de sustentabilidad: de los índices agregados a la representación multicriterio
3. Problemas de los índices agregados en la evaluación de sustentabilidad de smRN
Independientemente del método utilizado, los índices agregados no están libres de problemas cuando se aplican a las evaluaciones de sustentabilidad. Quizá el más importante de ellos es que difícilmente se pueden generar con- sensos y credibilidad a partir de una medida agregada (Parris y Kates, 2003). La construcción de un índice re- quiere decisiones arbitrarias en la elección de las variables, los parámetros y los métodos de agregación necesarios para medir el desempeño de un sistema. De acuerdo con Morse y Fraser (2005), el resultado de un índice agre- gado siempre dependerá de:
• Qué datos incluir y qué fuentes utilizar.
• Cómo son transformados los datos a la escala de interés. • La manipulación de los datos para el cálculo del índice.
• El método de agregación y los pesos asignados a los indicadores.
Dicho de otro modo, los índices de sustentabilidad siempre reflejarán una visión particular y parcial que de- pende de quién realiza la evaluación, y no es posible librarse de la subjetividad en los análisis. Bajo estas condi- ciones resulta muy difícil justificar decisiones, sin importar la experiencia de los “expertos” involucrados en la evaluación.
Como ejemplo de lo anterior, la figura 1a muestra dos aproximaciones a la medición a escala mundial de la sustentabilidad ambiental de las naciones, con base en la comparación de los resultados de dos índices de sustenta- bilidad. La figura 1a corresponde al índice de sustentabilidad ambiental 2005 (ESI) producto del Foro Económico Mundial (Esty et al., 2005). Este índice utiliza 21 indicadores agregados en cinco categorías: sistemas ambientales
4 Los análisis multicriterio provienen de un amplio linaje de técnicas desarrolladas dentro del área de la toma de decisiones (ver por ejemplo Bel-
ton y Stewart, 2003; Roy, 1996; Triantaphyllou, 2000; Vincke, 1992). Su aplicación en estos contextos tiene un significado completamente distinto, y no debe confundirse con el enfoque que se utiliza en las evaluaciones de sustentabilidad.
(p. ej., calidad del aire, biodiversidad, calidad del agua), reducción de estrés ambiental, reducción de la vulnerabili- dad humana al estrés ambiental, capacidad de respuesta social e institucional a los retos ambientales, y cooperación internacional en asuntos ambientales. La figura 1b muestra el índice de sustentabilidad ambiental desarrollado por Sutton (2003). En este caso se define la sustentabilidad ambiental como el cociente del valor de los servicios ecosis- témicos de cada país entre la cantidad de luz eléctrica emitida por éstos. Esta medida se basa en la misma lógica que la huella ecológica propuesta por Wackernagel y Rees (Wackernagel y Rees, 1996; Wackernagel y Yount, 1998).
De esta manera, de acuerdo con el índice de Easty y colaboradores, los países que protegen mejor su ambiente (generalmente países ricos) son los más sustentables; en cambio, para el índice de Sutton, los países más sustenta- bles son aquéllos con menor déficit ambiental en relación a sus niveles de consumo, y éstos no son los países ricos pues tienen niveles de consumo que sobrepasan la capacidad de carga de sus ecosistemas, aunque mantienen una calidad ambiental elevada en comparación con los países pobres. Esto se debe a que importan grandes cantidades de materias primas y por lo tanto su huella ecológica va más allá de sus fronteras. ¿Con qué visión se siente más identificado el lector?
Independientemente de la perspectiva que el lector considere correcta, lo que queremos hacer notar de la observación de estos dos índices es que reflejan dos concepciones muy diferentes sobre el significado de la sustentabi-
lidad, y cada una induce una determinada forma de evaluarla. En efecto, cualquier intento por describir nuestra
realidad presenta este mismo inconveniente, que Functowicz y Ravetz (1990, en Rotmans y van Asselt, 2001) han llamado incertidumbre epistemológica. Ésta se refiere concretamente a la forma en que se conceptualiza un pro- blema determinado, y depende de una visión particular de lo que se considera el paradigma a seguir. La cuestión radica en si la descripción, la teoría o el modelo utilizado reflejan adecuadamente la complejidad de la realidad que estamos estudiando.
Figura 1a. sustEntabilidadambiEntaldElasnacionEsdEacuErdocondosíndicEsagrEgados
Figura 1b. sustEntabilidadambiEntaldElasnacionEsdEacuErdocondosíndicEsagrEgados (continuación)
Fuente: Modificado de Sutton (2003)
Este tipo de incertidumbre no puede eliminarse con la sola adquisición de más conocimiento o con mayor pre- cisión en los análisis, ya que surge de la existencia de lo que Giampietro (2004) llama dominios no equivalentes. Es decir, en la evaluación de un problema complejo podemos encontrar múltiples descripciones legítimas pero contras- tantes, no reducibles entre sí (ninguna descripción es más válida que la otra). Esta es la razón por la que el concepto de sustentabilidad ha evolucionado de la idea más simple de capacidad de carga o máxima cosecha sostenida (entre otras acepciones) al metaconcepto que manejamos hoy en día. Entonces, si reconocemos su carácter multidimen- sional, ¿por qué reducir su evaluación a un solo índice?; pensemos, por ejemplo, en las dificultades que se presentan al considerar únicamente indicadores altamente agregados como el PIB5.
Por el contrario, el carácter multidimensional de la sustentabilidad nos obliga a tomar un punto de vista di- ferente, en donde nos interesa precisamente el contraste entre diferentes aproximaciones al mismo problema y la interdependencia entre ellas. Los índices mostrados representan dos formas de valorar una cualidad de los países. La comparación de las dos aproximaciones nos da una visión más completa de la problemática que cuando consi- deramos una sola perspectiva. Si desagregamos al ESI, se harán visibles más detalles que en un momento dado po- drían ser más importantes para la toma de decisiones que el valor agregado. En efecto, se invierten mucho tiempo y recursos para la obtención de los indicadores y luego, cuando éstos se agregan, quedan ocultos los elementos más importantes del proceso. Por supuesto, un resultado sencillo es más atractivo; sin embargo, en aras de la síntesis se sacrifica gran parte de la calidad de la evaluación.
Cabe preguntarse también, cuál es el valor práctico de una medida agregada. Los índices de sustentabilidad nos pueden decir qué sistema de manejo se prefiere más de acuerdo con un esquema de priorización determina- do, pero difícilmente nos dan información sobre los mecanismos que lo hacen sustentable. Para entender cómo permanecen cambiando los sistemas de manejo en el tiempo, necesitamos entender su dinámica y los aspectos cualitativos de los indicadores estratégicos: cómo se relacionan entre sí, cuáles son los niveles críticos (umbrales) que no debemos sobrepasar, hasta qué punto podemos sacrificar una dimensión sin provocar el colapso de los sistemas de manejo.
5 El capítulo 10 ofrece una interesante discusión teórico-filosófica del problema que surge cuando intentamos agregar los objetivos y preferencias