3. MARCO TEÓRICO Y ANTECEDENTES
3.1 Marco teórico
3.1.1 Problemáticas ambientales: sufrimiento ambiental y riesgo ambiental
Los problemas ambientales se constituyen en “aquellas interrelaciones entre la sociedad y el medio físico” (en este caso transformado) que generan directa o indirectamente consecuencias negativas sobre la salud de la población presente o futura y sobre sus actividades sociales; pueden provocar un impacto negativo sobre los componentes de la flora y fauna, degradación de los recursos agua, aire y suelo y alterar las condiciones estéticas y sanitarias del ambiente”. (Herrero, 2004:166)
La dimensión social de los problemas ambientales urbanos incorpora factores determinantes que consideran a los habitantes de la ciudad como parte integral del sistema ecológico. Estos factores son la vulnerabilidad, la amenaza y el riesgo. El concepto de vulnerabilidad social, señala que frente a una situación amenazante, existen grupos más o menos expuestos. Los factores de amenaza, en el marco que aquí se plantea, son de carácter tecnológico, derivados de actividades potencialmente peligrosas para la comunidad, ya sea por operación inadecuada, mantenimiento deficiente o por la existencia de instalaciones que son potencialmente peligrosas. El riesgo es la probabilidad de ocurrencia de un fenómeno, ligado a la capacidad de predecir y de responder a un evento amenazante que tiene una sociedad determinada: “cualquier fenómeno amenazante, si es percibido como tal por el conjunto de la sociedad (o por parte de ella) constituye un riesgo para determinado grupo u organización social. Refleja la relación existente entre el grado de la amenaza y el grado de vulnerabilidad social”. (Di Pace et al, 2004: 239).
Es clave, cuando se habla de riesgo, conocer el nivel, o magnitud, de peligrosidad asignado por la gente común según su “saber y entender”, a determinadas situaciones vividas o probables de ser vividas, y el nivel de amenaza “aceptable” o “tolerable”. El
35 nivel de riesgo aceptable deriva, en definitiva, “del establecimiento de estándares individual o socialmente admitidos”, surgidos de diferentes factores, muchos de ellos subjetivos, distintos a los que se utilizan para un análisis de riesgo por metodologías científicas. Por lo tanto el riesgo “percibido”, o subjetivo, no necesariamente es equivalente al riesgo “técnicamente evaluado”, u “objetivo” (Slovic, 1999). El riesgo objetivo se estima en base a modelos por lo que, aunque se sustente en teoría y técnica, en última instancia es, al igual que el “percibido”, una “descripción de la realidad”.
Se entiende por riesgo percibido al juicio de valor sobre el nivel de amenaza, fijado principalmente por creencias o experiencias personales. Es decir, una inferencia realizada en base a estimaciones propias, o colectivas, no surgidas como resultado de una evaluación técnica científica sobre el caso particular. En su construcción participan elementos psicológicos, sociales, culturales y políticos (Slovic, 1999), generándose un “set de estrategias psicológicas”, con las cuales “se da sentido a un mundo incierto” (Slovic, 1987). Es una evaluación del riesgo “intuitiva” (Slovic, 1987), de un ciudadano sin conocimientos particulares sobre las problemáticas generadoras del riesgo, más allá de su relación directa o indirecta con la situación peligrosa. Por lo tanto el riesgo percibido no puede ser analizado “independientemente del contexto en el que la situación de peligro ocurre”.
Un enfoque muy importante de los estudios sobre las determinantes de la percepción del riesgo por el público es el de entender su reacción respecto de la tecnología y su impacto sobre la salud y el medio ambiente (Sjoberg, L, 1994). Este aspecto de la cuestión es crucial pues, como expresa Sandman, la percepción del riesgo tiende a determinar la respuesta pública al mismo.
Es decir, este juicio de valor sobre el nivel de amenaza de un evento juega un rol prominente en las decisiones que toma la gente (Slovic, 1987).
Por otro lado, la percepción del nivel de peligro participa en lo que se denomina la amplificación social del riesgo, que es la extensión de los impactos negativos de un evento más allá de los afectados directos por el mismo en una masiva generación de impactos negativos indirectos, los cuales se distribuyen como “ondas” del mismo modo que las que genera una piedra que cae en un estanque (Slovic, 1987).
36 El juicio “percibido”, como se dijo, se halla influenciado por una serie de parámetros socio-sicológicos. Algunas circunstancias, que tienen relación directa con este trabajo y su hipótesis, se ha determinado que incrementan la percepción del riesgo:
• Si es catastrófico (muerte colectiva) • Si la causa es desconocida. (Desconocimiento) • Si no se tiene claridad sobre el proceso que genera del riesgo o sus efectos. (Falta de información) • Si la gente expuesta al riesgo siente que está en esa situación involuntariamente. • Si no se tiene confianza en las instituciones que deberían encargarse de reducirlo. • Si la problemática es recogida por los medios masivos de comunicación.( influencia de la prensa) • Si se está convencido que la exposición a la amenaza surge a partir de una situación que beneficia a un tercero (empresas).• Si las víctimas son identificables, es decir, con las cuales la persona expuesta pueda sentirse “en comunidad” • Si la fuente de riesgo está relacionada a causas humanas, o fallas tecnológicas • Si se percibe que exponerse al riesgo no genera algún tipo de beneficio como contrapartida, de modo que balancee el análisis costo – beneficio, caso inverso a los que trabajan en el polo o sus familiares (Peluso, F. 2003).
Un elemento modelador del “pensamiento y sentimiento” del público son los medios masivos de comunicación. La cobertura periodística en tópicos de riesgo ambiental no está directamente relacionada con la seriedad objetiva del riesgo, sino con otros aspectos menos técnicos y más relacionados con la denominada heurística del afecto tales el miedo, el enojo y la asignación de culpas (Peluso, F. 2003).
Por lo tanto, la percepción del riesgo se construye a partir de un complejo de factores sicológicos, sociales, culturales, políticos, etc. Con ese enfoque, a una misma situación de peligro pueden asignársele dos niveles diferentes de riesgo, uno surgido a partir de la evaluación “objetiva” y otro de la “subjetiva”. En países que aplican regulaciones emanadas de metodologías técnicas “objetivas” de evaluación de riesgos, el público aduce la existencia de sospechas sobre estos últimos, argumentando que estas metodologías “son inconsistentemente aplicadas, y están sujetas a la manipulación por el aparato burocrático, sobre todo en aquellas cuyos resultados puedan generar impactos económicos a la industria” (WHO, 1999), lo cual tiene que ver con la “intromisión” de la heurística del afecto en el contexto de aplicación de los resultados de los estudios, generando su precario nivel de credibilidad.
37 Un análisis de riesgo es un proceso para la toma de decisiones; siendo una evaluación técnica para la caracterización científica de los efectos adversos potenciales por una fuente de peligro, permitiría identificar, evaluar, seleccionar e implementar acciones para reducirlos (CRARM, 1997). Pero si la gente descree de las mismas, las decisiones adoptadas en base a éstos contarán con reducida aceptación. Por ello, se rescata como elemento importante para la gestión, relevar la información que pueda brindar la gente desde su “heurística del afecto” de modo tal que sea tenida en cuenta como un elemento anexo al nivel real del riesgo evaluado objetivamente. No tener en cuenta estos aspectos “emocionales” en la gestión sobre situaciones riesgosas no sólo puede conducir a decisiones con muy bajo nivel de aceptación sino también lidiar con un verdadero “dilema moral”.
Este riesgo “percibido” nos conduce a tratar el sufrimiento ambiental y la generación colectiva de la confusión, sus razones y sus efectos sociales. El “no saber” o el “no poder saber” es parte del sufrimiento ambiental. Y agregaría, en algunos, no saber que no se sabe. El sufrimiento ambiental es una forma particular del sufrimiento social causado por un entorno con problemas de contaminación y peligros potenciales de accidentes. No está centrado como experiencia individual sino en las experiencias creadas y expandidas socialmente, si bien está localizado en los cuerpos individuales de quienes lo padecen, no se experimenta aisladamente sino en contextos de relación (Scarry, E 1987).