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Principales desafíos actuales del EIC en el ámbito de la

iberoamericano del conocimiento La conciencia de estas limitaciones y la volun-

VI. Principales desafíos actuales del EIC en el ámbito de la

educación superior

Centrándonos en el primero de los componen- tes mencionados, el relativo a la educación superior, debemos ahora señalar los principa- les retos que se plantean para que el Espacio Iberoamericano del Conocimiento pueda res- ponder a las expectativas generadas18. Entre todos los que sería posible destacar, quiero subrayar los tres que considero más relevantes y que condicionan en mayor medida el futuro de la iniciativa.

VI.1. El incremento de la movilidad académica

Un primer elemento clave para conseguir arti- cular un espacio común de educación superior es la movilidad académica, esto es, la que implica a estudiantes, docentes e investigado- res. La experiencia adquirida en otras regio- nes, y muy especialmente en el continente europeo, demuestra que ofrece grandes posi- bilidades. Hay incluso quien ha afirmado que el Programa Erasmus ha hecho más por la integración continental que muchas decisio- nes formales de los responsables políticos de la Unión Europea.

En efecto, la movilidad de docentes y de investigadores permite, por una parte, estable- cer relaciones fluidas entre grupos de investi- gación y departamentos universitarios, lo que contribuye al refuerzo de las actividades con- juntas, al intercambio de información y a la optimización de los recursos disponibles; por otra parte, favorece el conocimiento mutuo, la experiencia de trabajo en contextos diferentes y el establecimiento de conexiones que suelen perdurar en el tiempo. Sus beneficios son múl- tiples y este tipo de intercambios pueden hacen más por la creación de un espacio común que otros modos de relación más formalizados pero también más distantes.

Tan importante o más que la movilidad de los docentes e investigadores es la de los estu- diantes. Junto a los beneficios citados de tipo académico, hay que añadir otros, más informa- les, consistentes en la adquisición de experien- cias personales valiosas, en un contexto transnacional y en unas edades y condiciones vitales especialmente favorables para aprove- char sus ventajas. Por ese motivo, un buen número de las iniciativas de asociación univer- sitaria que antes se mencionaban han incluido el desarrollo de acciones de movilidad estu- diantil, o incluso se han centrado prioritaria- mente en ellas.

La movilidad estudiantil abarca tanto los estudios de grado como los de postgrado y doc- torado. Una de las iniciativas más recientes es el Programa Pablo Neruda19, aprobado en la

XVII Cumbre Iberoamericana, celebrada en 2007 en Santiago de Chile. Su edición piloto ha estado dirigida a estudiantes de doctorado, estando prevista su ampliación a los niveles de postgrado. Ofrece a profesores y estudiantes la posibilidad de realizar actividades temporales de formación en otros centros de educación superior, programar seminarios internacionales y llevar a cabo estancias de investigación en centros de otros países. Se basa en el principio de cooperación horizontal, según el cual tanto los países que envían estudiantes como los que les acogen contribuyen a los gastos generados por su desplazamiento y estancia. El programa está llamado a constituir uno de los pilares básicos del EIC.

Uno de los retos principales que se plante- an en este campo consiste en articular la gran diversidad de iniciativas existentes. Además del Programa Pablo Neruda y de las ofertas de movilidad de las asociaciones universitarias aludidas, existen programas nacionales de becas para estudiantes de educación superior en casi todos los países, y se han puesto en marcha algunas iniciativas regionales, como las impulsadas por la Fundación Carolina20 y Universia21. Se trata de un conjunto muy hete- rogéneo de ofertas, que van desde las becas plurianuales para realizar estudios en otro país hasta las ayudas para estancias temporales de pocos meses en otras instituciones. Los plazos de solicitud, los requisitos exigidos, las ayudas concedidas o las condiciones de elegibilidad

varían notablemente. Uno de los retos princi- pales consiste, no tanto en unificar dicha oferta, lo que resulta completamente irreal, sino en establecer conexiones, sinergias y mecanismos de cooperación que favorezcan a los potencia- les destinatarios. Si se consigue avanzar en ese camino, los beneficios se multiplicarán, más allá de la simple adición de sus efectos.

VI.2. La acreditación y el reconocimiento de títulos y períodos de estudio

La movilidad de estudiantes y docentes de educación superior plantea la necesidad de adoptar mecanismos de reconocimiento de la formación adquirida. Por una parte, la realiza- ción de estancias temporales en universidades y centros de investigación, más aún si son de otros países, exige su reconocimiento a efectos académicos. La experiencia demuestra que ése no suele ser un gran problema, ya que dichos intercambios suelen producirse en con- textos en que existe confianza mutua. Algo más complicados resultan el reconocimiento formal de dichas estancias y el establecimien- to de los mecanismos de matrícula y certifica- ción que las hagan posibles, aunque también sabemos que existen soluciones adecuadas para estas cuestiones.

El problema es mayor cuando se trata de reconocer títulos o diplomas, con el fin de esti- mular la movilidad de titulados. Los problemas que entonces afloran son de otra naturaleza, incluida su vertiente laboral, pero no por ello

resultan menos dignos de atención. Una de las vías en que se está trabajando para darle res- puesta, aparte de la propiamente legal, consis- te en la armonización de los sistemas de acreditación desarrollados en la región. No se trata de homogeneizar los estudios superiores ni los títulos a los que conducen, una tarea cier- tamente complicada, sino de adoptar mecanis- mos que impliquen el reconocimiento mutuo de los procesos de acreditación realizados. Es algo similar a lo que sucede en la Unión Europea tras la constitución de la European Association for Quality Assurance in Higher Education(ENQA). Sería así posible avanzar en la confianza mutua, lo que facilitaría los proce- sos formales de reconocimiento.

La aparición y la expansión de nuevos organismos y estrategias nacionales de evalua- ción y de acreditación de las universidades ha sido uno de los rasgos más destacados de los sistemas iberoamericanos de educación supe- rior y ha servido de base para adoptar esta línea de actuación (Varios autores, 2004). Ese desarrollo ha resultado muy beneficioso, ya que ha promovido la expansión de una cultura de la evaluaciónque puede servir de base para estimular la confianza mutua que es, como sabemos, una de las condiciones indispensa- bles para el reconocimiento de periodos de estudio y de títulos.

La voluntad de promover la movilidad estudiantil plantea la necesidad de hacer más transparentes los estudios realizados y los títu-

los concedidos por las distintas instituciones. Esa demanda de transparencia implica tam- bién ofrecer las garantías necesarias de que los programas de estudios impartidos tienen un nivel adecuado de calidad. De otra manera, no se puede pedir a las universidades que inter- cambien sus estudiantes y que les reconozcan los estudios realizados en otras instituciones como parte de su propio programa de forma- ción. Esto plantea la necesidad de proceder a la puesta en marcha de programas de acredi- tación regional, que superen las fronteras de los países.

Los países iberoamericanos han dado ya algunos pasos en esa dirección, tanto en el MERCOSUR como en Centroamérica. Los avan- ces más claros en esta dirección se han produ- cido en el ámbito de los estudios de postgrado, aunque el progreso no se ha limitado a ese campo. Así, como resultado de los avances registrados en los años noventa, en 1998 se firmó un Memorando de Entendimiento para la Implementación de un Mecanismo Experi - mental para la Acreditación de Carreras de Grado (MEXA), que está contribuyendo a la cre- ación de un espacio común universitario en los países del MERCOSUR, Chile y Bolivia.

Por otra parte, hay que destacar el trabajo desarrollado por RIACES para poner en marcha mecanismos de acreditación regional. Entre los proyectos que se encuentran actualmente en desarrollo, vale la pena destacar dos, por la importancia que tienen y por la proyección que

pueden alcanzar. El primero consiste en la acre- ditación regional de estudios de doctorado, ini- ciativa que se ha visto impulsada por el lanzamiento del Programa Pablo Neruda. Por el momento, no se trata de acreditar programas de formación doctoral, sino de estudiar la viabi- lidad y las condiciones de tal acreditación. El segundo consiste en la acreditación regional de los programas de postgrado a distancia, tenien- do en cuenta la importancia que está adqui- riendo este tipo de oferta en la región, así como la desconfianza que dichos programas suscitan en muchos lugares. Dado el crecimiento de este tipo de oferta académica, no cabe duda de que el proyecto resulta muy pertinente para poder asegurar una movilidad, no sólo física sino también virtual, de los estudiantes. El reto prin- cipal consiste en la mejora y el aseguramiento de su calidad.

El desarrollo de mecanismos de acredita- ción ligados al reconocimiento de periodos de estudio y de titulaciones constituye uno de los desafíos más importantes que se plantean para el futuro del Espacio Iberoamericano del Conocimiento. En la actualidad son diversos los foros que están abordando esta cuestión, pero hay que reconocer que aún no hemos sido capaces de darle una respuesta convincente.

VI. 3. La creación de redes interuniversitarias

Para llevar a cabo las dos tareas mencionadas, una de las propuestas más relevantes consiste

en el fomento del trabajo en red, lo que impli- ca el abandono de esquemas jerárquicos y su sustitución por modelos de cooperación hori- zontal. No quiere ello decir que las situaciones de los componentes de la red sean estricta- mente idénticas, sino que todos sus compo- nentes pueden hacer aportaciones relevantes, beneficiándose al mismo tiempo de las forta- lezas de los demás. El concepto de red está presente en un gran número de iniciativas concretas de colaboración interinstitucional e interuniversitaria, de vinculación entre univer- sidades y su entorno socioeconómico o de proyectos conjuntos de formación.

Tanto las iniciativas de movilidad académi- ca como la acreditación y el reconocimiento de titulaciones se deben ver favorecidas con la constitución de redes universitarias. Aunque éste no sea su objetivo principal, no cabe duda de que contribuyen notablemente a la creación de confianza. Por ese motivo, muchas de las ini- ciativas antes mencionadas reposan sobre la constitución de redes académicas. Es el caso, por ejemplo, del Programa Pablo Neruda o de los programas de acreditación regional o subregional. En unos casos, las redes serán de instituciones universitarias; en otros, de grupos de investigación o de departamentos académi- cos; en otros, en fin, serán redes de redes, como es el caso del CUIB. Pero en todas las circuns- tancias, el trabajo en red constituye un valioso instrumento para la cooperación horizontal. La constitución de redes interuniversitarias de

diverso tipo constituye una de las líneas funda- mentales de actuación del Centro de Altos Estudios Universitarios (CAEU) de la OEI, crea- do en 2008 con la intención de contribuir acti- vamente al desarrollo del EIC22.