4. ANALISIS DE LOS RESULTADOS
4.1 Provincia de Misiones
Se visitaron en la provincia un total de 16 grupos. Si bien estaban previstos y organizados encuentros con 20 grupos, en el transcurso del trabajo de campo no se pudo acceder a 4 de ellos, por razones ajenas al equipo de encuestadores. Asimismo, si bien se mantuvieron entrevistas con dos organizaciones (Asociación Civil de Plantadores de Ananá y Cooperativa Alto Uruguay Eléctrica Ltd. –CAUL-) se tomó la decisión de no incluirlas en el análisis de “grupos” en tanto no han sido ellas las beneficiarias directas de los créditos sino grupos conformados por algunos de sus integrantes, uno de los cuales sí está incluido en este análisis. De todos modos, la información recabada en esas entrevistas, al igual que las de otros informantes calificados, es recuperada en los apartados que siguen para profundizar el análisis.
La cobertura espacial fue amplia, abarcando 7 departamentos de la provincia -25 de Mayo, Candelaria, Cainguás, Montecarlo, San Ignacio, Guaraní y Alem-. Nueve de los grupos visitados se dedican a la ganadería (3 de ellos a la obtención de leche y quesos), dos a la producción de té, tres a la horticultura y uno a la elaboración de esponjas vegetales. El grupo restante produce tabaco, y no recibió créditos sino que mediante la asistencia técnica intenta desarrollar alternativas a ese cultivo. Todos tienen, además, producción de autoconsumo y en varios grupos está diversificada (yerba y tabaco).
La mayoría de los grupos visitados en la provincia (81%) se conformaron recientemente (a partir del año 2003). Sólo 4 lo hicieron entre 2000 y 2003; de los cuales 1 culminó su proyecto y ya no tiene relación con el PRODERNEA. Se trata mayoritariamente de grupos pequeños -el 56% tiene hasta 5 familias integrantes; y el 19% tiene entre 6 y 10-; en tanto en el otro extremo, el 6% se compone de 50 y más familias. En general, el mayor nivel de asistencia a las reuniones con el equipo de encuestadores se registró entre los grupos de menor tamaño, mientras que la situación contraria correspondió a los grupos de más de diez integrantes.
Teniendo en cuenta la forma jurídica de organización de los mismos, la muestra incluyó 3 consorcios, 3 cooperativas, 2 asociaciones civiles y 8 grupos sin personería jurídica.
Características de los grupos
La mayor parte de los grupos (50%) se organizó en forma autónoma a partir de vínculos preexistentes -familiares o de vecindad-, con el propósito de solicitar el apoyo crediticio del PRODERNEA. Le siguen en importancia los grupos que se conformaron a partir de un núcleo de productores –con lazos previos entre ellos– que para cumplimentar los requisitos solicitados por el PRODERNEA convocaron a otros con los cuales no tenían vínculo previo (38%); debe entenderse aquí que si bien “se conocían”, tal conocimiento no habilitaba necesariamente relaciones de proximidad como en los grupos anteriormente comentados. Finalmente, un subconjunto menor (13%) es el de los grupos que si bien tenían algún lazo previo, no se organizaron en forma autónoma sino a partir de la intervención de un agente externo (técnico, promotor, etc.), que fue quien determinó la conformación del mismo. En la mayoría de los casos, la obtención de un crédito del PRODERNEA motivó la conformación del grupo.
La conformación de los grupos debe considerar, en todos estos casos, también la forma en que definieron con qué propósito solicitar el crédito y, en particular, cómo formularon los respectivos “proyectos”. En ese sentido, más allá del tipo de propuesta productiva formulada, importa en este análisis referir de qué modo tuvo lugar una etapa fundamental para las dinámicas grupales posteriores, en tanto es alrededor de esas propuestas que el grupo encuentra un anclaje de peso para su desarrollo organizativo. Los datos relevados permiten apreciar que el 38% de los grupos armó el proyecto en forma conjunta con el técnico. Aquí se observan dos tipos de casos. Por un lado, la de aquellos grupos donde todos los miembros o varios de ellos tenían intereses claros respecto de qué propuesta hacer –por ejemplo, qué cambios introducir para mejorar su acceso al mercado, o bien qué estrategia de diversificación productiva emprender–; en este caso, el técnico ayudó con los “papeles”, dando indicaciones generales. Por otra parte, la de aquellos otros grupos que discutieron sus ideas en conjunto con el técnico quien los ayudó a clarificarlas y lograr consensos, formulando en conjunto la propuesta; en este caso, el técnico tuvo un rol más activo pero sobre la base de la participación del grupo. Una segunda situación encontrada -en la que se
ubican el 44% de los casos- refiere a los grupos en los cuales el técnico armó el proyecto en base a lo conversado con el grupo. Es decir, el grupo participó en un primer momento discutiendo sus inquietudes y sobre esa base el técnico formuló la propuesta. En algunos de estos grupos, los integrantes se ocuparon de ciertas tareas -como averiguar precios-, pero básicamente fue el técnico el que determinó cómo llevar a cabo las ideas generales del grupo. Finalmente, la tercera situación es la de los grupos donde el técnico formuló el proyecto sin que mediaran instancias de discusión grupales. En esta situación encontramos al 19% de los mismos.
Más allá de que existieran o no lazos de amistad o de familia entre los integrantes de los grupos, cabe observar la medida en que estos grupos tenían además alguna experiencia asociativa previa a su incorporación como beneficiarios del PRODERNEA. Se aprecia en ese sentido que un 19% de los grupos preexistía como tales a su relación con el PRODERNEA; un porcentaje menor (13%) adquieren los grupos en los cuales la mayor parte de sus miembros había integrado otros grupos (vinculados a otros programas de apoyo a pequeños productores, como el PSA) o pertenecía a alguna cooperativa u organización productiva y/o comunitaria, mientras que un 13% corresponde a aquellos grupos donde esas participaciones se registraban en una minoría de los integrantes. Finalmente, la situación predominante es la de los grupos que no tenían experiencia asociativa previa, que alcanzan al 56%.
Otro aspecto importante a tener en cuenta en relación con la constitución de los grupos refiere a los perfiles socioproductivos de sus miembros, en particular las diferencias internas en aspectos relativos al tamaño o escala de las explotaciones de las familias integrantes, las actividades que desarrollan o los mercados a los que acceden. Los grupos analizados integran a pequeños productores que desarrollan actividades para la venta y que mayoritariamente comercializan sus productos localmente; el porcentaje de los grupos que alcanzan mercados regionales o aún más distantes como los centros provinciales o fuera de la provincia no resulta significativo.
En general se trata de grupos con una alta homogeneidad interna: en el 56% de los casos las explotaciones de sus integrantes se ubican en estratos similares de superficie y tienen niveles de capitalización semejantes. En todos los grupos, la mayoría de los integrantes desarrolla el mismo tipo de actividades productivas. Cabe señalar que el 53% de los grupos está integrado por productores que son
propietarios de las tierras que trabajan, mientras que en el resto se combinan propietarios y ocupantes. Finalmente, en la mayoría de los grupos, la presencia del trabajo extrapredial entre los integrantes es significativa.
Estos datos permiten afirmar que los grupos beneficiarios en Misiones se constituyeron predominantemente sobre la base de relaciones de proximidad, en forma más o menos autónoma –es decir, no fueron “creados” con el mero propósito de constituir “beneficiarios”-, y para una franja importante, con alguna experiencia previa de participación en colectivos.
Es sobre esta base de proximidad–homogeneidad que a lo largo de los puntos que siguen se buscará aportar elementos sobre los niveles de capital social existentes. En ese sentido, es interesante analizar qué tipo de relación se verifica entre la existencia de alguna forma de experiencia asociativa previa (sea en el marco de grupos de vecinos conformados en torno a cuestiones no relacionadas con lo estrictamente productivo, sea en el marco de grupos que participaron de otros programas de apoyo a la pequeña producción, sea a partir de la participación en organizaciones gremiales, cooperativas, etc.) y la intervención de los grupos en la formulación de sus proyectos en el marco del PRODERNEA. La información recogida no permite establecer relaciones fuertes entre ambos indicadores, no obstante lo cual adquiere cierta importancia en el caso de los grupos que armaron el proyecto en conjunto con el técnico: todos ellos son grupos con alguna experiencia asociativa u organizativa previa. Es decir, el proceso de formulación depende, entre otros factores, de las orientaciones para el trabajo de los técnicos con los grupos e incluso de las modalidades específicas que cada técnico pone en juego; sin dudas, en atención a ello, es que en el resto de las categorías encontradas en relación con la forma en que se formuló el proyecto no hay un patrón claro –encontramos tanto grupos con y sin experiencia previa-. Sin embargo, es posible suponer que las posibilidades de una participación efectiva en la formulación de proyectos que contemplen las necesidades de los miembros del grupo, como en el mismo proceso, de aprendizajes que fortalezcan los niveles de capital social, se incrementan cuando los grupos tienen alguna historia previa como tales, o bien cuando sus integrantes han adquirido las capacidades específicas –formular proyectos, vincularse con un técnico- que están implícitas en programas como el que analizamos aquí.
Sin embargo, el material recogido en las entrevistas sugiere que aún en estos casos esa participación no siempre es indicativa de autonomía y empoderamiento. En efecto, en algunos grupos ganaderos se mencionó (críticamente) que al formularse el proyecto, algunos técnicos “bajaron” una orientación específica (comprar terneros para engorde), lo cual no siempre respondía a las necesidades de los productores ni a sus posibilidades objetivas (por ejemplo, cuando no se contaba con buenos pastos). En algunos grupos, se percibió en ese sentido cierto desánimo, al referir que las soluciones propuestas eran “externas”. Es decir, ante la existencia de recursos en zonas que normalmente están aisladas y con pocas políticas destinadas específicamente a la realización de inversiones, los productores “aceptan” las reglas del juego, aún cuando las propuestas generadas no sean aquellas que más claramente permitan mejorar su situación.
Organización de los grupos
En general, los grupos no han tenido altos niveles de desgranamiento. Se aprecia que en la mayoría de ellos (81%) la salida de integrantes fue escasa o directamente nula. Asimismo, un 29% registra la incorporación de nuevos miembros. Considerando tanto las salidas como la incorporación de nuevos integrantes, se observa que el 19% incorporó nuevos miembros sin que los iniciales abandonaran el grupo; un 63% mantuvo desde su inicio su composición original; un 6% registra una alta rotación de miembros (incorporaciones y salidas) mientras que en el 13% de los grupos hubo salida de integrantes sin incorporación de nuevos. En los grupos donde hay integrantes que dejaron de participar, los motivos más frecuentes refieren al desinterés en las actividades desarrolladas en el marco de los respectivos proyectos, o bien a su incorporación a actividades extraprediales como asalariados; en general, no se refieren a conflictos grupales. Los grupos señalaron no tener interés en incorporar nuevos miembros; el temor a conflictos al mediar en la constitución del grupo el crédito y su devolución, instala en muchos casos la desconfianza a integrar a vecinos con los cuales no tengan un buen conocimiento previo. Se mencionó que al momento de la convocatoria, hubo otros interesados que no se sumaron por ese motivo.
Asimismo, los grupos que incorporaron nuevos miembros son mayoritariamente aquellos vinculados a cooperativas –es decir, grupos que se conformaron con
integrantes de cooperativas–, en estos casos puede suponerse que al contar con otra estructura organizativa fue más fácil incorporar nuevos integrantes a las propuestas del proyecto. Una excepción en este sentido es el de un grupo con integrantes jóvenes que tuvieron un importante incremento en el número de miembros: los integrantes originales decidieron que cada uno podía “presentar” un nuevo “socio”.
Si se considera la frecuencia con que los grupos se reúnen se observan distintas situaciones. Por un lado, se advierte que el 25% de los mismos tienen encuentros periódicos (al menos cada 15 días), y que en general, la convocatoria a dichas reuniones no descansa exclusivamente en el técnico. Por otro lado, el 38% de los grupos se reúne con menor frecuencia (una vez por mes o incluso menos). Finalmente, 31% de los casos no han mantenido reuniones a lo largo del proyecto. Esto no significa que los integrantes del grupo no tengan contacto alguno, por el contrario, al ser vecinos o familiares tales contactos eran y son cotidianos. De lo que se trata en todo caso es de dar cuenta de la medida en que los procesos productivos han involucrado alguna instancia grupal (para aprendizajes conjuntos, circulación de información o realizar tareas productivas en conjunto), sin las cuales los vínculos establecidos en el plano familiar o comunitario en tanto “vecinos” no podrían transformarse en redes entre productores que permitan subsanar las limitantes de distinto tipo que enfrentan los productores beneficiarios de este tipo de programas.
Pero además de conocer la frecuencia de las reuniones y el grado en que las mismas no dependen exclusivamente de la presencia del técnico, es importante considerar el nivel de asistencia a dichas reuniones. El 31% de los grupos informó una alta asistencia de la mayoría o todos los integrantes, entre ellas se encuentran las cooperativas donde la asistencia está reglamentada y forma parte de las obligaciones estatuidas. El 38% de los grupos registra una asistencia irregular, en general algunos miembros asisten a las reuniones y el resto lo hace solo en algunas ocasiones; también aquí se destacan los grupos de mayor tamaño, en especial aquellos con organización formal. En el resto de los casos la asistencia a las reuniones de la mayoría de los miembros es baja.
Las reuniones pueden ser ámbitos de circulación de información sobre cuestiones vinculadas a la relación con el PRODERNEA (capacitaciones ofrecidas; pagos de cuotas, etc.) pero también de aprendizajes técnicos, de discusión de ideas sobre la propia producción, el funcionamiento del grupo, o propuestas para desarrollar
en conjunto. La agenda de temas constituye en ese sentido un indicador tanto de las dinámicas grupales como de los horizontes que en ese contexto el propio grupo va definiendo. Según los datos recogidos, en la mayoría de los grupos – excluyendo aquí los que no se han reunido- se tratan tanto los temas que propone el técnico como los que sugieren los mismos integrantes. Sólo en un caso se señala que es el técnico quien define los temas y objetivos de las reuniones. Asimismo, al considerar cuales son esos objetivos, se aprecia que la mitad se concentra específicamente en cuestiones productivas –tanto las vinculadas a las actividades desarrolladas en el marco de los proyectos, capacitaciones e información técnica o sobre aspectos como comercialización– mientras que la otra mitad incorpora temas organizativos –la administración del crédito, cómo organizarse, cómo establecer acuerdos, etc.-. También excluyendo los grupos que no se reunieron, el 31% llevan registros de las reuniones, aquí tienen importancia las cooperativas y asociaciones que deben llevar actas pero también lo hacen otros grupos que no tienen este tipo de obligaciones legales. Se registran los acuerdos alcanzados y los temas tratados, además de los gastos realizados. El resto de los grupos no lleva registros de ningún tipo.
En general, los grupos tienen mecanismos para la toma de decisiones. La mayoría -el 56% de los casos- informó que toman las decisiones por consenso, “conversando”, y en varios casos a través del voto, donde se decide por mayoría simple. En el 19% de los grupos las decisiones las toman unos pocos miembros (aquí se incluye el caso de las cooperativas en las que esa función la cumple la comisión directiva), mientras que en el resto, las decisiones son delegadas en el técnico y luego asumidas por el grupo. No obstante, en las entrevistas se observaron en varios casos, el liderazgo de algunos miembros, teniendo los equipos de encuestadores la impresión de que eran estas personas las que mayor protagonismo y empuje tenían.
Un subconjunto significativo de grupos (69%) se ha organizado, asignando roles a sus miembros. Sin embargo, en más de la mitad de los casos, la división de roles es meramente formal y se corresponde con las demandas establecidas por el técnico o el promotor para solicitar el crédito (“armar la carpeta”); en la otra mitad, por el contrario, tal división da cuenta de las formas organizativas adoptadas efectivamente, en general concernientes a la convocatoria de las reuniones, a averiguaciones sobre precios o sobre otros programas que puedan estar funcionando en las distintas zonas. Hay grupos donde ciertos roles fueron
definidos, incluso, por votación. Un ejemplo interesante lo constituye uno de los grupos visitados donde la división de roles se corresponde con una división del trabajo y responsabilidades sobre un proceso grupal de comercialización. En el 31% restante no hay división de roles o tareas.
Teniendo en cuenta los indicadores considerados en este apartado, se observa, en términos generales, que la mayor parte de los grupos han funcionado en el plano formal. Si bien, la mayoría ha mantenido a sus integrantes originales, en promedio, la frecuencia de reuniones es baja. En menor medida, encontramos grupos que tienen prácticas de trabajo grupal efectivas: se reúnen periódicamente, tienen mecanismos de toma de decisiones. Sin embargo, en todos los casos, las relaciones de proximidad y la confianza basadas en el conocimiento personal (y de larga data cuando se trata de vecinos) son los elementos que han permitido la conformación de los grupos. Si bien estos son elementos de integración significativos en términos de capital social, cabe señalar que entre los grupos analizados tienen un importante peso los grupos familiares (uno o dos núcleos familiares que se asocian para la solicitud del crédito). Ello puede implicar que en estos casos el impacto del proyecto se pueda verificar en indicadores de producción o de bienestar pero no en otras dimensiones que vinculen a la familia con redes locales.
Finalmente, cabe distinguir en el análisis de esta dimensión, a los grupos de mayor tamaño, en particular cuando conforman estructura formales (las asociaciones civiles o las cooperativas más numerosas): aquí el material de las entrevistas refleja problemáticas asociadas a la representación y a la distancia entre la gestión de la organización y la gestión cotidiana de las explotaciones de los productores miembros.
Producción y comercialización
Los créditos han permitido en la mayoría de los grupos mejorar la producción. Una situación que introduce una nota distintiva en este sentido es la de los grupos con proyectos ganaderos; como se mencionó, algunos de ellos refirieron que el objetivo del crédito se les “impuso” y que si bien las adquisiciones que realizaron les permitieron contar con mayores recursos, su impacto podría haber sido mayor de haberse realizado otra propuesta o bien de haber previsto algunas condiciones necesarias como pastos o agua suficientes.
Por otra parte, fue recurrente en las entrevistas la mención a la tardanza en el desembolso de los fondos, lo que en algunos casos perjudicó las actividades productivas. Asimismo, en el caso de algunas cooperativas, los créditos fueron tomados por la institución y distribuidos entre los socios.
Esta modalidad se aplicó en seis casos, de los que se visitaron tres, la Cooperativa Alto Uruguay Ltda., la Asociación de Plantadores de Ananá ambas