El 10 de junio de 2013, la major canadiense Kinross Gold vendió (...) el proyecto aurífero más prometedor del país, Fruta del Norte, el cual ten- dría recursos indicados de 170 toneladas con una concentración excep- cional de 11.2 g/t. (...). Kinross había adquirido este proyecto en 2008 de la junior Aurelian Resources por $US 1.000 millones y preveía una pri- mera inversión de 1.320 millones de dólares hasta 2016. Kinross, cuar- ta empresa minera canadiense por su capitalización bursátil, se mostró reticente en firmar un contrato minero de explotación con el gobierno ecuatoriano, objetando ella también el impuesto de 70% a las ganancias extraordinarias. Según analistas del sector minero, esta legislación era única en la región, y Kinross no quería que se siente un precedente en este ámbito. Al parecer, las negociaciones entre la minera canadiense y el gobierno de Rafael Correa duraron más de dos años, sin que las dos partes lleguen a un acuerdo, lo que desembocó en la salida de Kinross del Ecuador.
Irónicamente, pocos días después de esta salida, el 13 de junio de 2013, la Asamblea Nacional aprobó un conjunto de reformas a la Ley de Mine-
ría, mediante las cuales Rafael Correa y su gobierno accedieron a varias demandas formuladas por empresas transnacionales norteamericanas, entre éstas la misma Kinross. La reforma flexibilizó el régimen tributario por ganancias extraordinarias (cobrándolas solamente cuando la empre- sa haya recuperado la inversión inicial realizada), instauró un umbral para las regalías, agilizó los procesos de obtención de la licencia ambien- tal y promovió un régimen de sanciones más duro para la llamada “mi- nería ilegal”.
Para Kinross, la venta del proyecto Fruta del Norte fue una pérdida muy importante, pues preveía hacer de este el “proyecto-faro” de sus opera- ciones alrededor del planeta. En octubre de 2014, Fruta del Norte encon- tró un nuevo comprador: la controvertida familia sueca Lundin, a través de una de sus empresas canadienses, la Lundin Gold Inc.
Vale la pena mencionar que la familia Lundin, es un actor con un pasa- do oscuro. Empresas de este grupo estuvieron presentes en el contexto tumultuoso de la primera guerra civil de la República Democrática del Congo en África, a finales de los años noventa del siglo pasado. La Lun- din Mining participó del saqueo de la empresa minera estatal congolesa de cobre, la famosa Gécamines (de importancia comparable a la chilena Codelco en aquel tiempo), cuyos activos fueron vendidos por partes y a precio de regalo a juniors canadienses, una de ellas, la Lundin Mining. Las compras se realizaron en la opacidad, con grandes sospechas de co- rrupción, mientras que los fondos de las ventas alimentaron el esfuerzo de guerra de facciones armadas involucradas en una guerra sanguina- ria. Empresas como Lundin Mining son las responsables ocultas de esta guerra sanguinaria, a menudo presentada en occidente como resultan- te de una especie de barbaridad atávica africana. Siglos de racismo no se apagan en un día. Por cada transacción en República Democrática del Congo en aquella época, empresas como la Lundin Mining, registra- da en la Bolsa de Valores de Toronto, obtuvieron ganancias millonarias. En la prensa internacional, en muchas ocasiones Lundin se ha jactado de su capacidad para operar en contextos “difíciles”. “Cuando uno quiere yacimientos grandes, le toca irse a países que no están de moda” declaró Adolf Lundin, el fundador de la empresa, a propósito de su capacidad para hacer negocios en países africanos en guerra. Además la Lundin es conocida por haber contratado los servicios de transnacionales para-
militares como la tristemente conocida International Defense Security
(IDAS)20. Con estos antecedentes, la reputación de Lundin sigue siendo
la de empresarios mineros que no dudan en operar en “contextos políti-
cos arriesgados”. Sin lugar a dudas, Lundin considera un reto el hecho de operar en el contexto ecuatoriano, cuya reputación conflictiva ha sido reforzada por la deserción de la Kinross. Nada de esto augura buenas noticias a los pueblos de la Cordillera del Cóndor (Sacher 2016).
El grupo transnacional Lundin Gold, a través de su subsidiaria canadiense, adquirió en el sureste de Ecuador, las acciones sobre 33 concesiones mineras que cubren un área de aproximadamente 75.000 hectáreas en un territorio biprovincial entre Zamora Chinchipe y Mo- rona Santiago; dentro de un largo y continuo bloque que va desde el río Nangaritza hacia el este hasta la frontera con el Perú que incluye la Cordillera del Cóndor.
Dentro de estas concesiones, se encuentra el Proyecto Fruta del Norte compuesto de tres concesiones en un área de aproximadamen- te 5.000 hectáreas que se ubica en la provincia de Zamora, cantones Yantzatza y Paquisha. La Lundin Gold adquirió este proyecto, cuan- do según la empresa vendedora Kinross, había invertido aproxima- damente $279 millones en la exploración y desarrollo del proyecto lo que incluye más de 150 kilómetros de perforación para una actividad minera intensiva pero subterránea. Lundin Gold tiene la intención de revisar y evaluar el potencial a corto plazo de la exploración re- gional a través de un programa de perforación de aproximadamente 30.000m. Los objetivos incluyen la revisión de anomalías geoquími- cas en las concesiones Princesa, Emperador y El Zarza. La compañía también planea completar el mapeo estructural regional, mapeo geo- lógico y muestreo geoquímico (Lundin 2015).
Un número de derechos de superficie ha sido adquirido en apoyo a los principales elementos de la infraestructura del proyecto, como los edificios de la mina de superficie, la planta de procesamiento, el área de almacenamiento de relaves, e instalaciones de oficinas y alo- jamiento. En total, suman un total de 44 lotes con una superficie total de 3.960,76 hectáreas (Lundin 2015).
De acuerdo a la disposición transitoria sexta del nuevo Reglamen- to General de Minería, se reemplazaron todos los títulos de concesión actuales, obteniendo como nuevo plazo de concesión el número de años restante a partir de la fecha en que la nueva concesión se otorga a la fecha de expiración del antiguo título de concesión. A finales del 2015 la mayoría de títulos estaban en la fase de exploración inicial, “a
excepción de Emperador 1, Emperadora, Princesa, Duque, la Duque- sa, Sachavaca, Colibrí 1, Colibrí, y Colibrí 2, que están en la fase de exploración avanzada, y El Zarza, que está en la fase de evaluación económica” (Lundin 2015).21
Según la página web oficial de la empresa, “el sitio está conecta- do por un camino de grava desde la carretera principal y hay varios caminos de grava en el lugar. Se requiere un nuevo camino de acce- so de 15,4 kilómetros de largo para vincular la ubicación del sitio con la red de carreteras existente en el Ecuador (carretera 45) cerca de la ciudad de Los Encuentros. Para acceder de manera eficiente a todas las áreas del proyecto, también se requerirá una red de caminos inter- nos” (Lundin 2015).
En la misma información oficial, se informa que desde Puerto Bo- lívar ubicado a unos 400 km, se importarán materiales de construc- ción como acero, tuberías, equipos de minería y procesamiento; ade- más pese al alto consumo de energía que requieren las actividades mineras, la energía del campamento será provista desde la red públi- ca a través de una línea de transmisión de poder compartido y como respaldo tendrán un generador de 1 megawatt.
El proyecto Fruta del Norte tiene un área de influencia directa (AID) en los cantones Yanzatza, El Pangui y la parroquia Paquisha y un área de influencia indirecta (AII) que comprende los cantones Centinela del Cóndor y Zamora.
La comunidad más cercana al proyecto Fruta del Norte se ubica 9 km al suroeste, en la parroquia Los Encuentros y se llama San Anto- nio. En 2012, la investigación Infancia de Oro en la Cordillera del Cóndor (Solíz y otros 2012), presentó una grave denuncia sobre la desapari- ción forzada de la comunidad de San Antonio, a través del cierre de su escuela y la compra bajo figura de servidumbre de sus predios. En algunos casos, comuneros denuncian incluso que la compañía Kinross Aurelian no pagó los montos acordados por la venta o arrendamien- to respectivamente. Al momento, la comunidad San Antonio es una especie de comunidad fantasma, se puede observar su escuela cerrada con la infraestructura muy deteriorada, las fincas abandonadas, y el control territorial absoluto en manos de la multinacional, misma que por un lado había membretado todo el territorio con propaganda que 21. Revisar información en: ‹http://www.lundingold.com/sp/fruta-del-norte.asp›
promocionaba sus políticas de responsabilidad social y empresarial mientras por otro lado restringía el ingreso de comuneros y poblado- res a amplias zonas de concesión, perseguía y quemaba la maquinaria de pequeños mineros que vivían del trabajo de bomba draga en los ríos Zarza y Machinaza (Solíz y otros 2012).