FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL UNLP
Autores18: Scelsio José / Lugano Claudia Valentina
Facultad de Trabajo Social (UNLP)
Correo: [email protected]
El trabajo que presentamos plantea un conjunto de consideraciones generales y ejes de debate que refieren tanto al proceso de construcción de las propuestas pedagógicas para el desarrollo de las prácticas de formación profesional de los primeros años de la carrera, como al debate y construcción político-institucional que orientó la elaboración del plan de estudios en la unidad académica en vigencia desde el año 2015. Entendemos, así que estas reflexiones pueden aportar a la reconstrucción de los sentidos que los procesos de formación profesional y particularmente las prácticas de formación adquieren en el marco de las transformaciones en la institucionalidad social.
El trayecto de formación disciplinar en el diseño curricular propone el aprendizaje en torno a la configuración del campo profesional en relación con las instituciones, las políticas sociales y los sujetos sociales; el aprendizaje de estrategias, técnicas e instrumentos de intervención, desde una reflexión respecto de sus fundamentos teóricos, sus herramientas operativas y sus implicancias éticas y políticas. Las Prácticas de Formación Profesional son constitutivas de este Trayecto y, al ser transversales al proceso de formación, se orientan a reflexionar sobre un ámbito específico de la realidad, como expresión de las relaciones entre Estado y sociedad, como parte del juego de las relaciones sociales en la que se trata de develar las dimensiones del poder, de lo económico, de lo cultural y de lo político. De este modo, se trata del análisis de esa complejidad desde un proceso de mediaciones, puesta en juego desde diferentes apuestas epistemológicas, evidenciando así, el carácter pluralista del proyecto de
formación profesional al ofrecer un enfoque pluridimensional y un marco de análisis del campo profesional inscripto en procesos socio políticos que generan nuevos desafíos a la intervención profesional.
Con esta premisa es que partimos de reconocer que en la unidad académica, históricamente se llevaron a cabo prácticas de formación profesional y en dicho proceso, en consonancia con las transformaciones de la institucionalidad social, se han ido construyendo los fundamentos de las mismas y reconfigurando las modalidades de su implementación. A partir de este trayecto y de la experiencia acumulada principalmente por los equipos docentes de cátedra de las materias troncales de Trabajo Social, se presenta una nueva oportunidad para el fortalecimiento de las propuestas formativas en el nuevo diseño curricular. Estos antecedentes no son un dato menor al momento de proponer cambios en las prácticas de formación profesional, al ser parte de una construcción política académica colectiva de la que ya fueron parte diversos actores institucionales y que contiene en su génesis, profundas transformaciones tendientes a la búsqueda de su jerarquización y reconocimiento dentro del Trabajo Social y en la relación con otras instituciones y organizaciones de la región, posicionándola dentro del conjunto de las mediaciones que se ponen en juego desde la Universidad Pública en su vinculación con la sociedad.
La Universidad Pública ha sustentado en su historia tres pilares básicos: docencia, investigación y extensión, que la distingue de otros tipos de enseñanza superior y en el caso de la Facultad de Trabajo Social de la U.N.L.P vinculadas a la docencia, en las materias troncales hace más de veinte años se constituyeron las prácticas de formación profesional en territorio, instituciones y organizaciones de la región, que le dio una identidad particular a la carrera instalando la ineludible relación entre la teoría y la práctica y asumiendo el carácter interventivo de la profesión, desde el proceso de formación profesional.
El reconocimiento y jerarquización del espacio de las prácticas de formación profesional requirió tiempo para su desarrollo y ejecución, no resultando una variable menor al momento de pensar propuestas para el nuevo Plan de Estudios, en donde se destaca la estimación de la cantidad de docentes y cúmulo de horas necesarios para su realización, contemplando diversos aspectos entre los que podemos mencionar:
En las prácticas no sólo se ponen en juego diversas propuestas teórico metodológicas e instrumentales, ejes operativos y pautas para la efectivización de
actores políticos con los cuales hay que acordar y consensuar de manera permanente.
Los procesos de inserción de los estudiantes en organizaciones e instituciones, al ser parte de una construcción conjunta de la que participan actores con trayectorias y responsabilidades diferentes, contiene un conjunto de mediaciones las cuales habrá que tener en cuenta para la planificación académica.
Hay un grupo importante de estudiantes que trabajan o sostienen alguna situación conflictiva en sus hogares, quedando reducidos sus tiempos de cursadas y prácticas, por lo que habrá que establecer un equilibrio en las propuestas académicas, que aun contemplando la necesidad de completar las diferentes instancias de formación, no genere exclusiones en este proceso.
Un conjunto no menor de los trabajadores sociales que se desempeñan como Auxiliares Docentes y coordinan Talleres de Prácticas, ya sea por una necesidad económica o por opción profesional sostienen más de un espacio laboral, dedicando en la Facultad un tiempo acotado a otras actividades por fuera de las acordadas y pautadas.
Resulta necesario tender al acompañamiento de los estudiantes por parte de docentes que concurran con cierta periodicidad a los Centros de Práctica, para mantener articulaciones con los referentes y realizar evaluaciones conjuntas de los procesos desarrollados por los estudiantes y las propuestas de cátedra.
Resulta fundamental, evitar superposiciones y competencias horarias entre las diferentes materias, principalmente en la segunda parte del año liberando mayor cantidad de tiempo para el desarrollo de las prácticas de formación profesional. Por algunas de las cuestiones expuestas, para fortalecer el debate y construcción de las Prácticas de Formación Profesional, destacamos que es necesaria la participación del conjunto de los estudiantes, graduados, docentes de las diferentes asignaturas. Proceso que deberá considerar sin duda, asimismo la visión, expectativas y propuestas de los referentes institucionales de los centros de práctica, tendiendo a generar para esto espacios para la consulta, trabajo conjunto e intercambio de ideas, que supere una cuestión de exclusiva y absoluta preocupación de los sectores pertenecientes al espacio de la Universidad. Ya que en realidad, lo que se está poniendo en juego es una dimensión que implica la relación directa con otros actores políticos-institucionales que tienen sus propios proyectos e intereses, resultando
necesario incluir el aporte de los mismos para la reflexión y propuestas que se lleven a cabo. Porque resulta evidente que sin Centros de Prácticas no hay Prácticas, entonces habrá que dejar de minimizar y silenciar estas voces fundamentales y constitutivas de cualquier proyecto que intente plasmarse institucionalmente.
Basándonos en una construcción histórica (que en principio ha tenido mucho de voluntad) y la centralidad del Trabajo Social en la formación, las materias troncales son las que deben contener en sus estructuras de cátedra, las prácticas profesionales, teniendo que establecer en los programas de estudio, precisiones sobre los objetivos y alcances que contendrán las mismas en cada año de cursada dentro de una formación académica continua, de carácter generalista y pluralista. Como premisas que han sido consensuadas por parte de los diferentes actores institucionales, tendiendo a que todos los estudiantes tengan la posibilidad de transitar una carrera, en donde conozcan diferentes experiencias institucionales y organizacionales, que les permita una aproximación a los diversos escenarios en donde se desarrolla la intervención profesional.
Esto expresa en gran parte, la presencia de una formación de carácter generalista, pero que también permite el tránsito por diferentes temáticas a desarrollar, con enfoques teóricos e ideológicos diversos sobre las problemáticas sociales, que da por tierra la posibilidad de una educación de carácter bancario y con intenciones de un pensamiento único, nocivo para cualquier propuesta de académica de carácter crítico.
De esta manera, se ponen en tensión las diversas perspectivas presentes en la formación, que a su vez tienen su correlato en proyectos societales más amplios y que trascienden los muros de la institución universitaria, encarnados en actores sociales, organizaciones e instituciones, donde cotidianamente, cobran visibilidad y se materializan los conflictos relacionados con las condiciones de vida de la población, que sufre situaciones de exclusión y vulneración de derechos, traduciéndose en diferentes posicionamientos políticos que se encuentran acompañados por distintas estrategias para responder a las necesidades y demandas planteadas.
Es en estos lugares donde se articulan las prácticas de los estudiantes de la carrera, que si bien se inscriben en una formación que tiende a la comprensión de la totalidad, a través de las conceptualizaciones sobre la Cuestión Social, tienen a su vez, la posibilidad de estar presentes en su propia dinámica concreta accediendo a su conocimiento directamente en el
Quizás uno de los temas de preocupación, que pueda manifestarse en momentos de la reformulación de un Plan de Estudios, que incluye su sistema de prácticas de formación profesional, pueda estar en las posibilidades de su implementación, ante lo cual podemos establecer que en la anterior reforma, eran otras las preocupaciones ya que, no se tenía previsto una cantidad acorde de docentes, ni una estructura que contenga las prácticas de formación profesional, lo que nos ubica actualmente en mejores condiciones para establecer propuestas y planificar en tal sentido.
Otro aspecto a tener en cuenta se refiere, a que previamente se ha establecido un largo recorrido en la temática, generando mucha experiencia y trabajo acumulado de los propios integrantes de los equipos de cátedra, estableciendo relaciones con instituciones y organizaciones de la región, que en principio se produjo por la necesidad relacionada con el crecimiento de la matrícula, pero posteriormente se fue consolidando y fortaleciendo a través de diversas propuestas institucionales, entre las que podemos mencionar:
La creación del Área de Trabajo Social, que entre sus objetivos prioritarios planteó la finalidad de coordinar acciones, evitar superposiciones en un mismo territorio e instituciones, establecer objetivos de cada año, articular continuidades en los Centros de Prácticas, Etc. Contando con la participación de los representantes de las materias de Trabajo Social en las decisiones tomadas sobre las prácticas de formación profesional.
La incorporación de un Adjunto y Jefe de Trabajos Prácticos más en cada una de las materias troncales de Trabajo Social como otro paso en el reconocimiento y jerarquización vinculados con el fortalecimiento de las prácticas de formación profesional.
La promoción de docentes legitimados mediante concursos y la regularización de la casi totalidad de Auxiliares Docentes y Jefes de Trabajos Prácticos, que han sido partícipes de la construcción del sistema de prácticas de formación que está vigente.
La concreción de avances significativos en cuanto la relación docente-alumno por cátedra y nivel.
Establecer con un conjunto de instituciones que ofician de centros de prácticas, convenios de cooperación que consolidaron relaciones existentes y permitieron obtener experiencias con un grado de legitimación, cuya validación curricular
certificada les brindó a los estudiantes herramientas reconocidas y necesarias para su futura inserción laboral.
Mediante otro Proyecto Institucional se contrató un seguro para la totalidad de los estudiantes que realizaron prácticas de formación profesional, que además de fijar una responsabilidad civil por parte de la Universidad Pública sobre los estudiantes, también ha permitido otra apertura con las entidades con las cuales se llevaron a cabo acuerdos de diferente tipo.
Junto a las cuestiones precedentes, se generaron por primera vez en la Facultad, mediante la elaboración fundamentada de un Proyecto Institucional presentado en la U.N.L.P, (que fuera posteriormente evaluado y aceptado en las comisiones del Consejo Superior), políticas relacionadas con el mejoramiento a la accesibilidad de los estudiantes de Trabajo Social, a los centros de prácticas como la actual carga de la tarjeta SUBE (viajes en colectivo en forma gratuita), compra de insumos y materiales para acompañar determinadas estrategias metodológicas. Por lo expuesto podemos decir que en los años transcurridos, desde la anterior reforma del Plan de Estudios del año 1987 en que principalmente estudiantes y graduados fijaron como objetivo político-académico entre sus reivindicaciones, el hecho de lograr tener prácticas en la formación profesional, expresando la necesaria relación entre teoría y práctica. Haciendo una mirada retrospectiva, se observa que mediante el esfuerzo de muchos compañeros que lucharon por la jerarquización de esta instancia pedagógica, en los últimos diez años se ha avanzado en muchas de las cuestiones necesarias para su definitivo reconocimiento dentro del conjunto de mediaciones que realiza la Universidad Pública en su vinculación con la sociedad. Nuevos desafíos, coyunturas y conflictos para las prácticas de formación profesional
De esta manera por las cuestiones expuestas, para muchos de nosotros resulta notorio que en la última etapa universitaria se produjo el mejoramiento de las condiciones de trabajo en los aspectos académicos y estructurales para el desarrollo de la formación profesional. Pero se presentan nuevos desafíos, relacionados con la posibilidad de conciliar las diferentes perspectivas teóricas e ideológicas que se manifiestan en la unidad académica para la puesta en marcha de las propuestas de prácticas de formación profesional y el nuevo Plan de Estudios.
han sido parte de la construcción histórica de la Facultad de Trabajo Social de la U.N.L.P, entre las que podríamos mencionar: la lucha por la democratización de las organizaciones, instituciones y del conocimiento, la reivindicación y defensa de los Derechos Humanos, el compromiso y solidaridad con los sectores más vulnerables de la sociedad, la elaboración de argumentaciones fundadas, como herramientas de demandas y reclamos para el ejercicio de ciudadanía, Etc. Entre otras cuestiones, que han oficiado como un sentido común y articulador ideológico, pese a las diferentes visiones presentes.
Vinculado a las reflexiones anteriores identificamos dos sectores a los que entendemos hay prestar principalmente mucha atención y cuidado respecto a las “intervenciones académicas” que realizamos: los estudiantes que se encuentran en un proceso de formación para el futuro ejercicio profesional y los actores políticos y sociales con los cuales nos relacionamos a través de las prácticas y que son quienes sufren directamente condiciones de padecimiento y vulneración de derechos en diferentes aspectos de su vida.
Es en este marco que es necesario proponer se tienda a la democratización del conocimiento y promover la libertad de pensamiento en los estudiantes con responsabilidad y compromiso hacia aquellos que sufren condiciones de exclusión, injusticia social, represión, Etc. Constituyendo estas cuestiones en valores fundamentales en el proceso de formación disciplinar, tendiendo a que en el transcurso de su vida académica tengan la posibilidad de ir procesando su propia matriz conceptual e ideológica de pensamiento, mediante la reflexión y el debate en su acercamiento a las diferentes perspectivas presentes en las cátedras de la carrera de Trabajo Social y su relación.
En relación con proyectos societales más amplios, entendemos que para lograr estas cuestiones, tendríamos que invertir el orden del pensamiento y donde ubicar su centralidad, rompiendo con propuestas de carácter iluminista, que consideran que toda la definición “política” está ubicada en aquellos que pertenecemos a la Institución Universitaria, y que apoyándonos en este status social adquirido, tendemos a desconocer construcciones históricas presentes en el seno de la sociedad, restándoles importancia incluso, al grado de satisfacción o insatisfacción generado, en el marco de las relaciones que establecemos entre la Facultad de Trabajo Social y los Sectores Populares o también a las propias experiencias y conocimientos anteriores que portan los estudiantes que transitan la carrera.
Por lo que resulta, sumamente necesario en momentos de la reformulación del Plan, repensar lo realizado hasta el momento en cuanto el ejercicio de la docencia y a su vez
las contradicciones y conflictos, han desarrollado mucho más rápido alianzas y estrategias de fortalecimiento comunitario de las cuales muchas veces nuestras prácticas de formación, se encuentran desfasadas en los tiempos de su realización, su comprensión política y el compromiso asumido.
En este sentido consideramos que los sectores con los que trabajamos históricamente, han expresado los conflictos sociales que afectaron sus condiciones de vida, moviéndose en un terreno de mediación política que responde directamente a los intereses de los grupos que conformaron parte de su espacio institucional, organizativo y territorial, sabiendo reconocer inmediatamente, la ausencia o presencia de políticas sociales que incidieron en sus situaciones concretas de existencia y también la validez o carencias de nuestras propuestas de Prácticas de Formación Profesional. Ya que según el grado de desarrollo interno alcanzado, las organizaciones superan con sus demandas el umbral de propuestas y políticas relacionadas con cobertura de las cuestiones básicas o lo que se encuentra en debates actuales respecto a la “inclusión”, aspirando permanente a mayores condiciones de equidad, justicia y emancipación. Por lo que debe explicitarse con mayor énfasis, que los estudiantes a los Centros de Práctica “en principio” van a aprehender y conocer las experiencias desarrolladas por otros actores sociales.
En vinculación con estas cuestiones consideramos que en principio, los sectores universitarios, siempre partimos de ser “agentes externos”, cuya relación tiende a ser temporal, variable en sus integrantes, con fines acotados y de carácter académico, Etc., por lo que tendremos que legitimar permanentemente nuestra presencia en esos espacios, tanto a nivel profesional, como en la etapa que transitamos en la formación de estudiantes.
De esta manera, nuestra incidencia en estos procesos, solo contiene posibilidades de significación para las entidades con las que nos relacionamos, mediante proyectos y acciones que proponemos, pero que no siempre implican su necesaria concreción y esto queda aún más ratificado con motivo de que las prácticas de formación profesional, se encuentran sometidas a instancias de evaluación en articulación con otras instancias evaluativas del proceso de aprendizaje.
En relación a lo que venimos reflexionando, hay una cuestión que resulta evidente, pero que es necesario explicitar: las organizaciones e instituciones tienen su propio desarrollo histórico y dinámica generada por sus actores políticos, que se inscribieron dentro de
de formación profesional, que tiendan a una valoración efectiva por parte de la comunidad u otras instituciones, en cuanto la concreción de las propuestas realizadas “no es algo naturalmente dado”, sino que implica, un proceso de construcción histórico y social que requiere de la puesta en juego de conocimientos, sentimientos y compromisos de mucha intensidad difíciles de sostener en el tiempo y “con solo” objetivos académicos.
Teniendo en cuenta estas cuestiones en procesos de formación profesional, el hecho de lograr significancia en una carrera de Trabajo Social, consideramos debería constituir un desafío ineludible a tener en cuenta, como objetivo político institucional si se conformara como parte de una construcción colectiva, que se arraigue en el conjunto de los actores y las dimensiones presentes en el ámbito académico de la Facultad de Trabajo Social de la U.N.L.P.
A menos que algunos coincidan con la humorada de Bourdieu al decir “la maldición de las Ciencias Sociales, es que tienen un objeto que habla”, resulta más enriquecedor para un proceso de formación que logremos desarrollar mayor capacidad de escucha y observación de los