Como parte del trabajo grupal es importante tener en cuenta los siguientes Principios Normativos o "Reglas de Oro" para la facilitación. El facilitador no debe tener relaciones con ninguna de los miembros del grupo fuera de la dinámica misma del grupo.
No se pide la palabra, cada cual habla según el grupo lo permita; el facilitador carece del poder autoritario para determinar quién debe hablar y cuándo debe hacerlo.
Si el coordinador no sabe qué decir es mejor que se calle; sin embargo, el silencio no es un recurso para interpretar, no debe utilizarse como un medio para decirle o demostrarle algo al grupo.
La voz de los miembros del grupo no se desacredita, no se minimiza, no se subvalora; no se puede decir "ustedes están equivocados", "ustedes dicen mentiras", lo cual apunta hacia la importancia de actuar con tacto, respeto y mesura a la hora de lanzar una hipótesis al grupo.
Se interpreta de la superficie a lo profundo, de lo evidente a lo escondido, de lo dicho a lo sospechado, de ahí que argumentamos nuevamente que lo primero que se interpreta es lo más evidente (la resistencia) y sólo después sobre la base de un conocimiento más profundo del grupo, podemos pensar en términos de defensas y transferencias.
La TAREA y el proyecto final que se plantee alcanzar el grupo debe ser realizable en el tiempo que duren los encuentros grupales, debe ser posible de lograr o cumplir, de lo contrario el grupo se sentirá frustrado y la ansiedad acompañará a todas las sesiones frenando la espontaneidad grupal.
Con respeto a las funciones y el rol del facilitador, recomendamos que el trabajo del mismo debe apoyarse en un registrador, alguien designado previamente por coordinador que registre todo lo sucedido en cada sesión, lo cual le permitirá hacer un análisis posterior de las mismas con más detenimiento y profundidad.
En algunos casos el registrador podrá ser un miembro del grupo que puede ser sustituido en cada sesión. En otros casos, el registrador podrá ser traído al grupo por el facilitador. El registro de las sesiones deberá ser la descripción objetiva y sin interpretaciones de los sucesos que se manifiesten, para lo cual el registrador evitará participar de las técnicas y debates grupales, lo que asegurará una posición que le permita cumplir su función.
En aquellos casos donde el grupo se moleste y rechace la presencia del registrador, el facilitador deberá prescindir de él. En cualquier circunstancia, la definición de si se utiliza o no un registrador y de la función del mismo en el grupo, deberá ser aclarada en la primera sesión del grupo, durante la estructuración del ENCUADRE.
Por último, debemos señalar que para cumplir estas funciones el facilitador debe considerar una serie de condiciones que son imprescindibles, entre estos tenemos condiciones personales ambientales y psicológicas las cuales serán tratadas en el próximo epígrafe.
3.8. CONDICIONES PARA LA FACILITACIÓN DE LA DINÁMICA DE GRUPO
Para facilitar dinámicas grupales, es necesario que se cumplan una serie de condiciones que van a garantizar en gran medida el éxito en el proceso de coordinación grupal.
Entre las más importantes tenemos: Condiciones personales.
Condiciones ambientales. Condiciones psicológicas.
Las condiciones personales se refieren a la persona del facilitador. Para poder ser un buen facilitador es necesario:
Dominar la teoría de los grupos.
Tener un profundo conocimiento de la metodología del trabajo grupal. Conocer ampliamente la temática que se aborde en las sesiones grupales. Haber tenido algún entrenamiento vivencial como miembro de un grupo. Haber desarrollado habilidades en la coordinación de dinámicas grupales, al menos en situaciones modeladas.
Cumplir rigurosamente con las exigencias del rol de facilitador durante la coordinación de la dinámica grupal.
Las condiciones ambientales están relacionadas con las características del local, clima y recursos del medio que pueden favorecer las dinámicas de un grupo. En este sentido resulta conveniente garantizar las siguientes condiciones:
Local agradable, limpio, amplio y ventilado. Temperatura fresca, pero no muy fría. Local cerrado, con total privacidad.
Ubicación de los asientos en círculo, de modo que todos puedan verse las caras.
Eliminar las mesas, ya que éstas se convierten en barreras psicológicas. Local fijo para realizar todas las sesiones.
Las condiciones psicológicas tienen que ver con el facilitador, con los miembros del grupo y con la relación entre ambas. Entre las más significativas se pueden mencionar:
Disposición positiva de los miembros del grupo hacia las sesiones. Autodominio y autocontrol emocional del facilitador.
Grupo heterogéneo, diversidad de características en sus miembros.
Establecimiento de una relación emocional positiva a Rapport adecuada del grupo con el facilitador.
Clima de confianza y seguridad en el grupo. Autenticidad del facilitador.
Estilo conductor-facilitador del coordinador.
Esclarecimiento de los roles de facilitador y miembros del grupo para todos los participantes.
Estricto cumplimiento del encuadre.
Liberación de las emociones y sentimientos en el grupo (catarsis).
Si el facilitador cumple las exigencias de su rol, desempeña con profesionalidad sus funciones, controla sus propias ansiedades, tiene en cuenta los principios normativos o "reglas de oro" para la facilitación de dinámicas grupales y garantiza las condiciones necesarias para la coordinación adecuada del proceso grupal, el grupo debe avanzar sin dificultades en la tarea, a partir de la toma de conciencia de sus resistencias, defensas a transferencias y de su superación, en pos del proyecto inicialmente planteado.
No obstante, si el grupo no logra avanzar, el facilitador no debe pensar que es su única responsabilidad, pues esto depende también del propio grupo, de las características de sus miembros y de su dinámica como sistema. Sin embargo, debe tener cuidado de no depositar en el grupo la causa de sus retrocesos o lentitud en el avance en la tarea, si no está totalmente seguro de que ha hecho todo la que le ha correspondido en su rol de coordinador.