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El desarrollo de los sindicatos de los productores de coca en la región del Trópico cochabambino ha sido abordado en diversos estudios254. Aunque la colonización del área fue iniciada en el ámbito de la reforma agraria de 1953, su historia se acelera a finales de los años 70, cuando el auge internacional del comercio ilegal de cocaína multiplicó la rentabilidad del cultivo de la hoja de coca. Su zona ancestral de producción había sido los Yungas de La Paz, destinada al consumo tradicional. Pero los nuevos precios atrajeron a muchos campesinos del Altiplano, en su mayoría quechuas, hasta la fértil zona del Chapare, donde se instalaron en gran número y alimentaron una cada vez más extensa red sindical. Como señala Albó, basándose en el Censo de 2001, los colonizadores del Chapare eran por lo general más indígenas que en otras zonas de colonización del Oriente: más de 80% hablaba un idioma originario255. En 2001, vivían en el Trópico de Cochabamba cerca de 250.000 personas256.

Al mismo tiempo, la grave crisis inflacionaria durante el gobierno de la UDP, conjugada con una extrema sequía, empujó a miles de campesinos a abandonar sus tierras, concentrándose en la periferia de las grandes ciudades o migrando hacia los valles cochabambinos. En 1985 la producción de coca ya cubría casi 32.000 hectáreas, más que a finales de 2012257.

254 Entre los más relevantes, se cuentan HARTEN, Sven, op.cit., pp.47-77; SALAZAR ORTUÑO, Fernando:

Movimientos sociales en torno a la producción de coca en Bolivia, Cochabamba, UMSS, 2009. Véanse también obras

más generales, como DO ALTO, Hervé y STEFANONI, Pablo: Evo Morales. De la coca al palacio: una oportunidad

para la izquierda indígena, La Paz, Malatesta, 2006, pp.38-48 y VAN COTT, Donna Lee: From Movements to Parties (…), pp.57-59

255 ALBÓ, Xavier: “Ciudadanía étnico-cultural en Bolivia” in ZEGADA, María Teresa, FARAH, Ivonne y ALBÓ,

Xavier, Ciudadanías en Bolivia, La Paz, Corte Nacional Electoral, 2006, pág.270

256 El conjunto de las provincias Chapare, Carrasco y Tiraque menos el municipio de Sacaba, el principal núcleo urbano

de la región que se sitúa en la frontera de los valles. Datos del Censo 2001 elaborado por el INE.

257 OFICINA DE LAS NACIONES UNIDAS CONTRA LA DROGA Y EL DELITO: Estado Plurinacional de Bolivia.

Poco después, sucedió otro fenómeno económico con implicaciones directas para la vida sindical del Trópico. Los especialistas no dudan en señalar la importancia de la llegada de los antiguos mineros estatales para el refuerzo de la organización sindical cocalera. En efecto, en la secuencia de las reformas estructurales lanzadas en 1985 por la Nueva Política Económica de Víctor Paz Estenssoro, las autoridades decretaron el cierre de numerosas minas, lo que originó una sangría de miembros de los sindicatos obreros y la correspondiente pérdida de poder movilizador por parte de Central Obrera Boliviana (COB), hasta entonces la más activa de las asociaciones sindicales. Una parte de los mineros desempleados se estableció en el Chapare y se reconvirtió a la producción de coca, aportando su experiencia organizativa y su combatividad.

La negligencia estatal en el Trópico de Cochabamba convirtió a la pirámide sindical cocalera258 en el gobierno de facto de la región. Los sindicatos empezaron a funcionar como autoridades públicas, atribuyendo tierras, cobrando impuestos, construyendo escuelas, aplicando justicia y financiando programas de ayuda a la población, sin olvidar sus funciones de autodefensa frente a las incursiones de los militares erradicadores. Su capacidad como autoridades autónomas con relación al Estado central salió aún más consolidada tras la implementación de la Ley de Participación Popular y la conquista de las alcaldías en muchos municipios chapareños. La utilización de los presupuestos de los gobiernos municipales acabó dependiendo, a menudo, de las decisiones de los sindicatos locales. Aunque inspirados en el modelo occidental de sindicatos establecido tras la Revolución de 1952, los órganos sindicales del Trópico de Cochabamba adaptaron su modo de funcionamiento interno a sus nuevas competencias y a las formas de vida comunitaria de la población andina, afirmándose como la “fuerza estructurante de la sociedad”, en palabras de Harten, acogiendo a los emigrantes individuales e integrándolos en una comunidad sólida y con reglas claras259. Además, constata este investigador, el proceso de crecimiento de la red sindical se hizo de abajo hacia arriba y de manera descentralizada, conforme se iban instalando los recién llegados de las tierras altas260. Sin embargo, Albó señala que en la jerarquía sindical cocalera de esos años existía una separación visible entre bases y dirigentes, cuya capacidad de negociación con autoridades y ONG les convertía en imprescindibles dentro de la organización261.

La adopción de ciertos mecanismos de decisión de las comunidades originarias altiplánicas fue otra de las características que singularizó los sindicatos cocaleros y que sería transferida a la cultura

258 La estructura sindical se organizaba en cuatro niveles territoriales con distintas funciones: los sindicatos de base, las

centrales, las federaciones y, a partir de 1996, el Comité de Coordinación de las Seis Federaciones.

259 HARTEN, Sven, op.cit., pp.52 y 53 260 Ib., pág.51

261 TICONA, Esteban; ROJAS, Gonzalo y ALBÓ, Xavier: Votos y Wiphalas. Campesinos y pueblos originarios en

política interna del MAS, al menos en sus comienzos262. Entre estos mecanismos, destacan las frecuentes y largas asambleas, que daban la palabra a todas las familias del sindicato; la profusión de cargos directivos y su rotación, que permitían a muchos adherentes ocupar posiciones de visibilidad, acumulando experiencia y reforzando el sentimiento de pertenencia, y la preferencia por el consenso en detrimento de la imposición mayoritaria.

En definitiva, los sindicatos cocaleros del Chapare eran mucho más que simples órganos de representación corporativa ante las autoridades: se consolidaron como un parapoder regional, de crecimiento y funcionamiento descentralizado, que sustituía al Estado en muchas de sus funciones y conservaba legitimidad ante sus adherentes gracias a sus métodos decisorios democráticos. Además, la conciencia colectiva de los campesinos cocaleros también se fue consolidando a través de su participación en acciones de protesta y resistencia contra las operaciones de erradicación. La existencia de un enemigo común logró unificar a una población del Trópico cuya heterogeneidad era más marcada que lo que la denominación “productores de coca” dejaba entrever.

Este contexto de robustez organizativa se reforzó aún más cuando a mediados de los años 90 –en la secuencia de la unificación de las cinco federaciones regionales de Cochabamba (a la que poco después se juntaría una sexta)– el nuevo Comité Coordinador de los productores de coca se convirtió en el núcleo sindical más poderoso del departamento y uno de los más destacados a nivel nacional. Síntoma de ese proceso fue la conquista de una influencia creciente en la gran confederación campesina, la CSUTCB, a pesar del número relativamente reducido de cocaleros en relación con el total de campesinos bolivianos en el país263. Sin embargo, su control sobre la CSUTCB no sería completo hasta 2003. Hasta ese momento, los cocaleros y los campesinos aymaras del altiplano paceño fueron rivales –con alianzas puntuales– dentro de la CSUTCB y como representantes máximos de la clase campesina boliviana. Su disputa tenía lugar también en las carreteras, donde unos y otros buscaban demostrar su capacidad de movilización, con ventaja para los altiplánicos hasta bien tarde.

En todo caso, beneficiándose de su estatuto de puntas de lanza de la lucha contra los sucesivos planes de erradicación lanzados a partir de 1988, los cocaleros del Trópico de Cochabamba fueron desplazando a las organizaciones sociales tradicionales como una de las principales fuerzas de resistencia a los planes de gubernamentales y sus orientaciones económicas. El recurso por los

262 Xavier Albó y sus colegas también matizan esta afirmación, señalando que “la organización sindical es débil con

relación a lo más común en las comunidades andinas (…). Por ejemplo, en los nombramientos a cargos ya no funciona el sistema andino de turno rotativo, sino una elección más formal”, ib., pág.63

263 Los cocaleros representaban 10% del total de campesinos del país, de acuerdo con la estimación de VAN COTT,

Donna Lee, From Movements to Parties (…), pág.67; según YASHAR, Deborah, op.cit., pág.185, a finales de los años 80 la coca proporcionaba trabajo, directa o indirectamente, a cerca de 7% de la población activa; el Internacional Crisis Group apunta a una cifra entre 6 y 13% (“Coca, Drugs and Social Protest in Bolivia and Peru”, Latin American Report, nº12, 2005)

sucesivos gobiernos bolivianos a la militarización del Chapare, bajo recomendación política y entrenamiento militar directo de Estados Unidos, representó para los productores de coca y demás habitantes del Trópico cochabambino un motivo de movilización permanente con un objetivo claro: resistir a la erradicación.

La apuesta por un vehículo político propio empezó a germinar en los sindicatos cocaleros a finales de los años 80. Sin embargo, hubo que esperar hasta la primera mitad de los años 90 para que la idea se impusiera en el seno del movimiento campesino. La iniciativa partió de los cocaleros, que realizaban por esas fechas la multitudinaria Marcha por la Dignidad y la Soberanía hasta La Paz, la primera gran movilización de alcance nacional organizada por las federaciones cocaleras y que logró una fuerte adhesión popular y de otras organizaciones sociales. La idea se fue abriendo paso en la CSUTCB hasta que, en su VII Congreso de marzo de 1995, la confederación sindical aprobó la creación de un partido político autónomo que representara a los sectores campesinos. El partido fue bautizado como Asamblea por la Soberanía de los Pueblos (ASP) y su primer congreso reunió a representantes de la CSUTCB, la CIDOB, la Federación Nacional de Mineros de Bolivia (FNMB) y de la Confederación Sindical de Colonizadores de Bolivia (CSCB). Como mencionamos en la sección anterior, el proyecto de su creación estuvo directamente relacionado con la Ley de Participación Popular en 1994 y la convocatoria a elecciones locales en el año siguiente (y quizá también con la reforma del sistema electoral entonces en gestación)264.

La denominación de “instrumento político”, que siguió vigente en el entorno cocalero-campesino hasta la actualidad, puede verse como una consecuencia del recelo que los cocaleros sentían hacia una posible pérdida de autonomía del movimiento social ante las prioridades de la formación partidaria. Por ese motivo, desde temprano se determinó que el destino del instrumento sería el de brazo político del movimiento social, quedando por lo tanto bajo estricto control de las instancias sindicales del Chapare y sin la capacidad de dominar los órganos de decisión sindicales. Stefanoni añade una dimensión histórica a esta relación desigual entre lo corporativo y lo partidario, al recordar que, en Bolivia, “la superioridad del sindicato sobre el partido, irradiada desde el movimiento obrero minero (y fortalecida por las políticas del Estado Nacionalista), ha marcado la lógica organizativa del movimiento campesino”265.

Por otra parte, las prácticas de la democracia pactada habían manchado sobremanera el término “partido”. Presentarse como un instrumento o un movimiento permitía realzar la matriz popular y campesina de la nueva organización, mientras las palabras “soberanía” y “pueblos” remetían

264 Do Alto y Stefanoni resaltan también la importancia en el proceso de un grupo de ONG dirigida por David

Choquehuanca, futuro canciller de Evo Morales. Cf. DO ALTO, Hervé y STEFANONI, Pablo: “El MAS: las ambivalencias de la democracia corporativa”, en GARCÍA ORELLANA, Luis Alberto y GARCÍA YAPUR, Fernando Luis, Mutaciones del campo político en Bolivia, La Paz, PNUD Bolivia, 2010, pág.309

respectivamente a la presunta sujeción de los ejecutivos nacionales a Estados Unidos y a la diversidad étnica de la población boliviana.

La distancia hacia los partidos tradicionales no era, sin embargo, sólo nominal. El funcionamiento interno de las formaciones sistémicas, que hemos abordados supra, fue ahondando en sus defectos, así como las relaciones interpartidarias, marcadas por el oportunismo y los acuerdos contranaturales. No obstante el creciente peso del carisma de Evo Morales, en ningún momento los demás jefes partidarios estuvieron sujetos al escrutinio de sus bases como sí estuvo el líder cocalero. Al mismo tiempo, el rechazo del MAS a cualquier tipo de compromiso, fuese electoral o legislativo, con los partidos tradicionales le permitió explotar en provecho propio las circunstancias propicias provocadas por la crisis de representación que afectaba al sistema democrático boliviano.

Por lo que toca a su organización interna, sobre todo a partir de la escisión con la ASP y la apropiación del registro del MAS en 1999, el instrumento creado por las federaciones chapareñas se caracterizaba por ser un continente sin contenido. Esto significa que las decisiones relativas a la estrategia y táctica política eran tomadas por los ampliados de los sindicatos locales o sus representantes en instancias superiores y enseguida trasladadas al Comité de Coordinación, máximo órgano de la pirámide sindical. A partir de la formación de la ASP en 1995, las asambleas sindicales de nivel local, provincial o regional agregaron literalmente un punto más a su agenda de debate: la estrategia política era discutida al igual que las cuestiones de transportes, finanzas o deportes. Las iniciativas de la cúpula sindical eran primero enviadas a las comunidades para consulta. Estas transmitían su voluntad al nivel intermedio de las centrales que a su vez comunicaban sus decisiones a la federación. En el Comité de la Coordinación las seis federaciones se reunían y deliberaban de acuerdo con –o al menos llevando en consideración– el mensaje que llegaba de las bases.

A pesar de la vacuidad de la estructura partidaria del MAS, sí ocurrió una evolución en el control que las bases ejercían sobre las iniciativas políticas de su instrumento en la arena política. En primer lugar, la presencia de cuatro diputados en el Parlamento otorgaba a estos una visibilidad nacional que les permitía ser los portavoces de los productores de coca –he ahí su principal misión– pero al mismo tiempo definir las opiniones del partido en temas hasta entonces desatendidos por los sindicatos locales: en efecto, más que por voluntad de las bases, la gradual ampliación de las posiciones ideológicas del MAS se hizo a través de las intervenciones de sus representantes en La Paz. Eso se nota en los hechos contrastando el contenido de los debates sindicales, generalmente centrados en cuestiones específicas de tipo económico o de movilización, y las declaraciones de los parlamentarios en la cámara legislativa. Los diputados de IU se destacaron desde el principio de la legislatura como las voces más a la izquierda en la Cámara y en muchos temas eran los únicos que rompían el consenso de los partidos tradicionales. Por otro lado, pese a que su proximidad con los electores de sus circunscripciones era mayor que la de muchos diputados uninominales, tuvieron que adaptar sus

posturas políticas a las prácticas de las instituciones formales. Estas circunstancias aumentaron la autonomía relativa de los representantes políticos y, por ende, del propio instrumento político sobre la línea política dictada por las federaciones del Chapare.

La apertura a aliados en otros sectores sociales, incipiente hasta 2000 pero en aumento a partir de esa fecha, también acarreó cambios en la cadena de decisión del instrumento político. Las negociaciones entre los productores de coca y potenciales socios fueron, por motivos prácticos, casi siempre conducidas por los líderes sindicales, el primero de ellos Evo Morales. Aunque los datos de que disponemos sugieran que en algún momento del proceso de negociación –a menudo cuando un acuerdo ya había sido alcanzado– las bases seguían siendo consultadas en ampliados para validar o rechazar el pacto, la capacidad de iniciativa de los dirigentes ganó un protagonismo que no había poseído mientras las movilizaciones cocaleras sólo se representaban a sí mismas.

El proceso de autonomización del organigrama partidario culminó en las municipales de 2004, con la apertura de las listas del MAS a otras organizaciones sociales y sobre todo a sectores urbanos e intelectuales, una tendencia que había surgido en las elecciones generales de 2002. Ahí se empezó a gestar la oposición entre “orgánicos” (los candidatos escogidos por las bases sindicales) y los “invitados” (provenientes de la sociedad civil y designados por los dirigentes del partido) que provocaría algunas tensiones internas ya en la fase de ejercicio del poder. Fue también a partir de 2004 que el el Directorio Nacional del partido alcanzó su mayor grado de autonomía decisoria, en el cual los productores de coca seguían teniendo asiento pero sin la preponderancia de antes. Sin embargo, esta autonomía creciente de la burocracia partidaria no implicó que los sindicatos del Chapare hayan dejado de conservar en todo momento una influencia significativa sobre su brazo político, o cuando menos que su opinión fuese escuchada por Evo Morales. Por ese motivo, incluiremos en los datos analizados documentos sindicales de los productores de coca.

La cuestión de la poca relevancia del organigrama partidario hasta un período tardío en la vida del MAS se relaciona con un tema que ha hecho correr ríos de tinta académica y periodística en los últimos años: la relación del partido y de su gobierno con los movimientos sociales266. No negamos que muchas organizaciones de la sociedad civil hayan empezado a ver en el partido su portaestandarte en varios combates, pero por una parte este interés fue tardío y por otro su poder de intervención en el MAS era limitado o inexistente. Gracias a las investigaciones más detalladas y documentadas existentes sobre el movimiento político de los productores de coca y el análisis preliminar del material documental, la idea que sobresale es que el MAS no pertenecía a los movimientos sociales, aunque

266 Sobre todo en obras comprometidas desde la izquierda, el ejecutivo masista ha sido a menudo calificado de “gobierno

de los movimientos sociales”. Véase, entre otros, HARNECKER, Marta y FUENTES, Federico: MAS-IPSP de Bolivia.

Instrumento político que surge de los movimientos sociales, Caracas, Centro Internacional Miranda, 2008 y HYLTON,

sí los representaba políticamente, a unos más que a otros y con intensidad variable en el tiempo. Sobre este aspecto, conviene citar al ya mencionado Sven Harten:

“En vez de caracterizar el MAS como un partido basado en movimientos sociales, una descripción más exacta sería –al menos para los primeros años de su existencia hasta 2004– el de un movimiento social que participaba en elecciones eludiendo las restricciones legales a través de un disfraz de partido político (…) Por lo tanto, entre 1995 y 2004 el MAS no era tanto un partido independiente establecido por un movimiento social sino más bien –y ésto es lo que torna su caso tan interesante– una parte integral del movimiento de los productores de coca.”267

Por último, no se puede hablar del proceso de toma de decisiones en el movimiento de los productores de coca sin otorgar una relevancia central al liderazgo de Evo Morales. La coincidencia entre sindicato y partido empieza en su figura: a fin de cuentas, él ha sido presidente del Comité de Coordinación de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba desde 1996, cargo que ha conciliado con el dirigente máximo del Movimiento al Socialismo (y luego con el de jefe de Estado). Evo Morales también encarna el doble posicionamiento que el MAS adoptó en cuanto a la institucionalidad política, según el cual había que doblarla pero sin romperla. Recordemos que, a partir de 1997, el dirigente cocalero añadió el recién conquistado mandato congresal a su ya repleta agenda, asumiendo un mando tripartito: en el sindicato, en el partido y en el Parlamento. La magnitud de su poder estuvo directamente relacionada con la variedad de cargos que fue ocupando y los