Capítulo II. Los jardines botánicos.
2. El Jardín Botánico de Puçol.
3.4. Vicente Alfonso Lorente y los demás responsables del jardín
El rector Blasco dudaba sobre la persona que debía ocuparse de la dirección del Jardín Botánico. Así, poco después de la compra de los terrenos para instalar el futuro jardín, escribía a Cavanilles: “La mayor dificultad será hallar un profesor digno […] Lorente es un botarón falto de principios, que no toma interés en que los estudiantes adelanten […] Gil es el único de quien tengo alguna satisfacción […] Pero aora no necesito sino de él para que sirva de sobrestante en lo que se va trabajando, y luego cuide de transplantar las plantas que tenemos de las quales ha cuidado hasta ahora. Después quando ya tengamos aula, y el Jardín se ponga en todo su estado, mediremos nuestras facultades y veremos como emplearlas para que prospere el establecimiento”.326
En efecto, Francisco Gil, médico y corresponsal del Real Jardín Botánico de Madrid, continuó en el “encargo de sobrestante y dirección de cosas en la formación del Jardín Botánico que se executa en el huerto llamado de Tramoyeres inmediato al Convento de Sn. Sebastián extramuros de esta ciudad”.327 Por este encargo recibió un salario de tres mil
reales vellón anuales que aumentó a trescientos reales mensuales, es decir, tres mil seiscientos anuales, en 1805.328 No obstante, a finales de ese año Francisco Gil era separado de su
encargo de “sobrestante” del jardín. Vicente Blasco aseguró que Gil, “no llenava las funciones de su cometido según lo había prometido”.329
Francisco Gil continuó su actividad relacionada con la botánica años tarde, durante la guerra de la Independencia, en la isla de Mallorca. Allí comenzó a impartir clases de botánica y fundó un pequeño jardín, según señalaba él mismo en el periódico mallorquín llamado Aurora patriótica mallorquina en noviembre de 1812.330 Al finalizar la ocupación francesa,
volvió a Valencia y, probablemente, pasó a regentar la cátedra de botánica. En esta época, escribió su Índice de las plantas exóticas que han vegetado al aire libre en Valencia en el Jardín Botánico, manuscrito en el que se presentó como catedrático regente de botánica.331
326 GONZÁLEZ BUENO (2000), 90.
327 AUV: Libro de Claustros, 1798-1804, 80, fol. 204r.
328 Ibidem, fol. 204r.; 1805-1810, 81, fols. 15v.-16r.
329 AUV: Libro de Claustros, 1805-1810, 81, fols. 49v.-50v.
330 JAIME LORÉN (1997), 30-31.
331 Su Índice de las plantas exóticas […] acompañado de un informe de Claudio Boutelou, por entonces
catedrático de agricultura de la Junta de Comercio de Alicante, se conserva en ARSEAPV: C-63, II Agricultura, n.2. Asimismo, COLMEIRO (1858), 81, citó unos Apuntes sobre plantas de Valencia, con sus
En 1819, ocupó la recién creada cátedra de agricultura de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia. A lo largo de 1820, envió a Mariano Lagasca plantas halófilas de los alrededores de la Albufera y diferentes variedades de arroz para la Ceres hispanica. En 1824, Francisco Gil abandonaba la cátedra de agricultura al ser nombrado jardinero mayor del Real Jardín Botánico de Madrid, cargo que desempeñó hasta 1828. Al igual que su compañero de estudios, Vicente Soriano, Francisco Gil finalizaba su carrera profesional en el jardín botánico madrileño. Asimismo, parece que Gil tampoco publicó ningún escrito relacionado con las plantas ni con ninguna otra cuestión.332
Como vimos, a pesar de no contar con el favor ni del rector ni del claustro de la Universidad, Vicente Alfonso Lorente ganó las oposiciones a la cátedra perpetua de botánica que se celebraron en el Real Jardín Botánico de Madrid en 1805. La posesión de esta cátedra le permitió acceder al cuidado y dirección del recién creado Jardín Botánico de la Universidad de Valencia. Por fin, el 22 de marzo de 1806 leyó el discurso que inauguraba el nuevo jardín botánico y comenzó a impartir sus clases en la recién construida aula de botánica.333
Poco después, basándose en los reglamentos del Real Jardín Botánico de Madrid y del de Cartagena, Lorente propuso al claustro general de catedráticos las obligaciones que debía cumplir el “jardinero mayor”. Según estas obligaciones, que fueron aprobadas el 31 de mayo de 1806, el jardinero debía vivir en la casa del jardín y, bajo las órdenes del catedrático de botánica, ocuparse: del cultivo de las plantas, anotando el día, mes, año y lugar de la siembra de cada una de ellas; de su “transplantación” de las almácigas a los cuadros correspondientes en el momento adecuado; y, por último, de su riego. Asimismo, se encargaría de la recolección de semillas, de anotar aquellas que se reciban o que se envíen a otros jardines, de empaquetarlas con sus nombres y de guardarlas “en el parage que se destine para ganfilacio”. Además, acompañaría al catedrático en las herborizaciones y prepararía las plantas correspondientes a las lecciones de botánica. Finalmente, se ocuparía de la venta de las plantas medicinales y efectuaría “cuantas observaciones, experimentos,
nombres científicos y vulgares. Por Gil... , Ms., 1794. Según afirmó, se conservaba en poder de la familia
Boutelou en Sevilla y parecía haber pertenecido con anterioridad a Antonio José Cavanilles.
332 Ha estudiado la correspondencia entre Francisco Gil y Mariano Lagasca: CAMARASA (1989), 111. Sobre
la cátedra de agricultura de la Sociedad Económica valenciana, véase VILLORA REYERO (1978), 185-203; y SENDRA MOCHOLÍ (1995), 135-142.
333 Este discurso fue impreso en el mismo año de 1806 con el título Discurso que en la apertura del nuevo
Jardín Botánico de la Universidad Literaria de Valencia leyó D… Un análisis sobre su contenido se recoge en
inxertos y demás” se le mande. Por supuesto, para realizar todas estas tareas contaría con un número variable de peones o jornaleros a su cargo.334
Desde junio de 1806, José Palacián ocupó interinamente el cargo de jardinero mayor y de alumno, o sustituto de catedrático, del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia con un salario de 250 reales vellón mensuales. Según afirmaba el propio Palacián, había obtenido el “título de botánico de su magestad” en el Real Jardín Botánico de Madrid.335
Sin embargo, en enero de 1808, el claustro general de catedráticos nombraba un nuevo jardinero mayor interino, el herbolario Ramón García, en contra de la opinión de Vicente Alfonso Lorente que defendía como candidato a José Palacián. El argumento esgrimido por el claustro fue la necesidad de contar con un “jardinero económico y laborioso y no científico”.336 José Palacián envió informes, tanto al municipio como a la Real Audiencia,
acerca de lo injusto del nombramiento que había efectuado el claustro, exponiendo sus méritos y el haber ocupado el cargo de jardinero mayor y alumno del Jardín Botánico durante más de año y medio.337 Por su parte, Vicente Alfonso Lorente mandó una escueta carta al
marqués de Valera, vicedirector de la Sociedad Económica, en la que se disculpaba “de no poder desempeñar el encargo de esta Real Sociedad respecto al cultivo del añil por mayor como lo tenía ofrecido”. De esta manera, pretendía llamar la atención de esta institución sobre su situación en el Jardín Botánico al quedar destituido José Palacián.338
Si bien tanto el municipio como la Sociedad Económica apoyaron a Lorente y a su candidato, José Palacián, finalmente, Lorente tuvo que aceptar al nuevo jardinero y perder gran parte de su autoridad en el gobierno del jardín. Se vio obligado a entregar “quantas plantas existen en sus quadros y demás sitios del jardín, también de las llaves de éste, de las almácigas e igualmente de las simientes”. Sólo contaba con la llave del aula, a la que se accedía a través de la casa del jardinero y que no tenía comunicación directa con el jardín. De
334 AUV: Libro de Claustros, 1805-1810, 81, fols. 70r.-72r. Véase el apéndice documental núm. 27.
335 AMV: Libro de Juntas de Patronato, 1808, e-23, fols. 2v.-3r. No sabemos nada más acerca de José
Palacián. Probablemente, también hubiera estudiado medicina puesto que junto con el cargo de jardinero mayor ocupaba el de alumno o sustituto de catedrático. Además, como veremos, el claustro general de catedráticos lo calificaba de jardinero “científico”.
336 AUV: Libro de Claustros, 1805-1810, 81, fols. 192r.-193r.
337 Ibidem., fols. 204v.-206r.; AMV: Libro de Juntas de Patronato, 1806-1811, e-23, fols. 2v.-3r.
338 Carta de Vicente Alfonso Lorente al vicedirector de la Sociedad Económica Marqués de Valera. Valencia,
19 de enero de 1808. ARSEAPV: C-50, Agricultura, 1808. El cultivo al por mayor de la planta del añil (Indigofera sufruticosa Mill.) que se llevó a cabo en el jardín universitario se trata en el siguiente apartado.
este modo, quedaba vedado su paso al jardín, “despojado de esta regalía de la que disfrutan justamente todos los profesores de España y Europa”.339
Muchos años después, en 1827, Mariano Lagasca, desde su exilio en Londres, mostró su apoyo a su antiguo profesor, Vicente Alfonso Lorente. Lagasca opinaba que el jardín botánico valenciano podía haber sido uno de los más ricos de Europa gracias a la benignidad de su clima, la fertilidad de su suelo y la abundancia de agua. Sin embargo, el jardín universitario lejos de mejorar fue decayendo casi desde su comienzo “simply because its professor of botany, who was the only scientific man in it, was under the immediate controul of the general assembly of the university” que, según Lagasca, se componía, mayormente, por teólogos y abogados que despreciaban las ciencias naturales, y un rector que invariablemente debía ser un clérigo, tal y como era Vicente Blasco.340 Probablemente, como veremos, el éxito
obtenido por Lorente y Palacián en el cultivo del índigo y la extracción del añil debió avivar los deseos del rector y claustro de inmiscuirse en el jardín y, de este modo, poder explotar económicamente la obtención de este tinte. O también, aunque tal vez sea menos probable, ocurrió que el rector y el claustro juzgaron que el jardín estaba siendo utilizado para unos fines muy distintos de los que debía cumplir un jardín botánico universitario destinado, principalmente, a la enseñanza y no a la aclimatación y propagación de especies exóticas u otras experiencias agrícolas.341
El herbolario Ramón García ya había estado vinculado en otras ocasiones a la Universidad de Valencia. Así, por ejemplo, se encargaba de “recoger y conducir yerbas al catedrático de botánica para la enseñanza de su aula”.342 En 1803, fue uno de los testigos que presentó
Vicente Alfonso Lorente ante el alcalde mayor y escribano de la ciudad de Valencia, Antonio Roca y Huertas y José Madalenes, respectivamente, para declarar acerca de la autenticidad del fruto que llamó “piña-pera”. Dichos testigos, entre los que se encontraban también los presbíteros Vicente Esclápez y Mateo Fabregat, y el maestro colegial boticario Ventura Millet, “tuvieron en sus manos, vieron y registraron con toda escrupulosidad” el fruto “piña-pera”. En este escrito, a pesar de que años más tarde opinaría todo lo contrario, Lorente elogiaba a
339 AUV: Libro de Claustros, 1805-1810, 81, fols. 217r.-218r.
340 LAGASCA (1827), 396-397.
341 Vicente Blasco distinguía entre lo que debía ser un jardín botánico y un jardín destinado a las experiencias
agrícolas, como vimos en el apartado anterior.
Ramón García “herbolario que por su aplicación y pericia en la materia herbaria es bien conocido no sólo en esta capital, sino en otras muchas de España”.343
Ramón García había mantenido correspondencia con figuras tan destacadas como Antonio José Cavanilles o Mariano Lagasca, al menos entre 1801 y 1802. A ambos les remitía plantas y semillas desde Valencia: “un caxon con plantas disecadas, 111 para vuestra merced y 93 para el señor Mariano Lagasca […] van también en el mismo 76 especies de semillas, y estoy prosiguiendo en el mismo exercicio tanto en plantas como en semillas que muy pronto le enviaré otra colección […]”. A través de esta correspondencia, también sabemos que García poseía un huerto en el que crecían “dos plantas de Carica papaya”, y que visitaba regularmente el Jardín Botánico de Puçol. Asimismo, Ramón García conocía y utilizaba el sistema de clasificación de las plantas de Linneo, en cierta ocasión, creyó haber encontrado una nueva especie “por ser una Monaldelphia pentandria y no convenir en ningún género de dicha clase”, y la envió a Cavanilles y Lagasca solicitando su dictamen.344
Por otra parte, en estas cartas, Ramón García comentaba los problemas que padecía como herbolario al no tener la licencia necesaria para vender las hierbas que otorgaba la Real Junta Superior de Farmacia. En su carta a Mariano Lagasca del 25 de octubre de 1802, afirmaba que en el término de tres días tenía que retirar su “taula” de la venta y le preguntaba “que hes lo que se deve hacer para tener esta licencia […] no tengo otro modo de vivir y de lo contrario tendré que hir a buscar un jornal”. Desconocemos que ocurrió finalmente. Parece ser que Ramón García continuó con su “taula” pero con el miedo constante de que se la retiraran. Sólo los boticarios podían vender las hierbas, como señalaba Ramón García “por los muchos abusos que diariamente se cometen por los de mi facultad por no tener el devido conocimiento y […] para precaver los daños que siguen a la salud pública”.345
343 LORENTE (1803), iv-viii. Este pequeño folleto de Vicente Alfonso Lorente estuvo destinado a defenderse
de los cargos que le había imputado Juan Sánchez Cisneros en diversas cuestiones. Entre ellas, Sánchez Cisneros dudaba de la existencia del llamado “fruto piña-pera”. Lorente acudió a diversos testigos que corroboraran la existencia de este fruto resultado, según creía Lorente, de “haberse fecundado a lo menos dos de los cinco pistilos de la flor del peral, por la transportación del polvillo de la anteras del ciprés común por el movimiento del ayre o de los insectos”. Véase también el capítulo seis de esta memoria.
344 Carta de Ramón García a Antonio José Cavanilles: Valencia, 9 de noviembre de 1801. A Marino Lagasca:
Valencia, 24 de julio, 25 de octubre y 6 de noviembre de 1802. ARJBM: leg. I, 21, 11: 4; leg. I, 56, 5: 28, 29 y 30. La penúltima de estas cartas se reproduce en el apéndice documental núm. 22.
345 Cartas de Ramón García a Mariano Lagasca: Valencia, 25 de octubre y 6 de noviembre de 1802. ARJBM:
leg. I, 56, 5: 29 y 30. Así, por ejemplo, en las nuevas ordenanzas del Colegio de Boticarios de Valencia de 1776, se incluía el siguiente pasaje, que muestra las distintas competencias que debían cumplir boticarios, herbolarios, drogueros y especieros: “como por leyes del reyno, nadie puede vender por menor drogas o simples, sino los fharmacéuticos, sufriendo en el día Valencia y su reyno grandes estragos, que generalmente
Quizá las dificultades que sufrieron los herbolarios durante esta época, indujeron a Ramón García a pretender el empleo de “jardinero mayor” del jardín valenciano. Poco después de ocupar este cargo, se dejaron sentir los primeros daños en el jardín a causa de la guerra de la Independencia. No obstante, Ramón García continuó aumentando el número de especies vegetales del jardín a través de sus herborizaciones y visitas al Jardín Botánico de Puçol.346 Murió poco después, el 16 de julio de 1810, y quedó a cargo del jardín su hijo José
García que hasta entonces había trabajado como jornalero. Aunque con menor frecuencia, José García continuó trayendo plantas y semillas del jardín de Puçol.347
En enero de 1812, comenzó la ocupación francesa de la ciudad de Valencia que finalizó a comienzos de julio de 1813. Durante este tiempo, el médico francés Léon Dufour estuvo alojado en la casa de Lorente, al que, como veremos más adelante, liberó de la prisión y de su deportación a Francia. Vicente Alfonso Lorente le acompañó a herborizar por los alrededores de Valencia y le mostró los jardines botánicos de Valencia y de Puçol. En sus escritos, Léon Dufour denunció la situación en la que se encontraba el jardín universitario a consecuencia de la guerra, si bien continuaban creciendo en él multitud de plantas exóticas tan vigorosamente como en sus tierras natales, “dans cet abandon, ils semblaient implorer mon assistance et je me laissai inspirer. Le maréchal Suchet m'accorda les fonds nécessaires pour cette oeuvre de restauration”.348
resultan contrarios para la salud pública, pues a cada paso se ve vender en muchas clases de gentes, nada en dicha facultad instruidas, purgas, sales, aceytes, narcóticos, eméticos, opiados, confecciones, triacas y toda especie de simples y compuestos por menor, para la precaución de tales daños, como a cada paso se experimentan, suplica el Colegio que con la asistencia de su Juez protector pueda a quien no fuere pharmacéutico de tal composición de medicamentos y su venta, vaxo la pena de treinta pesos después de la notificación, y reincidiendo, sean por dicho Juez castigados con cárcel, destierro y otras penas, quedando assí el público asegurado en su importante salud. Item. Porque todo compuesto de medicina pertenece venderle al pharmacéutico, en orden a los simples o drogas, se suplica no pueda nigún especiero o adroguero vender por menor los tales simples, entendiéndose dicha venta de media libra para avajo, y absolutamente se les prive la venta de todo compuesto; y por quanto se introducen en diversos reynos muchos medicamentos, ya simples, ya compuestos en la ciudad de Valencia, los que viciados producen en su venta muchos daños, se suplica igualmente, que se les dé orden a los Examinadores del Colegio, para que en las aduanas sean examinados de su devida bondad, y careciendo de ella no se admitan, antes si se quemen, no pudiendo introducirse género sin esta circunstancia, gozando el público en esto de mucho alivio, bajo las penas estimase el Consejo”. ARV: Real Acuerdo, 1776, fols. 532r.-533r.
346 AUV: Caja 266.
347 Ibidem. Los últimos recibos que se conservan de esta época datan de noviembre de 1813. Los lugares que
herborizaron Ramón García y sus hijo se enumeran en el apartado anterior.
348 DUFOUR (1860), 150. Hemos dedicado un estudio más concreto de la estancia de Léon Dufour en
De este modo, Dufour, junto con Lorente, se hizo cargo del jardín botánico valenciano durante los dieciocho meses que duró la ocupación francesa. El 4 de julio de 1813, junto con el resto de tropas francesas, Léon Dufour tuvo que partir hacia Francia dejando atrás, como él aseguraba: “mon Jardin-des-plantes restauré”.349