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Gráfica 4. Relación entre empleo total y empleo en procesos y bienes y servicios ambientales y empleo decente.

3. Fundamentos y Principios Ambientales

3.3 Principios de la Economía Circular

El concepto de economía circular se apoya en los fundamentos de la escuela ecologista, y propone un cambio al paradigma “reducir, reutilizar y reciclar” por una transformación más profunda y duradera, que permita disminuir el impacto causado por las actividades humanas sobre el medio ambiente (Braungart & McDonough, 2005). Este modelo otorga al residuo un papel dominante y se sustenta en la reutilización inteligente del desperdicio, sea este de naturaleza orgánica o de origen tecnológico, en un modelo cíclico que imita a la naturaleza y se conecta con ella. Bajo este enfoque, el residuo pierde su condición de tal y se convierte en la materia prima “alimentaria” de los ciclos naturales o se transforma para formar parte de nuevos productos tecnológicos, con un mínimo gasto energético (Forum, 2014). El modelo de economía circular se dirige hacia un nuevo paradigma, implica una nueva modalidad de hacer productos desde su mismo origen, desde su diseño, y permite hacer negocios atendiendo al crecimiento económico de la sociedad, a la sustentabilidad ambiental y a la disminución de los riesgos por la volatilidad e incertidumbre de precios de las materias primas y recursos energéticos.

En una economía circular (EC), el valor económico y ambiental de los materiales se preserva tanto tiempo como sea posible manteniéndolos en el sistema económico, ya sea alargando la vida de los productos formados con ellos o recirculándolos de nuevo en el sistema para ser reutilizados. La noción de “residuo” ya no existe en la EC, ya que, en

principio, los productos y materiales se reutilizan y circulan indefinidamente (Hollander, Bakker, & Hultink, 2017).

La EC se rige en tres principios básicos:

i. Preservar y mejorar el capital natural: se puede lograr controlando las existencias finitas y equilibrando los flujos de recursos naturales, puesto que cuando se necesiten recursos, el sistema deberá seleccionar sabiamente y elegir las tecnologías y procesos que empleen recursos renovables, obteniendo mejores resultados, además estos sistemas buscan potencializar el flujo de nutrientes creando condiciones que logran mejoras (Garcia, 2016).

ii. Optimizar el uso de los recursos: el sistema busca la rotación de productos, componentes y materiales a su máxima utilidad, tanto en ciclos biológicos como técnicos, es decir diseñar de modo que pueda repetirse el proceso de fabricación, restauración y reciclaje de modo que los componentes y materiales recirculen y sigan contribuyendo a la economía, todo esto se pude lograr maximizando el uso de materiales con base biológica al final de su vida útil, al extraer valiosos elementos bioquímicos y hacer que pasen en cascada (Garcia, 2016).

iii. Fomentar la eficacia del sistema: el objetivo es eliminar externalidades negativas, lo cual se logra reduciendo los daños al uso humano, como los relacionados con los alimentos, la movilidad, la vivienda, la educación, la salud y el ocio, y gestionar externalidades como el uso del terreno, la contaminación atmosférica, de las aguas y acústica, la emisión de sustancias tóxicas y el cambio climático (Garcia, 2016).

Para transformar en acciones los postulados del sistema y alcanzar eficiencia en el reciclaje, la reutilización y la valoración de los residuos, se requiere motivación, conocimiento y capacidad de innovación. Los proyectos exitosos se apoyan en la investigación e involucran profesionales experimentados en diversas temáticas, ingenieros, tecnólogos, microbiólogos, arquitectos, ecólogos, sociólogos y educadores, entre otros. Sumado a lo expuesto, el Estado debe adquirir un papel significativo mediante la implementación y la auditoría de normativas y legislación, tendientes a motivar a la

población a sumarse a los procedimientos de reciclaje, así como a generar incentivos para involucrar a las empresas en políticas ambientales (Lett, 2014).

A la luz de las consecuencias ambientales de los procesos lineales de producción y consumo, la economía circular está ganando impulso como concepto y práctica, promoviendo ciclos de materiales cerrados que se centran en múltiples estrategias, desde el reciclaje de materiales hasta la reutilización de productos, así como repensar las cadenas de producción y consumo para una mayor eficiencia de recursos. Sin embargo, al considerar principalmente oportunidades rentables dentro del ámbito de la competitividad económica, no se alcanzan las predisposiciones institucionales y sociales necesarias para las transiciones sociales hacia una economía circular. La distinción entre actividades no competitivas y sin ánimo de lucro sigue sin abordarse, junto con otras cuestiones de la sociedad relacionadas con las condiciones de trabajo, la distribución de la riqueza y los sistemas de gobernanza (Sahakian, Griethuysen, & Vuille, 2017).

La ecoeficiencia (es decir, aumentar el valor mientras se reduce el uso de recursos y la contaminación) puede combinarse con la ecoefectividad (es decir, maximizar los beneficios de los sistemas ecológicos y económicos) para abordar los desafíos planteados por la economía circular en el diseño de sistemas industriales circulares (Niero & Hauschild, 2017).

Dentro de la EC, cabe reconocer un término nuevo, este es la simbiosis industrial (SI), que, como subcampo de la ecología industrial, se ocupa de la cooperación entre firmas industriales en la gestión de recursos, particularmente subproductos, de tal manera que los residuos de una empresa se convierte en la entrada de otra. Este patrón de “circuito-cerrado” también está en el corazón del concepto de la economía circular. Ambos conceptos tienen requerimientos e implicaciones que van más allá del seguimiento y coordinación de los flujos de materiales. Estos requerimientos adicionales incluyen el cultivo de nuevos modelos de negocio y apoyo político, así como el compromiso de las comunidades y culturas locales. Así, tanto la simbiosis industrial como la economía circular enfrentan el desafío de superar la brecha entre los aspectos técnicos y socioculturales del desarrollo industrial, y de adaptarse a la escala de instalación. Se aborda este desafío proponiendo un marco para el desarrollo de la simbiosis industrial a

escala de instalación. La Instalación-SI considera la presencia de relaciones simbióticas inter-empresas –incluyendo pero no limitado al intercambio de materiales y conocimiento- dentro de una sola instalación física (Mulrow, Derrible, Ashton, & Chopra, 2017).

Por definición, la economía circular es reparadora y regenerativa, y pretende conseguir que los productos, componentes y recursos en general mantengan su utilidad y valor en todo momento. Este concepto distingue entre ciclos técnicos y biológicos; es un paradigma emergente que plantea la posibilidad de un desarrollo sustentable soportado por innovación, yendo más allá de reciclar, propone un cambio de mentalidad desde el diseño con miras hacia sistemas Producto-Servicio (Gráfica 5. Relación Ciclo Biológico Vs. Ciclo Técnico - Principios de Economía Circular. ). Se debe comprender a la EC como un ciclo continuo de desarrollo positivo que conserva y mejora el capital natural, optimiza el uso de los recursos y minimiza los riesgos del sistema al gestionar una cantidad finita de existencias y unos flujos renovables.