la prioridad de la dimensión subjetiva sobre la dimensión objetiva del trabajo. Las dos son importantes, trabajamos para  producir cosas pero también para realizarnos. En caso de conflicto, tiene prioridad la dimensión subjetiva sobre la dimensión objetiva, la realización del trabajador sobre la obra realizada porque, dice, la obra realizada se refiere a cosas y la realización del trabajador se refiere a la persona y la persona será más importante que las cosas.

Así dicho puede parecer evidente y, sin embargo, está en contradicción con la forma más usual de pensar. Si preguntamos ¿qué es mejor que la economía crezca de aquí al año 2000 un 3,2 % del PIB o que crezca un 5%? La respuesta será que crezca más, y 25 Unamuno tiene un pasaje muy bonito sobre el

zapatero que fabrica sus zapatos, la gente no puede tolerar que se les muera y dice Unamuno: que se les muera, y no, solamente, que se muera, y echan de menos sus zapatos y piensan que no debería haberse muerto; era una persona que se expresaba a través de su obra. En la cadena de montaje no sucede esto.

sin embargo, a la luz de esto habría que responder: si el precio que hay que pagar para que crezca un 5% es machacar a los trabajadores, que crezca un 3,2 %: Prioridad de la dimensión subjetiva sobre la objetiva; cosa que, probablemente, la mayoría de los trabajadores admitirían. Si le decimos qué prefieres que tu trabajo sea más relajado, que te permita una mayor realización personal pero vas a ganar menos o ganar lo que estás ganando, o, incluso, más aunque sea a ritmos más acelerados?. La mayoría se decantaría por ganar más.

¿Cómo producir? Respetando la dignidad del trabajador, haciendo que el trabajador se pueda realizar mediante su trabajo… lo cual supondrá la colaboración de la tecnología moderna, pero es necesario conseguir que la tecnología logre que los  procesos mecanizados los haga la máquina y termine con los trabajos deshumanizantes para los seres humanos y éstos se realicen trabajos de mayor  realización personal. Es cierto que esas mismas máquinas quitan puestos de trabajo; este es otro tema.

La cogestión de los trabajadores en la gestión de la empresa es una exigencia ética en la que ha insistido siempre la moral cristiana a diferencia de lo que es la ideología típica del capitalismo.

A la pregunta de ¿a quién corresponde la gestión de la economía? El capitalismo ha respondido siempre que al empresario porque para eso es el dueño de la empresa. Desde el punto de vista cristiano necesita ser matizado porque los trabajadores forman parte de la empresa exactamente igual que los que han puesto el capital y por ello es imprescindible que ellos tomen  parte, también, en la toma de decisiones, igual que los que han puesto el capital. De hecho, sería la forma de conseguir que nuevamente se una la cabeza que piensa y la mano que ejecuta (Para Marx la diferencia entre el trabajo humano y el del animal radicaban aquí). No se puede volver a unir la cabeza que piensa y la mano que ejecuta renunciando a la Revolución Industrial y volviendo al trabajo artesanal, porque eso supondría un empobrecimiento global, sino manteniendo las ventajas de las nuevas tecnologías pero haciendo que los trabajadores tomen  parte en la gestión de la empresa, en la planificación del trabajo, en lugar de que sean otros quienes les den todo decidido.

Otra cuestión importante en el ¿Cómo producir?.

Debe ser una producción en la que todos participen. Desde el punto de la moral cristiana, no es asumible que pueda haber múltiples personas desempleadas. La dignidad del trabajo es muy grande, es un vehículo de realización de la persona, o debe serlo, es, también, la forma más digna de ganar el propio sustento (“el pan es más pan cuando ha habido esfuerzo”). No es lo mismo disponer de lo que me dan, cuando no haya tenido ocasión de ganarlo, que

disponer de lo necesario para vivir como fruto de mi esfuerzo. En el primer caso, la persona se siente inútil, y en el segundo caso, se siente parte de la sociedad, se da cuenta de que está colaborando al  bien común, y, por lo tanto, en todos los casos en que

las personas estén capacitadas para trabajar, es necesario ofrecerles la oportunidad de trabajar. Aún cuando, desde el punto de vista de la rentabilidad económica, pudiera ser corriente, en un momento determinado, mantener una población grande de desempleados, desde el punto de vista ético nunca sería legítimo. Habrá que tomar todas las medidas que sean, incluyendo en último extremo, la distribución del trabajo como un bien escaso, de forma que trabajen todos menos pero que todos trabajen (Más de tres millones de parados como hay en España no sería asumible, de ninguna forma, desde la moral cristiana).

Otra exigencia del ¿Cómo producir? Es respetando la naturaleza, no podemos acabar con las reservas de energía, de minerales, etc., no podemos contaminar la naturaleza. El sistema productivo debe respetar el equilibrio ecológico (Este tema se desarrollará más adelante)

La tercera pregunta es: ¿Para quién producir?

¿Cómo debe distribuirse la producción entre las familias y entre los individuos?.

La tendremos que abordar desde la fe cristiana, no sólo porque estamos ante una asignatura de moral social cristiana, sino porque desde la ética civil o ética filosófica, se han dado las respuestas más dispares y, evidentemente, no hay acuerdo entre la gente.

Mencionemos como ejemplo dos figuras que se  pueden considerar como padres del mundo moderno  por la incidencia que han tenido sus ideas: Marx y  Nietzsche

Ante esta cuestión dan respuestas completamente opuestas:

Marx sostiene un planteamiento igualitario, la meta para él es que la sociedad pueda escribir en sus banderas: De cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad. Fórmula muy  bonita, el que pueda aportar más que pueda aportar menos pero que reciban todos según su necesidad.

Sería perfectamente asumible desde la óptica cristiana. Recordemos los Hechos, dicen  precisamente que los que tenían bienes los vendían y lo ponían en común, que nadie pasaba necesidad… Cada uno aportaba según su capacidad y luego se distribuía según la necesidad de cada uno… El  planteamiento de Marx es completamente igualitario

 Nietzsche dice en el Zaratustra: Predicadores de igualdad que trastornáis las almas, se refiere a los

cristianos, mi noción de la justicia es esta: Los hombres no son iguales y tampoco han de serlo en el futuro…el veneno de la igualdad de derechos  por nadie ha sido esparcido tan sistemáticamente como por el cristianismo puesto que desde los recónditos lugares de los malos instintos el cristianismo ha librado una guerra sin cuartel a todo sentimiento de veneración y distancia  jerárquica entre los hombres… los débiles y los malogrados deben perecer y debemos ayudarles a que perezcan.

 Nietzsche no es un patán y, sin embargo, tiene una concepción desigualitaria.

Desde el punto de vista de la ética civil no es demasiado fácil demostrar que hay que producir para todos, que todos tienen derecho a disfrutar de los  bienes de la tierra, etc.…y, por eso, aparte de que nuestra asignatura sea de moral cristiana vamos a ver  lo que nos dice la Biblia. Por otra parte, tampoco las religiones están de acuerdo en esto, otras religiones dicen otras cosas distintas. Hay religiones igualitarias como el Islam, uno de los dichos del Profeta, aunque no está incluido en el Corán dice: “Los hombres son todos iguales como las púas de un  peine”. En cambio, hay religiones profundamente

desigualitarias como el Hinduismo para la cual hay distintas castas que se corresponden con posiciones económicas muy diferentes, desde la más elevada, la de los brahmanes hasta la más baja, la de los parias, los que no tienen casta, y el pertenecer a una u otra casta según el Hinduismo, se debe a la vida anterior  que haya tenido cada uno… Tampoco entre las religiones encontramos consenso.

¿Qué nos dice el cristianismo? 

En la Biblia y en la Tradición de la Iglesia se defiende “el“destino universal de los bienes””. En el A.T. encontramos como primera revelación de Dios, el Éxodo, cuando el pueblo israelita estaba esclavo en Egipto, Dios le libra de esa esclavitud, le conduce a la Tierra Prometida, y allí, proceden a una distribución igualitaria de la tierra, distribuyéndola entre todas las tribus y familias, de forma que todas las familias dispongan de un trozo igual de tierra que cultivar. Más todavía, teniendo en cuenta que  partiendo de una situación de igualdad era lógico  prever que con el tiempo se podrían ir estableciendo desigualdades, ya que algunas familias, por  enfermedad, o por otras causas, tendrían que irse desprendiendo de sus tierras, vendiéndolas a otras y éstas a su vez irían acaparando propiedades, etc., se establece un mecanismo corrector periódico que es el año jubilar (cada 50 años), así como otro más  pequeñito que es el año sabático (cada siete años, así como la semana tiene siete días), y al llegar el año sabático hay que perdonar las deudas, devolver la libertad a los esclavos, y al llegar el año jubilar 

(después de siete semanas de años), hay que devolver  las tierras a los primitivos propietarios, de forma, que aquellas familias hubieran tenido que desprenderse de sus tierras, se supone que las recuperaban, se supone, en la práctica se respetaban bien poco el año jubilar y sabático; el que no se respetara nos da igual para lo que estamos tratando ya que no deja de ser la voluntad de Dios esa igualdad, no deja de ser 

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