Capítulo II. Los jardines botánicos.
2. El Jardín Botánico de Puçol.
3.2. El proyecto de jardín botánico elaborado por Tomás Manuel
En 1756, se continuaba cobrando en los grados de medicina una propina destinada a la erección y conservación de un “huerto o jardín de yervas”, a pesar de que el jardín establecido por Gaudencio Senach en 1685 había sido arrendado y, posteriormente, vendido en 1737. De este modo, el rector de la Universidad de Valencia, Demetrio Lores proponía al Consejo de Castilla en 1756 que, con el dinero recogido de los grados y de la venta del huerto, se estableciera un “nuevo jardín de yervas” en unos terrenos contiguos al paseo de la Alameda, por “convenir para la salud pública”.272
Más de veinte años después, el Consejo de Castilla solicitaba al claustro de catedráticos un informe sobre el establecimiento de un nuevo jardín botánico. El claustro consideraba necesaria la formación de un “huerto botánico”, ya que “es casi imposible adquirir la instrucción debida a esta facultad, sin el estudio y conocimiento de los simples”. De nuevo, recomendaban los terrenos contiguos al paseo de la Alameda, aduciendo que presentaban la capacidad, riego y calidad del terreno deseable. Además, el edificio que albergaban, la Torre de Santiago y casa contigua, podía utilizarse para sala de conferencias, museo “y demás oficinas necesarias en un jardín botánico”.273
Desde el municipio, el regidor Ignacio Llopis Ferriz y Salt propuso que se restituyera el impuesto o propina en los magisterios otorgados por el Colegio de Cirujanos y el de Boticarios destinado a la creación y conservación del jardín, que había sido impuesto en 1631 por el Supremo Consejo de Aragón. Además, encargó un informe a Tomás Manuel Villanova, por entonces catedrático regente o sustituto de medicina, sobre el establecimiento y conservación del nuevo jardín botánico.274
De esta manera, en 1779, con el título Dictamen sobre un jardín botánico, Tomás Villanova presentaba un proyecto para establecer un jardín botánico en los terrenos contiguos de la Alameda “que desde su Torre de mano izquierda se extiende hasta cerca del óvalo que mira al mar”.275
272 AMV: Libro Capitular, 1756, D-99, fols. 107v.-11r.
273 Ibidem, fols. 227r.-231r.
274 AMV: Libro de Instrumentos, 1779, D-140, fols. 160-161.
275 VILLANOVA (1779), Ms., fol. 1r. A este Dictamen le acompaña un “Plano del huerto de la M.I. ciudad
En este informe, Villanova expresó su opinión sobre lo que debía ser un “jardín botánico”. Este no debía ser únicamente una colección de plantas medicinales “porque también aquellas cuyas facultades medicinales no se han conocido hasta ahora no dexan de tenerlas y en efecto se van descubriendo cada día […] y lo mismo sucede en lo tocante a su uso en las artes”. Como señalábamos, en un jardín botánico del siglo XVIII cualquier planta tenía cabida y cualquier planta debía ser estudiada. De este modo, Villanova aspiraba a que su jardín contuviese casi todas las especies vegetales conocidas y las principales variedades, ya que cada una de ellas podría aportar alguna utilidad a la vida humana. Asimismo, debía albergar las demás producciones de los reinos animal y mineral, igualmente útiles para el hombre, en un “museo o sala de colección”, junto con un herbario de las plantas que no puedan cultivarse en el jardín.276
La finalidad principal de un jardín botánico debía ser facilitar el estudio de las plantas “el qual no se consigue solamente por los libros, aunque estos se deban también mirar como necesarios, sino que principalmente por la inspección de las mismas producciones [naturales]”.277 Así, debía contar con una “sala de lecciones y conferencias” y una biblioteca
de historia natural. Tomás Villanova proyectó un edificio, que se formaría a partir de la Torre de Santiago y la casa contigua, y que albergaría la casa del jardinero, la casa del catedrático o profesor primario, la sala de lecciones y conferencias, el museo y la biblioteca de historia natural. Aseguraba que era conveniente que catedrático y jardinero habitaran en el mismo jardín. La sala de lecciones, de aproximadamente 48 m2, debía estar rodeada de bancos, con una mesa y una silla en un extremo; la sala destinada al museo, rodeada de altas estanterías de manera, donde se colocarían las “producciones naturales” de los tres reinos, custodiadas en vidrieras las partes y especies menos comunes; una de las paredes de esta sala se destinaría para biblioteca.278
El jardín de Villanova contaría con un “encierro” para las plantas de climas más cálidos. Consistía en una serie de arcos colocados uno al lado de otro formando una especie de galería o pórtico, de unos 66 m2 de superficie, que quedaría cubierto por la noche con unas esteras de enea. Una parte de este encierro se encontraría completamente cubierta, dejando sólo unas ventanas grandes, con una estufa para los días de más frío. Un termómetro indicaría al jardinero cuando debía encender la estufa o, por el contrario, cuando era necesario abrir las ventanas de ventilación. Durante el verano, los tiestos del encierro se colocarían en unos
276 Ibidem, fols. 1v.-2r.
277 Ibid., fol. 1.
278 Ibid., fols. 2r-3v. Villanova utilizó como medida de longuitud la vara valenciana. Para expesar sus
bancos de mampostería situados en el exterior, en una zona contigua que Villanova denominó “solana”. Junto al encierro, también se construiría una zona destinada al repuesto de instrumentos y semillas.279
A continuación, se formaría el primer cuadro del jardín llamado por Villanova “florilagio o quadro grande para las plantas del jardín”, de algo más de 20 m2. En este cuadro se cultivarían las plantas más delicadas y, por lo tanto, necesitadas de mayor cuidado. De esta manera, quedarían más próximas a la vivienda del jardinero.280
Todos los cuadros del jardín se encontrarían bordeados por un andador de 10 pies de anchura, formado con arena y delimitadas sus orillas con ladrillos puestos de canto.281
Seguidamente, Villanova situó el cuadro destinado a las plantas medicinales, de casi 700 m2. En este cuadro, se cultivarían 18 eras transversales, con dos filas de plantas cada una y una regata entre ellas para facilitar el riego. Esta regatas comunicarían con la regadera maestra que conduciría el agua a todo el jardín. Según esta distribución, calculó que resultaban 36 filas de 22 plantas, es decir, que un total de 792 plantas medicinales podían cultivarse en este cuadro. Con esto, quedaba concluida “la primera y principal parte del jardín”, situada desde la Torre de Santiago hasta el camino que conducía a la Ermita de la Soledad.282 Así, las
plantas medicinales continuaban siendo las protagonistas del jardín proyectado por Villanova. Se encontraban en “la primera y principal parte del jardín”, formaban un grupo que se cultivaba separado del resto de plantas y, además, presentaban un elaborado sistema de riego. Por otro lado, como veremos más adelante, cada planta medicinal iría acompañada de una plancha con su nombre completo escrito. Por último, su venta contribuiría al mantenimiento económico del propio jardín.
La segunda parte del jardín la ocupaban el resto de plantas, es decir, aquellas que no necesitaban ni de encierro, ni de grandes cuidados, ni tenían virtudes medicinales conocidas. Con el fin de que pudieran cultivarse el mayor número de especies vegetales, Villanova planeó “formar diferentes quadros según las principales diferencias de las plantas respecto de sus nativos lugares”. Un total de seis cuadros, situados en línea uno al lado del otro, se destinarían a cultivar plantas de monte o montanas, de eriales o campestres, de regadío u hortenses, de prado o pratenses, de costa de mar o marítimas y, finalmente, las plantas de agua o acuáticas. Algunos de estos cuadros debían prepararse antes “con una capa de tierra de
279 Ibid., fols. 3v-4v.
280 Ibid., fols. 4v-5r.
281 Ibid., fol. 5r.
aquella calidad que sea más conforme con la naturaleza de las plantas que deve contener”. Villanova propuso arenisca para las plantas marítimas, tierra de marjal para las pratenses y, en los cuadros destinados a las plantas montanas y campestres, proyectó la formación de “sangraderas ciegas” por donde escurriría el agua con el objeto de hacer el terreno más seco.283
Los cinco primeros cuadros, de unos 650 m2 de superficie, se encontrarían separados del andador por una pequeña empalizada de listones de madera. Cada cuadro estaría formado por 33 filas de 28 plantas cada una, es decir, por un total de 924 plantas, cuidando que los árboles y arbustos se colocaran hacia las orillas. El sexto cuadro, más pequeño que el resto, se destinaría a las plantas acuáticas y estaría formado por tres balsas transversales de distinta profundidad y dos andenes entre ellas, con los lados lindantes con el agua, al igual que el andador de alrededor, reforzados con piedra y argamasa. El problema de la “corrupción del agua”, preocupación propia de esta época, se solventaría con el aporte constante de una pequeña cantidad de agua y la construcción de un “desaguadero” en la última de las balsas.284
Por último, Villanova destinó una zona, de aproximadamente 1600 m2, para “bosque plantío o conservatorio de plantas” que albergaría los árboles más grandes y las plantas que bien por su uso médico o por otras razones, convenía cultivar multiplicadas. En esta parte del jardín, no se seguiría método alguno en la distribución de las plantas.285
Así pues, favorecer el crecimiento y la conservación de las plantas fue el criterio seguido por Tomás Villanova en la distribución y trazado de su jardín. Para Villanova esto se conseguía intentando reproducir, en la medida de lo posible, el hábitat natural de cada una de las plantas del jardín. Indudablemente, el jardín planeado por Villanova estaba destinado sobre todo a la enseñanza. Las plantas debían distribuirse de forma que se pudiera “pasar entre ellas en tiempo de las lecciones”.286 Pero además, las plantas se encontraban ordenadas en
filas que recorrían transversalmente el jardín, aspirando a una regularidad matemática en su número. Villanova añadía: “No ignoro que en algunos jardines botánicos se forman andenes y pasadizos por lo interior de los quadros con varias figuras y labores ingeniosas, pero también sé que semejantes bizarrías como cosa superflua y perturbadora de las vista se hallan
283 Ibid., fols. 5v-6v.
284 Ibid., fols. 6v-7r.
285 Ibid., fol. 7r.
en el día justamente abandonadas de los más célebres jardines de la Europa”.287 Sólo en
algunos pasajes de su Dictamen, se puede apreciar una cierta preocupación estética por parte del autor. Por ejemplo, en los ángulos que formaría cada uno de los cuadros se construirían pequeños pilares o pedestales para colocar “tiestos de algunas plantas vistosas, que sirvan a un mismo tiempo de instrucción y de recreo”.288 Además, en el “bosque”, entre otras
plantas, se plantarían “los árboles que por su demasiada magnitud o altura puedan desfigurar la simetría y buena vista de los quadros”. Todo el jardín se encontraría rodeado por una cerca “de verjas de hierro elevadas sobre un pretil”.289
Como jardín destinado fundamentalmente a la enseñanza, cada planta iría acompañada de su nombre. En las plantas medicinales, el nombre debería aparecer completo en una plancha de hojalata del tamaño de media cuartilla, clavada en el extremo de una estaca de madera, que se situaría al lado de cada planta. En el resto de las plantas, en la plancha aparecería un número que haría referencia a un catálogo general de las plantas de jardín. Villanova opinaba que las plantas debían denominarse y ordenarse según el sistema establecido por Linneo por ser “el que mejor determina las especies, simplifica sus nombres, y reduce su número, de manera que para todas las especies conocidas, sin dexar de contar las principales variedades, solo se necesitan 7815 planchuelas numeradas”.290
Tomás Villanova destinó mil pesos anuales para el funcionamiento y mantenimiento del jardín que se repartirían entre el catedrático o profesor primario, el profesor segundo o demostrador, el jardinero y varios jornaleros que se emplearían para llevar a cabo distintas labores del jardín. Asimismo, una parte se dedicaría a las salidas para “reconocer y examinar no solo las plantas, animales y minerales, sino que también las aguas, y demás cosas concernientes a la historia natural, sin dexar en olvido las antigüedades”, y otra a la compra de plantas e instrumentos para su cultivo. Este fondo anual podría ser incrementado por la venta de las hierbas medicinales que se cultivaban en el jardín.291
Este proyecto de Villanova nunca llegaría a realizarse, ni siquiera fue tenido en cuenta cuando, casi veinte años después, la Universidad comenzó las obras de construcción de un jardín botánico en unos terrenos cercanos a la Alameda, como veremos a continuación.
287 Ibid., fol. 6r. 288 Ibid., fol. 6v. 289 Ibid., fol. 7r. 290 Ibid., fol. 7. 291 Ibid., fol. 8r.